En 1936, en la Vokzalnaya ploshade, plaza de Vladivostok que recibe su nombre de la estación término del ferrocarril transiberiano en ella ubicada, hubo una gran manifestación en apoyo de la República Española amenazada (entonces sólo amenazada) por el mal, una de las modalidades de eso que sólo los hombres son capaces de generar (pues el resto de los animales escapa a la polaridad misma bien-mal), y que en este caso tomaba la forma de intentar erigir un sistema político cuya máxima subjetiva de acción era desde el comienzo el abuso del débil (asunto en el cual el proyecto que anima a los insurrectos españoles está en las antípodas del proyecto que da pie a la Revolución de Octubre, por lo que resulta una ofensa que se homologue -como a veces impúdicamente se hace- la tragedia en la que desemboca la aventura de los soviets con la inmundicia que desde la raíz misma suponen los regímenes dictatoriales erigidos como reacción a la misma).
En esa misma plaza de la estación trans-siberiana se dirigió en 1920 a los obreros de Vladivostok el héroe popular de la guerra civil rusa Sergei Lazo, llamando a no entregar ese terruño oriental de Rusia que efectivamente, como había previsto, vendría a ser su tumba.Y cuando Vladivostok fue en 1922 liberado de los Guardias Blancos por el ejército popular, fue también en esta plaza dónde se celebró la victoria.
[Publicado el 14/9/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Y asimismo como en la tragedia de Melville, la ballena tiene en Vladivostok un papel simbólico, aunque de signo contrario. Cerca del "Palacio de los hombres de mar" hay un sorprendente monumento a tres ballenas que brotan de un tronco común. Se conmemora así el rescate de ballenas en peligro realizada en 1989 por los barcos de Vladivostok Admiral Makarov y Vladimir Arsenyev. Me viene a la memoria que en el libro de Melville hay una larga colección de citas relativas a la ballena y a la etimología misma de la palabra.
[Publicado el 11/9/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
Visitando Rusia en ese tan trágico como decisivo 1920, Bertrand Russell tiene una entrevista con Gorky, ya entonces gravemente enfermo. Gorky, como de hecho Russell, sostiene el movimiento revolucionario convencido de que los aspectos sangrientos y dictatoriales son en parte inevitables en razón de la ferocidad (militar y económica) de los enemigos. Y el escritor ruso enfatiza ante el filósofo británico que, en última instancia, todo lo que puede decir de Rusia es que es un país sellado por el dolor.
[Publicado el 09/9/2009 a las 10:17]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
Mas en este "Cementerio Marino" no sólo se evoca a los muertos rusos. En referencia a esta hecatombe de los años 18 y 19, en un ángulo, no lejos de las anteriores lápidas, la escultura de un soldado caído en combate da imagen a un texto escrito en ruso, checo y francés "à la mémoire des tchecoslovaques morts au champ d'honneur".
Asimismo todo un ala se haya destinada a "honrar la memoria de aquellos que en febrero y marzo de 1919 fueron sepultados en algún territorio de Siberia" y que pertenecían a las siguientes fuerzas: Royal Navy, Royal Marine Light Infantry, Royal Field artillery, Royal Engineer, Hampshire Regiment, Middelsex Regiment, Canadian Infantery.
[Publicado el 07/9/2009 a las 13:15]
[Enlace permanente] [Imprimir] [1 comentario] [Enviar a un amigo]
Primorskiy Krai, 'País del borde del mar'
"Y este terruño ruso, que es ahora mi morada, acogerá nuestra muerte pero no lo rendiremos"|.Estas palabras de Sierguei Lazo (1894-1020), héroe de la guerra civil que diezmó a Rusia en los años posteriores a la Revolución, pueden leerse bajo el monumento a él erigido en una de las colinas que circundan la Zolotoy Rog, principal bahía de Vladivostok, sede de la estación marítima de la que zarpan los barcos a las islas circundantes de Russkiy o Popota y, en paralelo a la costa, al puerto limítrofe de Slavianka, base de la región que, en Khasan, tiene fronteras contiguas con China y la republica de Corea del Norte ( y dónde en 1938 el Ejército Rojo libro una decisiva batalla contra el militarismo japonés).
A veces en el entorno de Vladivostok- el golfo Amursky, la bahía Uliss, la bahía Domid- el mar del Japón es extremadamente plácido, y entonces en Zolotoy Rog las aguas son tan estables como las de la laguna veneciana en días serenos. En los muelles de esta principal bahía anclan numerosos cargos así como, en permanencia, barcos de la armada rusa de un color profundamente oscuro. Tras estos barcos de guerra, junto a la Karavelnaya, avenida paralela al muelle, se encuentra el Memorial en honor de los hijos de la región, Primorskiy Krai, País del borde del mar, caídos entre 1941 y 1945.
Se oye a veces en Vladivostok que la región nunca llegó a recuperarse del desequilibrio entre el número de hombres y mujeres provocado por las sucesivas hecatombes, guerra ruso- japonesa, primera guerra mundial, revolución, guerra civil rusa, segunda guerra mundial... En cualquier caso la tesis parece tremendamente apoyada por la interminable lista de hombres caídos en el último conflicto, lista que cubre por entero las enormes lápidas (con aproximadamente 1000 nombres cada una) que forman -verticalmente o en ángulo hacia el mar- secuencia a los pies de la capilla del apóstol Andrey Pervozvanny.
A cincuenta metros de allí, junto a una vía muerte de la cercana estación- término del ferrocarril transiberiano, hay una sobria evocación de lo comandantes que en 1905 fueron pioneros en la inmersión submarina en el océano pacífico y que fallecieron junto a la tripulación en la guerra ruso-japonesa, la cual es asimismo evocada en toda su generalidad en un monumento que se alza a media altura ya en la colina circundante.
Quizás en ciudad alguna se hace presente como en Vladivostok la memoria de los hombres, civiles o militares, caídos en el mar. En la ciudad hay un "Cementerio Marino" tan conmovedor como los versos del mismo título de Valery y tan cargado de evocaciones tremendas como las de "Los grandes cementerios bajo la luna" de Georges Bernanos.
[Publicado el 04/9/2009 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
"¡Hiedra instantánea, flora parietaria y fugaz! La más incolora, la más triste, al juzgar de tantos, de entre todas las que pueden trepar por los muros y alcanzar la balconada; para mi la más querida desde el día en que apareció en nuestro balcón como la propia sombra de la presencia de Gilberte que estaba ya quizás en los Campos Elíseos (...); hiedra frágil, arrastrada por cualquier vientecillo, mas asimismo relacionada no con la estación del año, sino con la hora; promesa de felicidad inmediata que la jornada a transcurrir rechazará o llevará a cabo, y por ello mismo de la felicidad inmediata por excelencia, la felicidad que el amor proporciona; aun mas dulce y cálida en la piedra que lo es la propia espuma; flora vivaz a la que basta un rayo de luz para nacer y hacer que la alegría se expanda, incluso en el corazón del invierno." (I, 389-390)
Texto 17 Ciudad y jardines
Así todas las flores de nuestro jardín y las del parque de Monsieur Swann y las ninfeas del río Vivonne, y las buenas gentes del pueblo, y sus pequeñas casas y la iglesia y todo Combray con sus alrededores, todo ello bien formado y sólido, surgió, ciudad y jardines, de mi taza de té. (I, 47)
Texto 18 Sombras de huidas
¡Oh desgracia! en la avenida de las Acacias- la alameda de los mirtos- veía de nuevo a algunas de ellas, viejas, y que no eran más que las sombras terribles de lo que habían sido, errabundas, buscando desesperadamente un no se qué en los bosques virgilianos. Habían huido desde mucho tiempo atrás, mientras yo seguía interrogando los caminos desiertos. (I, 419)
Los botones de oro. Combray
Avanzábamos en el camino de sirga que dominaba la corriente desde un terraplén de varios pies; del otro lado la orilla era baja, prolongándose hasta el pueblo y hasta la estación, distante del mismo, en amplios prados. Se hallaban sembrados de ruinas, medio sepultadas en la hierba, de castillos de los antiguos condes de Combray, que en la Edad Media tenían de este lado el caudal del Vivonne como defensa contra los ataques de los señores de Guermantes y los abades de Martinville. No eran más que unos fragmentos de torre salpicando la pradera, apenas visibles, almenas en las que en el pasado el arcabucero lanzaba piedras y el vigila mantenía a ojo Novepont, Clairfontaine, Martinville-le-Sec, Bailleau l'Exempt, todas ellas tierras vasallas de los Guermantes, entre las cuales Combray era un enclave, hoy al raso nivel de la hierba, dominadas ahora por los niños de la escuela de los hermanos que venían allí a estudiar sus lecciones o a jugar durante los recreos- pasado casi sumergido en la tierra, acostado junto al agua como un caminante que toma el fresco, pero que provocaba mis ensoñaciones, haciéndome añadir al nombre de Combray, a la pequeña villa de hoy, una ciudad muy diferente, fijando mis pensamientos por su aspecto incomprensible y arcaico, que apenas lograba esconder bajo los botones de oro. Eran muy numerosos en este lugar al que habían escogido para sus juegos en la hierba, aislados, en parejas, por tropas, amarillos como yema de huevo, brillando tanto más, me parecía, que, no pudiendo derivar hacia veleidad alguna de degustación, el placer que su vista me causaba, lo acumulaba en su superficie dorada, hasta que se hiciera suficientemente poderoso para producir una belleza inútil; y ello desde mi primera infancia, cuando desde el sendero de sirga tendía hacia ellos los brazos, sin acertar a deletrear completamente sus hermosos nombres de Príncipes de los cuentos de hadas franceses, llegados quizás siglos atrás desde Asia, pero tomando patria para siempre en el pueblo, satisfechos en su modesto horizonte, amando el sol y la orilla del agua, fieles a la reducida vista de la estación, conservando aun, sin embargo, como en ciertas de nuestras antiguas telas pintadas, en su simplicidad popular, una poética luminosidad de Oriente."
Ángeles
"Y el ángel que transporta un sol y una luna ya inútiles cuando ha sido dicho que la Luz de la cruz será mil veces más potente que la de los astros; y el que introduce su mano en el agua del baño de Jesús para ver si está caliente; y el que surge de las nubes para poner la corona en la frente de la Virgen; y todos aquellos que, inclinados desde la cima del cielo en los balcones de la Jerusalén celeste, alzan los brazos expresando su espanto y su alegría ante la visión del suplicio de los condenados y la felicidad de los elegidos..."
Texto 22 La verdad y la muerte
"...Afortunados aquellos que encontraron la primera antes que la segunda, y para quienes, por cercanas que se hallen la una de la otra, la hora de la verdad se anunció antes que la de la muerte"
[Publicado el 02/9/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [3 comentarios] [Enviar a un amigo]
Y sin embargo no deja de ser cierto, como suele escribirse, y como aquí mismo he sugerido múltiples veces, que Marcel Proust era en esos años un hombre que vivía recluido, recluido en cualquier circunstancia. Varios de sus interlocutores señalaban la palidez de su rostro, su aspecto cansino y sus silencios, pero esto no es excesivamente importante en una persona de salud delicada. A propósito del evocado episodio de la visita al lupanar en noche bélica, Paul Morand escribe: "Proust à quel raouts allez-vous donc la nuit / pour en revenir avec des yeux si las et si lucides" (Proust, ¿ a qué encuentros acudes en la noche, para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos?)[1].
Y en efecto, la mirada de Proust es en todas partes la mirada de alguien que observa desde un lugar oculto, y que sólo tolera un ocupante. Un lugar no exactamente distanciado, sino comprometido con lo que de verdad está en juego más allá de las apariencias y las convenciones. Compromiso con la pasión y con el vicio del observado, y hasta compromiso con su muerte. El mismo Paul Morand en su Meditación por un amor difunto, en 1925, nos habla de sus visitas a la habitación tapizada de corcho en la que el escritor se ahogaba por el asma, entre humos pestilentes: "Hablábamos de la soledad humana. El creía que ésta era absoluta y encerraba en su libro, como en un sarcófago, su corazón de mónada".
Hay una foto de Marcel Proust tomada en mayo de 1921, cuando está a punto de cumplir cincuenta años. La imagen recorta los hombros y el pecho a unos centímetros del nudo de la corbata, sobre un cuello blanco alzado que cubre hasta el mentón. La cabeza parece ligeramente inclinada hacia atrás y bajo el bigote, más poblado que en otras imágenes, la boca ligeramente entreabierta prolonga en un esbozo de sonrisa una serenidad y entereza que fluye por los pómulos blanquecinos y sorprendentemente tersos, brotando desde la cavidad en la que los ojos, efectivamente cansados y lúcidos, son ante todo ojos de niño feliz, ojos que han tenido la fortuna de encontrar la verdad antes que la muerte.
Marcel Proust muere el 18 de noviembre de 1922, pero al parecer meses atrás había ya escrito fin tras la última frase de la obra, esa frase que cierra la palabra emblemática Tiempo. He leído en varios lugares que habría entonces declarado que ya podía morir. Se ha escrito también que su muerte se precipitó en razón de haber rechazado cuidarse tras una bronquitis, cogida unas semanas atrás al salir de una de esas soirées que carecían ya de utilidad para la obra...aunque quien sabe: Celeste Albaret- su asistenta hasta el último momento- señala que el día mismo de su muerte estuvo hasta pasadas las tres de la mañana retocando alguna frase de sus "paperoles". Hay indicios de que fue precisamente la última:
"No dejaría de describir a los hombres (aunque ello les asemejara a seres monstruosos) como ocupando un lugar tan considerable, contrariamente al tan limitado que les está reservado en el espacio, un lugar prolongado sin medida- dado que tocan simultáneamente, como gigantes sumergidos en los años, épocas muy distanciadas, entre las cuales tantos días se han intercalado-en el Tiempo" (1048)
1. "¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas/Y que el amor es causa de tanto daño?"
Vale la pena transcribir en su lengua original el poema entero:
« Ombre/Née de la fumée de vos fumigations/ Le visage et la voix/Mangés/Par l'usage de la nuit/Céleste,/Avec sa vigueur, douce, me trempe dans le jus noir/De votre chambre/Qui sent le bouchon tiède et la cheminée morte./Derrière l'écran des cahiers,/Sous la lampe blonde et poisseuse comme une confiture,/Votre visage gît sous un traversin de craie./Vous me tendez des mains gantées de filoselle;/Silencieusement votre barbe repousse/Au fond de vos joues./Je dis :/- vous avez l'air d'aller fort bien./Vous répondez :/- Cher ami, j'ai failli mourir trois fois dans la journée./Vos fenêtres à tout jamais fermées/Vous refusent au boulevard Haussmann/Rempli à pleins bords,/Comme une auge brillante,/Du fracas de tôle des tramways./Peut-être n'avez-vous jamais vu le soleil ?/Mais vous l'avez reconstitué, comme Lemoine, si véridique,/Que vos arbres fruitiers dans la nuit/Ont donné les fleurs./Votre nuit n'est pas notre nuit :/C'est plein des lueurs planches/Des catleyas et des robes d'Odette,/Cristaux des flûtes, des lustres/Et des jabots tuyautés du général de Froberville./Votre voix, blanche aussi, trace une phrase si longue/Qu'on dirait qu'elle plie, alors que comme un malade/Sommeillant qui se plaint,/
Vous dites : qu'on vous a fait un énorme chagrin./Proust, à quels raouts allez-vous donc la nuit/Pour en revenir avec des yeux si las et si lucides ?/Quelles frayeurs à nous interdites avez-vous connues/Pour en revenir si indulgent et si bon ?/Et sachant les travaux des âmes/Et ce qui se passe dans les maisons,/Et que l'amour fait si mal ?/Étaient-ce de si terribles veilles que vous y laissâtes/Cette rose fraicheur/Du portrait de Jacques-Émile Blanche ?/Et que vous voici, ce soir,/Pétri de la pâleur docile des cires/Mais heureux que l'on croie à votre agonie douce/De dandy gris perle et noir ? » (Paul Morand 1915)
Sombra/Nacida del humo de tus fumigaciones/El rostro y la voz/Roídos /Por el uso de la noche/Celeste,/Tan llena de vigor, me sumerge, con dulzura, en el zumo negro/De tu habitación/Que transpira el corcho tibio/Y la chimenea muerta./Tras el muro de tus cuadernos,/Tras la lámpara rubia y empalagosa como una mermelada,/Tu rostro yace bajo un velo de tiza./Me tiendes tus manos en guantes de filoseda;/Silenciosamente tu barba rebrota/En el fondo de tus mejillas./Yo digo:/- Tienes aspecto de encontrarte bien/Me respondes/-Amigo mío, he estado junto a la muerte tres veces en este día./Tus ventanas sempiternamente cerradas/ Te niegan el Boulevard Haussmann/Repleto/Como un apogeo brillante,/Del estruendo del techo de tranvías./¿Quizás no has visto nunca el sol?/Pero, al igual que Lemoine, lo has reconstruido tan verídico,/Que tus árboles frutales en la noche/ Han florecido./Tu noche no es nuestra noche:/Esta llena de luces blancas/De catleyas y de vestidos de Odette,/Cristales de las flautas, de los lustres/Y de juncos agujereados del general de Froverville./Tu voz, también blanca/Traza una frase tan larga/Que parece plegarse, mientras que como un enfermo/Somnoliento que se queja/Dices que te han causado un enorme pesar./ Proust, ¿ a qué festines acudes en la noche,/ para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos/ ¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas,/Y que el amor es causa de tanto daño./ ¿Eran tan terribles las noches de vela que en ellas abandonaste/ La sonrosada frescura/ de aquel retrato de Jacques Emile- Blanche/ Encontrándote así aquí, esta noche,/ Tallado en la palidez dócil de las ceras/Pero feliz de que creamos en tu agonía dulce/De dandi gris- perla y negro?.
___________________________________________________________
[1] "¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas/Y que el amor es causa de tanto daño?"
Vale la pena transcribir en su lengua original el poema entero:
« Ombre/Née de la fumée de vos fumigations/ Le visage et la voix/Mangés/Par l'usage de la nuit/Céleste,/Avec sa vigueur, douce, me trempe dans le jus noir/De votre chambre/Qui sent le bouchon tiède et la cheminée morte./Derrière l'écran des cahiers,/Sous la lampe blonde et poisseuse comme une confiture,/Votre visage gît sous un traversin de craie./Vous me tendez des mains gantées de filoselle;/Silencieusement votre barbe repousse/Au fond de vos joues./Je dis :/- vous avez l'air d'aller fort bien./Vous répondez :/- Cher ami, j'ai failli mourir trois fois dans la journée./Vos fenêtres à tout jamais fermées/Vous refusent au boulevard Haussmann/Rempli à pleins bords,/Comme une auge brillante,/Du fracas de tôle des tramways./Peut-être n'avez-vous jamais vu le soleil ?/Mais vous l'avez reconstitué, comme Lemoine, si véridique,/Que vos arbres fruitiers dans la nuit/Ont donné les fleurs./Votre nuit n'est pas notre nuit :/C'est plein des lueurs planches/Des catleyas et des robes d'Odette,/Cristaux des flûtes, des lustres/Et des jabots tuyautés du général de Froberville./Votre voix, blanche aussi, trace une phrase si longue/Qu'on dirait qu'elle plie, alors que comme un malade/Sommeillant qui se plaint,/
Vous dites : qu'on vous a fait un énorme chagrin./Proust, à quels raouts allez-vous donc la nuit/Pour en revenir avec des yeux si las et si lucides ?/Quelles frayeurs à nous interdites avez-vous connues/Pour en revenir si indulgent et si bon ?/Et sachant les travaux des âmes/Et ce qui se passe dans les maisons,/Et que l'amour fait si mal ?/Étaient-ce de si terribles veilles que vous y laissâtes/Cette rose fraicheur/Du portrait de Jacques-Émile Blanche ?/Et que vous voici, ce soir,/Pétri de la pâleur docile des cires/Mais heureux que l'on croie à votre agonie douce/De dandy gris perle et noir ? » (Paul Morand 1915)
Sombra/Nacida del humo de tus fumigaciones/El rostro y la voz/Roídos /Por el uso de la noche/Celeste,/Tan llena de vigor, me sumerge, con dulzura, en el zumo negro/De tu habitación/Que transpira el corcho tibio/Y la chimenea muerta./Tras el muro de tus cuadernos,/Tras la lámpara rubia y empalagosa como una mermelada,/Tu rostro yace bajo un velo de tiza./Me tiendes tus manos en guantes de filoseda;/Silenciosamente tu barba rebrota/En el fondo de tus mejillas./Yo digo:/- Tienes aspecto de encontrarte bien/Me respondes/-Amigo mío, he estado junto a la muerte tres veces en este día./Tus ventanas sempiternamente cerradas/ Te niegan el Boulevard Haussmann/Repleto/Como un apogeo brillante,/Del estruendo del techo de tranvías./¿Quizás no has visto nunca el sol?/Pero, al igual que Lemoine, lo has reconstruido tan verídico,/Que tus árboles frutales en la noche/ Han florecido./Tu noche no es nuestra noche:/Esta llena de luces blancas/De catleyas y de vestidos de Odette,/Cristales de las flautas, de los lustres/Y de juncos agujereados del general de Froverville./Tu voz, también blanca/Traza una frase tan larga/Que parece plegarse, mientras que como un enfermo/Somnoliento que se queja/Dices que te han causado un enorme pesar./ Proust, ¿ a qué festines acudes en la noche,/ para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos/ ¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas,/Y que el amor es causa de tanto daño./ ¿Eran tan terribles las noches de vela que en ellas abandonaste/ La sonrosada frescura/ de aquel retrato de Jacques Emile- Blanche/ Encontrándote así aquí, esta noche,/ Tallado en la palidez dócil de las ceras/Pero feliz de que creamos en tu agonía dulce/De dandi gris- perla y negro?
[Publicado el 01/9/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
"Y me unía a los amigos que me esperaban en la esquina del camino, con la angustia de estar dando la espalda para siempre a un pasado que no volvería a ver, de estar repudiando a muertos que, tendiéndome unos brazos tiernos e impotentes, parecían decir: Resucítanos (...) y me volvía un momento para lanzar una mirada cada vez menos perspicaz hacia la línea curva y fugitiva de los árboles expresivos y mudos."
La mañana
"Llega tan rápido, ese momento en el que nada ya cabe esperar, en el que el cuerpo se fija en una inmovilidad que no promete ya sorpresa alguna, en el que se pierde toda esperanza al ver, como hojas muertas en los árboles todavía en pleno estío, en torno a rostros aun jóvenes cabellos que caen o se vuelven blanquecinos, ¡es tan corta esta mañana radiosa¡..."
Las almas
"Tras la muerte de los seres, tras la destrucción de las cosas, tan sólo, más frágiles, pero también más vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, el olor y el sabor permanecen aun largo tiempo, al igual que las almas, haciéndose presentes, expectantes, prometedores, cuando todo el resto es ya ruina, soportando sin desmayo, en su gotear casi imperceptible, el inmenso edificio del recuerdo."
La lengua de los vencidos
"Me imponía el pronunciar una y otra vez el nombre de Gilberte, como esa lengua natal que los vencidos se esfuerzan en conservar a fin de no olvidar la patria que no volverán a ver"
[Publicado el 27/8/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
" Y pude verme como en el primer espejo verídico hasta entonces encontrado, en los ojos de los viejos, que en su opinión seguían siendo jóvenes, como yo lo seguía siendo en la mía, y que cuando me ponía a mi mismo, en espera de un desmentido, como ejemplo de viejo, no tenían en sus miradas, que me veían de una manera diferente a como se veían a sí mismos, pero coincidente con la mía sobre ellos, ni un solo rasgo de desacuerdo. Pues nosotros no veíamos nuestro propio aspecto, nuestras propias edades, sino que cada uno, como un espejo invertido, veía tan sólo el del otro."
Como en el reino vegetal
"En algunos ni siquiera los cabellos habían emblanquecido. Así pude reconocer al viejo mayordomo del príncipe de Guermantes cuando vino a saludar al señor de la casa. Los pelos que erizaban tanto sus mejillas como su cráneo seguían siendo de un pelirrojo cercano al rosa y no cabía sospechar que eran resultado de un teñido, como en el caso de la duquesa de Guermantes. Y sin embargo no dejaba de parecer viejo. Se sentía tan sólo, que se dan entre los hombres, como en el reino vegetal...especies que no cambian a la llegada del invierno"
Estéril para la viña
"Como los rasgos en los que se había grabado sino la juventud, al menos la belleza habían desaparecido en las mujeres, se preguntaban si con el rostro de que ahora disponían no cabría fabricarse una belleza nueva. Desplazando el centro, si no de gravedad al menos de perspectiva, de su cara, y componiendo en torno a ella los rasgos en conformidad a otra idea, se iniciaban a los cincuenta años en una nueva suerte de belleza, como se adopta ya tardíamente un nuevo oficio, o como a una tierra que ya nada vale tratándose de viñedos se la reconvierte para la producción de remolachas. En torno a estos nuevos rasgos se hacía florecer una nueva juventud..."
La renuncia
"Lo que había comenzado para ella-sólo que antes de cuando acontece habitualmente- es la gran renuncia de la vejez que se prepara para la muerte, se envuelve en su crisálida, lo cual es observable hacia el final de las vidas que se prolongan hasta muy tarde, incluso entre los viejos amantes que más se han querido, entre los amigos unidos por los lazos más espirituales, y que a partir de un cierto año dejan de hacer el viaje o la salida necesaria para verse, cesan de escribirse y saben que en este mundo nunca más volverán a comunicarse"
Ha de crecer la hierba
"Victor Hugo dice : Ha de crecer la hierba y han de morir los niños (Il faut que l'herbe pousse et que les enfants meurent)...Yo digo que la ley cruel del arte es que los seres mueran y que muramos nosotros asimismo, apurando todo sufrimiento, a fin de que crezca la hierba no del olvido sino de la vida eterna, la hierba vigorosa de las obras fecundas, sobre la cual las generaciones, indiferentes a los que bajo la hierba reposan, vendrán a realizar su merienda campestre."
El libro
"...soportado como una fatiga, aceptado como una regla, construido como una iglesia, seguido como un régimen, vencido como un obstáculo, conquistado como una amistad, sobrealimentado como un niño, creado como un mundo...
...Un acto de creación en el que nadie puede sustituirnos, ni siquiera colaborar con nosotros. Por ello, ¡cuántos eluden el escribirlo! ¿Qué tarea no están dispuestos a asumir, con tal de escapar a ésta? Cada acontecimiento, ya sea el affaire Dreyfus, ya sea la guerra, proporciona la excusa oportuna para no descifrar dicho libro. Pretendían asegurar el triunfo del Derecho y la justicia, rehacer la unidad moral de la nación... se trataba sólo de excusas... excusas que en el arte no constan, pues en éste las intenciones no cuentan... el arte, lo más absolutamente real, la escuela más sobria de vida y el verdadero Juicio Final."
[Publicado el 25/8/2009 a las 13:15]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
[Publicado el 30/7/2009 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [30 comentarios] [Enviar a un amigo]
Nació en Barcelona y se trasladó muy joven a París, donde estudió filosofía, alcanzando el título de Doctor de Estado en la Sorbona con una tesis sobre el orden aristotélico. Tras años de docencia en Francia obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con un trabajo de investigación sobre aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Víctor Gómez Pin ha trabajado en el proyecto de establecer el estado de la cuestión respecto a las interrogaciones fundamentales de la filosofía griega contemplándolas a la luz de la reflexión contemporánea. Ello le llevó en 1993 a fundar el International Ontology Congress/ Congreso Internacional de Ontología, en cuyo comité científico figuran relevantes personalidades de la ciencia y la creación contemporáneas (entre ellas varios premios Nóbel). La Unesco ha otorgado su patrocinio a la mayoría de las reuniones celebradas en tal marco. Víctor Gómez Pin es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega y miembro de múltiples sociedades filosófico-científicas. Autor de una treintena de libros ha obtenido entre otros los premios Anagrama de Ensayo y Espasa de Ensayo. En septiembre de 2009 el Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti le otorgó el "Premio Internazionale per Venezia".
20/3/2010 10:07
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
18/3/2010 20:05
Publicado por: Pisto Nudo
15/3/2010 20:28
Se divierte que no es poco... ...
Publicado por: Santiago
14/3/2010 14:19
Me estoy divirtiendo. No es poco...
Publicado por: Céleste
12/3/2010 23:09
Es terriblemente fascinante: ...
Publicado por: Pascual H.
12/3/2010 11:11
de que lo puramente imaginario...
Publicado por: E.
12/3/2010 11:07
Publicado por: Eva
10/3/2010 14:31
Publicado por: Dácil
09/3/2010 13:24
Publicado por: Maleas
08/3/2010 18:13
Publicado por: facundo gimenez
© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres