El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Blog de Javier Rioyo

Con Parra de parranda

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Me gustan sus antipoemas. Y sus poemas. Me gusta su capacidad para provocar a los académicos y su manera de burlarse de muchos, de casi todos y de sí mismo. Me alegra leer los versos más alegres esta noche, antes de dormirme. Escribir, por ejemplo: "Veo que están bostezando: / No importa/ Bienaventurados los que tienen sueño. Porque no tardarán en quedarse dormidos". Nada de noches estrelladas, ni de bellos poemas de amor, ni canciones desesperadas. Nicanor Parra, de él estoy hablando, que sigue durmiendo poco, es de los grandes poetas vivos en nuestra lengua. En la más suelta de las lenguas, en la lengua absuelta de su manera desmitificadora de acercarse a la poesía.

Hoy me han dado la alegría lectora con la llegada de esa antología de Parra que se llama "Parranda larga". Libro para sacar por las noches, también por el día, y caprichosamente abrirlo por dónde el destino quiera.

Dicen que ya no ganará el Premio Cervantes, apenas tiene 96 años pero parece que no está dispuesto para el viaje. Cuando recibió el Premio Juan Rulfo, en Guadalajara, México, en 1991, ya empezó a bromear con su salud. Aunque dejó escrito el llamado "Discurso de Guadalajara: afonía total/ Huelo + a cipreses que a laureles"

En los años ochenta fui a Santiago de Chile con sus "Hojas de parra" y con deseos de hablar con él, estaba fuera. Me tuve que conformar con escuchar canciones de su hermana Violeta cantadas por sus sobrinos. Nada que ver. Me engañaron en el cambio.

Nicanor sabe de buenos cambios: "Cambio lola de 30/ por dos viejas de 15...Cambio gato enfermo de meningitis/ por aguafuerte del siglo XVIII..."

Un buen maestro de poetas, buen consejero de vida y de milagros. En poesía se permite todo: "...Alimentar abejas con hiel / Inocular el semen por la boca / Arrodillarse en un charco de sangre / Estornudar en la capilla ardiente /Ordeñar una vaca / Y lanzarle su propia leche por la cabeza"

 

Me gustan los chilenos. Me gustan los poetas chilenos. Nicanor y sus contrarios. Hoy toca Parra. Y hoy nos reconocemos en nuestros queridos chilenos, tan acostumbrados a vivir convulsamente, tan distintos de los argentinos, de los españoles y tan parecidos.

Me voy pero les dejo con otro poema. Ese dedicado a su patria llamado "Chile:

Llegan a los 40 con barriga / Andan a salivazos con el cielo / No reconocen méritos a nadie / Dicen estar enfermos y están sanos/ Y lo peor de todo/ Dejan papeles sucios en el prado"

Me gusta este poeta incapacitado para vivir en paraísos con tontos solemnes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Publicado el 18/3/2010 a las 09:33]

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En compañías reales, tangibles, queridas, desconocidas, amables, apreciables e inapreciables pasé unas horas en Huesca. Ciudad humana, demasiado humana, con paisajes, paisanajes, aires, soles, vientos y fríos que me son muy queridos. Con alguna estatua en algún parque que siempre me pone melancólico y defensivo. Lo que ayer ignoramos, perseguimos, acosamos y destruimos, hoy lo sacamos en procesión. Lo convertimos en emblema de una ciudad a la que sientan bien la convivencia, la libertad y el espíritu del saber gozar. La ciudad de Ramón Acín, mártir del pensamiento libre, libertario de bien y asesinado en compañía de su mujer. La ciudad de Pepin Bello, el más elegante de los maestros hispanos del no hacer nada. Nada con sudor y madrugando, que en su larga vida más que centenaria hizo muchas cosas. Otro día contaremos.

En Huesca y entre periodistas digitales. Si me reclama el novelista, poeta y periodista Antón Castro, está claro que hay que emprender el viaje. Fue el encargado de coordinar una mesa de diálogo sobre el "final de Gütenberg" que me tocaba compartir con el experto en futuros digitales, Albert Cuesta. Desde luego fue breve. No estoy seguro de mucho más. En poco más de media hora me tocó defender la normalidad con la que hemos llegado a otras formas de leer sin haber abandonado- ni tener intención de hacerlo- las que desde Gütemberg han llegado hasta nuestros días. En el público había trescientos jóvenes, unos más que otros, que nos apuntaban con sus portátiles, sus teléfonos y con sus armas cargadas de futuro. El continente está cambiando, el contenido lo estamos cambiando. Eso es lo que me importa. No el soporte. No el negocio editorial. No los que más venden, ni los que más publican, lo que de verdad me importa es lo que me digan los que me son cercanos y esenciales. Desde los caminos de Itaca a los de Seattle. De lo que apenas pude expresar en público leo que "soy un pirata olvidadizo". Que leo libros en mi portátil electrónico que no he podido pagar. Ergo soy pirata. Espero que no se entere Miguel Bosé y me mande con los manteros.

El periodismo muchas veces es acelerado, inconcreto, difuso, desinformado, parcial y muy acelerado. En el futuro digital todo está siendo igual pero más rápido.

Algunos no tenemos tanta prisa. Yo no quiero bajarme en esas estaciones en las que todo es instantáneo como un mal café. No me resisto a ninguna tecnología, a ningún desarrollo que nos abre y amplía las posibilidades de decir algo pero sé que hay cosas que solo se pueden decir despacio, sin prisas, con pausas. El futuro ya está aquí. Algunos lo viven tan velozmente que no se han enterado de que eso ya es pasado.

Me gustó pasear en compañía de Antón, y otras buenas compañías, por lo estable, presente y futuro del arte extraído de las basuras. Y de la memoria pintada y contada por dos hermanas, Sol y Katia Acín. Y degusta pararme para leer poemas que se han escrito en la era del periodismo digital: ¿Y qué?

Dice Antón Castro, en ese libro que llama "Vivir del aire": "Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo: dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos..."

[Publicado el 15/3/2010 a las 09:09]

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No hacer nada

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Estoy muy ocupado reflexionando sobre el placer de no hacer nada. Lo vengo practicando, trabajando, hace muchos ocios. Lo complicado convertirlo en negocio. Al menos sacar unas rentas que nos permitan vivir como "un Pepín Bello" de nuestro tiempo. No es fácil, es todo un arte. Y para destacar en algún arte hay que ser un artista. No paso de artesano del encuentro. Ahora he tropezado con la reedición  de una de las pequeñas delicias mordaces del imprescindible Oscar Wilde. Gracias a la editorial "Rey Lear", y con nueva traducción, hemos vuelto en un momento oportuno a esta perla llamada "La importancia de no hacer nada". Después vendría "La importancia de discutirlo todo" y un poco antes había publicado "El retrato de Dorian Gray". Año importante para llamarse Oscar.

El breve ensayo sobre el placer de no hacer está forjado con la mejor ironía del autor, con ese arte para colar con humor serios pensamientos, con esa habilidad para hacer brillantes frases que caen en el texto como deliciosos engreimientos literarios,  invitaciones a un placer que se desvanece con la delicia del mejor cigarrillo. Como el humo elegante de uno de esos pitillos que te proporcionaban el encanto de dejarte insatisfecho. Todavía me acuerdo. Y en la superficie, y en el fondo, una muy ingeniosa reflexión sobre la razón y el sentido de la crítica. Sobre críticos tan auténticos, éticos e imparciales que nunca se dejarían influenciar por presiones, compras o invitaciones. Y sobre los otros, sobre los normales, sobre esos a los que una invitación adecuada puede hacer cambiar la opinión, "hay cenas que ejercen sutiles influencias".

 Se defiende al crítico frente al creador. "Cualquiera puede escribir una novela en tres volúmenes. Sólo se necesita una ignorancia absoluta de lo que son la vida y la literatura...Es mucho más difícil hablar de una cosa que hacerla". Y sabe bien de qué está hablando, aunque podría estar hablando de aquí y de ahora. No han cambiado tanto ni los autores, ni los críticos. "Se ha dicho a veces que no leen hasta el final las obras que les piden criticar. Y no lo hacen. Al menos no deberían hacerlo...Y tampoco es que sea necesario. Para conocer la cosecha y  calidad de un vino no hace falta beberse un barril entero. Media hora de lectura debería bastar para saber si un libro vale algo o nada. En realidad basta con diez minutos..."

¿Cómo no querer a Oscar Wilde?   Capaz de no disimular algunas de sus pasiones. Caer en ellas, y seguir, insistir, volver...hasta la prisión, hasta la muerte, pero ni un paso más. Tuvo erotismos distintos a los nuestros, pero le entendemos muy bien. Siempre a favor del dulce pecar. "Lo que llaman pecado es un elemento esencial del progreso. Sin el pecado, el mundo se estancaría, envejecería, se volvería gris...Nos salva de la monotonía de la especie al reafirmar el individualismo"

En fin lo dejo, con mis gracias al editor, al mismo del que me tendré que ocupar dentro de unos días porque ha traducido la novela preferida por Hitler, y eso no me lo pierdo. Me voy a mi media hora de lectura. No más, que tengo que hacer un poco de periodismo. Dos oficios muy diferentes. "El periodismo es ilegible y la literatura no se lee". Creo que me haré crítico, me gustan las artes mayores. Y bien remuneradas.

 

[Publicado el 10/3/2010 a las 21:15]

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Perdiendo en los Oscar

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Otra vez he perdido en los Oscar. Como pierdo en los demás juegos de azar. Pero en los Oscar ha sido una dulce derrota, podía haber sido peor. Podrían haber compartido premios "Avatar" y su supuesta competidora, "En tierra hostil". Y así todos los negocios hubieran quedado contentos. Por un lado el negocio de la pela, el de la industria, para ganar más, y más y más. Y por otro lado, por el negocio de las inversiones patrióticas, las hábiles intenciones de esa falsa película "indie" que  resultó ser la muy correcta ganadora de la noche. Conste que me gustó la tensión de la película de Kathryn Bigelow, pero no me creí su ética, ni su limpia guerra sucia, ni el estilo de diseño de pañuelo palestino de boutique, ni el retrato del riesgo, ni el uso de los iraquíes, ni la drogadicción guerrera de los especilistas desactivadotes. En fin, que siendo una película brillante en su narración, no me la creo en todo lo demás.

Con "Avatar" es distinto, es un buen viaje visual, que me cansa después de unos minutos de sorpresas estilísticas. Todas las demás candidatas a mejor película- excepto "The blind side" y "Distric 9" que no he visto, ni pienso correr- me parecen más interesantes, desde la historia y desde el cine. Pero los "Oscar" y los negocios son así.

Perdió la sutil e inteligente "Up in the air". Una de las mejores del año. Perdieron las judiadas de los Cohen, "Un tipo serio", que eran la única comedia en medio de tanto drama y melodrama. Deliciosa película de los adolescentes de los años sesenta en un pueblo de la profunda América/judía de clase media. ¿Y pensar que no se me hizo nada ajena? Me ganó desde el principio y por una de las canciones de mi juventud, "Somebody to love" de Jefferson Airplaine y de la muy hermosa Grace.

Perdió "Up", una grande que trasciende ser de animación. Perdió la mordaz y un poco disparatada "Malditos bastardos" del más gamberro de los "freaks" americanos, Quentin Tarantino . Y perdió, "An Education" ¡ay!, esa delicia inglesa con guión de Nick Horbny y presencia de una de las más encantadoras jóvenes de los últimos años, Carey Mulligan, esa jovencita a los que a muchos no nos importaría poder educar, o algo.

Los de "Precious" y sus premios, o sus derrotas, me importan menos.

Me alegra el premio de Jeff Bridges, me cae muy bien desde "Last picture show". El resto de los premios americanos me es igual. No entiendo que no estuviera el impecable Javier Aguirresarobe con su fotografía de "The Road". Y, desde luego lo que no conseguiré entender es que "Shutter Island", de Scorsese, una obra maestra, no estuviera presente. Y, nada me hubiera molestado que la muy estética e interesante, "Un hombre soltero", hubiera tenido algún premio, alguna.

De las películas  no anglosajonas me molesta que no hubiera la posibilidad de premiar, por una vez, dos películas. La inteligente, brillante y eficaz - y felizmente premiada- "El secreto de sus ojos". Y a su lado, para mí por encima desde muchos puntos de vista, la obra maestra del cine del pasado año: "La cinta blanca", esa joya sin concesiones de belleza y dolor, de dureza y ternura, de derrotas y pérdidas que dirigió Michael Haneke.

Otro año que me quedo sin Oscar. No importa, el cine también está entre los derrotados, a veces mucho más que entre los triunfadores. En eso se parece a la literatura. Incluso se parece a muchos de los mejores seres humanos. Seguiré, como desde adolescente, pegado a esta fiesta del cine que tantas veces hace que me parezca que Hollywood tampoco es la mejor residencia para pedir que la realidad se parezca a nuestros deseos.

Además, siempre aciertan con algunos. Por ejemplo, dos que me causaron una alegría que no tenía misterio. Dos de los Oscar honoríficos. El del genio, tan barato, independiente, imaginativo y arriesgado que fue, que es, Roger Corman. Y el premio para aquella mujer que entró en el cine, y en nuestras vidas, pidiendo fuego. Como si hubiera pedido guerra, siempre nos hubiéramos quemado por una chica como Lauren Bacall.

[Publicado el 08/3/2010 a las 22:01]

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España, aparta de mi ese toro

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Somos una camada en extinción?  Primero tomarán Cataluña, seguirán por el norte ibérico, avanzarán hacia la meseta y abortarán con las últimas resistencias de los bárbaros del sur. Ya habían liberado las islas sin godos que se enfrentaran. Los buenos, los sensatos nos pacificarán a golpe de decretos. Somos pocos, somos los últimos bárbaros de Europa. Quedan, eso sí, unos insólitos focos de resistencia en tierras del sur francés, unos raros, extravagantes españolizados, tan pocos y tan desarmados cómo lo fueron aquellos olvidados afrancesados españoles de nuestro remoto siglo XIX. Desde Cataluña nos impondrán un país mejor. Un país más culto, con más progreso moral, sin salvajadas. Con más desarrollo intelectual, con menos asesinos y menos incultos. Un país de las maravillas dónde los lectores tendrán muchas obras de Espido Freire para elevar su nivel literario. Y la lógica, incluso la filosofía, conocerán florecimientos abanderados por maestros de la talla de Jesús Monteserín. En fin, un país libre de vergüenzas, de muerte en público, de violencia y de maltrato a los animales.

Qué suerte. Qué bonito futuro. Qué limpia y neta quedará ese modelo de ciudad, esa hermosura internacional y cosmopolita de Barcelona. Con el tiempo todos seremos Barcelona, con su Vicky, su Cristina y su Tibidabo. Y todo el país será catalán, con  bellos y verdes valles, ecológicos y hermosos  pueblos liberados de crueldades. Limpios y sanos como sus altas, grandiosas, religiosas y tan humanas montañas. Con acogedoras playas para esperar la hora de divertidas fiestas, con sus orfeones, sus músicas y sus hermanados bailes. Todo mejor, más limpio y más neto sin esa lacra foránea, extranjera, tan española como brutal, de la fiesta taurina. Con sus moscas, su sol y sombra, sus palmas y sus gritos. Un mundo sin matarifes ni trajes de luces. Sin  esa tauromaquia como una de las brutas artes. Sin pasodobles y sin músicas calladas. Sin "Casa Leopoldo". Incluso sin barrios chino/españoles/moros, sin paralelos, sin cañís y sin anís de Chinchón. Y, por supuesto sin banderillas ni en la barra de una tasca, y sin tascas ni rabos de toro. Un país dónde Néstor Luján sea tan inexistente como Eugenio Noel. Un lugar dónde Manuel Vicent no tenga que escribir su artículo de todas las primaveras. Una patria dónde no quepa un tal José Tomás. Un lugar dónde habrá que purgar el pasado de un tal Serrat, aunque el verdadero culpable sea el huido de Sabina. Un país, cómo quería Luys Santamarina- que llevaba pistola falangista en la Barcelona entregada al enemigo, al Ruedo Ibérico del franquismo- dónde seamos sensibles al sufrimiento de un repollo al ser cortado- pero no dudemos en exterminar al otro. Un país sin fotos de Picasso en una barrera. Un país que niegue ese pasado cruel que equivocó al pacifista y afrancesado de Goya. Un país sin los poemas de Lorca. Un país dónde la belleza nunca estuvo en aquellas tardes de nuestra memoria con Rafael de Paula, Curro Romero, Antoñete y algunas tardes entre Barcelona y Madrid de un tal, repito, José Tomás.

Cautivos y desarmados por el ejército de la razón antitaurina, los bárbaros del sur, nos arrepentimos de aquellos sentimientos tan confundidos. Me gustaría saber, en esta hora de mi sincero arrepentimiento si ¿también tengo que arrepentirme de haber comido en compañía de mi admirado Jorge Wagensberg- que fue capaz de repetir en la cena-  aquellos tiernos infantes de cochinillos en Segovia? ¿Y aquél foie? Seguramente esos  animalitos de Dios habían tenido una muerte dulce y mucho cariño en esa hora temprana de asesinar a uno y en la tardía de cargarse al otro después de haberle jodido el hígado. Todo vale para el placer, todo está permitido para ser degustados, lentamente engullidos por humanos con una vida ilustrada y de moral tan alta, me refiero al sabio antitaurino. Sin duda es un hermoso destino ese ser sacrificados para mayor placer de tan ilustre ciudadano y  físico. No cómo ese otro físico y muy taurino de Miguel Ángel Aguilar Yo, desde mi admiración y respeto, te tengo que decir, querido Jorge, que no tiene que arrepentirte de nada. Ni de aquél día que en tu menú de ilustre gourmet caíste en la tentación de saborear un generoso rabo de toro de lidia.

 Hemos sido muy malos. Purgaremos cómo chinos en la revolución cultural. Intentaremos no caer en la tentación de comer esas cosas tan bárbaras y exquisitas Lo que sea por recuperar nuestro eslabón perdido en el desarrollo intelectual, pero, por favor, ¡que nuestra penitencia no incluya las obras completas de algunas "espidos freires"!  

[Publicado el 05/3/2010 a las 21:42]

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Mi tercer Gracg

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Al margen de los ruidos, de las ventas, de los premios, de los medios y los mediadores; siempre al margen ha crecido la literatura de Julien Gracg. Es la tercera vez que vuelvo a Gracq en éste bar. Me hubiera encantado haberlo conocido pero si lo hubiera encontrado en unos de sus viajes por España, no me imagino de qué hubiéramos hablado. Recorrió algunos cercanos caminos, cruzó por lugares que amo, escribió sobre queridos espacios, compartió varios de mis amores castellanos, navarros y del Delta del Ebro. Si me hubiera encontrado con el discreto escritor no le hubiera dirigido la palabra. O es posible que hubiéramos compartido, en silencio, alguna ensoñación mirando algún paisaje. También podríamos compartir un whisky mientras en el salón suena algo de Wagner.

Dentro de unos días estaré en una de sus ciudades, Nantes. Uno es de dónde hizo el bachiller. Gracq, que nació cerca de esa ciudad a la que supo dar forma literaria, es de esa ciudad dónde conoció la literatura de Stendhal, la ciudad de Julio Verne. Y la ciudad de Jules Vallés, ese escritor que representó una forma de anarquismo, de individualismo y rebelión, muy diferente a la de Gracg, pero tan querida. Julien Gracq también fue un rebelde, un ácrata educado, el primero en no aceptar el prestigioso premio Goncourt. Y el que nunca recibió el premio Nóbel porque bien sabían los suecos que nunca asistiría a la noble ceremonia.

 Ahora vuelvo a Gracg  por dos motivos. Dos nuevas traducciones de su obra, no muy extensa  pero toda esencial. Por un panfleto de los años cincuenta que fue publicado por Albert Camus, lo que una  vez más le honra, y que se llamó "La littérature à l'estomac". Traducida espléndidamente para "Nortesur" por Maria Teresa Gallego como "la literatura como bluff". Sesenta años después todavía tiene vigencia, aunque no seamos franceses, ni tengamos sus "reverencias" por la literatura, ni tengamos sus escritores. Sirve como grito inteligente contra la literatura tomada como una evasión, una diversión, para los ratos de ocio.

La otra razón, el otro libro que también es la primera traducción al español, es un curioso ejercicio a cuatro manos, "Trébol de cuatro hojas". Publicado por la cada vez más interesante editorial "Demipage" y reuniendo cuatro textos escritos a principios de los años cincuenta. Unos años en que el surrealismo estaba en plena lucha contra los nuevos realismos, los nuevos narradores y los viejos compromisos. Libro de ensoñaciones y realidades, cuatro escritos independientes, poéticos y fantasiosos, firmados por André Bretón, Julien Gracg, Lise Deharme y Jean Tardieu. La escritura como deseos de volar. La imaginación que se nutre de irrealidad tan cercana, esa magia cotidiana que tanto gustaba a Breton y  a sus amigos como Gracg.

En su relato, "Lo ojos bien abiertos", Gracg nos propone sacar partido de nuestra gracia de ser soñadores despiertos. Buscar esa cualidad de la ensoñación que nos permite acercarnos a la mirada poética, al viaje a la manera de Baudelaire. Un viaje dónde no es nada extraordinario poder permanecer atentos a nuestras ensoñaciones. Conseguir "la facultad de saltar con más ligereza, con más libertad, de una imagen a otra, de despertarlas en cadena con un código secreto, conforme a las leyes de correspondencia igualmente ocultas. En otras palabras, se trata de un cierto arte de la huída, más que una aptitud para percibir imágenes desconocidas".

Recomiendo: siempre volver a Gracg, por sus novelas, por sus letrinas, por sus viajes o por sus ensoñaciones. Un profesor casi oculto llamado Louis Poirier, que quiso que le llamáramos Julien Gracg. Doble homenaje a Julien Sorel y a los Graco romanos, aquellos guerreros y pacificadores que también viajaron por España. Otra historia.

 

[Publicado el 03/3/2010 a las 08:45]

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Juan y otros egos

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Como un barco cansado. Majestuoso y terriblemente humano. Vanidoso y cercano. Comedor de arepas, bebedor de vinos, de cervezas, de whiskys. Todo un símbolo que se escucha en lo que los otros dicen. Un poeta escuchándose a sí mismo, con su memoria viva, nostálgico de la tinta verde y sentado en el lugar dónde una vez lo hizo Alexander von Humboldt. Neruda pisaba por segunda vez  la España franquista, que ya no era la España de su corazón, la primera vez fue en Barcelona para un paseo en compañía del pintor Pepe Caballero y de García Márquez. Ahora pisaba tierra Canaria para comer arepas y para hablar y beber entre amigos. Le esperaban Pérez Minik, Westerdahl, García Cabrera. Le había convencido un joven periodista de perilla y bloc, un simpático e insistente amante de sus versos, de su historia, llamado Juan Cruz.

Juan acaba de publicar un libro único. Nadie como él podría haber contado tantas cosas con tantas personas que nos importan, que hemos admirado, incluso con algunas que hace tiempo dejamos de admirar. Un libro admirable. El mejor "cotilleo cultural" para inmensas minorías, sin tener que levantar ninguna falda que se resista, ni bajar bragueta que no se deje. No creo que hay un periodista que haya visto tanto y, desde luego, ninguno que viva su oficio con tal intensidad desde hace tanto tiempo y sin bajar la curiosidad así que hayan pasado cuarenta años.

Tengo la suerte de ser amigo de Juan Cruz, y de seguir al escritor y al periodista desde que algunos estaban enamorados de la moda juvenil y nosotros no nos habíamos afeitado nuestras jóvenes barbas. Algunas escenas de sus "egos revueltos" las he vivido, otras las he conocido y muchas se me aparecen por primera vez. Por unas u otras razones me parece un libro sin desperdicio.

 Difícil elegir algunas historias en tantas vidas cruzadas. Recomiendo abrirlo por dónde queramos, no hay página en la que no encontremos algo o alguien que nos gusta. O que nos disgusta. Toda clase de egos van desfilando, incluidos los propios egos del autor, que también desayuna los suyos. Uno de los encuentros que prefiero lo tuvo con Francis Bacon. Ese enorme artista, tan complejo, tan impenetrable, tan difícil. Un encuentro que estuvo a punto de frustrarse en la galería Marlborough de Londres. La entrevista fue posible porque dos asmáticos sacaron su Ventolín como dos vaqueros sacan sus pistolas. Una afinidad que hizo hablar al genio silencioso de Bacon. Eso y el amor que el pintor estaba viviendo con un joven madrileño. Muy Bacon eso de sentarse en el único lugar incómodo de la muy agradable galería londinense.

Muchas noches nos encontraríamos con Bacon en Madrid, en esos tiempos en que "El Cock" era nuestro lugar de muchas noches. Un artista cercano y lejano que murió en Madrid. Juan también nos recuerda al pintor muerto en un hospital de Madrid y con un letrero pendiendo de su dedo gordo, desnudo y una identificación: Bacon.

Otro gran momento es el perfil de don Juan de Borbón descubierto en un cine porno de Piccadilly. Esa parte tan humana de éstos Borbones, quizá la misma afición de casi todos los Borbones. Una anécdota que estuvo a punto de robarle el gran contador de anécdotas, el mejor retratista de nuestros escritores, Manuel Vicent. Se recuerdan algunas historias con Vicent como gran ficcionador de la vida cotidiana. Con el mismo Vicent que sigue reuniéndose para escuchar, para intentar hablar, para hacerse un hueco de algún ego entre tantos egos revueltos. Y viajando con Vicent nos regala el mejor de los consejos para viajar. Llevar lo mínimo. Llevar simplemente "el equipaje de un hombre", dos o tres libros de bolsillo y pocas cosas más en una maleta zen. Una lección.

Gran libro de Juan Cruz que además de periodista, algunas veces ha sido un cómplice dispuesto para conseguir cosas tan peculiares como un dentista para John Berger, un oculista para Paul Bowles o unos fisioterapeutas para Vargas Llosa y Rafael Azcona. Juan Cruz dispuesto a ser compañía en una habitación hasta que Cela empezara a roncar. Único periodista del que tengamos que incluir en su currículo que ha sido acompañante hasta mientras orinaran a tres escritores, tres. Cela es otra vez protagonista de una peculiar relación. Al que hay que añadir la petición sorprendente de María Zambrano, Juan se quedó discretamente fuera del baño. Y la ya muy conocida relación a pie de mingitorio con Borges. Al menos se salvó de la petición de Alberti, todo un campeón en meadas.

Un libro de memorias de un memorioso mayor de nuestro republicano reino de las letras. Ya estoy esperando esa continuación anunciada: "Los platos chinos". Pero esa es otra historia.

[Publicado el 28/2/2010 a las 22:02]

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Demasiadas virgenes

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Sobran vírgenes. Y sobran santos, milagros, éxtasis, santas familias, papas y hasta sobran frailes. Una pena. Un pintor que podría haber sido nuestro Caravaggio, que podía haber sido uno de los grandes holandeses y que se sabe muy bien por dónde habían ido Velásquez, Ribera o Zurbarán. Un pintor esencial del siglo XVII y, una ves más, un español disminuido, acotado, constreñido por la religión. Por aquello que se llamó "Contrarreforma" y que es la marca española de nuestros siglos más ricos en literatura, en pintura, en dominios y en derroches. Hablo de Bartolomé Esteban Murillo, ese pintor sevillano, un genio que estuvo demasiado acotado por sus "obligaciones" de pintor "oficial" del integrismo católico imperante en su época. Todas las iglesias, conventos y órdenes religiosas con poder y dinero querían un Murillo en sus demostraciones de poderío. Era el pintor de moda para los más reaccionarios de los poderosos poderes eclesiásticos. Un enorme pintor que hasta avanzado Mayo se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Una exposición sobre el "joven Murillo" dónde hay, más allá de los cuadros religiosos, unas cuántas joyas "civiles". Un gran pintor de los pícaros, los pobres, las prostitutas, las viejas orgullosas, los golfos adolescentes, los chicos de la calle. Un pintor que podría habernos dejado uno de los mejores legados sobre las miserias de la vida cotidiana en la que era la cuarta ciudad más importante del mundo. Sevilla en el siglo de Murillo, con más 130.000 habitantes, era la gran metrópolis después de París, Nápoles y Londres. La fascinante ciudad barroca, la que conoció el paso del oro y la lepra, los esclavos y los poderosos, el mejor arte para unos pocos y la calle para los supervivientes. Ciudad de todos los peligros, todas las diversiones y todas las fugas posibles. Ciudad para llegar de otro mundo o para viajar al otro mundo. Sevilla barroca, cristiana a la fuerza, expulsadora de los "otros", amparadora de los encubiertos. Ciudad que vio crecer a los mejores pintores de su tiempo. Ciudad de Murillo. Aquél gran pintor de la calle que se perdió en hermosas pinturas con demasiadas vírgenes. Ya no hay vírgenes como las de entonces. Tampoco hay pintores como aquellos. Ahora son fotógrafos. Ahora son video artistas sin aquella contrarreforma pero al son de las mentiras del mercado. Y de otras mentiras. Brindo por el Murillo que pudo ser y no fue. Si pueden, no se lo pierdan.

[Publicado el 26/2/2010 a las 19:27]

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Bergamin, un rolling stone

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A veces paso por la Puerta de Alcalá, me pierdo por el Retiro y regreso por la Cuesta de Moyano. Otras veces hago el recorrido a la inversa. En los dos casos, al pasar por la Plaza de la Independencia- creo que así se llama- sonrío al ver la placa dedicada al nacimiento de José Bergamín. Recordar a Bergamín me hace sonreír, lo contrario que parece pasarle a Muñoz Molina. Apenas pude hablar con él unos minutos pero nunca olvidaré su presencia, sus cosas, algunos de sus libros, muchos aforismos y poemas, poemillas, duendecitos, coplas o los queridos cantos rodados. Así era Bergamín como un "rolling stone", sin rock, ni drogas ni dinero. Un "rolling" de la cultura española del siglo XX. Un resumen de todos los excesos. Estuvo en todas las fotos. Conoció todas las contradicciones y tuvo una vida que reclama una biografía, no unas líneas para despachar con injusticia sus dudas y sus certezas.

Una vez lo visité en su casa, en compañía de mi amigo Vicente Alberto Serrano, al que tantas cosas debo que nunca termino de pagar. Nos reímos con el flaco, seductor y contradictorio autor. Vivía en una pequeña buhardilla de la Plaza de Oriente. Se le dieron bien las plazas, nació en una de las más bonitas de Madrid y terminó en la más abierta y occidental, la Plaza de Oriente. Más de una vez tuvo que esconder su risa y sus huesos de la barbarie franquista que allí tenía la costumbre de citarse para gritar juntos, prietos y en filas. Bergamín  frente a Palacio: "yo, como siempre frente a la monarquía", decía con su casi sonrisa. Su vida fue rica en aventuras, llena de versos libres, de pensamientos sueltos, de secretos y de pocas confesiones.

Yo le recuerdo por mis paseos y, sobre todo, porque tengo en mi mesa el primer tomo de sus poesías completas. Han salido en Pre- Textos y son unas perfectas compañías para hacerme un poco más "rolling stone".

Unos cantos rodados:

"El que tiene razón siempre

no siempre tiene verdad:

muy pocas veces la tiene"

 

"la música es una trampa

que tiende el Diablo a la luz

para intentar atraparla"

 

"hacer la verdad mentira

y la mentira verdad

es jugar con el Diablo

a perder para ganar"

 

Ya se sabe que con los Rolling, con Aute y con Bergamín siempre parece que anda suelto el Diablo.

[Publicado el 24/2/2010 a las 00:50]

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Libertinos, radicales

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Hubo un tiempo en que con mucho placer leí literatura libertina. También hubo un tiempo en que me levantaba temprano. Después uno va cambiando costumbres, gustos, libros, libertinos y libertinajes. Sin embargo ahora me siento rejuvenecer con el regreso de algunos de los imprescindibles: Casanova, Sade y, desde luego, los rescates de dos joyas paralelas, parecidas, diversas y convergentes en tantas cosas como son las últimas obras traducidas al español de Mirabeau y de Mirbeau. No hay que confundir éstos dos apellidos de ilustres y libérrimos escritores franceses.

Primero en el tiempo está Honoré Gabriel Riqueti, conde Mirabeau, nacido en la mitad del siglo XVIII- ¡gran siglo francés!- y que, como algunos de los mejores de su tiempo, fue un aristócrata poco convencional. Tremendo y excesivo en amores, fugas, atrevimientos y provocaciones, éste francmasón que fue escritor y diplomático, primo del divino Marqués y compañero de prisión en Vincennes y que escribió algunos libros tan deliciosos como "La educación de Laura". Primer libro de una nueva colección dirigida por la muy querida Paula Cifuentes a la que también imaginamos gozando como traductora  de ésta corta novela de tan alto contenido didáctico. Una obra especialmente recomendable para jovencitas deseando iniciarse en los misterios del erotismo que estén en trace de desconfianza de las mentiras y falsas moralidades con las que suelen ser confundidas por sus entornos y de sus educadores.

El libro tiene un alto contenido autobiográfico, lo que hace que nuestro aprecio por Mirabeau aumente después de la placentera lectura. Muy apropiado para tardes de invierno así como útil para recuperar ardores y calores. Recordar que Mirabeau también fue un gran parlamentario. ¡Ay!, nada  fácil encontrar ahora y entre los nuestros algún escritor o parlamentario que pudiera resistir ni una lejana comparación con tan elegante y procaz escritor.

El otro Octave Mirbeau- y no el primero de sus libros que nos recupera el olfato y atrevimiento de la editorial "Impedimenta"- es "El jardín de los suplicios". Otro autor para llevarse a la cama, al sofá, al cuarto de baño, de paseo o las aulas. Nació un siglo después de Mirabeau y fue precursor en algunos atrevimientos narrativos que llegarían después desde Rusia o desde las vanguardias. Admirado por Apollinaire. Y por Buñuel, que llevo al cine su "Diario de una camarera", es también un autor con el marchamo de libertino. Fue un revolucionario en modos, contenidos y alguna vez  acusado de provocador y escandaloso. Se atrevió, entre otras historias destapadas, a contar violaciones de adolescentes por parte de sacerdotes. No hemos inventado nada. Todos los escándalos ya están en los griegos, todos los excesos en la Biblia y todos han sido reescritos a lo largo de los siglos por escritores que han querido ser libres. Lo que hace notable las narraciones de Mirbeau es que, más allá de su "realismo duro, sucio" sea tan elegante y sutil en su escritura. Esa sutil, refinada y eficaz manera que desde su humor, bastante negro, tiene de enseñar una cara verdadera de los "tartufos" e hipócritas de la clase dominante. Y también de las miserias de muchos de las clases "dominadas".

Elegantemente provocador ésta novela es para "los sacerdotes, a los soldados, a los jueces, a los hombres, que educan, dirigen, gobiernan a los hombres, dedico, estas páginas de asesinato y sangre". Creo que casi ninguno de esos leyó con aplicación al radical Mirbeau. Tampoco lo hicieron con el libertino Mirabeau.

[Publicado el 19/2/2010 a las 00:29]

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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