El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de marzo de 2010

 Blog de Víctor Gómez Pin

…insignificancia de las cosas

Ya me he ocupado de lo que significa para el Narrador el haber aceptado el retorno a la vida mundana, la entrada  en el palacio de Guermantes, y  el inesperado episodio de la losa desnivelada que, provocando en el protagonista  una reminiscencia veneciana, hace que súbitamente recupere toda su confianza en el valor de la literatura como expresión de la fertilidad potencial de la palabra. Mas respecto a la actitud de escepticismo conviene preguntarse, lo que tal actitud encierra realmente y cuáles son sus implicaciones, tomando al Narrador de la Recherche meramente como representante paradigmático de algo que ha afectado a muchos de los grandes escritores.

El Narrador  duda de la fertilidad de esa construcción lingüística que es la literatura. Duda con ello de lo legítimo de un funcionamiento de la lengua en la que ésta parece alcanzar autonomía. Pues, si bien la literatura exige que se den cosas (las cuales, en ocasiones describe), no es evidente en absoluto que la literatura esté subordinada a ellas. Conjetura ésta que sólo alcanza inteligibilidad, si por lenguaje entendemos algo que en modo alguno se reduce a un instrumento para mejor desenvolvernos en el entorno natural, instrumento del que muchos animales disponen, sin que en momento alguno trascienda su estatuto de mero reflejo de la inmediatez del orden natural. Si la carne se hubiera (como algunos pretenden) hecho verbo en otros animales, entonces ciertamente el destino de estos se emparejaría con el nuestro. Mas tal común destino tiene significación muy diferente según que se confiera o no plenitud a la palabra verbo.

Sólo si el verbo es aquello que realmente posibilita que lo limitado del mundo y de nuestros lazos con él no nos haga prisioneros, el eventual hablar de un animal (como el célebre gorila Koko, cuya naturaleza fue literalmente violentada a fin de hacerle partícipe de briznas insignificantes del lenguaje humano) sería realmente un acontecimiento trascendente; trascendente porque entonces también en ese animal la vida habría superado su inmediatez, (al igual que, al acceder a la vida, la materia susceptible meramente de posición o cantidad de movimiento, ha superado la inmediatez que le es propia).

Cierto es, sin embargo, que la "otra" hipótesis es a priori igualmente probable. Hipótesis de que un animal hablara sin que ello supusiera distancia respecto a la inmediatez natural, simplemente por la triste razón de que tampoco en nosotros el lenguaje supondría tal distancia. Cabe que el lenguaje no sea otra cosa que un reflejo, más o menos turbio, de una naturaleza que la lucha por la subsistencia nos exige dominar- con poco éxito. Cabe que la palabra sea simplemente una expresión trivial de la vida; cabe, en suma, que la palabra de nada libere. Transcribo de nuevo un texto de la Recherche ya presentado aquí hace unos meses:

"El nuevo sanatorio al que me había retirado no me curó más que el primero; y pasaron muchos años antes de que lo abandonara. Durante el trayecto que hice en tren, volviendo de nuevo a París, el pensamiento de mi carencia  de dotes para la literatura, que ya en otro tiempo había descubierto en el camino de Guermantes, que más tarde reapareció, provocando aun mayor tristeza, en mis paseos cotidianos con Gilberte, antes de volver para la cena, ya tarde en la noche, en Tansonville, y que, en vísperas de irme de esa casa había identificado, más o menos al leer unas páginas del Diario de los Goncourt, con la vanidad y la mentira de la literatura, este pensamiento,  menos doloroso quizás , pero más deprimente aún, si le daba como contenido, no mi propia incapacidad, sino la inexistencia del ideal en el que había creído, este pensamiento, que desde hacía tiempo no había vuelto a la mente, me asaltó de nuevo, y con una fuerza más dolorosa que nunca. Fue, lo recuerdo, durante una parada del tren en pleno campo. El sol iluminaba hasta la mitad de su tronco, una línea de árboles que seguía la vía del ferrocarril. ‘Árboles, pensé, nada tenéis  ya a decirme, mi corazón gélido ya no os oye.  Inútilmente estoy aquí, en plena naturaleza, pues es con frialdad y hasta aburrimiento que mis ojos constatan la existencia de una línea que separa vuestra frente luminosa de vuestro tronco sombreado. Si alguna vez pude sentirme poeta, ahora se bien que no los soy. Quizás en la parte de vida, tan yerma, que ahora se abre ante mí,  los hombres puedan llegar a inspirarme lo que ya no me dice la naturaleza. Mas en cualquier caso, los tiempos en que era capaz de cantarla ya no volverán.' " (854-855)         

[Publicado el 08/5/2009 a las 09:58]

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Astenia…

Hay quizás un momento en el que se experimenta que la cabeza (o si se quiere el espíritu) no da más de sí. La astenia de la palabra se manifiesta cuando se siente meramente que toda emoción ante la propia naturaleza queda lejos. La debilidad de las facultades perceptivas tiene entonces correlato en la debilidad del espíritu, la cual  suele preceder a la primera. Asunto corroborado por el hecho de que, confrontados a la escritura, faltan las fuerzas para añadir algo que realmente no esté archirepetido. El trazado sobre el papel blanco produce una impresión de que aún sale algo, mas ¿qué pasa cuando el escritor deja incluso de hacer rasgos?

             Ello puede no acarrear consecuencias cuando una suerte de cálido velo cubre la realidad de la vida, es decir, cuando la costumbre se asienta en un relativo confort afectivo y social, neutralizador de la capacidad de exaltarse como de la capacidad de abismarse. Mas todo se radicaliza cuando también el edificio social o, como tantas veces (así el caso del Narrador) el afectivo se derrumban. La pérdida de tensión del espíritu, la pérdida de confianza en el lenguaje, carece entonces de lenitivo, siendo la suerte del creador de la Recherche proustiana, de la que tanto he venido ocupándome aquí el haber escapado a este desastre.

[Publicado el 07/5/2009 a las 10:17]

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Palabras sin luz

La luz en la palabra, tal es la metáfora con la que mi amigo Alberto Zedda, musicólogo eminente, intentaba designar la modalidad de uso del verbo que es razón común de manifestaciones tan diversas como la poesía, el coro trágico, el canto gregoriano, el canto bizantino... modalidad de uso del verbo que, a través de la Camerata dei Bardi florentina y Monteverdi, vendría a desembocar en la ópera. Alberto Zedda  se refiere obviamente a esa auténtica transfiguración que las palabras parecen experimentar cuando integran los rasgos propios de la música, hasta hacerse indisociables de la misma.  Pero, de tener algún sentido la conjetura de que en el origen  la música es nota consubstancial a la palabra  (musica ex linguae, en la expresión de Agustín García Calvo), la referida luz no sería sino índice de  que  la palabra que se escucha es eco de la palabra prístina.   

La luz en la palabra es quizás lo que falta cuando experimentamos una suerte de nivelación por lo bajo y, en  consecuencia, cualquier dificultad  (desde un  pérdida esencial hasta la más convencional frustración) proporciona  la excusa para decirse que todo es vano. Cuenta, sin duda el sentimiento de la decadencia biológica, el sentimiento de que, aun de ser cierto que  el lenguaje subvierte la vida,  tiene  anclaje en ésta y en consecuencia  el deterioro celular lo perturba, como perturba toda otra dimensión de nuestro ser. Corolario sería que al hallarnos  diezmados por el tiempo y ser ya imposible que la palabra  perdure en su agilidad, es ya también imposible que guarde potencialidad de hacernos sentir diferentes en el seno de los seres naturales y animados.  

La literatura es, desde luego, algo tan innecesario que su simple existencia confiere una suerte de respaldo a la idea de que, en definitiva, la vida propia o ajena, y también las vicisitudes por las que ésta atraviesa, bien pudieran ser un mero peldaño: una apoyatura para la construcción de algo que, teniendo sostén en la vida, va más allá de las reglas de ésta. De esta utilización y casi explotación de las vicisitudes dan cuenta los  textos  de la Recherche   proustiana relativos al ser humano como marcado por la imposibilidad de vincularse sin sufrir, y al hecho de asumir esta ausencia de armonía,  como condición de posibilidad de la obra. Las obras, nos dice el Narrador, son como los pozos artesianos, que se elevan en proporción a la capacidad de profundización en el dolor. Si esta subversión de la inmediatez  ha sido experimentada alguna vez como  destino propio del  ser cabalmente humano, entonces, la mera constatación de que flaquean las fuerzas para  tal proyecto puede abocar a la percepción de la vida como algo carente de finalidad.

[Publicado el 06/5/2009 a las 09:45]

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Atmósfera humana

"¿Podría simplemente hacerles entender la emoción que experimentaba en aquellas mañanas de invierno al ver a Madame Swann... en torno a la cual se evocaba la tibieza facticia de su casa, tan sólo por el ramillo violáceo que apretaba su corpiño y cuyo florecer vivaz y azul ante el cielo gris, el aire gélido, las ramas desnudas de los árboles, adquiría ese encanto que se produce cuando las estaciones y el tiempo sólo son tomados como un marco, viviendo así en una atmósfera humana, en la atmósfera de esta mujer, en la que respiraban, en los vasos y macetas de su salón, junto al fuego encendido, ante el canapé de seda, las flores que, a través de la ventana cerrada, contemplaban el caer de la nieve." ( Marcel Proust, A la Recherche... Gallimard 1987, tomo I p.419-420)

 

 

 

[Publicado el 05/5/2009 a las 10:10]

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Nunca idéntica

"Bastaba con que Madame Swann no llegara idéntica y en el mismo instante, para que la Avenida se transformara. Los mundos que hemos conocido no pertenecen tan sólo al espacio en el que, para mayor facilidad, los ubicamos. Eran tan sólo una estrecha porción en medio de las impresiones contiguas que formaban nuestra vida de entonces; el recuerdo de cierta imagen tan sólo es la nostalgia de un preciso instante; y las casas, los caminos, las avenidas, son efímeras, ¡oh desgracia¡, como lo son los años" ( Marcel Proust, A la Recherche... Gallimard 1987, tomo I p.419-420)
 

 

[Publicado el 04/5/2009 a las 10:54]

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Felinos de mar

"Como, desde lejos, la culminación de una roca desde el que se arroja al agua, transporta de alegría a los niños que saben que verán el felino de mar, mucho antes de llegar a la alameda de las Acacias su fragancia que, irradiando en torno, hacia sentir de lejos la cercanía y la singularidad de una poderosa y moldeable individualidad vegetal; después, cuando me acercaba, la cúspide ya apercibida de su frondosidad ligera y afectada, de una elegancia fácil, de un corte coqueto y de un tejido tenue, sobre el cual centenas de flores se arrojaban como colonias aladas y vibrátiles de parásitos preciosos; incluso su nombre femenino, ocioso y dulce, hacía temblar mi corazón, aunque de un deseo mundano, como esos valses que tan sólo nos evocan el nombre de las hermosas invitadas que un sirviente hace penetrar en el salón" ( Marcel Proust, A la Recherche... Gallimard 1987, tomo I p.410)

[Publicado el 30/4/2009 a las 10:23]

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... una sola esencia

"El bosque, reuniendo pequeños mundos diversos y cerrados- en el que una plantación de árboles rojos, robles de América, como una granja de Virginia, sucedía a una extensión de abetos junto al lago, o a un oquedal del que surge de repente en su flexible piel, con los bellos ojos de una bestia, una paseante ágil - era el jardín de las mujeres-; y- como la alameda de los mirtos de la Eneida- plantada para ellas de árboles de una sola esencia, la alameda de las Acacias era frecuentada por bellezas celebérrimas."

( Marcel Proust, A la Recherche..., Gallimard 1987, tomo I p.410)

[Publicado el 29/4/2009 a las 10:33]

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Bosque sin seres vivos

"En vano  la extensión entera en el campo de mi visión era drenada  con miradas que hubieran querido extraer de ella una mujer...Fijaba indefinidamente el tronco de un árbol lejano, tras el cual ella surgiría acudiendo a mi encuentro; el horizonte escrutado permanecía desierto, la noche caía, ya sin esperanza mi atención seguía anclada  a este suelo estéril, a esta tierra yerma, como presta a aspirar las criaturas que pudiera contener ; y no era ya con alegría sino con rabia como golpeaba los árboles de ese bosque de Roussainville, tan carentes de seres vivos como pudieran serlo los árboles pintados de un panorama... 

... Pero andar así errante en los bosques de Roussainville, sin una campesina a la que abrazar, era no conocer el tesoro escondido en estos bosques, su belleza profunda..."( Marcel Proust, A La Recherche..., Gallimard 1987,  tomo I, p.156 y 155)

 "...El sol se había ocultado. La naturaleza volvía a reinar en el Bosque del que había desaparecido la idea de que constituía el jardín elíseo de la Mujer; encima  del molino facticio, el verdadero cielo era gris; el viento plegaba el Gran Lago con diminutas ondulaciones, como un lago; grandes pájaros cruzaban velozmente el bosque, como un bosque, emitiendo agudos chillidos posaban uno tras otro sobre los grandes robles, los cuales, bajo su corona druídica, y con la  majestad del santuario de Dodon, parecían proclamar el vacío inhumano del bosque abandonado."(Idem, 419)

[Publicado el 27/4/2009 a las 10:12]

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Sombras

"¡Oh desgracia! en la avenida de las Acacias- la alameda de los mirtos- veía de nuevo a algunas de ellas, viejas, y que no eran más que las sombras terribles de lo que habían sido, errabundas, buscando desesperadamente un no se qué en los bosques virgilianos. Habían huido desde mucho tiempo atrás, mientras yo seguía interrogando los caminos desiertos." (Marcel Proust, A la Recherche..., Gallimard 1987, I, 419)

Los editores de esta edición hoy canónica de la Recherche proustiana señalan en su Introducción General ( tomo I, p. LI) que este libro responde también a esa confianza de que un arte pueda tomar la forma de otro, confianza que el propio Proust atribuye a Balzac, lo que explicaría el carácter pictórico de tantas páginas de La Comedia Humana. Y extraen del Contre Sainte- Beuve párrafos en los que Proust expresa su deseo de que el escritor trate "veinte veces, con luces diversas el mismo tema...como las cincuenta catedrales y los cincuenta nenúfares de Monet". Ello explicaría que en la Recherche se juegue tan sólo con el espectro de luz para hacernos retornar al Bois de Boulogne- "jardín elíseo de la mujer" o al bosque sin seres vivos (en razón de que el Narrador no alcanza a ver surgir campesinas escondidas tras sus árboles) de Roussanville. Iré los días inmediatos dando algún ejemplo.

[Publicado el 22/4/2009 a las 18:06]

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Los botones de oro

En un singular momento de Du côté de Chez Swann, el Narrador evoca sus sentimientos infantiles ante el paisaje de los aledaños de Combray, contemplado desde la otra orilla del río Vivonne. Hay entonces una referencia a los botones de oro que siembran los prados entre ruinas de almenas. Los niños de un colegio religioso, que eligen el entorno de las almenas como espacio para sus recreos escolares y que introducen en el Vivonne botellas de cristal, parecen confundirse en la imaginación del protagonista con esos mismos botones de oro, flores venenosas y que el ganado evita, pero que atraen poderosamente a los pequeños. El niño que era entonces el Narrador se exalta profundamente, ante el amarillo intenso de la corola, pétalos y estambres de estas florecillas:

"Avanzábamos en el camino de sirga que dominaba la corriente desde un terraplén de varios pies; del otro lado la orilla era baja, prolongándose hasta el pueblo y hasta la estación, distante del mismo, en amplios prados. Se hallaban sembrados de ruinas, medio sepultadas en la hierba, de castillos de los antiguos condes de Combray, que en la Edad Media tenían de este lado el caudal del Vivonne como defensa contra los ataques de los señores de Guermantes y los abades de Martinville. No eran más que unos fragmentos de torre salpicando la pradera, apenas visibles, almenas en las que en el pasado el arcabucero lanzaba piedras y el vigila mantenía a ojo Novepont, Clairfontaine, Martinville-le-Sec, Bailleau l'Exempt, todas ellas tierras vasallas de los Guermantes, entre las cuales Combray era un enclave, hoy al raso nivel de la hierba, dominadas ahora por los niños de la escuela de los hermanos que venían allí a estudiar sus lecciones o a jugar durante los recreos- pasado casi sumergido en la tierra, acostado junto al agua como un caminante que toma el fresco, pero que provocaba mis ensoñaciones, haciéndome añadir al nombre de Combray, a la pequeña villa de hoy, una ciudad muy diferente, fijando mis pensamientos por su aspecto incomprensible y arcaico, que apenas lograba esconder bajo los botones de oro. Eran muy numerosos en este lugar al que habían escogido para sus juegos en la hierba, aislados, en parejas, por tropas, amarillos como yema de huevo, brillando tanto más, me parecía, que, no pudiendo derivar hacia veleidad alguna de degustación, el placer que su vista me causaba, lo acumulaba en su superficie dorada, hasta que se hiciera suficientemente poderoso para producir una belleza inútil; y ello desde mi primera infancia, cuando desde el sendero de sirga tendía hacia ellos los brazos, sin acertar a deletrear completamente sus hermosos nombres de Príncipes de los cuentos de hadas franceses, llegados quizás siglos atrás desde Asia, pero tomando patria para siempre en el pueblo, satisfechos en su modesto horizonte, amando el sol y la orilla del agua, fieles a la reducida vista de la estación, conservando aun, sin embargo, como en ciertas de nuestras antiguas telas pintadas, en su simplicidad popular, una poética luminosidad de Oriente." (Marcel Proust, A la Recherche... Gallimard 1987, tomo I p. 165-166.)

[Publicado el 21/4/2009 a las 09:35]

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Foto autor

Biografía

Nació en Barcelona y se trasladó muy joven a París, donde estudió filosofía, alcanzando el título de Doctor de Estado en la Sorbona con una tesis sobre el orden aristotélico. Tras años de docencia en Francia obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con un trabajo de investigación sobre aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Víctor Gómez Pin ha trabajado en el proyecto de establecer el estado de la cuestión respecto a las interrogaciones fundamentales de la filosofía griega contemplándolas a la luz de la reflexión contemporánea. Ello le llevó en 1993 a fundar el International Ontology Congress/ Congreso Internacional de Ontología, en cuyo comité científico figuran relevantes personalidades de la ciencia y la creación contemporáneas (entre ellas varios premios Nóbel). La Unesco ha otorgado su patrocinio a la mayoría de las reuniones celebradas en tal marco. Víctor Gómez Pin es  asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega y miembro de múltiples  sociedades filosófico-científicas. Autor de una treintena de libros ha obtenido entre otros los premios Anagrama de Ensayo y  Espasa de Ensayo. En septiembre de 2009 el Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti le otorgó el   "Premio Internazionale per Venezia".

Bibliografía

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