El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
La denuncia del terrorismo es un elemento retórico tan común desde el 11 de septiembre que vale la pena detenerse sobre las noticias que salieron de las computadoras de las FARC, la guerrilla colombiana. Hablo de las tres computadoras recuperadas por las fuerzas armadas colombianas después del bombardeo de un campamento de la guerrilla el 1 de marzo en el territorio ecuatoriano. Más allá de la muerte de Raúl Reyes, número dos de la guerrilla, quedaba pendiente la certificación de la autenticidad del contenido de las memorias de los aparatos. Toda la prensa internacional se hizo eco del asunto al finalizar el chequeo de las máquinas en una doble información resumida por El País de España:
1. Los ficheros encontrados son auténticos documentos y las autoridades colombianas no intervinieron en su contenido.
2. Los documentos demuestran los nexos políticos, militares y financieros entre la guerrilla y las autoridades legales de dos países vecinos, Ecuador y Venezuela.
He puesto la referencia al artículo del diario El País pues su sitio entrega también la reproducción de unos mensajes que involucran obviamente al venezolano Hugo Chávez Frías, líder de la revolución bolivariana, en un intento de derrocar por las armas al gobierno legítimo de un país vecino. Los gritos indignados de Chávez y Correa, su malestar en la cumbre de Lima donde se encontraban Europa y América Latina, no quita nada de los hechos: dos líderes políticos han sido cogidos in fragranti, como escribe Andrés Oppenheimer, del diario el Nuevo Herald de Miami, en actos de cooperación con un movimiento de guerrilleros que se dedican al secuestro y el tráfico de drogas, para no decir nada de matanzas repetidas.
Ahora bien, tal como lo escribe Oppenheimer la pregunta es: ¿qué pasa? ¿Qué hace la comunidad internacional frente a dos jefes de ejecutivos que fomentan el apoyo a un grupo terrorista? ¿Cuáles son las sanciones por involucrarse en operaciones terroristas? Es el momento de preguntarnos si nuestra época habla en serio de la lucha contra el terrorismo o si aceptamos su presencia como un elemento más en el paisaje político. Otra vez hay que releer al Agente secreto, la novela Joseph Conrad. Comprobar cómo su descripción del terrorista que camina por Londres, con la mano en el bolsillo que acaricia el detonador de una bomba, es la descripción de un hombre muy común: "Caminaba frágil, insignificante, andrajoso, abyecto y terrible en la simplicidad de su idea, llamando a la locura y a la regeneración del mundo. Nadie lo miraba. Pasaba insospechado y letal, como una plaga en la calle llena de hombres".
Es lo que pasa con las FARC: el mundo latino sabe que es una plaga que no puede justificar la dimensión supuestamente mesiánica de su actividad. Pero nadie se atreve a denunciar a sus simpatizantes: el 11 de septiembre provoca indignación, las FARC ya no provocan reacciones; tienen un negocio bochornoso pero aceptado de manera inconsciente. Conrad adivinaba la diferencia entre un 11 de septiembre y las FARC en su novela: "Hoy, una bomba, para tener influencia en la opinión pública, tiene que ir más allá de la intención de venganza o terrorismo. Tiene que ser puramente destructiva. Debe ser destrucción y sólo eso, por encima de la más leve sospecha de cualquier otra finalidad."
[Publicado el 20/5/2008 a las 11:52]
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La revista de las bibliotecas de Francia acaba de publicar un artículo sobre "es œuvres orphelines" (las obras huérfanas). Se trata de las obras cuya utilización supone el pago de derechos de autor aunque se desconozca la identidad de la o las personas que recibirían este pago. Para mi gran sorpresa no se trata de un problema menor. Según la ley, de no encontrar el "propietario" de los derechos de autor de una obra, hay que prescindir de cualquier utilización que se le pueda dar. En el caso de la British Library, explica el artículo, hablamos así del 40% de los fondos de la biblioteca inglesa "fosilizados", es decir, que no pueden ser reproducidos y tener otra vida dentro de una audiencia. El artículo explica, con gran lucidez, la importancia del caso para el futuro de las bibliotecas digitalizadas, pues se trata de obras cuyo futuro depende en muchos casos de una digitalización. Según los países, ya se toman medidas para prescindir de la autorización de los "propietarios" de los derechos de autor.
Claro que huérfanos existen en todas las disciplinas: literatura, cine, música... Pero en el caso de la literatura es aun más importante, pues los éxitos sacados del pasado reciente son múltiples. Lo pensaba al leer los números deslumbrantes de la venta de libros de Irène Némirovsky. La novelista francesa tenía por suerte sus hijas para promover la utilización de su obra, pero su salida del "purgatorio" literario fue de una violencia increíble: de Suite française se han vendido 640.000 ejemplares en Francia. Tiene traducción en 32 idiomas. Meramente en EE. UU ha vendido casi 900.000 ejemplares. ¿Qué habría pasado en caso de incluir las obras de Némirovsky en la lista de las obras huérfanas? Nada. Habría sido imposible difundir su obra.
Sería igual, para citar un caso de gran éxito en el mundo hispanohablante, con el húngaro Sandor Marai. Desde El último encuentro, la edición de su obra en castellano es un éxito tremendo. Marai no dejó viuda ni hijo pero por suerte existen herederos de sus derechos de autor. En el caso contrario, sería un desconocido... (Aunque llegamos al final del yacimiento. Por primera vez su novela La extraña -Salamandra en España- no me gustó tanto. Es una vieja obra, publicada antes de la Segunda Guerra Mundial... Quizás en este caso la orfandad era mejor solución).
[Publicado el 19/5/2008 a las 10:48]
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Existe en París un salón del libro de América Latina. No es mucha cosa pero tampoco es nada. Cobra fuerza y ahora alcanza una muy respetable cuarta edición. Se apoya en los recursos de la Maison de l'Amérique Latine, lugar de encuentro ineludible para todos los latinos y enamorados de América Latina de París. Al final si miramos el programa del evento que tiene lugar esta semana, vemos que abarca un poco de todo: libros, películas, tertulias radiofónicas, música, arte. Habrá el ineludible debate sobre el año 1968 y oportunidades de hablar de la relación entre sociedad y política. En definitiva, será un retrato del consumo de cultura de América Latina con una cierta ambición de calidad.
Lo interesante es que el evento se va a mantener en un área más cultural. A pesar de la polarización en América Latina en torno a la izquierda de Chávez, Correa y Morales, no hay ahora en Francia tanto entusiasmo por gritar a favor de las revoluciones de allá como en los años 60 o 70. Si miramos el programa, vemos en realidad dos éxitos, los dos éxitos recientes que tienen poco de política.
1. Un pequeño libro (160 páginas) publicado por la editorial Bartillat sobre la relación amorosa y amistosa entre dos escritores: Victoria Ocampo y Pierre Drieu La Rochelle. Drieu de Victoria Ocampo consiguió un premio (Bel Ami 2008) y sobre todo un reconocimiento obvio: no desaparece de las mesas de las librerías. Leer el libro es volver a lo que fue la relación literaria entre Francia y Argentina antes de la Segunda Guerra Mundial.
2. Seria obvio decir que no quedó nada de esta relación después de la fascinación de los franceses por José Luis Borges pero aparece ahora Alan Pauls. El escritor argentino es la estrella de este salón y por muchas razones lo veo cada día como un artista que va a potenciar su presencia. Va a ser un escritor con un estatus reconocido de escritor, lo que hace decir en Francia que tendrá derecho a opinar sobre todo. Es publicado por Christian Bourgois, el editor que "descubre" los talentos de fuera. Habla de Proust como un francés. Y después del salón, l'Ecole Normale Supérieure (escuela normal superior), en la calle Ulm, dedicará un día completo de estudio a su obra. Es el camino real hacia la fama entre los intelectuales. Algo peligroso, por supuesto, pues el almidón de la pequeña gloria se revela incómodo cuando uno quiere renovarse.
[Publicado el 12/5/2008 a las 10:18]
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Por supuesto que Diario de un mal año (Mondadori en España) de J.M. Coetzee es un excelente libro. Una gran meditación sobre los valores morales de nuestra época, el comportamiento de los poderes estatales y la literatura. Coetzee no ha faltado nunca desde Esperando a los bárbaros, no tiene sentido repetir que se trata de un genio cuyo premio Nobel fue muy merecido. Tampoco vale la pena hablar de la trampa clásica de la meta-ficción utilizada en su novela: esconder un libro dentro de un libro. En este caso, un narrador/autor, que podría ser Coetzee (pues cita a libros suyos como obras de este personaje), describe el proceso de elaboración de un libro de reflexiones políticas. Este narrador habla de terrorismo, de la prensa, de la ciencia, de la violencia estatal. Reconoce la existencia del individuo, de la familia, de la nación y se pregunta lo que es una sociedad. Pensamiento de un hombre culto a principio del siglo XXI.
Es excelente, lo repito, pero lo que me interesa es la construcción íntima, página por página de la obra. De hecho cada página tiene tres partes: arriba, leemos lo que escribe el autor, sus reflexiones; en el medio se despliega una narración de la relación entre él y la secretaria que pasa sus textos a máquina; y por fin, más abajo en la misma página, se cuenta la vida de la secretaria con su pareja. Uno puede leer el libro quedándose meramente en una zona y encontrar una narración continua. Pero, al ir y volver de una zona a otra, aparecen conexiones, acercamientos entre pensamientos y comportamientos que configuran un juego de luz y sombra muy hábil.
Salir de la lectura lineal, de un texto que ofrece el hilo continuo de su discurso, desde su principio hasta su final, es el gran reto literario de la época que viene. Internet y las pantallas de los teléfonos móviles ya nos obligaron al prescindir de la continuidad. Al quedarse en una narración lineal, la novela clásica se aparta de la vida, del discurso diario de los caracteres. El libro de Coetzee no es un experimento. Es un signo adelantado de lo que viene. Habla ampliamente de Ezra Pound, el poeta. "Los artistas son las antenas de la raza", decía Pound. Coetzee se comporta como un artista al detectar el mundo que viene.
Su solución es ingenua, limitada (dividir una página en tres es todavía poco invento) pero debemos ver su intento como la voluntad de actuar al nivel de lo que ve el ojo: una página o una pantalla. Rayuela, la novela de Cortázar con sus 155 capítulos ofrecía una solución a nivel global del libro entero (era una obra lineal hasta el capítulo 56, prescindiendo de un orden para los últimos 99 capítulos). También existe el caso del Diario de una mujer adultera (Diary of and adulterous woman) de Curt Leviant (creo que no existe una versión en castellano). Es un clásico de la literatura judía que ofrece un relato contado tres veces a través de los tres puntos de vista de los tres protagonistas (es decir, una técnica muy parecida a la de Faulkner) pero que añade un index, de A hasta Z, para visitar a fondo ciertos temas.
En todos los casos (Cortázar, Leviant o Faulkner) más allá del placer de la lectura es todavía imposible olvidar durante la lectura que se trata de una arquitectura artificial. La solución de Coetzee no es óptima tampoco, pero me parece mejor por su voluntad de desarrollarse en lo que ve el ojo. Caminamos hacia el texto no lineal.
[Publicado el 09/5/2008 a las 12:41]
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Como muchas otras personas, dediqué 45 minutos a la lectura de Sabor a chocolate, la cortísima novela de José Carlos Carmona. La editorial Punto de lectura ha cocinado (no hay otro verbo) un sitio para promover el libro. No es necesario. Es un relato excelente. Caminará por sí solo hacia los lectores. Y puedo anticipar un éxito real, sincero, de esta novela sobre todos entre los no-lectores de novela. Por fin, van a pensar, un libro que nos habla de la vida tal como es. El libro es atractivo por tres razones:
1. La desnudez: ¿Qué es lo que queda cuando se guarda meramente la columna vertebral de una historia? Cien capítulos, pero los más largos ni se extienden en dos páginas a pesar del gran tamaño de la tipografía. Sin embargo, no le falta nada a este libro.
2. El tono: el cuento se parece a otra novela, mucho más amplia, Ragtime del escritor norteamericano E.L. Doctorow. Habla de la misma manera sencilla, breve de hechos grandes o pequeños. Igualmente, aparece el incendio del Reichtag o el recalentamiento de un plato en la cocina. La voluntad de hacer un tejido continuo entre la vida emocional de unos personajes y la historia pública de su país produce una tremenda credibilidad. Consiste a veces en trucos muy sencillos: contar algo y añadir qué ocurre el día del estreno de una canción muy conocida es utilizar la técnica promovida por Stendhal, el uso de "los pequeños hechos reales".
3. La presencia de la Historia: esperamos de los novelistas una ayuda en el momento de entender nuestra época. Esta novela asume el reto al mostrar, sin decirlo de manera formal, cómo la atmósfera del momento (por ejemplo, la gran crisis de 1929) influye en los sentimientos y las posturas de las personas.
Un post pequeño en el sitio de The Guardian lo recuerda al plantearnos esta pregunta: ¿qué hicimos con el 11 de septiembre? Si pensamos en novelistas norteamericanos como Don DeLillo o Jonathan Safran Foer la respuesta es obvia: reciclaje de los acontecimientos en una literatura de gran control de la estructura. No veo algo similar en el mundo hispanohablante recientemente. En cierta forma, falta Manolo, Manuel Vázquez Montalbán.
Para mí, no era un gran escritor, no quedará mucho de su obra, pero en su voluntad productivista se dedicaba a contar, día a día, la crónica de lo que pasaba. Lastimar la ausencia de una gran novela en español que se apoya en el atentado de la estación de Atocha de Madrid es pedir mucho de las letras españolas. Pero tampoco hay lo que haría Vázquez Montalbán al contar hoy la historia de Carvalho: decirnos la vulgaridad obscena de la vida política española, el auge del dinero de la construcción, el ruido insoportable de ciertas tertulias radiofónicas. ¿Y en Francia? En Francia, es igual. El primer aniversario de la presidencia de Sarkozy, ayer, era una cosa sin literatura. Los escritores franceses ni utilizan el nuevo régimen como tela de fondo. Por eso, decidí dedicar el aniversario a consumir el chocolate de José Carlos Carmona. Me gustó. Me gustó, sí, pero es un chocolate amargo que recuerda a los límites de lo que encontramos en las novelas.
[Publicado el 07/5/2008 a las 11:31]
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Lo que me gusta de la revista Foreign Policy es su manera innovadora de acercarse a los temas de política internacional. Por ejemplo, construir una clasificación de los peores estados en el mundo o plantear preguntas inverosímiles: ¿Qué echaríamos de menos si desapareciese el Islam? ¿Es bueno el nacionalismo? ¿Quién es el culpable de la guerra de Irak: Bush o el pueblo americano? -el culpable es este último. Existe varias versiones de la revista como la de España que ofrece la lista en castellano de los próximos dictadores en caer. Expresarse de esta manera es una postura atrevida, una audacia poco común en estudios de política internacional, y es lo que hace de Foreign Policy un medio aparte.
Su último proyecto consiste en establecer la lista de los 20 intelectuales que más influencia tienen en la vida pública. Se puede votar en línea, claro, utilizando una lista de 100 apellidos. Está la posibilidad de proponer a otras personas pero supongo que más o menos los 20 "coronados" saldrán de esta primera opción con 100 apellidos. Una lista apasionante, pues Foreign Policy, que publica un index de los países según su nivel de globalización (es decir, incorporación al mundo), quiere hacer una lista "global", mundial con las voces que existen más allá de las fronteras de un país. Vale la pena meditar lo que se ofrece en la lista inicial. Treinta personas de Europa y 36 de América del Norte; cuatro, no más, de América Latina, es decir, tanto como de África, desde el sur de Sahara, hasta Ciudad del Cabo.
Puedo imaginar la ineludible sospecha que provoca una revista cuya sede se encuentra en Washington. Pero su director, Moisés Naim, fue ministro en Venezuela y no se le puede acusar de menospreciar a América Latina o al mundo hispanohablante. Al final entre los 100 apellidos sólo se consigue una cosecha de cinco personas del mundo iberoamericano: el filosofo Fernando Savater (España), la periodista Alma Guillermo Prieto (México), el historiador y escritor Enrique Krauze (México), el escritor Mario Vargas Llosa (Perú) y el sociólogo y político Fernando Henrique Cardoso (Brasil). ¿Es poco? No sabría decirlo pero me parece definitivamente poco incluir meramente a ocho artistas/novelistas: Daniel Barenboim, J.M. Coetzee, Umberto Eco, Vaclav Havel, Amos Oz, Orhan Pamuk, Wole Soyinka, Mario Vargas Llosa. Si quitamos al músico israelí, no hay más que siete personas que se apoyan o se apoyaron en el poder de la ficción para entregar ideas sobre el mundo. Es donde veo el error: la ficción es la herramienta más potente para decir todo fingiendo hablar de otra cosa. "Una idea, escribe Lawrence Durrell, es como un pájaro rapo que no se puede ver. Lo que uno ve es el temblor de la rama que acaba de abandonar."
[Publicado el 05/5/2008 a las 14:30]
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Levi-Strauss.
La cortita lista de los autores publicados en la Bibliothèque de la Pleiade durante su vida se alarga. A Paul Claudel, André Gide, Julien Gracq, Julien Green, Eugène Ionesco, Henry de Montherlant, Nathalie Sarraute, Saint-John Perse y Marguerite Yourcenar, habrá que añadir Claude Levi-Strauss. El antropólogo y pensador entrará el viernes 2 de mayo en el panteón de la edición francesa con un volumen que recopila siete libros suyos. 15.000 ejemplares y un título sin sabor: Oeuvres (obras).
El año 2008 es algo especial para Levi-Strauss, pues además de esta publicación cumplirá 100 años en el otoño. Dentro de las figuras del mundo intelectual francés, es un caso aparte. Un pensador que siguió su camino rechazando las posturas de compromisos políticos frente a los medios de comunicación, un científico que tiene a la vez una obra de terreno (basada en largas convivencias con poblaciones indígenas de la Amazona) y una obra teórica (para fundar la disciplina de la antropología estructural en un libro epónimo) y por fin el autor de un libro fenomenal, mezcla de confesión, de meditación filosófica y de ensayo de etnología: Tristes trópicos. Su primera frase es la mejora de todos los libros de viajes: "Odio a los viajes y a los exploradores". Lo que sigue es un puro milagro. Cuando se publicó, en 1955, el jurado del premio Goncourt hizo pública su lástima: al no ser una novela era imposible atribuirle el galardón más cotizado de las letras francesas.
La ternura triste del joven indio de la tribu nambikwara que se ve en la portada, con un palito en la nariz y otro en el labio superior, fue la imagen más reproducida dentro de la furia etnológica de los intelectuales franceses durante una época (más o menos a finales de los años 60 y durante los años 70). La idea muy cercana a la visión del salvaje de Rousseau como maestro de la relación entre naturaleza y cultura se combinaba muy bien con los tímidos ensayos de la ecología política y las obvias limitaciones de las teorías socio-políticas vinculadas al marxismo. Levi-Strauss estuvo muy de moda en los años 70 y principio de los 60, cuando se buscaba a un pensador más allá del terreno social. Sus libros de la serie Mitológicas ("de la miel a las cenizas", "lo crudo y lo cocido", etc.) era algo que había que leer tal como su ensayo sobre El pensamiento salvaje. Al final, se fue la moda, tal como se van todas las modas, y Levi-Strauss se quedó.
De todo lo que fue el estructuralismo en Francia, me parece que es él quien mejor aguanta el paso del tiempo. Por una razón sencilla: nunca llegó a cerrar por completo una teoría que no fuese estructuralismo estricto sino voluntad de entender cómo los mitos conviven en una sociedad. Es fascinante comprobarlo: paso mucho tiempo buscando en la red un buen resumen de lo que es la obra de Levi-Strauss; hay buenas notas en Wikipedia, hay cositas por aquí y por allá, pero al final Levi-Strauss no es el rehén de un sitio. Claro, hay que apagar la pantalla y abrir Tristes trópicos.
[Publicado el 30/4/2008 a las 12:21]
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Dos polémicas y el Monte St. Michel
Lo bueno de la vida literaria en Francia es la falta de demoras al momento de empezar una polémica. Tenemos dos casos excelentes que van a apasionar a su clase mediática y a sus intelectuales.
1. Houellebecq y su madre
El libro será publicado el 7 de mayo, pero en París ya se habla en todas partes de L'innocente (La inocente) de Lucie Ceccaldi. El nombre de su autora se parece mucho a la identidad de la madre, Jeanie Ceccaldi, en la novela de Michel Houllebecq, Les particules élémentaires (Las partículas elementales). No es casual. Se trata de la respuesta a Houellebecq por parte de su madre. El novelista, que no fue criado por ella, se dedicó a machacarla, llegando a decir que no estaba viva, además de pintarla como una figura negra en su libro. En la vida, parece gozar de buena salud y de un fuerte temperamento al decir, según un extracto de su obra: "con Michel, volveremos a hablar el día en que Michel, en un lugar público, reconozca ser un mentiroso...".
Houellebecq, que es un maestro insuperable en el arte de las relaciones públicas, se ha quedado mudo, por el momento. Pero, al apuntar a la figura más visible de las letras en Francia, el libro plantea otra vez el debate sobre la importancia de la obra de Houellebecq (es decir, su existencia real aparte de la acumulación de provocaciones del autor). Se sigue el testimonio de la madre en varios sitios como el de 20 minutes o de Libération, pero como suele ocurrir en muchos casos el mejor artículo se encuentra en el sitio de The Guardian. Lo interesante en la polémica es el vínculo fuerte de la madre de Houellebecq con Argelia y el mundo árabe, sabiendo que el escritor insultó a la fe islámica. (Para entender el alcance de la polémica se puede releer una entrevista con el autor en la biografía no oficial de Houellebecq, Denis Demonpion ).
Último detalle: Michel Houellebecq se llama Michel Thomas. Se lo puso su nombre para recordar al Monte Saint Michel con su famosa abadía benedictina.
2. La importación de Aristóteles
La segunda polémica ya está en camino por la publicación del libro Aristote au Mont Saint-Michel. Les racines grecques de l'Europe chrétienne de Sylvain Gouguenheim, en la casa éditorial Le Seuil. Pierre Assouline, en su blog ‘La République des lettres' tocó el tema el domingo pasado y ya tenía 400 comentarios el martes al mediodía. ¿De qué se trata? De una furiosa polémica entre especialistas de la historia medieval para saber cómo los textos de Aristóteles llegaron al mundo cristiano. Gouguenheim, profesor de la Escuela normal de Lyon (la escuela que forma a los profesores), reconoce un papel fundamental en las traducciones del griego al latín hecho por los monjes benedictinos del Monte Saint Michel. Lo que hace decir que menosprecia el papel de los arabo-musulmanes y de un centro intelectual como Córdoba en la difusión del pensamiento griego clásico. Y claro, al final, Assouline acusa a Gouguenheim de desconocer los matices entre islamistas y musulmanes. El diario Le Monde parecía inclinarse a favor de la tesis de Gounghenheim antes de publicar una tribuna que denuncia su tesis. Viva la polémica.
[Publicado el 29/4/2008 a las 19:15]
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Cada sábado, hay dos lecturas importadas desde Londres que son imprescindibles para mí: el suplemento Review de The Guardian que es de hecho un suplemento dedicado a la literatura; y el Financial Times, que tiene una reseñas excelentes como la que aparece en la última, The Spin in the tale. Es imposible traducir este título, pues sí sabemos que tale quiere decir cuento, pero a lo que se llama spin en la política inglesa no es "torbellino" o "trompo" sino "trampa", una manera de engañar a la opinión pública, de cometer un abuso de comunicación sin salir del juego clásico de la política. El artículo es apasionante: al explicar cómo el gobierno de Margaret Thatcher provocó la aparición de una serie de novelas que pretendían describir la sociedad inglesa bajo el mando de la dama de hierro su autor, Adrian Turpin, no reconoce el mismo mérito a Tony Blair.
Se define muy bien, en este artículo, el trabajo de los novelistas que se meten en este camino: "su trabajo no consiste en decirnos algo sobre la gente en el poder, más bien de mostrarnos cómo ideas políticas, aunque parecen abstractas e impersonales, entran en el tejido de la vida diaria, infiltrándose en los hogares, lugares de trabajo y hasta en nuestras relaciones personales." Es lo que hacía Balzac en Francia y su obra sigue siendo lo mejor que se puede leer para entender a un amplio período del siglo XIX. El primer ministro Tony Blair, al abusar del spin, es decir, de una comunicación tan hábil que se sabía de la existencia del cambio sin ser capaz de entenderlo por completo, quitó mucho terreno a los novelistas.
No voy a citar el detalle del análisis de novelas inglesas que me quedan por leer (South of the River de Blake Morrison parece muy prometedora con su presencia obsesiva de los zorros, pues Blair prohíbe cazar con una jauría de perros a los zorros que entran en las ciudades) pero creo que Turpin pide algo obvio: sólo se entiende una vida política si se tiene su traducción literaria. Es una reflexión ineludible al cerrar la ambiciosa novela de Edmundo Paz Soldán, Palacio Quemado (Alfaguara). ¿De qué se trata? De Bolivia. De una Bolivia de verdad, es decir, la Bolivia de las "dos Bolivias", de los cuatro idiomas (español, quechua, aymara y guaraní), con su "guerra de la razas"; un país donde "los hombres de poncho no llegan al palacio".
El Palacio Quemado es el palacio presidencial en La Paz. El narrador se presenta como una persona apartada del poder (no lleva un cargo concreto) pero vive dentro del palacio y del posible spin: tiene como tarea escribir los discursos del presidente. Aparte de unas evocaciones del pasado (con una buena evocación de Barrientos), existen tres figuras clave para personalizar a la política: Fernando Canedo de la Tapia, presidente, blanco, es un veterano del poder (ya fue presidente en el pasado) y ahora un claro caso de "quiero pero no puedo"; Mendoza, el vice-presidente, es un hombre culto pero que lleva la cultura occidental en su cabeza; el Coyote es un ministro duro, desleal, quitando terreno a los blandos que no usan la fuerza del estado. Por fin hay el líder de la oposición, Remigio Jiménez, que se apoya en la influencia de los cocaleros.
Lo bueno que tiene la novela es su voluntad de no retratar de manera directa a actores reales de la vida política. Lo bueno y lo malo, quizás, es de no apartarse del retrato de la política como laberinto de retórica, envidia, retórica e impotencia. "La oposición a la ofensiva, el gobierno paralizado, ambos incapaces de ofrecer respuestas o alternativas concretas que fueran más allá del rechazo a ultranza o la defensa tímida del modelo neoliberal" es una descripción fiel de la política en muchos países de América Latina y la novela se parece mucho a esto. Tal como lo leí en el blog de Garzón Vallejo hay algo extraño en este libro: se lee de un tirón hasta el final, no se puede eludir una página y tampoco convence, deja la sensación de que no se logró todo. Una hipótesis: es un síntoma de un éxito pues la política es así, es el cuento de nunca terminar aunque seguimos escuchándolo.
[Publicado el 28/4/2008 a las 12:40]
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Ilustración de Fernando Vicente.
El 23 de abril es una fecha cómoda. Al corresponder a la muerte (en 1616) de los dos autores más grandes de la literatura inglesa y española (Shakespeare y Cervantes) no compite al ser el día del libro. Se extiende la costumbre de una fiesta del papel en estos días, menos en Francia (pues la muerte de Proust corresponde a un 18 de noviembre). Escribo fiesta del papel sabiendo muy bien que otro mundo se acerca como se nota en el blog del proyecto Booksearch de Google.
Google participa en la fiesta del libro pero para proponer un mapa interactivo donde vamos a descubrir vídeos, contenidos interactivos y libros personalizables. Libros sí, pero de otro mundo. El mundo que se adivine en esta página de la enciclopedia británica. Vale la pena leerlo en detalle: se trata nada menos que de ofrecer por un año el acceso gratuito a una cierta categoría de usuario: los editores en línea. Pero somos todos autores en línea. Ni una palabra sobre Wikipedia, pero de esto se trata. Y no faltan las comparaciones entre un mundo y otro mundo. Un mundo con papel y un mundo sin papel. Un mundo con participación y un mundo sin participación.
¿De vivir hoy Shakespeare y Cervantes tendrían su blog? No lo sé, pero vivirían en el mundo digital.
[Publicado el 25/4/2008 a las 12:05]
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Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
29/8/2008 22:17
Es posible que Castro II se...
Publicado por: maite
29/8/2008 00:09
no he escuchado de Onetti pero...
Publicado por: Enmer
27/8/2008 23:21
En Chile sucede algo curioso; el...
Publicado por: Rocío Lafuente D-R
26/8/2008 19:44
me alegro mucho su rescate , es...
Publicado por: MANUEL BARRETO M
26/8/2008 19:30
CREO FIRMEMENTE QUE WIKIPEDIA ES...
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26/8/2008 18:02
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25/8/2008 15:19
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24/8/2008 18:15
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23/8/2008 17:33
Publicado por: Raskolnikov
23/8/2008 13:51
Hola a todos los Murakamistas,...
Publicado por: Reyes
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