El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Blog de Rafael Argullol

El arte y el mal

Rafael Argullol: La responsabilidad del ser ético llega  a los sueños, a los pensamientos íntimos, y a las fantasías más laberínticas que uno pueda trazar.

Delfín Agudelo: Pensaría que sería interesante pensar que ese sería un paso en el concepto del Big Brother: la idea misma de aquella posibilidad distópica de que alguien pudiera acceder a tus sueños.

R.A.: Esto abre dos caminos radicalmente distintos, por lo menos desde el inicio lo menos de la humanidad. El camino de religiones absolutas- por ejemplo lo que comentábamos del dios que acepta los cristianos, que es un dios que llega  a la intimidad última de tu entraña., al que de alguna manera tienes que dar cuenta de lo que hace tu propia entraña porque no es suficiente lo exterior. En el camino alternativo esta es la verdad del arte: es aquella que indaga de manera pluridimensional, que no es la verdad de la ciencia ni la verdad de la  historia ni del periodismo, ni la verdad de la sociología. Todo eso último indaga con ciertos límites: el sociólogo te va a indagar si vas a votar a la derecha o la izquierda, pero no se va a meter en tus pensamientos sobre qué pensarás hacer; el periodista registra los hechos a corto plazo; el historiador a largo plazo; la ciencia se basa en experimentaciones empíricas. En cambio lo que llamamos arte, esa nebulosa, es que trabaja al mismo tiempo de las múltiples direcciones: la verdad del arte implica tanto la verdad de lo que yo ahora hago moviendo un lápiz con mis manos como aquello que estoy sugiriéndome a mí mismo al mover el lápiz como aquello que yo podría transformar el lápiz, por ejemplo en un cuchillo con el cual apuñalar a alguien o un cincel para esculpir algo. La verdad del arte tiene que avanzar también en la verdad del sueño, en la verdad de los pensamientos secretos, en la verdad de las fantasías retorcidas, en la verdad de los actos discriminados de la memoria, y por eso la verdad del arte es tan sinuosa, tortuosa y contradictoria, porque avanza en esos distintos fuertes.

Pero volviendo al tema del mal el arte afronta el mal desde esta multiplicidad. En cambio el legislador, el historiador, el periodista, el sociólogo, afronta el mal como una pieza que necesariamente distorsiona el engranaje colectivo. El artista no puede hacer eso: tiene que ver hacia dónde conduce eso, qué parte de eso está en nosotros mismos. No puede decir, volviendo al principio, que Hitler era inhumano, como se encargaron de decir políticos, historiadores uy sociólogos. El artista tiene que decir, creo yo, "Hay en mí un Hitler. Y ese Hitler, en la medida en que yo lo conozco, puedo llegar a enfrentarlo, dominarlo y exponerlo para mis contemporáneos y para mis coetáneos". Pero no puedes decir que es inhumano o diabólico porque con eso estás diciendo que es ajeno a la condición humana. Al juez le interesa decir: "Usted es inhumano porque no se comporta según la sociedad humana." Pero el artista no puede decir de nadie que es inhumano sino que tiene que saber que forma parte de la condición humana esa inhumanidad. Es por eso que el abordaje del mal, evidentemente, es muy distinto si se hace desde le punto de vista de la religión, de la historia o del arte. Aquello tan recurrente a Aristóteles sería aplicable también a esto, cunado dijo que al poesía era superior a la historia porque la  poesía nos hablaba de lo que podía ser y no solamente de lo que había sido, como la historia. En general podríamos decir que la mayor ambición del arte es que nos habla de todas las potencialidades del ser humano, incluidas aquellas malignas, pero no para llegar a una delectación en esa maldad, sino para mirarla de frente. Y al mirarlo de frente, tener la capacidad de ser mejores: en el momento en que somos capaces de leer, en el sentido que apuntaba Todorov,  y enfrentarnos de frente a esas capacidades, tenemos una capacidad catártica respecto a eso.

[Publicado el 22/6/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: arte, mal, condición ética]

[Enlace permanente] [Imprimir] [3 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Seducción del mal

Rafael Argullol: En nuestro horizonte de incertidumbre, de amenaza, se teme la aparición de un nuevo totalitarismo, que tendría un aspecto completamente distinto al de comienzos del siglo XX pero un totalitarismo que usando la incertidumbre y la amenaza de nuevo es el enemigo radical de la libertad.
Delfín Agudelo: Ante el peligro de un totalitarismo con la amenaza- y aquí también entra un tema muy recurrente en nuestras conversaciones como lo es 1984 de Orwell-, hay algo que me llama la atención que es la eterna seducción del mal, y no me refiero a la que te seduce por hacer el mal, sino a interesarte por mal. No creo que alguien al ver la película pretenda traer ese mal, pero sí se siente íntimamente ligado y atraído por ese mal, seducido por ese mal. ¿Será que nos interesa más la bondad que la maldad? Si podemos hablar de la condición humana actual, encontraríamos mayor interés?
R.A.: Lo que tienen en común la mayoría de estas obras, por ejemplo Good o The Reader, es la preocupación de porqué un individuo, un hombre, si no bondadoso al menos no malvado, se va sumergiendo en los engranajes del mal. Creo que el mal en sí mismo no crea fascinación; si pudiera existir este tipo de hombre, un hombre quitaesencialmente y químicamente malo, no crearía ninguna fascinación, porque probablemente al hombre químicamente malo es completamente trivial. Lo que crea no sé si fascinación pero por lo menos una honda preocupación es ver cómo en determinadas circunstancias históricas y colectivas, el mal va ganando terreno a través de un chantaje progresivo, primero en personas quizá algo acobardadas, y finalmente incluso personas bondadosas. De manera que va abrazando a gente que evidentemente en su propia individualidad no habría que considerar malvados, pero que acaban jugando una función maligna.
El caso de Good es muy interesante porque lleva a colación una cuestión contemporánea. El protagonista es un hombre que en el pasado ha escrito una novela o una obra de ficción sobre lo que ahora llamaríamos la eutanasia, es decir, cómo ayudar a morir o a acabar con el dolor por humanitarismo. Ese mismo hombre, profesor de universidad, al cabo de unos años cuando ya el nazismo es llevado al poder, es citado por los jerarcas nazis, se le propone que haga un ensayo sobre el tema porque el propio nazismo quiere aplicar un nuevo humanitarismo, que es cómo acabar con la humanidad débil, dolorosa y minusválida. Este hombre que ha escrito con la mejor de las intenciones esa novela se ve implicado en todo un mecanismo que le llevará a justificar, sin que él lo sepa, los campos de concentración. Cuando él ve por vez primera en qué consiste un campo de concentración, queda desesperado sobre su propia complicidad con los engranajes. Pero en ese caso- y de ahí imagino el título de la película- es cómo el bueno puede participar en los mecanismos de la maldad, y eso es lo que verdaderamente nos seduce, fascina o preocupa, incluso en el terreno de lo político y de lo religioso. La presencia de los bárbaros en nuestro mundo generalmente se hace a través de la reivindicación de la suprema bondad de lo divino, de la suprema bondad de lo religioso. El fanatismo casi siempre es un fanatismo que se presenta como fanatismo del bien, no del mal, pero cómo a través del bien se puede llegar al mal.

[Publicado el 08/6/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: Good, Vicente Amorim, bondad, maldad]

[Enlace permanente] [Imprimir] [4 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Actualidad del mal

Rafael Argullol: Me llama la atención últimamente en medio de este panorama de incertidumbre mundial que parece que vuelva a estar de actualidad el análisis del mal, la reflexión sobre el mal. Concretamente, últimamente he visto un par de películas que tienen como referencia el mal, recurriendo de nuevo a la encarnación del nazismo y de Hitler, en concreto The Reader de Stephen Daldry y Good de Vicente Amorim. Aunque no he visto la película todas las informaciones que me han llegado sobre la ganadora del festival de Cannes, El lazo blanco de Michael Haneke también trata de ser una genealogía del mal, referida también al nazismo. Y dos de los últimos libros a los que he tenido acceso, aunque con ópticas distintas, también van referidas a lo mismo. Por un lado el libro de un historiador, Timothy W. Ryback, Hitler's Private Library, que trata sobre los libros que hipotéticamente contribuyeron a la formación intelectual de Hitler que tenía en su biblioteca, y un libro magnífico que acaba de salir en Francia de Tzvetan Todorov, La peur des barbares. Au-delà du choc des civilisations, que también en este caso analiza la presencia de la amenaza y el miedo en nuestro mundo. No deja de ser curioso que tras estas dos últimas décadas en las que parecía prevalecer una estética del entretenimiento, en la cinematografía ahora surja en la escena esa recurrencia en el análisis del mal y también en algunos de los libros significativos en el panorama internacional.

Delfín Agudelo: Se me viene a la cabeza una frase de Todorov de su libro  La littérature en péril que creo que queda muy bien traerla a colación luego de los libros y películas con una temática basada, tal como dices, en el mal. Al final del proemio, Todorov sentencia acerca de la lectura- que podemos explayar también hacia el hecho de ser un espectador de cine: "Lejos de ser un simple placer, una distracción reservada a personas educadas, la lectura le permite a cada uno responder de mejor manera a su vocación de ser humano." Pensar en esa frase en este tipo de ejemplos tanto de películas como de cine da de qué hablar, precisamente porque, con los ejemplos que has referido, estamos frente a la seducción del mal como tema literario y cinematográfico.

R.A.: Creo que es una frase muy interesante porque de nuevo, tras estos años dominados por una visión débil de lo que era la construcción estética, o la visión a-ética de lo que era la construcción estética, me parece que es muy importante volver a recuperar el valor humanista ilustrado de lo que es lo artístico, de lo que es lo literario. Y en un mundo como el nuestro en que con gran frecuencia la barbarie se expresa a través de una especia de nueva aculturización, que se expresa a través de un desprecio por todo lo que significa la cultura o de lo que significa el arte en el sentido de la gran tradición, naturalmente es verdad que en el ejercicio de lectura, incluso por lo que tiene de ejercicio solitario y pausado, de ejercicio en el cual uno tiene que ir eligiendo a través de sucesivas encrucijadas, ese ejercicio de libertad tiene algo que nos vincula a la construcción del sujeto ético, a la construcción de la bondad en nuestro mundo.

De tal manera que siguiendo lo que dice Todorov, podríamos establecer que en efecto hay una especie de antagonismo entre el predominio bárbaro y muchas veces malvado del ruido, de todo el espectáculo del ruido y de lo que sería esa especie de ética innata, que implica la libertad del acto de lectura. Porque otra de las cosas que se pone en evidencia, por ejemplo a través de los diversos títulos de películas que antes he indicado, es que al menos en nuestra época, y en el siglo XX y seguramente el XXI, el mal siempre se va manifestando a través de una especie de predominio del ruido: es el intento de consensuar entre la gente no lo que son las opciones de libertad individual sino una especie de violencia colectiva, hacia aquello que de alguna manera ha estado vinculado al mal desde el punto de vista social, seguramente a lo largo de toda la historia, pero con toda probabilidad en estos últimos tiempos. En los títulos que antes indicaba es curioso la recurrencia de nuevo al fenómeno del nazismo y de Hitler, pero no creo tanto porque se crea que en nuestro horizonte puede volver la posibilidad ideológica del nazismo, sino porque en nuestro horizonte de incertidumbre, de amenaza, se teme la aparición de un nuevo totalitarismo, que tendría un aspecto completamente distinto al de comienzos del siglo XX pero un totalitarismo que usando la incertidumbre y la amenaza de nuevo es el enemigo radical de la libertad.

[Publicado el 04/6/2009 a las 17:23]

[Etiquetas: Michael Haneke, Stephen Daldry, Vicente Amorim, Timothy W. Ryback, Tzvetan Todorov, el mal, lectura]

[Enlace permanente] [Imprimir] [6 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Colección particular: el becerro de oro

Rafael Argullol: ¿Has visto, Delfín, esa fotografía del artista más valorado de nuestra época?

Delfín Agudelo: Se trata de Damien Hirst sentado al frente de su famosa cebra en un tanque de formaldehído, vendido en 1,1 millones de libras en la subasta de Sotheby's el 15 de septiembre de 2008-a menos de la mitad de su precio estimado más bajo.

R.A.: Me parece una fotografía didáctica, programática. Es casi un manifiesto de lo que ha llegado el arte cuando se convierte en sinónimo de mercado del arte. Me parece que en la subasta obscena que hizo Hirst de sus supuestas obras de arte hay ese lado pedagógico, que es como decir a todos sus contemporáneos "Yo planteé de manera completamente pornográfica lo que quizás vosotros habéis planteado de una manera parcial o tímida." A mí además me suscita algo que desde hace años es básico, y es que en el momento en que hablo de arte me niego a hablar del mercado del arte, porque una cosa es el arte en su significado espiritual, estético y creativo, y el otro es lo que se vive imponiendo como mercado. En definitiva, el mercado ha ido girando -para utilizar la obra más famosa del propio Hirst-alrededor del becerro de oro. Él lo único que ha hecho es sacar las tripas del mercado del arte hacia el exterior; saca las vísceras y las muestra como una especie de vómito. No es que él venda el becerro de oro: él mismo es el becerro de oro. Con todo ello podríamos realizar una pregunta catártica: ¿hasta dónde ha llegado el supuesto mercado del arte de nuestra época, en que se acepta una operación de algo que ya no tiene absolutamente nada que ver en absoluto con el arte? Me recuerda también una lista de las diez obras más valoradas -no más importantes- de artistas o supuestos artistas vivos, y cada una de ellas. Yo, en caso de haber sido rico, hubiera comprado una, que era la que correspondía a un cuadro de Lucien Freud. Acerca de las restantes, entre las que estaba una de Hirst, debería decir que sinceramente ni regaladas las hubiera querido, porque no solo no hubiera sabido dónde meterlas, sino porque resultaría una agresión continuamente negativa para mí.

[Publicado el 14/10/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Damien Hirst, cebra en formaldehído, mercado del arte]

[Enlace permanente] [Imprimir] [9 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Galería de espectros: el cónsul

Volcán PopocatepetlRafael: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el espectro vacilante del cónsul.

Delfín Agudelo: ¿Te refieres al protagonista de Bajo el volcán de Lowry?

R.A.: Sí, me refiero a este personaje tan trágico y al mismo tiempo tan maravilloso desde el punto de vista literario, que ha suscitado una verdadera devoción en una minoría literaria a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. No sé si en estos momentos Bajo el volcán es un libro muy leído; pero lo que sí sé es que va creando continuamente una red de complicidades y una red de fidelidades que hace que de una generación a otra se vayan transmitiendo los lectores. Cuando pienso en el cónsul no puedo dejar de pensar en una encarnación contemporánea del descenso al infiero. En ese sentido pienso que el propio Lowry estableció muy claramente todo un sistema implícito de círculos que marcaban ese descenso infernal, y entre esos círculos evidentemente hay una progresiva caída en el alcoholismo más extremo y paralelamente una progresiva caída en el desamor o quizá más que el desamor, en un amor tan desmesurado que se convierte en inabarcable y prácticamente inaprensible desde el punto de vista humano. El cónsul va dando tumbos por las calles de Cuernavaca, de taberna en taberna hasta llegar siempre al fondo de sí mismo, al límite, a ese límite que le mantiene continuamente asomado en el precipicio. Pero no pienso sólo en esa oscuridad roja que parece rodear al cónsul. También muchas veces evoco la contrafigura de ese descenso, que sería la presencia tutelar del volcán Popocatepetl por el que el cónsul siente una extraña fascinación, ese volcán que se ve majestuoso desde diversas ciudades de México, sobre todo desde Puebla y Cuernavaca. Para el cónsul estas ciudades no dejan de ser el otro laso del infierno, un lugar poblado por ángeles al que quizá nunca accederá, pero que en cierto modo equilibra su propia caída libre en una especie de descenso sin fin.

[Publicado el 25/4/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Malcolm Lowry, Bajo el volcán, el cónsul]

[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

/upload/fotos/obras/lampedusa_1_med.jpg
 

Lampedusa (2008). El Acantilado, España

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres