El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
Dónde se inserta un niño: Teorema de los pastores
Vinculada a esta construcción simbólica sin objetividad física pero que marca la percepción misma que tenemos del entorno físico se halla también el universo de los números, el universo de lo que significa el contar y que en absoluto es reductible a un instrumento para cerciorarse de la presencia o ausencia de cosas animadas o inanimadas. Pues un perro-pastor percibe que le falta una oveja y percibe eventualmente que la descarriada ha retornado al rebaño, sin efectuar en absoluto una operación análoga al contar del pastor:
El primero tiene un lazo directamente sensible con todos y cada uno de los componentes del rebaño, que impregnan (de manera tan irreductible como lo es la individualidad) sus capacidades olfativa, acústica, visual, táctil y hasta eventualmente gustativa. De tal manera que la oveja perdida equivale para el animal a vacuidad, a vivencia sensible de una ausencia. El perro pastor, en suma, tiene experiencia (pues no a otra cosa que a afección por la individualidad se reduce la experiencia) de cada individuo y en consecuencia- si tal experiencia es ya constitutiva de su propio lazo con el mundo -se halla de inmediato perturbado por su ausencia.
No está ciertamente excluido que ese animal que es el hombre experimente asimismo la presencia de una de sus reses y, por ende, se halle sensitivamente afectado en ausencia de la misma. Mas, sencillamente, esto no es lo que le caracteriza como ser humano. La modalidad específica de constatar la riqueza (en lengua vasca rico-aberatsa- es literalmente poseedor de animales-abereak-) es contando, o sea, relacionando cada res con un elemento de un conjunto heterogéneo, la pila dónde esta su ración de agua por ejemplo. Si ayer ante cada pila se hallaba una res y hoy una de las pilas carece de función, el pastor sabe ya que, en el transcurso del día su riqueza ha menguado. Lo sabe sin contacto directo, o sensible percepción de la res misma, lo sabe, no por experiencia sino por su condición esencial de matemático. Teorema de los pastores era el nombre con el que el colectivo Bourbaki designaba a esta forma de relacionarse con el entorno buscando la posibilidad de biyecciones.
[Publicado el 23/7/2008 a las 07:00]
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Dónde se inserta un niño: El mundo de Euclides
La emergencia del hombre es indisociable de ese radical momento de discontinuidad en la historia evolutiva que supone la aparición de una especie cuyos miembros se vinculan mediante un sistema de signos que tiene una estructura y una función irreductibles a las de un mero código de señales. Cabe, pues, decir que cada vez que un niño se inscribe en el orden lingüístico (gracias a la actualización por la cultura de sus capacidades innatas) está de alguna manera rehaciendo el proceso que condujo a la aparición de la humanidad.
Pero la inmersión en el lenguaje no significa sólo añadir a la relación de un ser animado con el entorno natural una relación autónoma con el universo de los signos. Significa también que la primera inserción queda radicalmente perturbada por la segunda, es decir, que la naturaleza se hace ya indisociable de su simbolización.
Muchas son las consecuencias de esta imbricación entre percepción del entorno natural y vivencia simbólica. Sin vincular el problema explícitamente a la cuestión del lenguaje, la filosofía kantiana enfatizaba el hecho de que la percepción por el sujeto humano de su entorno empírico se halla sometida a una intuición a priori que determina la naturaleza del propio sujeto. Kant afirmaba que tal marco no era otra cosa que el tiempo y el espacio. Ese marco del que el hombre sería portador, y al cual todo objeto empírico habría de plegarse a fin de poder ser percibido, obedece estrictamente a una rigurosa ley interna, y ésta ley no es otra que la que mueve los hilos de la geometría euclidiana.
Es un lugar común de la divulgación científica contemporánea la afirmación de que la geometría euclidiana ha perdido su prioridad a la hora de dar cuenta del universo. Ello en razón de que el espacio newtoniano en el cual las leyes de tal geometría se cumplirían (a saber, un espacio de curvatura nula) carecería de objetividad física.
Y sin embargo, la geometría aprendida en la escuela sirve al hombre y ordena su mundo. Sirve la geometría euclidiana, porque sella nuestra mirada desde que abrimos unos ojos propiamente humanos (es decir, unos ojos exhaustivamente permeables al lenguaje y a los símbolos). Por ello, la geometría es enormemente valorada por los niños en el aprendizaje escolar, y toda quiebra en la capacidad de simbolización que representa el aprendizaje geométrico es vivida como mutilación dolorosísima.
El niño ama la geometría porque su pulsión por ubicar las cosas en el entorno, midiendo y sondeando las distancias entre ellas, es una operación indisociable de su capacidad misma de reconocer e identificar tales cosas. Este vínculo entre la identidad misma de las cosas y su caracterización geométrica, supone que la debilidad en la capacidad de discernimiento en el registro geométrico se traduzca en astenia de la capacidad perceptiva general.
[Publicado el 22/7/2008 a las 07:00]
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La versatilidad, flexibilidad y creatividad del lenguaje a las que me venía refiriendo, no serían sencillamente posibles si el lenguaje no tuviera en su interna estructura ese doble rasgo generador de libertad que es la dualidad interna y la arbitrariedad del significante. Nunca se insistirá demasiado en que esta arbitrariedad, precisamente por suponer un grado de inadecuación respecto al entorno natural y respecto a la interna vivencia psicológica, abre un horizonte de creativa construcción y, en definitiva, de independencia respecto de lo dado.
Supongamos, en efecto, que todo en el orden de la designación de las cosas naturales funcionara al modo de las onomatopeyas, ¿cómo podría entonces el lenguaje suponer grado alguno de distancia respecto a la inmediatez del orden natural?; ¿cómo podría darse esa versatilidad que, por ejemplo, en la percepción de un paisaje pone de relieve un narrador?
Esta distanciación es tanto más de agradecer cuanto que la ausencia de lazo natural no supone en absoluto sujetiva y contingente elección de individuos. Dada la forma, es imposible prever el significado y viceversa, mas ello no significa que cualquier forma vale, ni que el capricho (o el intercambio de subjetivas decisiones) impera. Arbitrariedad sin sujeto caprichoso que la impone: tal es el meollo de la cuestión.
Decir que Shakespeare denotó convencionalmente tales o tales hechos por tales o tales palabras, no significa que se puso de acuerdo con otros individuos para tal denotación. En este sentido, cabe decir que en su tarea fertilizadora y creativa del lenguaje (se sabe que fraguó miles de vocablos), Shakespeare estaba más allá de la individualidad y la subjetividad (ésta última expresa esencialmente el lazo, de acuerdo o de conflicto, con otros individuos). Shakespeare es como el significante del hecho mismo de que la subjetividad se sacrifica, precisamente como condición de que el lenguaje se despliegue y se exprese libremente, aunque no gratuitamente.
[Publicado el 21/7/2008 a las 10:47]
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Recordemos las características que, desde Ferdinand de Saussure, suelen presentarse como características del singular código de señales antes descrito:
a) Polaridad interna: significante (imagen acústica, o visual en el caso del lenguaje de signos) / significado (idea representativa de lo designado)
b) El significante es arbitrario, no hay ningún vínculo "natural" entre la objetiva mesa y la imagen acústica mesa.
c) El lenguaje a menudo (si no la mayoría de las veces) parece no tener otro objetivo que sí mismo.
d) Un conjunto finito de elementos fonéticos abre camino a un conjunto potencialmente infinito de entidades semánticas.
La aparición en un código de señales dotado de la polaridad significante - significado no puede menos que introducir una radical subversión en la función misma del signo. Fijémonos de entrada en lo sorprendente que es el simple hecho de que se dé una idea, es decir, algo no material (lo material es la huella dejada por la imagen acústica, el significante, no el significado) algo, cabría decir, no sometido al segundo principio de la termodinámica. No es que la materia viva y sometida a códigos se doble de un mundo de ideas, es que lo ha generado. Como otras veces he dicho, la carne se ha hecho verbo. Pues bien:
Mientras nos movemos en el ámbito del mero código, se da tan sólo un lazo por así decir horizontal entre la señal y lo por ella designado, un eventual botín -la flor para la abeja, por ejemplo. Obviamente, una vez que el botín ha sido alcanzado el funcionamiento del código ya no tiene sentido alguno, pues suprimida la alteridad del objeto, simplemente el interés se ha agotado. Mas cuando la señal encierra esa polaridad interna que la convierte en signo lingüístico, entonces la alteridad persiste, y aun no habiendo interés exterior... se abre la posibilidad de recreación interna.
El signo fertiliza la potencialidad interna de crear polaridades sin necesidad alguna de remitirlo al exterior. Mas hacer funcionar el signo lingüístico aún en ausencia de correlato en el entorno físico, es la base misma de lo que denominamos narración. Cuanto más indiferente sea el mundo exterior más exigencias se tienen de fertilizar el interior. Por retomar los términos de Aristóteles: cuanto más resuelto esté lo relativo a la subsistencia y al ornato de la vida, cuanto más satisfecha esté la necesidad, más se acrecentará el deseo de que surjan nuevos conceptos y nuevos vínculos entre conceptos y hasta nuevas combinaciones (en número potencialmente infinito) de esos vínculos entre conceptos.
En razón de la polaridad interna, los niños alcanzan esa capacidad ilimitada para forjar tanto expresiones aisladas como oraciones perfectamente cargadas de sentido. Expresiones que nadie les ha enseñado, simplemente porque el conjunto de las mismas no es finito, resultando pues imposible que fuera alcanzado mediante aprendizaje acumulativo.
Los niños, ciertamente, aprenden una lengua imitando, pero esa condición necesaria no es en absoluto suficiente, como lo muestra el hecho de que determinados pájaros imitan sonidos humanos, sin que se den ellos el menor atisbo de lo que la condición lingüística supone.
[Publicado el 18/7/2008 a las 10:25]
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Imaginemos una pareja de primates, macho y hembra, que en Herto (actual Etiopía) patria común de todos los humanos, se relacionan entre sí mediante un código de señales. El código se utiliza, en primer lugar, para designar todo aquello que tiene propiedades nutritivas o carácter instrumental. Obviamente, el código es útil para avisar de una amenaza o de su desaparición. Mas el impulso singular por vincularse entre sí a través de signos, les conduce a multiplicar de tal manera lo abarcado por el código, que incluyen en él signos para referirse a pluralidad de hierbajos o guijarros carentes de todo interés, mas también para referirse a la luna, las estrellas y hasta constelaciones de las mismas.
Utilizan también signos para expresar el estado anímico del que los enuncia, o del que los percibe, y hasta signos que no remiten ya a objeto alguno, si no que tienen como única función el servir de puente entre los anteriores.
Lo más singular, sin embargo, es que el complejo entramado de este cúmulo de signos, en ocasiones no parece tener más objetivo que... el complejo entramado de este cúmulo de signos. El macho se dirige a la hembra (o viceversa) sin otra razón que la de obtener de ésta una respuesta, respuesta que a su vez tendrá relevo en un nuevo encadenamiento de signos por parte del macho, y así sucesivamente, no hasta el infinito, mas sin que nada parezca fijar un límite finito e infranqueable. Obviamente si el sistema de signos estuviera determinado por meras necesidades, esta ilimitación no podría darse.
Si llamamos habla al acto individual y concreto de poner en práctica el sistema evocado (reservando la palabra lengua para el sistema mismo), entonces los evocados primates constituirían una pareja de vocacionales habladores.
De hecho, hablando pasan gran parte de su tiempo de vigilia, y cuando se hallan en soledad parecen rumiar a solas, como si no pudieran ya prescindir de esto que empezó siendo un instrumento. En efecto, el soporte del habla, la lengua, les acompaña hasta tal extremo que, cuando se hallan dedicados a las tareas cotidianas imprescindibles para la subsistencia y para la seguridad en el entorno, cuando se aplican a horadar o a tallar, su percepción de los objetos a modelar y de los pasos que conducen a la prosecución del fin parece empapada y perturbada por la lengua, de tal manera que no hay forma de establecer en estos seres la barrera que separa la vida inmediata y la vida empapada por los signos.
Signos del habla a los que acompaña otra serie de signos: funerarios, festivos o lúdicos. La pareja forja herramientas que no tienen función definida, por ejemplo recipientes que -por hallarse horadados- no sirven para almacenar líquidos, o escudos demasiado frágiles para servir de protección. La pareja en cuestión tiene progenitura a la que amamanta, cuida, protege, y sobretodo... inicia en el juego de intercambiar palabras, en el juego de dejarse mecer por ellas, en el juego de tomarlas como meta.
La pareja y su progenitura quizás no viven aisladas. Es posible que otras parejas en análoga situación compartan parcialmente con ellas las tareas necesarias para la vida cotidiana, y realicen, en sus momentos de exaltación o dolor, ritos análogos a los de nuestros protagonistas. La lengua, concretamente, sería común a todos los grupos vecinos. Y cabría conjeturar que en el uso intergrupal tiene quizás un carácter mucho más funcional y operativo que cuando se usa en familia, es decir: entre miembros de diferentes familias la lengua es instrumento para el intercambio, o para ordenar o suplicar en relaciones de poder, sumisión, etcétera. Tales usos funcionales no están ciertamente ausentes del lenguaje intrafamiliar, pero aquí prima sobretodo el mencionado aspecto en el que el habla es un goce que no parece tener más finalidad que la perseveración y la recreación de sí mismo.
Si los objetos próximos o lejanos son materia de la que la lengua se nutre, ésta parece tener el don de hacer surgir palabras nuevas (a las que es difícil asignar nada que tenga relación con lo dado) y combinaciones de palabras que dan lugar a nuevas entidades que, por su decidida ausencia de correlato con un objeto (tampoco con circunstancias o vivencias inmediatas), dan muestras de una capacidad inagotable para realizar síntesis a partir de lo que sí tiene correlato; y así se acrecienta la potencia de sintetizar, que ulteriormente será calificada de imaginación.
Conviene enfatizar que la conjetura de que en el entorno de esta familia existen otras familias también dotadas de capacidad lingüística y don efectivo del habla, no es efectivamente más que eso, una conjetura. Es perfectamente plausible que la familia en cuestión sea única en el entorno y que la capacidad de hablar afecte exclusivamente a sus miembros. Una u otra hipótesis no cambia lo esencial, a saber, que hubo exilio de esta familia, dispersión, y transformación del habla de los protagonistas. Mutación de la lengua que constituye la matriz del hecho que hoy haya en el mundo miles de lenguas, gran parte de ellas amenazadas de desaparición.
[Publicado el 17/7/2008 a las 11:30]
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Stephan Mallarmé muere preparando una edición especial de su poema
"Un coup de dés jamais n'abolira le hasard"
(Una tirada de dados nunca abolirá el azar)
En esta edición el autor introducía nuevas precisiones en el Prefacio que acompaña al poema, el cual, nos dice, prefiere que no leamos. Siga o no siga el lector de Mallarmé este consejo, es útil recordar aquí algunas de las indicaciones sobre la estructura del trabajo que en el prefacio nos avanza:
Hay entre las líneas irregulares vacíos que introducen un alargamiento espacial ("espacement") de la lectura, que va más allá de los blancos exigidos por la versificación tradicional como silence alentour, entorno de silencio. Pues, en este caso, el blanco del papel determinará la entrada o salida de una imagen dada, a distancias variables del hilo conductor latente.
El evocado recurso, completado entre otros por diferenciación de los caracteres de imprenta según la jerarquía de motivos, hará, nos dice el autor, que el poema "venga a ser para aquel que quiera leer en voz alta una partitura".
Mallarmé señala más tarde que de sus procedimientos puede que nada a la larga resulte, pero que cabe también "un nuevo arte", del cual serían premonitorias las tentativas ya entonces avanzadas de conciliar el verso con la libertad y el poema con la prosa (le vers libre et le poème en prose), conciliación que se realizaría bajo la influencia, que alguno tendería a considerar ilegítima, de la música... música escuchada, es decir, no reducida al esqueleto de una partitura.
En cualquier caso esta musicalización no supone ninguna subordinación de la Poesía..."única fuente", enfatiza el autor en el cierre del texto. Siendo única es obvio que se trata de fuente cuyo caudal no es aumentado con el proveniente de otras fuentes (aunque si pueda ser derivado de su originaria rectitud y perturbado en su composición por las singularidades del terreno); fuente entonces absoluta o primigenia. Mas ¿qué fluye en realidad y cuál es la interna topología de esta fuente única? Intentaré abordar esta doble interrogación retomando un relato, que me conducirá, espero, por una reflexión antropológica a la que nadie en realidad nadie puede sustraerse.
[Publicado el 16/7/2008 a las 10:45]
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"Prosodia misteriosa e ignota...
... cuyas raíces se sumergen en el alma humana hasta orígenes mucho más remotos que los considerados por cualquiera de las teorías clásicas", escribe Beaudelaire sobre la forma poética llamada alejandrino. Pues bien:
Refiriéndose también al alejandrino, Mallarmé nos dice que nadie pudo inventarlo y ello en razón (¡ni más ni menos!) de que se trataría de algo "enteramente surgido del instrumento de la lengua" (jailli tout seul de l'instrument de la langue). Basta entonces con aceptar el postulado de que hombre es aquel que recibe el don de la palabra, que el hombre es simplemente el animal (el único animal) al que el lenguaje es susceptible de convertir en su siervo... para concluir que el alejandrino es matriz de la humanidad y no la recíproca. El alejandrino... o cualquier otra prosodia que respondiera a lo que Beaudelaire y Mallarmé atribuyen al alejandrino, cualquier otra forma poético-musical que fuera inherente a la estructura profunda y común a todas las lenguas (y digo musical en el sentido que usa la palabra Agustín García, es decir, previo al fenómeno propiamente cultural de la conversión de los tonos en escalas y del ritmo en métrica).
Ciertamente hasta lo más profundo ha de ser fertilizado y Mallarmé es uno de los llamados a tal tarea restauradora, depurando el verso de todo aquello que, siendo en realidad contingente, había sido erigido por la convención y la inercia en pieza ineludible del armazón. Como tantos otros apuesta simplemente por mantener lo esencial sin someterse a las pautas imperantes de rima y metro:
"Asistimos ahora a un espectáculo verdaderamente extraordinario, único, en la historia de la poesía: cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gustan; por primera vez, desde siempre, los poetas no cantan atados al atril. Hasta ahora -estará usted de acuerdo- era preciso el acompañamiento de los grandes órganos de la métrica oficial. ¡Pues bien! Los hemos tocado en demasía, y nos hemos cansado de ellos."
En relación al alejandrino, admirables recursos técnicos desplazan la apariencia respetando la invariancia de esa forma que Mallarmé consideraba "alma del pueblo"; alma que, me atrevo a decir, su poesía se limita a situar en primer plano:
«Que non¡ par l'immobile et lasse pâmoison
Suffoquant de chaleurs le matin frais s'il lutte,
Ne murmure point d'eau que ne verse ma flûte
Au bosquet arrosé d'accords; et le seul vent
Hors des deux tuyaux prompt à s'exhaler avant
Qu'il disperse le son dans une pluie aride,
C'est à l´horizon pas remué d'une ride
Le visible et serein souffle artificiel
De l'inspiration, qui regagne le ciel»
Ni descripción de una atmósfera, ni alusiva tesis filosófica en esta reflexión del fauno (que, simplemente, soy incapaz de traducir) sobre lo onírico de su propio estado. El verbo se encadena siguiendo una necesidad sin que vicisitud alguna del hombre que sirve de apoyatura cuente realmente. En esto consiste precisamente la inmolación en y a través de la obra de arte. No se trata de sentimiento de trascendencia. Se trata de que el objetivo ser social, el fruto a veces exhaustivo de una telaraña de prejuicios, precisamente se aburra; se aburra al sentir que, en el trabajo efectivo de labrar palabras, sus intereses no cuentan y en consecuencia nada hay para él de interesante. Menos presente el escriba y más verídico el testimonio, más cercano a la palabra y a la sonoridad prístinas.
[Publicado el 15/7/2008 a las 11:06]
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Extraña dialéctica entre la heroicidad y la vileza a las que, en ocasiones, separaría tan sólo el espesor de un papel de fumar... La visión de la tauromaquia como esencial vileza subyace en las reiteradas tentativas de abolirla legalmente, con trampolín en ese espejo de narcisista reconocimiento que es para nosotros la idea de Europa. Es duro sentir que la causa a la que un hombre subordina sus inclinaciones y por la que literalmente se expone, la causa en la que vislumbra su cabal realización como hombre, le convierte, a los ojos mismos de los que comparten sus veinte años, en un ser exótico, en agónico representante de un universo periclitado.
Pero estos seres desarraigados con respecto a los valores de su tiempo tienen quizás la suerte de sentir que lo verdaderamente atroz no reside en ser infravalorado por el juicio del otro, sino en serlo por el propio. Saben que el repudio del que son víctimas sólo es letal cuando logra hacer mella en la interna convicción. De ahí que, desterrada ya la fiesta de los toros a los arcenes de la moral bienpensante y amenazada de positiva abolición jurídica, unos hombres, en algún caso rayando la adolescencia, inmunes al clamor de los lapidarios, apuntan en primer lugar a vencer la peste interna (el casticismo y el simulacro que tantas veces degradaba su tarea), tras lo cual nos ayudan a asumir que la fuga ante lo inevitable es más terrible que lo inevitable mismo. Esos hombres nos brindan simplemente un espejo verídico de entereza, esa andreia, literalmente hombría, de los griegos que se atribuía tanto a hombres como a mujeres."En primer lugar -escribe Aristóteles- debe atribuirse la andreia al que no es presa de miedo ante la hipótesis de una muerte digna."
[Publicado el 14/7/2008 a las 10:33]
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Escribía hace unos días que cuando el artista y el científico se hayan atravesados por esa radicalidad espiritual que designaba como disposición filosófica, entonces su tarea alcanza connotaciones que han sido tradicionalmente vinculadas a la figura del héroe, la figura del ser que alcanza la libertad no de sí mismo, sino precisamente sobreponiéndose a sí mismo. Mas la tarea del arte no está nunca definida de manera unívoca. El ser humano se encuentra en ocasiones inclinado a combates que el protagonista vive como capitales, como susceptibles de ejemplaridad moral, por lo cual, con toda legitimidad, reivindica para su entereza un reconocimiento. Hace unas semanas en primera página de periódicos (no todos españoles), caracterizados por sus posiciones ilustradas, pudo verse la imagen de un hombre al que miles de personas aclamaban como un libertador en razón de que en un coso de Madrid había rozado la frontera de la inmolación. Pues bien:
Esta atención resultaba tanto más sorprendente cuanto que todo, en el sistema de valores imperante, empuja a negar la condición de héroe al protagonista del ascético combate, la sobria confrontación, a la que en ocasiones da lugar el encuentro entre un torero y un toro. La primera razón de ello es que la ética, como racional aspiración a una paz entre humanos (que sería corolario de una situación social que garantizase la dignidad material y espiritual) ha sido sustituida por una exigencia de universal conciliación con el común de los seres animados, entre los que el hombre carecería de papel jerárquico. Esta nueva ética tiene para el orden establecido la ventaja de ser perfectamente inoperante, pues, de hecho, nada amenaza la relación social de fuerzas que hace inevitable el despilfarro de recursos, y degradación de la naturaleza. Mas la virtud que no se practica es virtud que mayormente se predica.
Y así desde los países mismos donde se gestiona el sistema de universal rapiña se expande urbi et orbi el nuevo evangelio que erige en criterio central de bondad el no ser especeista, equiparando la instrumentalización de un ser meramente vivo a la de un ser humano. Hace un par de años, en una feria ecologista de Barcelona, se ilustraba el eslogan "racismo=sexismo=especeismo" con la foto de un africano, una mujer y un chimpancé. Cuando esta amalgama no provoca respuesta...en algún registro esencial hemos sido vencidos: la vida a secas ha empezado realmente a primar sobre la vida del ser de palabra. Relativizar el peso de la propia vida sigue ¡siendo socialmente lícito (¡y hasta obligatorio¡) cuando se trata de quemar la vida en un trabajo embrutecedor, mas pasa a ser considerado una vileza cuando se vincula a la vida y muerte de un animal de otra especie.
[Publicado el 11/7/2008 a las 07:00]
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Cerro de San Cristóbal.
En la ciudad de Lima hay un cerro conocido como San Cristóbal, en las laderas del cual, ya cerca del centro monumental e histórico, se encuentra la plaza de toros de Acho, una de las más antiguas del mundo y lugar emblemático en la historia cultural y social de la ciudad. En la plaza de toros de Acho se han fraguado pactos y ajustado cuentas determinantes para el país andino, todo ello con motivo de la fiesta del Señor de los Milagros, mientras los más grandes espadas se enfrentaban a las más seleccionadas reses españolas o americanas.
Las calles que circundan la plaza, prolongación hacia el cerro de la ciudad colonial, tienen casas de color albero y, por un prestigio de la imaginación, cabe ubicar en sus plantas establecimientos de comida, donde, antes de los espectáculos, el pueblo de Lima se congratularía por la simple promesa de una fiesta. Me complazco en la imagen, cuando menos anacrónica, de una hostería popular, tentadora para cualquier segmento de la población, con profusión de ceviche de carne, de pescado o mixto, tiradito, cocoto, y la cerveza Malta (cuya fábrica se encuentra -o se encontraba hace unos años- en la zona) pisco y hasta vino de Ica; una hostería limpia y alegre, en un barrio cuyas calles de albero tendrían todas matriz en el templo en el que alcanza significado pleno la expresión Señor de los Milagros... Imagen sin duda dolorosamente mirífica:
No hay fiesta compartida en la ciudad de Lima; no hay el análogo de ese teatro en el que los campesinos áticos contemplaban lo que les unía en destino a los ciudadanos más privilegiados de su ciudad. En Acho, las laderas del cerro San Cristóbal se han llenado (como las laderas de todos los cerros de Lima y prácticamente de todas las ciudades de la América Ibérica) de esas parodias crueles de las cabañas de los indígenas serranos a las que antes me refería, donde el plástico ha sustituido a la arcilla y la rata al lama.
Por las laderas del cerro, quizás un tiempo sobria referencia protectora, desciende sobre el entorno del templo de Acho un desolador caudal de indigencia material, generador, inevitablemente, de penuria espiritual. Y así, durante los festejos del Señor de los Milagros, un policiaco cordón, llamado a proteger a los que asisten al festejo de la amenaza colindante (y de la paranoia a la que sirve de coartada) separa la plaza de toros más vieja de América de las gentes del pueblo que le hubieran dado plenamente vida y para quienes la tauromaquia es hoy día, por la fuerza de la alienación social que no por los argumentos de los anti-taurinos, algo profundamente ajeno.
[Publicado el 10/7/2008 a las 09:52]
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Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
05/9/2008 14:24
Publicado por: Melville
04/9/2008 20:41
Publicado por: F. Espresate
04/9/2008 17:08
Las necesidades del hombre son...
Publicado por: alpan
04/9/2008 16:53
Publicado por: mujer
04/9/2008 13:36
Publicado por: Atea
04/9/2008 01:08
Publicado por: dana
03/9/2008 15:59
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:57
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:22
Publicado por: Atea
03/9/2008 10:40
Publicado por: claro
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