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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 10 de octubre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Del asunto de las sesenta y cinco horas y otras miserias (2)

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Protestas por la semana laboral de hasta 65 horas.

La total impunidad con la que los ministros europeos han podido avanzar una medida tan vejatoria como esta ley de las 65 horas vuelve a hacer perceptible algo que durante un tiempo resultaba una evidencia, a saber: que una sociedad donde el mercado carece de polo moderador no garantiza, en última instancia, más libertad que la del mercado mismo. Mientras esta última no sea vulnerada, el respeto a las demás es de buen tono... pero no requisito para ocupar un lugar en el sol de la respetabilidad. Una reflexión sobre asuntos análogos me permitía, hace un tiempo, denunciar lo intrínsicamente injusto, y hasta ofensivo de la amalgama consistente en homologar la miseria objetiva a que condujo el estalinismo, a las miserias del franquismo o del fascismo. Sostenía, y sostengo, que la primera es reflejo de un trágico fracaso en el proyecto ilustrado de alcanzar una sociedad que permitiera al hombre la plena realización de su naturaleza, mientras que la segunda es, por el contrario, expresión directa de la resistencia más feroz a tal ideario.

Recordaba aquí mismo que al final de los años 60 (en los que la isla de Cuba constituía para la causa de la dignidad del hombre un lugar faro) empezó a circular en los medios de izquierdas de París, ciudad donde yo entonces residía, el rumor de que el régimen estaba procediendo a una persecución sistemática de los homosexuales. La primera reacción era en general de incredulidad (tenía que tratarse de una falacia imperialista). Mas ante la iteración de testimonios fuera de toda sospecha, la incredulidad dio paso al estupor, y sobre todo a la desolación. Pues el hecho de que, por estúpidas, cobardes y oportunistas razones ideológicas, el régimen cubano persiguiera a un colectivo social en situación de penuria como eran los homosexuales, era vivido como una traición al ideario mismo que se hallaba en el origen del alzamiento de los cubanos contra la tiranía imperante.

Por el contrario, como ya he tenido ocasión de escribir, que los jerifaltes franquistas erigieran leyes como la llamada de peligrosidad social (que amalgamaba a vagabundos, drogadictos, homosexuales, subversivos y un rosario de "vagos y maleantes"), no constituye sino una muestra de fidelidad a un proyecto que tiene en el abuso del débil sino un directo ingrediente de la máxima de acción subjetiva (que en ocasiones también) sí, al menos, un auténtico corolario del entramado social que tal ideario supone.

Desgraciadamente tampoco había muchas razones objetivas para sentirse decepcionado cuando hace dos años el clerical régimen (democráticamente elegido) de los pintorescos hermanos gemelos polacos persiguiera hasta la expulsión a funcionarios cuya única falta era la de tener inclinaciones sexuales no acordes con la moral impuesta por la religión de estado. A nadie podía dejar tampoco estupefacto el que se hurgara en el pasado de modestísimos ciudadanos en busca de rasgos estigmatizadores, que conducían a precarizarlos económicamente y marginarlos socialmente. Como máximo (por aquello de las barbas del vecino) nos inquietaba que ello pudiera ocurrir en el seno de la liberal Europa, cuya imagen de parapeto contra modalidades encubiertas de totalitarismo queda seriamente dañada.

Modalidad apenas encubierta de efectivo totalitarismo es el sólo anuncio de que se dejara a los patrones la posibilidad de acordar libremente (a la indecencia se añade el sarcasmo) con un trabajador amenazado por el paro una jornada laboral de sesenta y cinco horas.

[Publicado el 01/7/2008 a las 11:17]

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Del asunto de las sesenta y cinco horas y otras miserias

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El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, (izqda.) junto al primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi.

El pasado invierno varios diarios europeos recordaban en editoriales la indecencia de aprovechar actos cometidos por un individuo para lanzar un anatema sobre el conjunto de los miembros de la comunidad a la que pertenece. Lo más alarmante del caso era, sin embargo, el origen de esta amalgama entre delincuencia y perteneciente a un colectivo cultural o nacional. Pues las palabras más radicales respecto al asesinato por parte de un ciudadano rumano de una mujer en Roma eran pronunciadas por el alcalde de la ciudad "Roma era la ciudad más segura de Europa antes de la entrada de Rumania en la Comunidad Europea", había dicho textualmente. Posteriormente el entonces ministro del Interior Amato no tenía empacho en declarar que en su país había entre la población un alto grado de hostilidad contra los rumanos. Ante las preguntas del entrevistador precisaba que no se trataba en particular de los "rom" (comunidad gitana), puesto que esta se limitaría a "robos sin violencia", sugiriendo así que había razones para ver en los rumanos como tales potenciales autores de crímenes con violencia.

Ni el alcalde de Roma Veltroni, ni el ministro Amato pertenecían a ninguno de los grupos políticos cuya esencia es canalizar la agresividad de los ciudadanos hacia el abuso del débil. Concretamente Walter Veltroni fue dirigente del Partido Comunista y el 14 de octubre del pasado año había sido elegido secretario general del Partido Demócrata, visto por más de uno como única izquierda viable.

Es en esta misma Europa dónde se ha dado el primer paso hacia una ley por la que sería posible que empleador y empleado acordaran libremente que este último llegara a trabajar hasta 65 horas. No es detalle menor el que un social demócrata como Gordon Brown fuera uno de los mayores impulsores de la misma, de tal manera que Sarkozy y Merkel incluso se libraran del trabajo sucio. Cuando se piensa que la social-democracia europea luchaba hace apenas veinte años por las 35 horas, nos damos cuenta del abismo que supone tener o no tener como polaridad real un sistema (¡y un ejército que lo defendía!) en el que quedaba un rescoldo de la Revolución de Octubre.

Se ha dicho muchas veces, con mayor o menor frivolidad, que la persistencia del régimen soviético, podía ser opresor para gran parte la población del Este, pero que una impagable garantía para los trabajadores de Occidente. Pues bien: todos aquellos que se sumaron a las congratulaciones de los poderosos del mundo con motivo de la caída del muro de Berlín, tienen ahora ocasión de comprobar hasta que punto la promesa de libertad que creyeron ver constituía efectivamente un espejismo.

No puede desgraciadamente ser motivo de sorpresa el que los jerifaltes europeos actuales tengan el desparpajo de proponer leyes tan indecentes como la mencionada de las sesenta y cinco horas, o como la de la expulsión de emigrantes, que han llegado a nuestros países por meras exigencias del sistema productivo y con absoluta complicidad de autoridades que- obedeciendo ahora a exigencias complementarias del mismo sistema- han dejado provisionalmente de abrir la mano. Las medidas se toman obedeciendo a imperativos mayores y el ministro Corbacho (a la vez que tranquiliza su conciencia declarando que lo de las sesenta y cinco horas es un retorno a la esclavitud del siglo diecinueve) ni siquiera estuvo en condiciones de votar en contra. Su vergonzosa abstención es una excelente muestra de obediencia a lo que impera: por ejemplo obediencia a la idea de que hay que estar en condiciones de competir con países como India o Brasil y dejarse de coñas, es decir, dejarse de hablar de trabajar 40 horas.

Ahora que hay crisis del petróleo y puede, en consecuencia, ser muy rentable el carbón un amigo me recordaba que los diminutos cuerpos de niños de siete años eran en el siglo 19 muy útiles para penetrar en las galerías más recónditas...

[Publicado el 30/6/2008 a las 07:00]

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Falsa borrachera... auténtica resaca (2)

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Los jugadores españoles celebran su triunfo ante los espectadores.

El lunes 23 de junio, día en que todos los periódicos dedican parte de su primera página a la victoria de España frente a Italia, en un importante diario de Barcelona el vicedirector recordaba oportunamente lo siguiente:

"El fútbol es una industria controlada por tecnócratas. Desde la FIFA hasta millonarios con fortunas de dudosa procedencia que compran clubs. Estamos ante un juego ejecutado por escuadras simbólicas que jamás resistirán una limpieza étnica, so riesgo de descender a divisiones carentes de rentabilidad. Quizás por ello propicia el tráfico de niños africanos que patean pelotas de trapo en sus países de origen con la esperanza de que, patera de por medio, acaben siendo el Droghaba de turno."

Tras constatar que el fútbol vincula en una misma causa extremos ideológicos de la sociedad (¡aquella vieja retórica falangista de que España era más importante que la polaridad derecha/izquierda! "antes roja que rota...") el mismo articulista evoca al escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien se habría mofado de una izquierda que atribuía al fútbol un papel narcotizante, apto a convertir al pueblo-siempre amenazante para cualquier sistema embrutecedor de vidas-en manipulable masa.

En la relativamente moderada Barcelona cuando de explosiones de españolidad se trata, el 22 de junio por la noche un monumental barullo de bocinas hizo a todos saber la buena nueva del triunfo sobre Italia. El asunto de las 65 horas de esclavitud, con las que los secuaces del auténtico Señor amenazan en Europa a los trabajadores no ha provocado, que yo sepa, bocinazo (esta vez de indignación) alguno. Cuando este texto aparezca, España se habrá enfrentado otra vez a Rusia. El tenebroso "a por ellos" habrá sido escuchado y mentalmente iterado por millones de amenazados por la esclavitud y las hipotecas. Pues bien:

Exponiéndome a que Eduardo Galeano y tantos otros me consideren un trasnochado despreciador de un deporte que sería sana expresión de valores populares, repetiré lo que escribía antes del encuentro España-Rusia de hace unos días: "de ganar los colores propios, ninguno de los que somos víctimas de reales frustraciones ganará en realidad nada, pues la borrachera de la victoria quedará reducida a resaca; mas en caso de perder, la resaca será auténtica y la vomitona se añadirá a las que ya convierten cotidianamente la vida en un asco."

[Publicado el 27/6/2008 a las 11:07]

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El Reino de los Cielos

"El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al

ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda:  a uno

dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su

capacidad; y se ausentó.

 

/upload/fotos/blogs_entradas/parbola_de_los_talentos_pintura_de_henry_coller._med.jpgEnseguida, el que había recibido cinco                                               

talentos se puso a negociar con ellos y ganó

otros cinco.  Igualmente el que había

recibido dos ganó otros dos.  En cambio el

que había recibido uno se fue, cavó un hoyo

en tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de

aquellos siervos, y ajusta cuentas con ellos.

 

Llegándose el que había recibido cinco

talentos, presentó otros cinco, diciendo:

 

‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado'

Su señor  le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en

lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te

pondré; entra en el gozo de tu señor.'

 

Llegándose también el de los dos talentos

dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he

ganado.'  Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has

sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.'

 

Llegándose también el que había recibido un talento dijo:

 

‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.  Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.'  Mas su señor le respondió:

 

Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y

recojo donde no esparcí;  debías, pues, haber entregado mi dinero a

los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los

intereses.  Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los

diez talentos.  Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero

al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.  Y a ese siervo inútil,

echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de

dientes."

 

Mateo 25, 14-30

[Publicado el 26/6/2008 a las 10:59]

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Siervo fiel y laborioso (2)

Los diarios ilustraban la noticia de la inauguración de la Tony Blair Faith Foundation con una foto de ambos compadres, Bill Clinton y Tony Blair. Foto literalmente generadora de fobia en todo aquel en quien subsista un átomo de confianza en la entereza de los humanos, en todo aquel que no sea ya irrecuperable víctima del nihilismo, en todo aquel que, en suma, no tenga ya una "visión del mundo como resaca" (por retomar una expresión de mi amigo Jordi Sobrequès).

Y no se trata sólo de que la máscara que les recubre no consigue impedir que trasluzca la verdad de un espíritu reducido al arte de urdir patrañas (esa expresión de astucia que tanto desolaba al Narrador de La Recherche en los ojos de antiguo condiscípulo reencontrado en la agónica fiesta de los Guermantes). Se trata sobre todo de que trasluce asimismo lo que determina en última instancia esta genuflexión ante la mentira y que no es otra cosa que el miedo.

Pues sólo cuando el miedo vence, sólo cuando el deseo de evitar  lo inevitable impera, sólo cuando se trata de salvarse a cualquier precio, se sacrifica el juicio propio a la par que se sacrifican (en Irak como en Belgrado) las vidas ajenas. Y como corolario de todo ello el dinero, el efectivo Señor apenas encubierto por las representaciones imaginarias, se convierte en aquello que en última instancia legisla, se convierte en la causa final de nuestras acciones, ya se hallen éstas encubiertas por máximas de acción edificantes. El dinero es efectivamente el motor que activa las almas de esos arrodillados por el miedo que son los Bill Clinton y Tony Blair de la imagen que estoy glosando. Al servicio del   dinero y en pos de sus migajas ambos han trabajado duro y, en su jubilación, siguen siendo disciplinados y activos. "Siervo ruin y perezoso..." dice en la parábola de los  talentos el amo a quién le devuelve la misma moneda que le ha dado. Por el contrario, aquellos que, temerosos de su ira, fueron a ver a los banqueros y duplicaron o triplicaron lo recibido, son tratados de "siervo fiel y laborioso", en razón de lo cual para ellos "será el reino de los cielos".   

[Publicado el 25/6/2008 a las 11:07]

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Siervo fiel y laborioso

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Familia Blair.

Decía que en la presentación de la Fundación de la fe el ex -Premier británico se hallaba acompañado del también ex -mandatario Bill Clinton. Sabido es que este último, cuya fortuna se consumió parcialmente entre legajos judiciales consecuencia del tan cómico como miserable affaire Lewinsky, ha conseguido felizmente recuperarse, entre otras cosas pronunciando edificantes conferencias a favor  de la paz, remuneradas en  decenas de miles de dólares. Todo sea en pos del amor de los esposos y de estos con la progenitura, ya que si las encantadoras esposa e hija del presidente llegaran a sufrir apuros por una caída en la tentación del pater familias, ello no sólo sería injusto sino que podría acarrear una menaza para la unión de la célula. Pues bien:

Tampoco el ex - Premier es manco a la hora de garantizar el bien de los suyos, luchando contra la enfermedad y la pobreza y sirviendo la causa de la paz, siempre  por mediación de la causa de la fe. El excelente corresponsal del diario La Vanguardia en Londres, glosaba la noticia de la creación de la fundación con el siguiente párrafo.

"Además de dirigir su recién lanzada fundación, Blair ha sido fichado como profesor de religión de la universidad de Yale. Pero en su caso la fe no mueve sólo montañas, sino también dinero: cobra un promedio de trescientos mil euros por conferencia... La editorial Random House le va a pagar siete millones de euros por sus memorias, complementadas por las de su esposa para poder pagar las hipotecas de sus cinco propiedades. La fe no te dice lo que está bien, sino que te da fuerza para hacerlo, dice Tony Blair."

[Publicado el 24/6/2008 a las 07:00]

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Dios salva a Blair

/upload/fotos/blogs_entradas/tony_blair_med.jpgDecía ayer que recientemente se inauguró en Nueva York la Tony Blair Faith Foundation, cuya vocación es la de luchar contra la enfermedad y la pobreza. Se sabía que El ex -Premier era un hombre devoto. Se sabía también que esta devoción le acercaba a Roma, aunque prudentemente no diera el paso de la conversión a la verdadera hasta haber dejado (si a tal desastre se le puede calificar con un término que parece implicar voluntad libre) el cargo. Se sabía incluso que, ante el enorme peso que para su conciencia cristiana y social-demócrata, suponía su responsabilidad en un conflicto que acarrearía víctimas por centenas de millares, tuvo la suerte de que El Señor nunca le abandonara ("Me apoyé en Dios" llegó explícitamente a declarar).

A diferencia del miserable siervo del texto evangélico que no hace fructificar el único talento que su amo le concede en préstamo (lo cual supone para el pobre diablo ser expulsado a las tinieblas exteriores donde "será el llanto y el crujir de dientes"). Tony Blair sí tiene muy en cuenta que El Señor es un amo implacable, que exige dónde no ha dado y recolecta dónde no ha sembrado, de ahí que se haya propuesto que el modelo americano, en el que religión y política son aspectos inseparables, se generalice. Su fundación es un precioso vehículo para tan loable objetivo, alcanzado el cual no se dará ya el caso de que un político europeo se vea dificultado para, a diferencia de Bush, rezar en público (cosa que, confiesa Blair, constituyó durante su mandato la mayor de las frustraciones).

En la presentación de la Fundación para la fe Blair contó con el impagable apoyo de Bill Clinton, otro reconvertido a la causa de la paz, quien precisamente por no compartir el Credo papal, se haya por ello en condiciones óptimas de apoyar las palabras del ex mandatario británico: "No se me ocurre ningún objetivo más importante en el mundo globalizado que promover el entendimiento entre las distintas religiones".

Algún lector de poca fe estimará quizás que objetivo más importante es alcanzar las condiciones sociales de posibilidad de que el hombre, asumiendo con entereza su condición y su destino, no necesite en absoluto apoyarse en Dios. Pero tal lector, precisamente por su poca fe, estará solo en el lecho de muerte. Solo y hasta quizás sin un duro... a diferencia del literalmente afortunado Tony Blair, asunto éste del que me ocuparé mañana.

[Publicado el 23/6/2008 a las 12:15]

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Subterráneo para los políticos

Hace ya un tiempo me ocupé del episodio electoral español en el que uno de los candidatos se dejó tildar reiteradamente de mentiroso por su adversario sin que se diera la menor reacción, y lo que es peor (dados los resultados de las inmediatas encuestas) sin que la audiencia otorgara la menor importancia a esta pasividad. No pasaba en suma por la cabeza de ningún ciudadano que la dignidad del político en cuestión exigía  decir que hasta aquí habíamos llegado, pedir a su oponente explicaciones y, en ausencia de ellas, negarse no ya a continuar debatiendo en conformidad al previsto guión, sino incluso a dirigirle la palabra.

Ello indicaba que entre los atributos que la ciudadanía supone en un político ha dejado de contar aquello que la lengua castellana designa con el término de hombría y aun hombría de bien (la andreia de los griegos que, como ya he tenido ocasión de indicar, es atribuible a hombres y a mujeres). A un político se le exige tan sólo que sea pasablemente buen gestor, y parece variable irrelevante que use su inteligencia para el arte de trabar rapiñas. Obviamente lo importante en este asunto es el grado de nihilismo que se da en el alma de cada ciudadano, su resignación a que la mentira sea el lubrificante del orden social. Quisiera, sin embargo, ocuparme hoy de un aspecto tangencial, relativo al destino de los políticos una vez que han perdido (por lo general sintiendo que con ello su alma se oscurece) sus cargos:

/upload/fotos/blogs_entradas/chirac_med.jpgEl 10 de junio leía en los periódicos que el ex-presidente Chirac ha inaugurado una fundación que lleva su nombre, dedicada (¿cómo no?) a promover la paz, el ecologismo (lucha contra el cambio climático en primera instancia) el vínculo entre culturas, etc. Una fundación también destinada a edificantes tareas lleva el nombre de Gore. Creo que una análoga es presidida por Carter, y así un largo etcétera. De suponer que, cuando estaban en sus cargos, todos estos mandatarios respondían ya a tan generosos principios, dado el enorme poder relativo que se les atribuía, es para concluir que aquí no hay nada que hacer y que (como Marx indicaba) en cuestiones de estructuración social el bien y el mal no dependen de las voluntades individuales sino de juegos de fuerzas. Pero en fin... uno de los políticos que, abandonado por El poder, ha encontrado refugio en la filantropía espiritual es Tony Blair, que hace unos diez días inauguró en Nueva York la Fundación de la fe. Mañana me ocuparé de este acontecimiento.

[Publicado el 20/6/2008 a las 11:45]

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Tramposo y edulcorado modelo

De hecho, casi todos los discursos relativos a la igualdad de hombre y mujer y a la equiparación de status en relación a la sexualidad, se basan en esta imagen de simetría y complementación que ayer evocaba y a la cual nada responde en la complejísima aspiración que vincula ambas emociones sexuales, aspiración que en modo alguno apunta a articular las partes (reducidas a dos) de un elemental puzzle.

Compartir la sexualidad es algo decididamente más complejo que poner juntas dos partes, y desde luego tolera (cuando no exige) modalidades de relación que nada tienen que ver con el modelo (tan bienpensante como edulcorado y tramposo) que el pensamiento políticamente correcto en materia sexual nos propone.

Pues cuando la sexualidad del hombre se despierta realmente, cuando su erección tiene esa nota de sacralizada festiva que reflejan los iconos griegos, cuando el cuerpo de la mujer es reconocido como la razón o causa de tal explosión... entonces muy probablemente la sexualidad está siendo ya compartida.

De ahí que suenen tan insoportablemente los edificantes sermones (arcaicos o contemporáneos, reaccionarios o progresistas) homologando la carencia sexual del hombre y de la mujer. Discursos susceptibles de generar en el hombre una suerte de exigencia moral literalmente mutiladora: la de subordinar su deseo a la aparición en su partenaire de una manifestación de deseo cualitativamente equivalente. Discursos que suenan tan insoportablemente más aun por lo que tienen de ceguera que por lo que tienen de hipocresía.

[Publicado el 19/6/2008 a las 12:15]

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Un muro de falacias

Ningún hombre puede realmente llegar a responder a esa suerte de superación de la sexualidad que se atribuye al político, que la habría canalizado exclusivamente hacia el poder. Para ningún hombre la mujer puede dejar de constituir un polo de alteridad constitutiva. Otra cosa es que el hombre se vea conducido a la lúcida asunción de que tal polo de alteridad se ha convertido para él en signo de privación. En tal caso su deber es asumir la carencia y en modo alguno negar el enorme peso de tal quiebra. Ante las desazones provocadas por la quiebra del lazo hombre-mujer, no hay estoicismo que valga. Sólo cabe asumir (¡maldiciendo!) la indigencia que ello supone, y desde luego... intentar superar el asunto.

Pues de ser cierto no ya que un hombre solo no es un hombre, sino también que una de las variables fundamentales en la constitución de una comunidad es la diferencia sexual, resulta que un hombre no confrontado trágicamente a su sexualidad no es realmente un hombre.

Mas ante esta verdad, intuida por todos, un muro de falacias (que tienen por común denominador una suerte de radical nihilismo) se erige. Una de estas falacias pasa por las afirmación de que la sexualidad sólo es digna (y por consiguiente el hombre sólo debe buscarla) cuando el deseo del hombre encuentra reflejo en un deseo simétrico de la mujer.

El aspecto falaz del asunto es corolario de un supuesto más general: la equivalencia salva veritate entre hombre y mujer se concibe en base a una afirmación de simetría; con vistas a no legitimar las tentativas de privilegiar jerárquicamente a uno de los polos se niega la diferencia misma entre ambos. Por lo que al erotismo se refiere, la modalidad de emoción que el hombre experimentaría sería una parte que podría alcanzar redondez o complemento en esa otra parte cualitativamente idéntica que afectaría a la mujer. Mala vía para afirmar la comunidad esencial de hombre y mujer y de radicalísimas implicaciones.

[Publicado el 18/6/2008 a las 07:00]

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Foto autor

Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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