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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 28 de agosto de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'literatura'

Oscurantismo y literatura

Rafael Argullol: El momento en que cada una de las creaciones artísticas se encierra en sí misma, sea a través de sistemas filosóficos cerrados o de supuestas característica religiosas, el diálogo se hace más y más difícil.
Delfín Agudelo: ¿Por qué crees que, por ejemplo, la literatura actual no ha caído en algún tipo de oscurantismo? Puede que sí los estudios literarios, mas no la producción literaria. Lo que percibo es que la literatura actual, tal como hemos visto, no es necesariamente oscurantista sino prácticamente lo opuesto.
 R.A.: Si por literatura actual comprendemos la de comienzos del siglo XXI —incluso la de las dos últimas décadas del siglo XX—, lo que dices es cierto. Pero lo que también es verdad es que al mismo tiempo de un cierto oscurantismo filosófico se erigió un oscurantismo en los estudios literarios, que culminó en las toneladas y toneladas de para-teoría que en los años sesenta y setenta, de la mano de los estructuralismos y todas sus consecuencias, solamente veía un camino para la literatura, que era de determinada vanguardia. Cuando se volcó esta vanguardia, después de Joyce y Beckett, hubo una especie de para-ascetismo de estudios literarios basados en la estructura universitaria que fomentaron un gran oscurantismo literario a lo largo de la segunda mitad del XX, que muchas veces iba emparentado con el filosófico, y entre los dos crearon un auténtico magma que cayó sobre generaciones de estudiantes.
Afortunadamente en los últimos años del siglo XX parece apreciarse una progresiva emancipación de la narración literaria respecto a ese magma, en gran parte como consecuencia de la apertura europea a otras tradiciones del mundo, que hizo que toda esta especie de dogmatismo teórico rompiera sus moldes. En la medida en que entre un cierto aire fresco en la literatura, éste acabará contagiando lo que llamamos filosofía. A veces han sido hermanas y otras como máximo primas hermanas, y creo mucho en la mutua alimentación entre literatura y filosofía. Los grandes movimientos de la filosofía han coincidido casi siempre con una filosofía que se expresaba con gran actitud literaria, como Platón, Giordano Bruno y Nietzsche mismo; y al revés: en la medida en que hay una literatura fresca, es mucho más posible que también haya una filosofía fresca porque de nuevo la filosofía intentará expresar con claridad y con equilibrio de imágenes y conceptos lo que es la condición humana. En lugar de enterrarse de una manera rancia y claustrofóbica en esa especie de laboratorios teóricos —que pueden servir mucho al gremio de los profesores de filosofía para sus pequeñas vidas y sus pequeños currículums—, debería dedicarse a algo que sirva para la filosofía misma.

[Publicado el 08/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: oscurantismo, literatura, estudios literarios]

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La literatura como arte

"La condition humaine", René Magritte, 1935Rafael Argullol: La diferencia es que en cada momento la máscara literaria va actuando a través de esas metamorfosis.
Delfín Agudelo: Metamorfosis que, por demás, consiste en la condición humana. De allí lo importante y valioso de Todorov en su último libro: le gusta leer porque le hace ser mejor persona, y porque todo lo que ha leído le ha permitido una mejor comprensión de la condición humana. Los clásicos funcionan a manera de una gama de espejos que desde siempre nos han reflejado. Cada día nos encontramos con un tipo de Aquiles, o algún tipo de Héctor.
R.A.: Por eso es tan importante que el escritor no sea conformista. Que sea alguien que entienda la literatura no solamente como una técnica u oficio o manera de ganarse la vida, sino también como un arte. Porque así la literatura, al considerarse también como arte, intentará mantener ese equilibrio entre lo actual y lo atemporal. Expresar lo que siempre ha intentado, que es el claroscuro; pero intentará expresarlo de acuerdo con las señales de cada momento. Para hacer eso se necesita siempre recurrir a la experimentación. De lo contrario, lo que hay es una especie de creación o fabricación de simulacros, que sí pueden servir, por ejemplo, para manifestar lo sociológico de un fenómeno. Pero lo artístico no es solo los sociológico de un fenómeno. Tomemos como ejemplo El Avaro de Molière. Claro que la obra nos ayuda a entender la sociología del inicio del capitalismo, que confirma una figura como la del avaro. Pero también nos ayuda a comprender un movimiento pasional negativo o no, como se quiera, de la condición humana, que es completamente atemporal. Un escritor de nuestros días como lo es Tom Wolfe, escribe La hoguera de las vanidades. No es un favorito mío pero sí es adecuado para comprender un broker de Nueva York a finales del siglo XX. Ahora bien, si uno considera esa novela como arte, al mismo tiempo lo que allí se expresa no tiene que ser solo ese dibujo de la codicia a finales del siglo XX, sino también la expresión de la codicia en un sentido universal. De allí lo importante de continuar reivindicando siempre la literatura como arte frente a aquellos que de una manera más o menos oportunista, demagógica o pragmática quieren reducirla siempre a un oficio, una técnica o algo que se puede aprender pero que no hace falta que asuma riesgos.

[Publicado el 05/6/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: literatura, arte, quehacer literario]

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El Proteo futuro

"Proteo", Andrea Alciato, 1531Rafael Argullol: Se irá a una especie de nuevo helenismo de carácter universal, en el que conviven distintas estructuras de tradición y de ideología, de religión y lengua, y esa convivencia es lo que llamaremos arte y literatura en el futuro.

D.A.: Las duplas nativo/extranjero y lengua/literatura se verán, por lo tanto, desbordadas. La literatura se promulgará por encima de la lengua en la cual ha sido escrita. Se vaciará para convertirse en un elemento inherente a todas naciones.

R.A.: La idea herderiana, romántica, de la identificación extrema entre la lengua y la literatura ya está desapareciendo. Pero hay muchísimos chicos jóvenes que empiezan a escribir no en la lengua materna, sino en la lengua que han elegido. Ya hay muchos escritores indios, paquistaníes que escriben en inglés, y muestra que cada vez habrá un traspase mayor. Lo importante es que no será la lengua como el lugar o como el escenario patriótico inicial, sino la lengua como el lugar de comunicación entre esos mundos que conviven en la megápolis. Eso será difícil de aceptar. En otras artes ya se ha aceptado, pero en literatura será difícil, porque hay una enorme asimilación literatura-lengua. Incluso nuestras universidades están organizadas así. En el siglo XVIII no era así, y en el XXI tampoco. Sólo en el XIX y en parte del XX se ha producido esa identificación. Uno podrá tener dos o tres lenguas. Lo habitual será que uno tenga dos o tres lenguas. Ya no solo pragmáticas, sino literarias. A algunos nos ocurre, o al menos a mí me ha ocurrido, que generalmente la lengua del amor era la lengua de la mujer con la que estaba en aquél momento, si mínimamente podía conocerlo. Si hablaba francés era el francés, si era italiana era el italiano. Era una especie de Proteo que me adaptaba a la mujer a la que quería. Tenemos que acostumbrarnos a aceptar ese proteísmo para comunicarnos con el mundo que nos rodea, esa especie de orgullo o soberbia más bien romántico-patriótica del español con el español, del catalán con el catalán, o del inglés que camina por el mundo creyendo que no hace falta saber más lenguas que la propia: eso forma parte de una especie de lengua imperial estéril. El futuro estará en el poliglotismo. Habrá policentrismo, politeísmo y poliglotismo.

[Publicado el 27/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: lengua, literatura, nación, proteo]

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Buscadores de patria

Rafael Argullol: Esto es lo que debemos acostumbrarnos a hacer: relativizar las denominaciones nativo y extranjero.

Delfín Agudelo: Esto implicaría, necesariamente, cambiar el concepto de ciudad y de patria. Imagino que será posible con las nuevas generaciones, que son las que han vivido desde corta edad este tipo de mezclas narrativas. Esperemos que sea así.

R.A.: En el nuevo paisaje en que vivimos, nadie vive eternamente en cien metros cuadrados, como pasaba antes. Creo que lo oportuno es ir acostumbrando a ser algo extranjeros en nuestra propia tierra, y algo nativos en otras tierras. Esto es el centro de la educación del futuro: educar en esta flexibilidad. De lo contrario, lo único que podemos esperar es una especie de grandes violencias internas en el seno de la megápolis. Educar en esta flexibilidad no es algo violento a la naturaleza humana, sino reflotar en la naturaleza humana ese carácter nómada interior. Esto es básico desde el punto de vista literario-artístico, incluso filosófico: tenemos que desembarazarnos de esa idea patriarcal de patria y de alguna manera buscar ser buscadores de patrias -sin despreciar el propio origen- pero ser buscadores de patrias. En eso consistirá la educación del futuro, en esa tensión entre el nativo y el extranjero, cada uno vistiéndose como el otro. Y no creo que haya nadie que pueda sustraerse de esto en el futuro, tal como se ha organizado el planeta tierra. Por eso creo que hay muchas cosas obsoletas pero que todavía reconocemos. Por ejemplo la identificación de literatura y lengua. Todavía ahora el tópico de que la lengua es la patria de una literatura es mayoritario; pero eso se quebrará. En esas megápolis van a convivir muchas lenguas, y eso no quiere decir que haya una literatura de esa determinada ciudad en la que coexistirán muchas lenguas. Se irá a una especie de nuevo helenismo de carácter universal, en el que convivirán distintas estructuras de tradición y de ideología, de religión y lengua, y esa convivencia es lo que llamaremos arte y literatura en el futuro.

[Publicado el 22/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: lengua, patria, literatura, lenguaje]

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X. Palabras en la megápolis. Literatura y megápolis

Imágen aérea del DF, www.imagenesaereasdemexico.comRafael Argullol: Pero hay un peligro de esa clonación de la imaginación.
Delfín Agudelo: Pensemos directamente en la megápolis latinoamericana. ¿Cómo crees que funciona esta clonación de la imaginación en una ciudad que ha rebasado todos los límites de lo que es una metrópolis?
R.A.: Habría que meditar sobre los cambios del lenguaje y sobre los cambios del relato en la ciudad que es protagonista de principios del siglo XXI, que sin duda no es ya la metrópolis sino la megápolis. Habría que reflexionar porque nosotros tradicionalmente hemos vinculado “civilización” a “ciudad”. Incluso en nuestras raíces históricas, civitas y civilización provienen de la misma raíz, y en el momento en que hemos intentado sintetizar el paisaje de la modernidad se ha aludido repetidamente a la metrópolis como el gran laboratorio de la modernidad. Así, por ejemplo, si consideramos el asentamiento de las grandes metrópolis en el siglo XIX vemos que el relato del universo burgués, pero también los relatos alternativos, o relatos subversivos, tienen lugar de una manera preferente en esa nueva metrópolis que origina la revolución industrial. Ahí es fácil ver cómo la literatura europea se organiza alrededor de ciudades como París, Londres, Berlín y Viena, y la literatura americana se organiza alrededor de ciudades como Nueva York, México, Buenos Aires, Bogotá o Río de Janeiro. Esto es todavía el panorama del siglo XX. El cambio radical se produce en éste último tercio, cuando nuevos desplazamiento migratorios, nuevas revoluciones demográficas transformarán por completo el tejido urbano, de manera paralela a como se produce todo el sistema de globalización de la comunicación en el que tanto insistimos en los últimos decenios. Y eso da lugar a ese organismo que es especial no solamente desde el punto de vista del hábitat sino desde el punto de vista de la narración: la megápolis.

[Publicado el 06/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: literatura, megápolis, relato]

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La nueva diseminación

El Ravel, Barcelona, en www.flickr.com/cabernicola

Rafael Argullol: Con lo cual esas historias que antes comentábamos alrededor del fuego o en la taberna portuaria se han trasladado a la megápolis, se han mezclado y triturado, y tenemos que ver qué saldrá de las grandes megápolis como Bogotá, Saou Paulo o México.

Delfín Agudelo: Hay otro elemento clave si pensamos en la caracterización o poética urbana: el del ciudadano de una megápolis latinoamericana que viene a vivir a una ciudad europea. Desde hace diez años vemos cada vez más el cómo ciertas ciudades europeas -bastacon mencionar Barcelona- se han ido acoplando a unas nuevas costumbres, a unos nuevos planos imaginativos, consagrados y repetidos por grandes poblaciones emigrantes.

R. A.: En Europa en estos últimos veinte años y los que llevamos del siglo XXI se está produciendo lo que será un cambio importante desde el punto de vista artístico y literario: esa imaginación sedimentada, rígida, de coordenadas muy fijadas que antes prevalecía probablemente va a cambiar gracias a las nuevas migraciones que se están produciendo en las grandes ciudades europeas. Pensemos en Barcelona, donde en las calles hay restaurantes de cincuenta países, y hay decenas y decenas de lenguas que se hablan en las calles, como un proceso vertiginoso que ha ocurrido en los últimos quince o veinte años. Todo esto cambiará el imaginario colectivo de la ciudad. Comenzaremos a conocer historias no solo latinoamericanas, sino indias, chinas, pakistaníes, magrebíes, de las distintas comunidades emigrantes, y la fuerza va a revertir en una dinamización y en una especie de nuevo acceso a lo monstruoso por parte del imaginario europeo. Se está produciendo en el terreno de las posibilidades de materia prima literaria una auténtica revolución cuyas consecuencias aún no podemos calibrar, porque se está produciendo en estos momentos. Pero esa literatura europea, anclada en un centro bien determinado, apegada a una tradición bien determinada, está estallando.

En estos momentos diría que gran parte de la mejor literatura en lengua inglesa está siendo escrita por indios, pakistaníes, vietnamitas Parte de la literatura francesa la están escribiendo magrebíes, y no hablemos ya en español, que desde hace años parte de la mejor literatura se está haciendo en Latinoamérica, y a veces por latinoamericanos que viven en ciudades españolas. Si tuviéramos esta conversación dentro de 50 años, en referencia al imaginario y al monstruo como gran criatura del escenario literario, como gran seductor del escenario literario, hablaríamos ya de una manera distinta. Recuerdo cuando era pequeño los primeros restaurantes orientales que abrieron en BarCarnicería, El Raval, en www.flickr.com/cabernicolacelona. Ahora lo que es difícil es encontrar restaurantes que sean de aquí, ya que en su mayoría los restaurantes no sol locales. Y no solo pensando en términos culinarios, porque esto se percibe también en el terreno de la música. La música europea del siglo XX, la mala música clásica, se ha empeñado en una especie de experimentación hasta el abismo de la propia tradición europea a lo largo del siglo XX. En el siglo XXI será completamente distinto: la experimentación será mezclarse con las otras tradiciones del mundo, con lo cual cambia completamente la perspectiva. Creo que en estos momentos ya es más importante el compositor de Barcelona, de Berlín, de cualquier otra ciudad, que tiene en cuenta las tradiciones musicales del mundo que el que, como se hacía antiguamente, mirándose un poco el ombligo, lo va retorciendo, buscando sus últimas consecuencias.

[Publicado el 24/4/2008 a las 10:04]

[Etiquetas: latinoamérica, europa, imaginación, literatura, inmigración]

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El más allá

Rafael Argullol: Por eso quizá la palabra más adecuada es "enigma", a través de lo mismo que significa: revelarse y velarse.

Delfín Agudelo: Si volvemos sobre la diferencia entre lo diabólico y lo angelical, existiría una relación entre la muerte como concepto absoluto y lo diabólico: siempre hay una atmósfera que el enigma que no se ha revelado implica. Quizás en lo diabólico la muerte no tiene tanto valor porque lo diabólico sí puede ser una experiencia en sí misma.

R.A.: Tengo la hipótesis de que la muerte como supuesta experiencia ha tenido tanta importancia en la literatura occidental por la presencia fundamental del cristianismo, por el sustrato de creencia en la inmortalidad del alma y de creer en la existencia de un intramundo paradisiaco o infernal, que ya ha atravesado todos los siglos a raíz del cristianismo. Me he fijado a lo largo de estos años que las culturas en las cuales la presencia del intramundismo es baja o nula, la muerte no genera experiencia artística o literaria. La generó mucho en Egipto, la genera mucho en toda la literatura occidental de raíz cristiana, pero la genera muy poco en Homero, en la épica griega. Los griegos creían que después de la muerte había una especie de exilio vaporoso sin personalidad o sustancia, y allí no había experiencia. En cambio, las grandes culturas trascendentalistas han situado la auténtica experiencia más allá de la experiencia de la vida en la tierra. Y en esa experiencia ha habido todo tipo de pobladores (celestes, infernales, ángeles, demonios). Cuando era bachiller, me sabía cuarenta o cincuenta nombres distintos de demonios, y tenía una idea muy clara de las jerarquías angelicales, desde querubines, serafines, arcángeles, etc. En mi imaginario tenía todo un mundo intramundano perfectamente organizado. Con ese mundo intramundano hacía lo mismo que ha hecho la cultura occidental a lo largo de los siglos: lo trasladaba del cielo o del infierno a la tierra. Y en ese sentido evidentemente el mundo no solamente era un juego de hombres, sino también de demonios y de ángeles.  Pero si nosotros nos fijamos en la procedencia del ángel o del demonio, por ejemplo en Grecia, los dos proceden de los sátiros y los faunos: de experiencias quizás heterodoxas o prohibidas, pero no intramundanas.

Eso sería interesante: la importancia de la muerte como foco creador en una cultura depende del trascendentalismo o no de esa cultura.

[Publicado el 18/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: ángeles, demonios, literatura occidental, muerte]

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El velo de Sherezade

    El trasvase entre lenguajes artísticos, pese a ser tan frecuente, siempre es arriesgado. Wagner pretendía que en su obra la música y la poesía confluyeran de tal modo que formaran una unidad indisociable: esa "obra total" a la que, además de él, muchos autores han aspirado. Pero lo habitual es que un arte sea deudor del otro y el pintor se inspire en motivos literarios o el músico, en pictóricos. En el siglo pasado el cine, el más vampírico de los lenguajes, recurrió indistintamente a la literatura, pintura y música como materia propia para sus imágenes en movimiento.

     Entre esos trasvases para mí siempre ha tenido especial interés el que enfrentaba la pintura a la literatura. Antes del cine, que ha puesto tantas y a menudo tan distintas caras a los héroes literarios, era a la pintura, y en mucha menor medida, a la escultura a quienes correspondía encarnar -poner carne de pigmento o mármol- a los personajes de la literatura. Ahora, por ejemplo, a nosotros, por obra del cine, nos cuesta disociar las caras del Gatopardo o de Marco Antonio de las de Burt Lancaster y Marlon Brando, y sin embargo antes de las películas de Visconti y Mankiewicz -Julio César- los rostros de los protagonistas de la novela de Tomaso di Lampedusa y de la tragedia de Shakespeare eran imaginables de modo notablemente distinto. El cine, con su hiperrealismo y con su poder para la sugerencia, ha fijado decenas de personajes que habitaban, con facciones más o menos confusas, la historia de la literatura.

    Con anterioridad al cine, aunque sin la capacidad de fijación de éste, la pintura, la escultura y el grabado proponían las traducciones visuales de los héroes. Las retrataban, por así decirlo, a posteriori. Algunos de estos retratos han sido tan contundentes que aún hoy evocamos a los personajes de acuerdo con las propuestas del retratista. Pensamos, para citar a uno de los más influyentes, en Gustave Doré y en la potencia de sus grabados para configurar siluetas heroicas asumidas por el público de varias generaciones. Apenas es posible representarnos personajes como Fausto o el Quijote sin tomar como referencia la forja fisonomista de Doré.

    Tras la irrupción masiva del cine y el gran giro hacia la abstracción de la pintura del siglo XX las presentaciones visuales de los héroes literarios han sufrido profundas modificaciones. En términos generales el retratismo ideal ha sido otorgado a la fotografía y el cine. Sin embargo, no por eso la pintura ha perdido por entero su antigua vocación ilustradora si bien ésta implica en la actualidad desarrollos muy diferenciados entre sí. Relevante labor, a este respecto, la del Círculo de Lectores al proponer a los artistas la ilustración de textos literarios, con la posterior exposición de las obras: La Divina Comedia de Barceló, el Shakespeare de Plensa y, actualmente, Las mil y una noches de Amat.

    Las ilustraciones de Frederic Amat para Las mil y una noches, editadas hace un par de años en tres magníficos volúmenes, se exponen ahora en las salas del Círculo de Lectores con un montaje arriesgado y acertado: alienadas todas ellas a lo ancho y a lo largo de una de las grandes paredes conformando un mosaico de gran impacto sobre la retina del espectador. Amat recrea el texto a través de un eficaz juego de correspondencias simbólicas. De un lado, con la delicadez y la exquisitez de un iluminador medieval; de otro, con la maestría de un moderno investigador de formas. Amat no nos propone el retrato de Sherezade pero sí el laberinto que a través de sus cuentos conduce al rostro de la narradora infinita.

    En la misma línea ilustradora el Círculo de Lectores ha realizado la hermosa traducción que hizo Sergio Pitol de El corazón de las tinieblas de Conrad acompañada por las ilustraciones de Ángel Mateo Charris. En este caso la dificultad era también formidable, y por una doble razón.
En primer lugar por que aquí la competencia del cine era durísima pese a que fuera indirecta. Si bien Apocalypse Now de Coppola es una versión libre y cambiada de contexto de El corazón de las tinieblas a estas alturas es muy difícil prescindir de ella al tratar de rememorar los paisajes de la novela, aunque ésta transcurra en el Congo y no, como la película, en Vietnam. Igualmente pocos imaginarán al enigmático y terrible Kurtz sin acudir a la demoledora interpretación -también aquí- de Marlon Brandon. La segunda razón era de fondo: el relato de Conrad siempre me ha parecido más acústico, musical, que pictórico, con los sonidos de la selva y la voz grave de Kurtz como inquietantes reclamos.
   
    Con todas esas dificultades Ángel Mateo Charris acierta en sus ilustraciones conradianas. Algunas parecen sugerentes carteles de viaje de antaño; otras, misteriosos fotogramas en los que se transmite la luz turbadora del relato. El conjunto es oscuro, ambiguo, fascinante, ronco como la voz de Kurtz.
   
    La cara de Sherezade, la narradora infinita, es secreta pero es estimulante que los pintores traten de arrancar el velo que la cubre.
 
El País, diciembre 25 de 2007



[Publicado el 14/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: pintura, cine, literatura]

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Ángeles y demonios

Gustave Courbet, Retrato de Baudelaire. 1847Rafael Argullol: La literatura moderna ha llegado a hacer explícito ese proceso de representación múltiple.

Delfín Agudelo: La creación literaria es la representación de los yoes del autor —“Madame Bovary c’est moi”. Pero también es representación que a su vez será un posible reflejo del lector—caso pertinaz es Baudelaire llamando a se refiere a Poe como “un espíritu hermano del suyo”.

R. A.: Por eso intrínsecamente la literatura no puede ser moralista porque el moralismo, incluso aquél de altísimo nivel, como puede ser el de Platón, exige que tú decidas entre tus papeles. Exige que haya un protagonista que anule a los demás, como lo es casi siempre el bien, la verdad, la bondad, lo que quieras. La literatura nunca puede ser moralista porque tienes que dejar que afloren todos los personajes. Tiene que aflorar Dr. Jekyll y Mr. Hyde: los contrarios. Siempre ha fracasado este tipo de literatura, no solo la literatura ideológica en el siglo XX—como por ejemplo el realismo social—,porque lo que llamamos literatura no puede cobrar una restricción moral o moralística de los personajes que encierran la condición humana. Tiene que explorarlos. Incluso uno puede explicitar la simpatía que tienen el uno por otro, pero tiene que ponerlos a todos en el escenario. Cuando las estéticas dirigistas, políticas o no políticas, han intentando decir “Sólo eso”, han condenado al arte y a la literatura a la autodestrucción. Por eso al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. Pero en cuanto a escritor hay que dejarle plena libertado para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical. Al moralista sí, al igual que al santo o al filósofo, al sabio; pero al artista no: se le tiene que aceptar que puede con todos los círculos, los angelicales y los demoniacos.

 

[Publicado el 11/1/2008 a las 09:23]

[Etiquetas: moralidad, escritor, Platón, literatura]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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