El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 20 de marzo de 2010

 Blog de Víctor Gómez Pin

“Redención y metáfora”

Se ha escrito en ocasiones que Marcel Proust jugaría en relación a la narrativa el papel que a Mallarmé  se atribuye en relación a la poesía. No está de más recordar la concepción que de tal revolución tiene el propio Mallarmé en lo referente a la necesidad de escapar al "carcan" de la forma. Pero lo esencial está más allá. La no obediencia a reglas apunta a no obedecer simplemente a la limitación, a mostrar que efectivamente aquello que constituye a la vez el material y la causa final de la escritura se abre sobre un horizonte ilimitado, o por mejor decir, es en sí mismo apertura a un horizonte ilimitado. Cuando el lenguaje se propone describir el mundo físico, es imprescindible que responda a las cartesianas claridad y distinción. E incluso esta ha de ser también  la exigencia cuando se trata de dar cuenta de rasgos psicológicos, cuando- por así decirlo- se trata de convertir el alma humana en objeto, es decir en correlato de ciencia o conocimiento. Pero tal no es el criterio cuando el lenguaje meramente apunta a sí mismo, ya sea apoyándose de entrada  en lo que sí tiene consistencia, en lo que responde a la lógica de la objetividad, ya sea descubriendo sus cartas desde el primer momento.

[Publicado el 01/6/2009 a las 11:04]

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Inmolación

El verbo encierra la potencialidad de encadenarse  siguiendo una necesidad estricta, en la  que vicisitud alguna del hombre que sirve de apoyatura cuente realmente. En esto consiste precisamente la inmolación en y a través de la obra de arte. No se trata de sentimiento de trascendencia. Se trata de que el objetivo ser social, el fruto a veces exhaustivo de una telaraña de prejuicios, precisamente se aburra; se aburra al sentir que, en el trabajo efectivo de labrar palabras, sus propios intereses ya no cuentan y en consecuencia nada hay para él de interesante. Menos presente se halla el escriba y más verídico es el testimonio, más cercano a la palabra y a la sonoridad prístinas.

En su Jean Santeuil Proust señala que aunque escribir una novela no es lo mismo que vivirla, sin embargo "nuestra vida no es separable de nuestras obras". El autor de la Recherche ha dado muchas pruebas de que efectivamente en él la obra trababa la vida y hasta tenía más peso que ésta. Pero la cosa trasciende la problemática de la obra para convertirse en una problemática del lenguaje, del lazo mismo que tenemos con el lenguaje.

[Publicado el 28/5/2009 a las 09:48]

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Ensamblaje de células con vida propia

Nunca estuve de acuerdo con los que afirman que el orden de lectura de la Recherche, es de hecho indiferente, que las páginas valen por si mismas, y que no se pierde nada si se consideran párrafos aislados como un fin en sí. Pero estoy en  desacuerdo, no en razón de que  esta lectura carezca de sentido, sino más bien en razón de que limitarse a ella es renunciar a una riqueza enorme y complementaria. Pluralidad de células que tienen vida propia, la Recherche es sin embargo también un todo orgánico que otorga a cada célula en particular nueva función. Por eso los párrafos que valdrían por si mismos no son para el afortunado lector disociables de la peripecia narrativa, que le mantiene suspendido a los meandros por los que transcurre la vida de los personajes.

Ello no es en absoluto óbice para que en cada locus del organismo esté operando una suerte de demiurgo que tiene la capacidad de transmutar el contenido, de tal forma que su función en el todo, su sentido en la narración, pueda incluso quedar eclipsada por haber sido materia porosa para la infiltración de los recursos y expedientes del lenguaje. 

En la medida en que el devenir de los personajes de la Recherche sólo es significativo porque el lenguaje contribuye a moldearlo y- sobre todo- es lo único que da testimonio de los rasgos que le configuran, el lenguaje logra una suerte de transmutación del personaje; las metáforas le empapan y- barruntando que nosotros estamos empapados de la misma manera- nos reconocemos en él. Nos reconocemos en d'Argencourt, en Swann, en Robert de Saint Loup, o en el Narrador. Nos reconocemos, no en las vicisitudes que hacen de cualquiera de ellos un protagonista más de la trama, sino en los singulares instrumentos cuyo despliegue forja la trama misma, instrumentos  a los que la reflexión sobre la literatura  ha dado nombre, pero que son previos a la literatura misma, por ser quizás el entramado prístino de lo que hace a los hombres.  

[Publicado el 27/5/2009 a las 13:10]

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Cuando la sustancia es el lenguaje mismo

Entre los vínculos en los cuales el lenguaje se complace, cuentan aquellos en los que la sucesión parece determinada por una exterioridad respecto al lenguaje mismo (y digo parece porque hay muchas razones para pensar que tal objetividad de lo que acontece es también una construcción lingüística). De ahí que las construcciones del lenguaje configuren a menudo un relato literario, científico o filosófico, es decir una secuencia lógicamente trabada, dónde la frase con sentido que cronológicamente precede es condición de que se haga inteligible la que sigue. Esta plasmación en forma argumentativa se halla a veces presente en el lenguaje poético, mas se diría que aquí tiene importancia menor, que se trata de una forma que la poesía adopta para manifestar lo esencial en ella y que hubiera podido manifestarse en otra forma.

 Evocaba hace un tiempo la cuestión de lo que  hubiera sido el contenido de la Recherche de Marcel Proust de no haberse dado el viraje provocado por la contemplación del espectáculo ofrecido por los huéspedes del príncipe de Guermantes, hipótesis en la cuál obviamente, Charlus, Albertine,  Morel,  Saint Loup...no  formarían parte de nuestras referencias y casi me atrevo a decir de nuestras vidas. Si el Narrador  hubiera persistido en su propósito de canalizar su esfuerzo a la exploración de los contenidos de una reminiscencia a-temporal, si la visión de los cuerpos empíricos no le hubiera desviado, hubiera enlazado palabras sin que -por hipótesis - tal vínculo tuviera que reflejar ningún tipo de limitación impuesta por la naturaleza. Cuando la naturaleza  física es aquello que determina el decir, cuando el lenguaje es un medio, prima la irreversibilidad que hace del pasado algo intrínsicamente ausente y sólo representable, sólo hecho presente, bajo la modalidad, siempre insatisfactoria, de la rememoración. Tal exigencia  no se da, sin embargo, cuando el lenguaje se vuelca sobre sí mismo, cuando la trama que las palabras desvelan es la constitutiva de las palabras mismas. Ciertamente no se trata de una alternativa.

[Publicado el 26/5/2009 a las 09:49]

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Labrar nuestra naturaleza

Sin duda un compositor -clásico o contemporáneo- trabaja con sonidos  previamente humanizados, es decir, sonidos que han sido ya incorporados por el lenguaje, atrapados en su red, y que en consecuencia han perdido ya su inmediatez, su naturaleza bruta. Mas el poeta y el narrador van de entrada al fondo de la cosa, trabajan con los elementos mismos del lenguaje. El lenguaje surge del orden natural (¿de donde si no?), pero una vez surgido establece vínculos y se traza objetivos no subordinados a los intereses de esa naturaleza de la que surge, o más bien: el lenguaje es la aparición de un orden en el que la naturaleza cuenta como peldaño más bien que como fin en sí misma. Narradores y  poetas no labran la naturaleza inmediata, sino directamente esa radical  subversión  respecto a la inmediatez que es la naturaleza humana. 

[Publicado el 22/5/2009 a las 17:17]

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“ Remontar desde la noche…”

"Encuentro muy razonable la creencia céltica según la cual las almas de todos aquellos que hemos perdido se hallan en cautividad en algún ser inferior, en un animal, un vegetal, una cosa inanimada, perdida en efecto para nosotros hasta el día, que para muchos nunca llega, en que el azar nos lleva a pasar junto al árbol, entrar en posesión del objeto, que constituye su prisión. Entonces tales almas se agitan, nos llaman, y tan pronto como las hemos reconocido, el encantamiento se rompe. Liberadas por nosotros, han vencido la muerte y vuelven a vivir entre nosotros.

        Así ocurre con nuestro pasado. Inútilmente intentamos evocarlo, pues todos los esfuerzos de nuestra inteligencia son estériles. Se halla oculto, fuera de nuestro dominio y de nuestro alcance, en algún objeto material (en la sensación que nos produciría este objeto material) que nunca hubiéramos imaginado. Que encontremos o no este objeto antes de la muerte es una cuestión de azar."

[Publicado el 20/5/2009 a las 10:55]

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Velo de insignificancia

"El supremo esfuerzo del escritor, como el del artista, no alcanza más que a levantar  parcialmente en nuestro honor el velo de miseria y de insignificancia que nos deja indiferentes ante el universo." (Marcel Proust Prefacio a Sésamo y lirios de John Ruskin.)

 Escapar a esta insignificancia exige un esfuerzo gigantesco para vencer  todo tipo de sentimientos  mórbidos, ciertamente el sentimiento de impotencia y el escepticismo, pero en primer lugar y sobre todo la cobardía: esa cobardía que ayer evocaba y que  constituye para todo creador  a la vez la prueba de que en la obra de arte hay realmente peligro, de que aspirar a la misma  supone realmente ponerse en juego; cobardía que, por ello mismo, cuenta entre las causas fundamentales de la renuncia.

[Publicado el 18/5/2009 a las 11:17]

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Cobardía

Poso la taza y me vuelvo hacia mi espíritu. A él corresponde encontrar la verdad. ¿Mas cómo? Grave incertidumbre, cada vez que el espíritu se siente superado por sí mismo; cuando él, el descubridor, es en su conjunto el oscuro país en el que debe buscar, y en el que todo su bagaje no sirve de nada. ¿Buscar?, no basta: crear. El espíritu se halla frente a algo que todavía no existe y que sólo el espíritu mismo puede realizar, para después introducirlo  en su propia luz.

¿Llegará hasta la superficie de mi clara conciencia, este recuerdo, el instante arcaico que la atracción de un instante idéntico, desde  distancia tan lejana, ha solicitado, conmocionado, agitado en el fondo de mi mismo? No lo sé. Ya nada siento, se ha detenido, ha vuelto quizás a descender; quien sabe si remontará desde su noche. Diez veces se impone intentarlo de nuevo, volcarme sobre él. Mas cada vez la cobardía, que nos desvía de toda tarea difícil, de toda obra de peso, me empujó a dejarlo, a beber mi taza de té pensando simplemente en mis problemas de hoy, en mis deseos de mañana, alimento reiteradamente  masticado  del espíritu indolente." ( Marcel Proust, A la Recherche... La Pléiade 1, p. 46 y siguientes).

[Publicado el 14/5/2009 a las 10:21]

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Europa

Señalaré  respecto al texto de ayer que es un problema de primerísimo magnitud el determinar si Europa es hoy un paradigma de esta depresión. Depresión  del alma social traducida, por ejemplo, en que la paz deja de ser considerada como gozoso  corolario del triunfo de la justa causa, para ser erigida en valor incondicionado a preservar  en toda circunstancia; depresión del alma social que tildaría peyorativamente como anacronismo, vinculándolo a pulsiones agresivas, y hasta fascistoides, la exigencia de explicaciones  en caso de grave ofensa al honor, honor que muy difícilmente un juez podría restaurar. De tal manera que la impunidad en el insulto, la trivialización de lo que supone (así cuando un aspirante a la mayor magistratura política es reiteradamente- y ante millones de teleespectadores- tachado de mentiroso, sin que se de reacción digna de tal nombre y lo que es peor, sin que nadie ya la espere) viene a ser un reflejo de la pérdida de fuerza, y de valor en sí de la palabra. Ocurre simplemente que cuando la palabra carece de peso, legisla la pura relación de fuerzas y el que pierde la partida carece de motivación alguna para no anclarse a lo único que le queda, para no hacer un fin en sí de la mera subsistencia.

[Publicado el 13/5/2009 a las 09:44]

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La imposibilidad de una ética

Un apunte relativo a la moral: sólo la confianza  en que el lenguaje tiene esa potencialidad que el texto evangélico evoca metafóricamente, hace que además de arreglárnoslas para subsistir (ya sea mediante acuidad de un instinto o buena recepción de lo que culturalmente se nos transmite), intentemos  arreglárnoslas para ser decentes, es decir para que, reconociéndonos  a nosotros mismos en la palabra, nos repugne  el tomarla en vano, sintiendo que el hacer tal cosa supondría  regresar a la inmediatez natural, de la que precisamente siempre hemos esperado que la palabra nos arranque.

   Kant considera  que el hecho de no tomar a la razón como instrumento constituye la esencia del comportamiento ético. Pero el término razón es demasiado equívoco y sólo a través de una suerte de análisis especializado cabe llegar a saber lo que el kantiano imperativo categórico implica realmente. Transparente es, sin embargo, para todo el mundo lo que la exigencia de respetar la palabra significa. Nadie duda de que fallar a tal exigencia equivale simplemente a apartarse de la eticidad; nadie duda de que usar la palabra en vano es propia de un ser ruin. Mas sentirse ruin en tal sentido es algo más grave que contemplarse como marginado por el exterior: es contemplarse en el espejo quebrado de aquello en lo que residía nuestra dignidad.

Aquí reside  quizás, realmente lo insoportable, eso auténticamente insoportable que un pensador de nuestro tiempo identificaba a lo real. ¿Quería acaso-con esta identificación sombría- decirnos que no hay manera de evitar la subordinación de la palabra? Son obvias las connotaciones que ello acarrearía a la hora de relacionarse con los demás seres  de palabra, cuya no instrumentalización constituye el primer mandamiento de toda ética digna del nombre. Y en el registro del arte ello significaría  que no hay manera de mantener el espíritu en actitud de promesa,  conclusión a la que parecen invitarnos las consideraciones del profesor Brown del MIT sobre el uso falaz del lenguaje como universal antropológico. Nada sin embargo exige a priori anclarse en esta tesis nihilista, y el hecho mismo de que un libro como la  Recherche  haya llegado a ser escrito es indicio  de lo contrario; indicio que lleva a preguntarse si el problema no reside simplemente en que el esfuerzo que  conlleva el forjar una frase ni prevista ni archivada  acaba necesariamente por hacernos abandonar.

Cuando perdemos la confianza en lo radicalmente singular de nuestra condición, cuando nuestro destino parece confundirse con el de los seres meramente naturales, sujetos a lo aleatorio de las interferencias en la causalidad física y con un comportamiento que, en última instancia, respondería a la pulsión conservadora propia de las especies biológicas, cuando dejamos de experimentar que-en la historia de la evolución- la aparición del lenguaje supuso para la naturaleza el trascenderse a sí misma, cuando, en suma, desesperamos de nuestra humanidad... es imposible no ya que la literatura- sea bajo forma poética o narrativa- realmente nos diga algo, sino que persista algún valor moral digno verdaderamente del nombre.

    En las comunidades humanas regidas por tal convicción nihilista se asiste a esa transmutación de valores que ya Nietzsche consideraba un signo de los tiempos. Pues lo que en momentos de afirmación se considera virtud...en momentos de sombra deviene lo contrario. Así la valentía, el heroísmo, el sacrificio en pos de una causa auténticamente regeneradora, son  considerados como algo periclitado en las sociedades de alguna manera vencidas de antemano, sea porque se sienten objetivamente impotentes ante otras más pujantes, sea porque un cáncer moral interno les ha hecho perder la confianza

[Publicado el 11/5/2009 a las 10:02]

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Foto autor

Biografía

Nació en Barcelona y se trasladó muy joven a París, donde estudió filosofía, alcanzando el título de Doctor de Estado en la Sorbona con una tesis sobre el orden aristotélico. Tras años de docencia en Francia obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con un trabajo de investigación sobre aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Víctor Gómez Pin ha trabajado en el proyecto de establecer el estado de la cuestión respecto a las interrogaciones fundamentales de la filosofía griega contemplándolas a la luz de la reflexión contemporánea. Ello le llevó en 1993 a fundar el International Ontology Congress/ Congreso Internacional de Ontología, en cuyo comité científico figuran relevantes personalidades de la ciencia y la creación contemporáneas (entre ellas varios premios Nóbel). La Unesco ha otorgado su patrocinio a la mayoría de las reuniones celebradas en tal marco. Víctor Gómez Pin es  asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega y miembro de múltiples  sociedades filosófico-científicas. Autor de una treintena de libros ha obtenido entre otros los premios Anagrama de Ensayo y  Espasa de Ensayo. En septiembre de 2009 el Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti le otorgó el   "Premio Internazionale per Venezia".

Bibliografía

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