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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Basilio Baltasar

El poderío de la China imperial

 

Cuando los industriales alemanes han visto peligrar sus negocios en China, les ha parecido urgente buscar el amparo del socialista Gerhard Schröder, antiguo canciller y en la actualidad alto directivo de la empresa ruso alemana NEGP.

El gestor Schröder, que saltó sin rubor desde su despacho gubernamental a los órganos de dirección de una singular empresa privada, comprendió inmediatamente la naturaleza del encargo y procedió a lanzar una impertinente sarta de improperios contra Angela Merkel.

La supuesta falta cometida por la jefa de gobierno alemán, la que ha merecido el sarcástico reproche de su antecesor en el cargo y el enfado del opulento clan de dirigentes empresariales, tiene un aspecto anodino. Ha recibido con todos los honores al Dalai Lama, premio Nobel de la Paz en 1989.

Evidentemente, las connotaciones de este gesto diplomático son más severas de lo que en principio parece.

Ofreciéndole el trato que corresponde a su dignidad política y religiosa y atendiéndole como al representante de un país ocupado militarmente por China, Angela Merkel deja constancia del repudio de su gobierno a las violaciones de los derechos humanos que China comete a diario en el Tíbet.

Pero en las vísperas de los celebrados Juegos Olímpicos, el gesto de Angela Merkel es algo más que una cortesía solidaria y se convierte en una invitación a la sociedad de naciones a considerar el alcance de su participación en los grandes fastos de Pekín.

Se supone que esto es justamente lo que se espera de un líder europeo ¿no es cierto? Que constate la convicción que implican nuestras declaraciones a favor de los derechos humanos en el mundo.

Que sea una líder conservadora la que respete este protocolo y un socialista el que suba a la palestra para denunciarlo debe hacernos reflexionar sobre el confuso intercambio de papeles de la clase política europea y de la irreflexiva genealogía moral que a veces les asignamos.

Debemos recordar sin embargo que Gerhard Schröder no es el modélico ejemplo que uno espera encontrar en la izquierda que presume de construir Europa y exportar su modelo de estado de derecho. Como colofón a su confusa carrera política, el ex mandatario se prestó a ser fichado por uno de los personajes más inquietantes de nuestro tiempo y se puso a las órdenes de Vladimir Putin. Para ello, para hacer posible la fundación del Consorcio del Gaseoducto del Norte de Europa (NEGP), dominado por la empresa estatal rusa Grazprom, propició la fusión de las empresas alemanas E.on y Ruhrgas, copropietarias minoritarias del conglomerado energético ruso alemán.

Si alguien quiere conocer el derrotero seguido por Putin desde la KGB hasta la cúspide del Estado post soviético, debe leer el libro escrito por Alexander Litvinenko antes de ser impunemente asesinado en Londres con talio radioactivo. Una espeluznante crónica sobre cómo los servicios secretos rusos ajustician a los disidentes, se apoderan de empresas estatales y se disfrazan de terroristas para crear confusión, hacer estallar la guerra de Chechenia y consolidar monstruosos dominios económicos.

Es imprescindible leer este libro (Rusia dinamitada. Tramas secretas y terrorismo de Estado. Editorial Alba) si uno quiere comprender qué significa "ser contratado por Putin" y los motivos por los que un ex dirigente socialdemócrata acudiría a defender al gobierno chino, perpetuamente ofendido por un monje budista que saluda inclinando la cabeza.

[Publicado el 28/11/2007 a las 18:48]

[Etiquetas: China, Tíbet, Merkel, Schröder, Putin]

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En las colinas del Vaticano

 El gobierno de Zapatero ha enviado a su vicepresidenta al Vaticano para celebrar el nombramiento de tres cardenales españoles. En la cena de gala organizada por la Embajada de España en Roma, De la Vega deja constancia de la alegría que siente el gobierno y de cómo comparte el sentimiento de regocijo de la sociedad española.

Uno de los tres nuevos cardenales, el arzobispo de Valencia, García-Gasco, quiere responder al gesto amable del gobierno socialista y procede a leer un discurso dedicado a considerar los males de nuestro tiempo.

El rechazo de Dios, dice en su amonestación a una sorprendida De la Vega, supone grandes peligros para España. Y sin la cercanía del Señor, añade, no hay futuro, ni para España ni para Europa. Los purpurados españoles, constata finalmente García-Gasco para evitar la confusión de las ceremonias diplomáticas, en modo alguno estamos satisfechos con el gobierno.

Momentos antes de la cena, el Papa había entregado a los veintitrés nuevos cardenales reunidos en Roma "el anillo de San Pedro" y les había invitado "a recordar a qué Rey servís".

[Publicado el 26/11/2007 a las 19:25]

[Etiquetas: Religión, Laicismo, ]

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Las imposturas morales

 

Se ha puesto de moda pedir perdón. El gobernador, el obispo y el alcalde participan de buen grado en una ceremonia que cada día tiene más adeptos. Por lo visto se considera un gesto de buen gusto con el auditorio y una prueba de humildaz que certifica la calidad del hombre público.

Si el AVE no llega a Barcelona, si la Iglesia bendijo a los pelotones de fusilamiento, si el funcionario mete mano en la caja, alguien debe salir al estrado a pedir perdón.

Pero los que se apresuran a reclamar y festejar esta presunta demostración de honradez, considerándola un decisivo alarde de integridad moral, contribuyen a sostener imperdonables imposturas.

Conviene recordar que el perdón es una operación del alma que beneficia al que lo otorga. Decir "te perdono" es un acto del carácter en su suprema manifestación de libertad y soberanía. Sea cual sea la afrenta padecida, el que perdona se libra de sus peores efectos: la sensación de haber sido humillado y vilipendiado, y el agobio de vivir sometido por el rencor.

Poco importa que alguien quiera pedir perdón. Pero en el caso de darse, el gesto debe ir precedido de una muy ajustada conciencia sobre el significado de la falta cometida contra la integridad ajena y al impulso compungido de confesar la afrenta debe sucederle una inmediata voluntad de retribución. Es decir, pedir perdón sin ofrecer a cambio la correspondiente rehabilitación es una irritante e inútil patraña.

De hecho, lo correcto es omitir el pegajoso gemido y ofrecer directamente la prenda que compense el agravio cometido.

Sin tales requisitos, pedir perdón será una más de las estúpidas modas de nuestro tiempo. La hipócrita ceremonia del que evita con palabrería cumplir sus obligaciones y sus ineludibles citas con la verdad.

[Publicado el 22/11/2007 a las 18:09]

[Etiquetas: perdón, hipocresía, verdad]

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Bill Clinton abraza a Zapatero

 

Mientras da comienzo la campaña electoral que recorrerá España entre hoy y el 9 de marzo de 2008 nos apresuramos a lamentar el trato vulgar que se dará a lo político. Manejado como una banalidad comercial y divulgado como un mensaje publicitario.

Semejante práctica pone en evidencia la penuria cultural de nuestro entorno: en lugar de convocar al ciudadano pensante, la propaganda "política" esparce a los cuatro vientos los reclamos que puedan seducirlo.

Antes se esperaba que la personalidad del líder permitiera atraer a los más confiados de los votantes, ahora, sin embargo, con el progresivo escarmiento de una población desconfiada, aunque perezosa, los partidos han dado un paso decisivo: ofertas y rebajas, ventajas y ocasiones que imitan la pauta de las grandes promociones comerciales.

 Ya analizaremos las promesas que están poniendo en circulación los candidatos pero antes comprobemos cómo se construye el clima propicio a las emociones que desean suscitar.

El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, visita a Zapatero en La Moncloa y elogia el "ejemplo español" en su lucha por el crecimiento, el pleno empleo y la reducción de los gases con efecto invernadero. Las declaraciones satisfacen al anfitrión y no considera necesario matizar el entusiasmo de su invitado. De hecho, le parece muy bien recibir un aval tan prestigioso. Después de implicar a notables científicos y profesionales de distintos campos en la redacción del programa electoral del Partido Socialista, Zapatero no puede considerar más pertinente un espaldarazo de semejante calibre.

La transferencia de prestigio garantiza el efecto de la imagen sobre una opinión pública más proclive de lo que parece a creer en la taumaturgia. Como si la unción carismática sobreviviera pese a todo en nuestro tiempo, tan solo por darse un fuerte apretón de manos en público.

Lo de menos en esta escena publicitaria, en el decorado de la Moncloa, es el nada despreciable detalle de que España, en realidad, no cumple los acuerdos del protocolo de Kyoto. Según las mediciones llevadas a cabo por la Generalitat de Catalunya, la única región que mide el alcance del envenenamiento ambiental, la emisión de gases de efecto invernadero ha aumentado un 3% cada año. En 1990 Catalunya emitió 38 millones de toneladas y en 2005, 59 millones de toneladas.

 

[Publicado el 21/11/2007 a las 20:04]

[Etiquetas: efecto invernadero, Bill Clinton, Zapatero]

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El estreno de la campaña electoral

Ha empezado la campaña electoral y la entusiasta oferta de los candidatos a presidir el Gobierno de España se impondrá con elocuencia. Aunque su presencia en los paisajes urbanos se parezca a la de cualquier anuncio comercial: el mismo intruso y la misma afabilidad.

La prometedora sonrisa, el gesto complaciente, la amigable cercanía, la insólita confianza que se nos ofrece a cambio de tan poca cosa.

¿Qué puede ser más fácil: meter la mano en el bolsillo y sacar un euro -o un voto?

Al fin y al cabo, la publicidad ha sofisticado el milagro: dirige deseos insaciables hacia artefactos perecederos. Una técnica que los expertos admiran, cultivan y perfeccionan. Una vez localizada la fuente de la credulidad, los reclamos actúan sin cesar. Zapatos, relojes, bufandas o vestidos de alta costura prestan a la personalidad un poderoso fetiche. Con este amuleto -no importa lo barato que llegue a ser- se conoce la felicidad, aunque la pulsión del deseo no se agote y, sorprendentemente, nunca sienta decepción. La fusión del deseo con el objeto es perfecta: se satisface la ilusión, se sacia la insatisfacción. ¿Cuánto dura el efecto? Apenas un instante, pero su valor es supremo.

La economía de consumo en el torbellino productivo del mundo es un pacto entre el individuo y la más escéptica de sus numerosas almas: se propone colmar placeres y conoce la inutilidad del trueque. Todo es falso y ¡tan placentero!

Los candidatos que utilizan las técnicas publicitarias para implicar a los ciudadanos en la gobernanza del país cometen un terrible error. Convocan y movilizan los mismos impulsos, las ilusiones que yerran entre fugaces objetos de placer. Y reproducen el mismo pacto: todo es falso ¡y tan fácil!

En lugar de convocar la inspección sumaria del ciudadano, la publicidad electoral prefiere excitar sus emociones: ¡ensalzar al individuo sentimental!

Mejor sería aleccionar al ciudadano en la gravedad de su responsabilidad, en vez de empujarle a creer en el futuro. Mejor sería prescindir del consumidor de ilusiones y restaurar al adulto que llevamos dentro.

Vamos a seguir el rastro a esta campaña electoral. A ver qué nos depara.

Clinton y Zapatero

[Publicado el 20/11/2007 a las 17:41]

[Etiquetas: elecciones, consumo, propaganda]

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La ruptura subversiva de la derecha española

En contraste con el aspecto de registrador de la propiedad que le caracteriza, Mariano Rajoy adopta un tono desenfadado para excitar la risotada de su público. Consciente de la impaciencia que padecen sus seguidores, se propone alimentar su despecho y ridiculiza el consenso científico internacional sobre las nefastas consecuencias del cambio climático.

José María Aznar ya no es el dignatario abrumado de otro tiempo y con alegría ofrece a los suyos ingeniosos motivos de entusiasmo. Agasajado en Valladolid con la distinción de Bodeguero de Honor de la Academia del Vino, Aznar levanta su copa para consolar a los que están hartos del control gubernamental. Vamos a fumar, beber y conducir como nos plazca, dice en un alarde de campechano orgullo popular.

El diputado Vicente Martínez Pujalte, repantigado en su asiento, soporta con desgana la amonestación del presidente del Parlamento y levanta las cejas con asombro entre la hilaridad de sus compañeros de partido. Antes de abandonar el hemiciclo hace una última reverencia no sin advertir que volverá a deleitar a los suyos con esa figura tan arraigada en la tradición popular española: el gamberro vociferante y maleducado, ajeno al ridículo y la vergüenza que su presencia impone.

Martínez Pujalte, al ser expuldado del Congreso en mayo de 2006

Con su apacible hábito cardenalicio, Jaime Mayor Oreja interviene en medio del barullo para recordarnos la sobremesa que en pleno franquismo unía a la familia alrededor del parchís.

Aunque estos episodios nacionales puedan parecer anécdotas chusqueras, rasgos de un carácter estentóreo, la irreflexiva concesión a un público nervioso o la nostalgia que desfigura la vulgar tiranía del régimen franquista, lo cierto es que pertenecen a una temeraria operación política.

El grave deterioro ocasionado al Tribunal Constitucional, mediante maniobras inconcebibles entre magistrados supuestamente investidos para interpretar el espíritu de la ley; los ataques que la radio de los obispos emite contra el rey Juan Carlos, exigiendo la abdicación del Monarca, y la marabunta de embusteros lanzada como una jauría contra los policías, fiscales y jueces que han investigado y juzgado los atentados del 11-M, son acciones orquestadas con la misma osadía.

Al principio podía parecer que la derecha, enojada por la derrota electoral de 2004, no hacía más que ejercer, con sus insidias, el derecho al pataleo y que al final se mostraría dispuesta a purgar su amargo disgusto. Pero pasado el tiempo, las embestidas de la derecha contra la Corona, el Poder Judicial, el Parlamento, las normas de la Dirección General de Tráfico, los estudios científicos sobre el cambio climático, las evidencias del sentido común y los requisitos dialécticos de la razón democrática, nos van descubriendo el alcance de la intrépida estrategia desplegada por el Partido Popular. No es que pretenda aprovechar los fallos del Gobierno socialista, ni dar forma al desagrado que la población española siente por el dislate autonómico, ni propiciar la corriente de simpatía ciudadana que haga factible una futura mayoría parlamentaria, tampoco intentará convencer a la opinión pública de las supuestas bondades de su programa. Pues a la derecha española ya no le interesa el arte de la política. Aunque eventualmente se vea obligada a manejar discursos en los que ya no cree, dedica sus energías a consolidar el fundamento ideológico que ha elegido como promesa y horizonte.

Entre otras urgencias, la instrucción doctrinal de la derecha define un doble plan. Por un lado, capitanear un movimiento antipolítico con las más tenaces presunciones de la ignorancia popular. Un estado de ánimo colectivo ensalzado por los brutos que celebran denostar lo que no entienden. Ya sea el cambio climático, cuya complejidad les asusta, o la sofisticación jurídica del derecho de gentes, cuya demora les irrita. El hábito de la sospecha difundido por los publicistas de la derecha a tal efecto ha sido una ejemplar manifestación de astucia. Pues el recelo que proponen como método de pensamiento será siempre irrefutable, inaccesible a la deliberación e impermeable al sentido moral de la duda razonable.

La segunda parte del plan de la derecha española es hacer cada día más agudo el desprestigio de las instituciones, contribuir como sea al deterioro de su imagen entre la ciudadanía y echar por tierra el arduo trabajo de restauración llevado a cabo en los tiempos de la Transición. En resumen, el objetivo de esta agitación populista es arrebatar a las instituciones del Estado su carisma y hacer irreconocible el pacto social implícito en su funcionamiento. Una liquidación simbólica que a su vez impulsará la corriente de opinión hostil al uso reflexivo de la razón ilustrada.

No es extraño que la pretensión irresponsable y belicosa de la derecha genere una corriente de estupor como no se había visto desde el estreno de la democracia. Hasta ahora lo sustancial del pacto constitucional ha consistido en compartir de buen grado las deficiencias del sistema y subsanarlas con la categoría política y profesional de los responsables de su buen gobierno. Una alianza de estabilidad que obligaba a las fuerzas políticas a disimular las insuficiencias del Estado -la escasa "independencia" de sus tres poderes, por ejemplo- mediante un acuerdo inteligente sellado para proteger el desarrollo democrático de la sociedad.

Que una de las fuerzas constitucionales haya decidido aprovecharse de las deficiencias a cuya custodia se había comprometido supone una ruptura en el paradigma elegido para gobernar España. Un quiebro que modifica la relación entre las fuerzas políticas y sociales de un país sorprendido e intrigado por la temeridad, la osadía y la intrepidez del principal partido de la oposición: el partido que deja en evidencia, con estrépito burlesco, las fallas del sistema constitucional, renuncia a la respetabilidad y adopta una impetuosa estrategia subversiva.

Esta actitud, sin embargo, no es fruto del capricho ni del oportunismo resentido. No influye en su origen la furia ofendida de los derrotados por las urnas ni la personalidad recalcitrante de su líder. La transformación de la derecha española procede de una reflexión ideológica sobre su dubitativa evolución, de una sincera meditación sobre el futuro de su acción política en el seno de unas instituciones reguladas por los artificios de la razón y de un profundo desengaño.

La primera gran decepción ha sido comprobar la caducidad de su creencia decimonónica, pues el Estado ya no es la cámara acorazada de los intereses que la derecha gestiona. En la segunda gran decepción se hunde después de contemplar el descomunal aparato legislativo y judicial que el Estado en Europa garantiza a sus ciudadanos y que la derecha debe administrar cuando gobierna.

Para la derecha más reaccionaria estas contrariedades sólo pueden significar una cosa: el progresivo aumento del control estatal sobre los negocios que afecten a los derechos de los ciudadanos. El rechazo escandalizado a la deriva "intervencionista" del Estado ha madurado gradualmente hasta convertirse en la más firme convicción de los actuales líderes del Partido Popular. Fue intuitiva y errática mientras careció de referencias tangibles, pero su trascendental encuentro con la poderosa corriente de los neocons anglosajones ha sido tan revelador como renovador. Orientada por esta decisiva influencia, la derecha española posee al fin el arrojo necesario para reconocer el estorbo de un Estado que argumenta las restricciones, consensúa los límites y aplica las leyes aprobadas mediante el uso de la razón.

La derecha reaccionaria globaliza este repudio y no por casualidad se ve secundada en su labor de agitación y propaganda por sus respectivos aliados religiosos: los predicadores televisivos en la América de Bush y los predicadores episcopales y radiofónicos en la España del PP.

Para sabotear al molesto Estado legislador no basta reventar sesiones parlamentarias con sonoras broncas o aprovechar maliciosamente el reglamento institucional. Para debilitar la autoridad de la razón hay que reinventar el odio a la Ilustración, propiciar a cualquier precio el retorno de los brujos, divulgar sus oscuras creencias y restaurar el caudal de supersticiones que enturbian el discernimiento.

Esta alianza de la derecha española con el poder religioso no es nueva, ciertamente, pero vuelve a ser imprescindible para escenificar la ruptura subversiva que su movimiento antipolítico proclama a los cuatro vientos.

Artículo publicado en: El País, 7 de noviembre de 2007. Documento en PDF


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[Publicado el 08/11/2007 a las 10:10]

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Los amos de la tierra

En el noticiero de la segunda cadena de Televisión Española dan paso a la crónica de una cacería. La corresponsal enviada al país centroafricano nos advierte que la caza de grandes mamíferos se ha puesto otra vez de moda por un módico precio. Ya no son potentados acompañados de bellas señoritas los que otean el horizonte de la sabana sino jóvenes nerviosos los que contratan los servicios de las modernas agencias de viaje.

Vemos a un gran elefante plantarse en seco, como si recordara algo, y caer de lado agitando las orejas. Un enorme hipopótamo con las mandíbulas sujetas por gruesas cuerdas de esparto es arrastrado entre los árboles por esforzados porteadores. Un búfalo solemne resopla, hinca su hocico en el suelo y deja de respirar. A su lado, orgullosos cazadores de raza blanca agitan en el aire su fusil y muestran a la cámara una entusiasta sonrisa.

La periodista localiza al propietario de la agencia que ha descubierto este filón. Es un muchacho joven y bien plantado, un español amable que mira a la periodista con gran interés. La estancia en la que hablan está decorada como la casa de Robert Redford en Memorias de África. Por lo visto su negocio es un éxito del que está muy orgulloso y aprovecha la ocasión para hurgar en el corazón de sus clientes.

“Cuando disparas y ves caer ante ti al animal que has perseguido sientes algo muy profundo. No te lo puedes imaginar. Es una emoción que no se puede expresar con palabras”.

Como qué no se puede expresar con palabras, muchacho. Estás muy equivocado. Al contrario. Se nota que no tienes tiempo para leer, a pesar de los libros de Hemingway, el gran macho, que veo delicadamente desordenados sobre tu mesa de café.

Yo sí puedo imaginar lo que sientes cuando apuntas a tu presa, sorprendida rumiando sus hojas de hierba. Un inaudible zumbido atraviesa tus tímpanos hasta provocar una agradable sensación de vértigo. El sudor mana a raudales por tu piel y poderosos olores excitan tu sentido del placer. Las dudas sobre el alcance de tu hombría han desaparecido. Y los hombres que a tu espalda murmuran se han extinguido como un mal sueño al amanecer. La risa maliciosa de las mujeres que te han abandonado sonará durante algún tiempo, hasta que te parezca un murmullo de admiración. Eres más alto y fuerte que el día que llegaste al Continente Negro y eso es una increíble manifestación del poder que llevas dentro. Ahora se trata de demostrar quién eres y lo vas a conseguir haciendo frente al herbívoro que pace junto a su manada. Míralo, no tiene ni idea de lo que le va a pasar. La voluntad y el coraje que sientes empuñando tu formidable rifle de gran calibre transforman tu rostro aniñado. Se acabaron las ambiguas transacciones del mundo que has padecido. Aquí todo vuelve a ser claro y rotundo, como al principio de los tiempos. Los amos de la tierra han vencido de nuevo y tú disparas en su nombre. La victoria sobre el hipopótamo que toma el sol en la orilla de la charca será inolvidable.

Cuando la muerte corroa tus huesos y el semen se te haya podrido en tus flácidos testículos, desdentado y tembloroso, querrás recordar este momento. Y todo aparecerá nítidamente ante tus ojos. Aprietas el gatillo y antes de caer al suelo, el majestuoso elefante, cuyos colmillos querías ver colgados en el salón de tu casa, te dirije una última y extraña mirada.

[Publicado el 27/7/2007 a las 12:21]

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El arte de saber estar en el mundo

El ensayista, filósofo y director de la revista Critical Inquiry, Arnold I. Davidson, es presentado en La Vanguardia como la antiimagen del filósofo engolado. La entrevista que le hacen en París los enviados del periódico catalán lleva su fotografía: un rapero con barba, el cráneo rapado, sonriente y contemplativo.

La entrevista podría haber discurrido por cualquier derrotero –tan amplias son las referencias literarias, cinematográficas y musicales manejadas por el autor- pero en cualquier caso nos habría conducido a la misma proposición: la filosofía es una actividad académica sólo en la medida en que ha perdido su razón de ser.

En el sofisticado alarde conceptual de los actuales maestros de filosofía debemos identificar, además, algo que se parece mucho a la traición. Como si el prestigio administrado por el gremio profesoral de generación en generación no fuera más que un intento por ocultar el verdadero origen y sentido del pensar.

Davidson quiere subrayar el vínculo existencial que acuñó la actividad filosófica: no una opción intelectual separada de la vida, no una institución cultural del Estado, no el inventario histórico de la biblioteca universal. Se trata más bien de un infatigable diálogo entre el individuo y la palpitante y huidiza experiencia de sí mismo.

Dice Davidson que la filosofía es un ejercicio espiritual, una práctica tan recomendable, urgente y necesaria como lo fue hace 2.500 años. Que probablemente resulte hoy en día extraño el comportamiento de un filósofo dispuesto a forjar un estilo de vida y un arte personal, un íntimo y quizá secreto modo de entender el mundo, pero que ningún otro anhelo puede considerarse “amor a la sabiduría”.

Para distanciarse de los ejercicios de ampulosa erudición ensalzados por la tradición institucional europea, Davidson comenta dos ejemplos cercanos a la figura del verdadero filósofo: Francisco de Asís, con su sandalia gastada, rascándose la barba y frecuentando la compañía de los desgraciados y los perros, y John Coltrane, el músico de jazz que nos enseñó a improvisar con virtuosismo inspirado.

Los personajes citados por Davidson ayudan a imaginar cómo se puede sostener a salvo de tanta inclemencia social la sutilísima conciencia de un yo silente, un sí mismo que conoce pero no atrapa, sabe pero no asegura, sospecha pero no teme. Desde este punto de vista, estos dos hombres -el místico de este mundo y el jazzman del otro- son indicios de una habilidad posible.

La acertada expresión arte de vivir -pues no parece quedar en pie ninguna respuesta doctrinal a nuestras preocupaciones- alude a ese vivir  con destreza, sorteando las trampas tendidas, practicado por los filósofos que, pese a todo, como dijo al final Wittgenstein, dicen poco y muestran mucho.

Davidson nos propone una filosofía entendida como un saber estar en el mundo, una ética atenta a los imperceptibles instantes que conforman la totalidad del ser, una estética de la nobleza, una cínica y muy aguda simpleza.

No sé dónde leí la sentencia pero se corresponde bien con lo que propone Davidson. Una norma sencilla a modo de manual de instrucciones sobre la vida y el mundo: estate atento, recuerda quién eres y sé agradecido.

[Publicado el 17/7/2007 a las 19:21]

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El refugio de los fracasados

Un difuso pero extendido temor estremece a la sociedad europea: ¿y si la clase política aprendiera a ponerse a salvo de la periódica renovación que le imponen las citas electorales? ¿A dónde iríamos a parar entonces? ¿Podremos cargar en nuestros hombros con una casta dispuesta a ser útil toda la vida?

No deja de tener cierto sustento el resquemor. Se expresa con tímida torpeza pues los críticos del sistema no desean confundirse con los enemigos del sistema. (Se trata de perfeccionar el invento histórico de la democracia –disolver, diluir, vigilar a los poderes- no de impugnar el más notable de sus logros).

Hay motivos para sospechar que alguien puede estar soñando con la quimera de albergar en las instituciones europeas a los políticos que fracasan en sus países de procedencia. Como si fuera un premio de consolación del que se hubieran hecho merecedores.

Véase el caso de Tony Blair, por ejemplo. Debe salir huyendo del gobierno inglés para no conducir a su partido a la debacle y encuentra rápido acomodo en las altas esferas europeas. Después de contribuir decisivamente a montar el Cristo de Irak, se le encomienda armar la paz entre Israel y Palestina.

Como si fuera la recompensa a unos servicios de dudoso mérito, y pasando por encima del refrendo popular que los ingleses probablemente le habrían negado, alguien se apresura a contar con sus servicios para poner orden en Oriente Medio.

Como promesa a la clase política europea no está mal: aunque hayas organizado una guerra ilegal, aunque hayas propiciado una sangrienta y masiva matanza de inocentes ciudadanos iraquíes, aunque te hayas burlado de la opinión pública y engañado a todo el que tuvo la simpleza de creer en ti, aunque hayas hecho de nuestro mundo un mundo más peligroso, no importa, ven, sube, date prisa, aquí entre nosotros te encontrarás mejor.

Por si tuviéramos dudas, y no bastara el nombramiento auspiciado por los miembros del club más exclusivo de la tierra, un grupo de ministros de Asuntos Exteriores se apresura a darle la bienvenida en un artículo que reproducen los principales periódicos europeos.

El comienzo de esta Carta abierta a Tony Blair no tiene desperdicio: “el mundo se entristece por verle abandonar el primer plano”. ¿El mundo se entristece de ver dimitir a un político cansado, repudiado, chamuscado, quemado por la irritada opinión pública británica?

Después de homenajear sus años de servicio al Reino Unido, los ministros de los Estados Mediterráneos miembros de la Unión Europea, quizá pensando en su propio futuro, celebran que Blair haya aceptado “una misión más compleja, más imposible que todas aquellas a las que se ha consagrado hasta el momento”.

¿Consagrado? ¿Es este el lenguaje de los ministros de la Europa laica? El lector duda por un momento pues quizá está leyendo una diatriba cínica contra el hombre que viaja a Roma para despedirse del Papa de los católicos. Pero no, no hay ninguna broma a lo largo del texto. Se trata de un verdadero panegírico. Y así lo admite sin rubor Moratinos, Kouchner y sus colegas: “conocemos su inventiva y su determinación”.

(Mañana seguiré)

[Publicado el 10/7/2007 a las 20:17]

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La isla devorada por el delirio de grandeza

Cuando tú, lector, vayas a subir algún día al monte de Randa, dejando atrás la pequeña aldea del mismo nombre, atraído quizá por la ilusión de estar a solas con tus pensamientos, podrás vislumbrar desde la cumbre un paisaje insólito: orfebres holandeses repujan con láminas de oro las chimeneas de la ciudad, ebanistas egipcios tallan gárgolas en los aleros de las casas, majestuosos caparazones de nácar cubren los estadios de los atletas, un asombroso bucle de titanio sostiene el elíptico puente tendido entre las islas, transparentes redes diamantinas filtran los rayos del sol, las naves de los potentados hibernan en astilleros subterráneos... O al menos eso es lo que verías si estuvieras intoxicado por los delirios de grandeza que hoy gobiernan el archipiélago.

Por el momento, sin embargo, lo único que alcanzarás a ver desde Randa es un paisaje maltratado: penosas colmenas de ladrillo cuelgan de las escarpadas laderas del litoral, murallas hoteleras se erigen en la orilla de las playas, apretadas divisiones de adosados avanzan por los llanos, anchas autopistas desdoblan sus tentáculos de asfalto.

No es algo de lo que un gobernante pueda sentirse muy orgulloso pero en contra de lo que cabría esperar este paisaje es un motivo de celebración.

Los carteles electorales muestran el rostro risueño de los candidatos, los informativos de la televisión autonómica emiten sus declaraciones triunfales y la prensa comenta su agenda de inauguraciones sin llegar a encontrar en su rostro la más mínima arruga de remordimiento. Ninguna mueca de reflexión estropea el eslogan elegido por el gobernante Partido Popular para atraer a sus simpatizantes: Funciona". Esto funciona, viene a decir el mensaje.

Y no les falta razón. El presidente del Consell Consultiu, máximo órgano jurídico de la Comunidad, una especie de Consejo de Estado en miniatura, no dimite después de ser detenido e interrogado por la policía como sospechoso de tráfico de influencias. Uno de los miembros del mismo consejo es el abogado particular del famosísimo alcalde de Andratx, enviado a prisión por el juez y ahora en libertad bajo fianza. El consejero de Interior que presumiblemente delató la operación de la Guardia Civil contra el alcalde de Andratx tampoco dimite ni sabe por qué debería hacerlo. La aureola de la expedición oficial al club moscovita Rasputín -a cargo de los fondos parlamentarios- no se ha disipado y un guiño de complicidad evoca lo que debió ser una inolvidable jornada de confraternización. El jefe de todos ellos, Jaume Matas, activísimo aforado a salvo de los fiscales, no ha sido juzgado por espiar a los parlamentarios socialistas ni por dirigir la trama de empadronamientos furtivos en Formentera. Su palacete, rehabilitado como vivienda particular, se encuentra, puerta por puerta y tabique por tabique, junto a la sede del organismo encargado de vigilar las finanzas autonómicas: el Síndic de Comptes.

Evidentemente, la cosa funciona. Mientras la policía registra los despachos de notarios y los bufetes de abogados, y los fiscales se queman las pestañas rastreando sus transacciones bancarias, Jaume Matas, actual presidente de la Comunidad y candidato del Partido Popular, convoca a la prensa. Quiere anunciar, junto al arquitecto Calatrava, el Palacio de la Ópera que ha mandado construir en el centro de la bahía de Palma, en el espigón que se alzará sobre las aguas como una monumental consagración valenciana de sí mismo. La Junta Electoral le prohíbe esta flagrante malversación publicitaria y Matas -sólo por esta vez- se muerde los labios.

El candidato Matas mantiene un locuaz diálogo con los famosos y como si creyera en la unción carismática, en la transferencia mágica del prestigio, se fotografía con todos los que puede: el tenista Nadal, el pintor Barceló, el actor Douglas, la modelo Schiffer. Rosa Estarás, su actual vicepresidenta y candidata a presidir el Consell de Mallorca, una institución de rango protocolario inferior, se fotografía con Antonio Ozores.

Una brisa perfumada por el tomillo, un golpe de aire cálido y húmedo, te hará abrir los ojos en el monte de los tres templos, y desde Randa, elevándote sobre el infernal bullicio de los candidatos, comprobarás, lector, que no se puede hablar de las elecciones en Baleares sin hacer un balance de la devastadora maquinaria de la corrupción urbanística en su prepotente plenitud institucional. Pero los adefesios inmobiliarios, los paisajes hociqueados, las urbanizaciones salvajes, la recalificación concelebrada y el reparto clandestino de los beneficios de la especulación entre servidores públicos son una minucia insignificante si lo comparas con el verdadero desastre oculto tras el telón de la evidencia delictiva.

Cada negocio consumado al margen de la ley, cada ganancia ilícita embolsada, acentúa el agravio de las víctimas humilladas. Ni las ves ni las oyes desde Randa, pero están ahí, desperdigadas entre los pueblos de la isla, avergonzadas de lo que ven y del miedo que sienten por saber. Secretarios municipales obligados a transigir, secretarias inducidas a colaborar, funcionarios asustados, pasantes de abogados que teclean cláusulas inteligentes, celadores, guardias municipales, empleados de banca, albañiles; son los testigos inevitables de las operaciones furtivas y lo saben todo. También se han familiarizado con el alarde de impunidad que ostentan sus jefazos, tan displicentes con las cautelosas diligencias judiciales.

Pero necesitarías el olfato místico de Ramón Llull, aquél esteta ermitaño en las cuevas del Puig de Randa, para descifrar el secreto de los avergonzados. Deberías embriagarte con su fe de misionero para adivinar en qué momento el hombre humillado por la corrupción comprende el mensaje electoral. Te haría falta su arrebato de locura divina para descubrir cómo se transmuta el rubor en complicidad. Pues a pesar de tanto oprobio no les falta imaginación para preguntarse: "¿Te imaginas, el día que los inspectores y archivos de la Agencia Tributaria estén en manos de esta gente? ¿Te imaginas, el día que reciban las transferencias de Interior?".

Una joven pareja compra en Andratx un terreno pero no consigue la licencia para construir su casa. Un día encuentra por casualidad a un desconocido, alentado por la autoridad municipal, levantando en su solar un edificio con piscina. Insaciables en su apetito subversivo, los cómplices del desmán urbanístico "no respetan ni la propiedad privada". Así funciona.

Además de ser un templo destinado a ceremonias mayúsculas, la Catedral de Palma es un espléndido negocio por el que cada año pasan -pagando- centenares de miles de visitantes. La nueva capilla de Miquel Barceló se convertirá con el paso del tiempo en un icono universal, en un lugar abierto al culto de la peregrinación mundana. Ante los ojos extasiados del turista se levantan las agrietadas paredes de una caverna submarina decorada con las figuras de una suprema sinfonía sensual: quizás la más descarada obra de arte instalada nunca en un recinto religioso. Con deslumbrante inspiración, con el formidable talento del que ha hecho gala, el artista ha concebido una monumental epifanía erótica. Evocando deleites inequívocamente paganos, convocando los placeres de la joie de vivre, pulsando las emociones de un mundo ya redimido, libre al fin del circunspecto cilicio gótico, Barceló ha derramado los estimulantes frutos del mar -escurridizas lampugas, pulpos ansiosos, caracolas y erizos- y de la tierra -higos, racimos de uvas y sandías- a los pies de un Cristo resucitado, desnudo y feo. La única concesión que negoció el artista fue disimular los cojones que obviamente debían colgar de su entrepierna.

Si el obispo encargado de custodiar la Catedral fuera un fiel intérprete de las revitalizadas esencias cristianas de la Conferencia Episcopal Española pondría el grito en el cielo y clausuraría, con un ardiente entusiasmo integrista, la capilla de Barceló. Pero a su manera también él comparte el relativismo acomodaticio de la derecha mallorquina, impresionada por la eficacia pragmática del esto funciona.

Sí, lector, son muchas las cosas que verás si subes a Randa. Lástima que la estatua de Ramón Llull, tan golpeada como lo estuvo el herético beato antes de morir, no pueda parodiar con nosotros al poeta Villon: ¿dónde están los ladrones de antaño? ¡Qué tiempos aquellos, verdaderamente! Cuando un hombre podía ser víctima de un atraco sin padecer además el desprecio de sus amigos...

Ajenos a la ruina moral que corroe las entrañas de la isla, los publicistas pulen las versiones del mensaje electoral y enseñan a la ciudadanía consternada el botín de la menstrual y carnicera avaricia. A fin de superar el miedo a la ley -un estorbo para que esto siga funcionando- ventean su hostilidad contra jueces, guardias y fiscales y dedican una pletórica ristra de elogios al club ser alguien en Mallorca.

Toma nota, lector, ahora que todavía estás en Randa, pues todos hemos sido invitados a este festín. En el bien entendido de que los primeros en llegar serán los primeros en comer.

Artículo publicado en: El País, 26 de mayo de 2007.

[Publicado el 28/5/2007 a las 11:26]

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Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue editor de Seix Barral y convocó de nuevo el Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria y reunió al jurado que hasta su fallecimiento presidió Guillermo Cabrera Infante. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y, en la actualidad, es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Desde el año 2005 es Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa, director de La Oficina del Autor y editor de El Boomeran(g).

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