Siguiendo la invitación de maría flor- sigo con sus minúsculas- hoy propongo otra lectura que me he encontrado buscando libros adecuados para viajar. El libro que leo no es adecuado, según su autor, pues es de un volumen algo mayor que el bolsillo habitual. Pero es un libro por el que merece la pena hacer una excepción. Y así se llega a uno de sus capítulos que da título a lo que nos hace escribir: Libros para el viaje. Son consejos del curioso de muchas literaturas y bastantes drogas, Aldous Huxley. Se llama "Si mi biblioteca ardiera esta noche". Hermoso título que me da escalofríos.
Se habla en él de arte, literatura, música y "otras drogas". Pero hoy, esta tarde, esperando un vuelo a Barcelona, en una cafetería de la madrileña terminal 4, antes de conocer la nueva terminal barcelonesa, me detengo en unas líneas de recomendaciones de Huxley. Yo no conseguiré hacerle caso, pero quizá otros sean más listos.
" Las cualidades esenciales de un buen libro de viaje son las siguientes. Tiene que ser una obra de tal tipo que uno pueda abrirla en cualquier parte y estar seguro de encontrar algo interesante, completo en sí mismo y susceptible de ser leído en breve tiempo.
Un libro que exige atención constante y esfuerzo mental prolongado no sirve para un viaje; cuando uno viaja, el ocio es escaso y está teñido de fatiga física, la mente está distraída y es incapaz de realizar esfuerzos dilatados.
Pocos libros de viajes mejores que una buena antología de poesía en la que cada página contiene algo completo y perfecto en sí mismo. Las breves pausas del trabajo que el turista autoinmolado se permite a sí mismo no puede ser más deliciosamente colmadas que con la lectura de poesía, que incluso puede aprenderse de memoria; porque la mente, a pesar de ser renuente a seguir una trama, obtiene placer ante la menor tarea de memorizar palabras melodiosas..."
Y sigue hablando de otros libros ideales para el viaje, ya no poéticos. Por ejemplo la "Vida de Jonson" de Bowell. O las " Máximas" de La Rochefoucauld. Me acuerdo de una: "Hay poca gente que sepa ser vieja". Por eso a los mayores nos sigue gustando la joven Susana.
[Publicado el 02/7/2009 a las 17:07]
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Desde que en la edad del acné, al empezar los adioses a la adolescencia, encontramos nuestro primer libro de Onetti, nunca lo hemos abandonado. Podemos aplazarlo un tiempo, pero siempre volvemos a él. Sigo volviendo ese infierno tan temido, sigo volviendo a sus calles, sus personajes, a Santa María y a esa ciudad, Montevideo, que conozco mejor por haberme acompañado de sus libros. Ayer, escuchando a Juan Cruz y a Felix Grande, volvimos a transitar por un territorio llamado Onetti. Un mundo que se hace con cigarros, whisky y palabras escritas. También con silencios. Y Onetti se nos hizo cercano, paseante, como si levantado de su cama madrileña nos invitara a compartir extrañezas. Y para seguir en su compañía dos últimos acompañantes: la revista "Turia" que dedica un cartapacio lleno de testimonios, de lúcidos acercamientos y que descubre un cuento inédito. Gracias otra vez a Raúl Maícas capaz de hacer necearía la visita a su periférica revista.
Y también gracias a Hortensia Campanella y a la editorial Galaxia Gutenberg, que avanzan en las obras completas y nos entregan en tercer tomo con cuentos, artículos y miscelánea.
Entre otras cosas encontramos un autorretrato que nos identifica a tantos. El escribía en la edad madura de sus sesenta años pero lo podría haber firmado antes, después con esa forma de escribir de trampas, acaso mentir, acaso decir la verdad:
"...En cuanto a mí, hace muchos años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión.
Es que mi imagen avanza desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella"
[Publicado el 01/7/2009 a las 13:32]
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La obra se llama "Muerte de un viajante", fue el gran triunfo de Arhur Miller en el final de los años cuarenta. Después vendrían la euforia, el crecimiento de los americano, la guerra fría, el plan Marshall y la desconfianza con todo lo que fuera o pareciera cercano a ideas comunistas o socialistas. La obra fue dirigida por Elia Kazan, e interpretada por Lee J. Cobb y Arthur Kennedy, entre otros. Es la historia de la decadencia de un americano prototípico, el vendedor ambulante Wily Loman. Tiene sesenta años y su mundo, su trabajo, su territorio se está desmoronando. En América, también en Europa, está a punto de llegar la euforia del consumo, del confort. No hablamos de España, aquí éramos diferentes. Para Wily Loman, un soñador, un ser humano que supervive engañándose- como tantos otros- el mundo que se comenzaba a pintar de technicolor, ya no es su mundo. Es un fracasado. Un desempleado. Un hombre sin fortuna, sin futuro. Eso no lo puede soportar. El final es trágico, desolador, sin salidas.
Estoy leyendo otra de las novelas americanas que marcaron época. Una novela que fue la más famosa de su tiempo y que creo estaba muy olvidada. Otra novela, que también muestra la cara menos amable de un mundo que se dedicaba a querer exportar los modelos, los lujos, la forma de vida del imperio americano. La mayor democracia, el modelo triunfador, también estaba lleno de derrotados. Y de hombres aburridos, previsibles y cansados a pesar de tener familia feliz, bonita casa, amigos, aficiones sanas, algunas escapadas y trabajo. Demasiado trabajo. De eso trata "El hombre del traje gris", de Sloan Wilson. Con un prólogo de Jonathan Franzen se acaba de publicar en "El Asteroide". Completa la visión desencantada de un imperio del que estamos viendo su caída.
Para completar esa mirada a las trampas, los agujeros y los bulevares de sueños rotos que surgieron del país más libre y poderoso, del país modelo de todo occidente, también habrá que acercarse al lúcido ensayo de Vicente Verdú, "El capitalismo funeral". Pero eso merece otra parada.
Espero que el mundo vuelva a empeorar. Es decir, pase del paro de "muerte de un viajante" al trabajo, al aburrimiento y el hastío de la clase media y con trabajo. Que paren las desgracias de venir agrupadas. Esa manía de no venir solas.
[Publicado el 30/6/2009 a las 13:26]
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Luis Mateo nos paseó por un "callejón de gente desconocida". En ese callejón se encuentran toda suerte de extraviados, inseguros, perdedores o perpetuos aprendices. Gentes como los escritores, como nosotros, necesitados de la compañía y la soledad. Cada uno a su forma, con su estilo, con su música. El callejón por el que también transitan las mujeres de las ficciones de Mastretta o los residentes en las habitaciones de Muñoz Molina. Tres escritores buscando su patria. Viajeros, algunas veces extraviados, que siguen intentando desentrañar un particular mapa de una tierra a la que deben dar forma y sentido. Buscadores de las salidas de un laberinto encerrados en la misma habitación blanca en la que comenzaron sus encuentros con el oficio de novelistas.
Han pasado casas y años, vidas y muertes, pueblos y ciudades, ahí sigue el refugio: una habitación propia. Da igual que tenga vistas a Manhattan, un oscuro desván en Villablino o un jardín en México, ellos siguen inventándose patrias como si fueran perpetuos aprendices en un oficio en el que, aunque seas maestro, siempre llevas un alumno dentro. Lo decía Connolly, lo recordó Muñoz Molina: dentro de un hombre gordo hay un hombre delgado que grita pidiendo ayuda. A veces nadie le escucha, pero el escritor lo sigue intentando. Acude a Sor Juana Inés de la Cruz para encontrar un adjetivo, invoca a Paul Klee como modelo de concisión o espera la llegada de la inspiración, de la iluminación. De vez en cuando, están en el escritorio o en el burdel, en misa o bajo el aguacero, esos milagros les ocurren a elegidos escritores. Solo si se "ama la literatura como ama el ermitaño el cilicio que le da placer". Y ni así existe el milagro También se puede escribir cantando como Mastretta por José Alfredo Jiménez. Recordando, como Mateo, las voces del filandón. O escuchando a Thelonious Monk, como Muñoz Molina. Los escritores son exóticos. Como un niño de pueblo con sombrero de paja y fotografiado por un turista en la España de los sesenta.
[Publicado el 29/6/2009 a las 09:11]
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un raro español, antonio muñoz molina
Hace muchos años me encontré en Madrid con un joven serio. Acababa de publicar "Beatus ille", una sorpresa en la narrativa de los años ochenta. Llegaron escritores de mi generación y se pusieron a contar historias. Recontar el pasado, rescribir el presente. Llamazares, Millás, Ferrero, Rosa Montero o Gándara con Muñoz Molina y otros renovaron nuestra literatura. O al menos fueron puente para otras formas y otros fondos. Fuera estaba creciendo la "movida" pero ellos tuvieron la sinceridad de mirar hacia dentro, hacia atrás y hacia los lados. Lo que no quiere decir que no estuvieran dotados, unos más que otros de un muy singular sentido del humor. También del hartazgo o del desencanto. Como os guste llamarlo.
Hablaré de los tres escritores- maestros dice la cita- otro día. Hoy quería empezar diciendo algo del último en intervenir, de Antonio Muñoz Molina.
Desde su primera novela, incluso desde sus primeros escritos en los periódicos que después fueron sus primeros libros, sorprendía, su mirada moral. Su capacidad para reflexionar sobre "éste país de todos los demonios". No ha dejado de preocuparse de Sefarat, sus vicios, sus sueltas virtudes, sus heterodoxias y sus insoportables maneras de afirmar, de vez en cuando, lo peor de nosotros mismos.
Entre las muchas cosas que señaló, en su reflexión de español que vive voluntariamente desterrado en la capital del mundo la mitad del año, dos me sorprendieron y me hicieron reflexionar. No tengo tiempo, ni quizá ganas de hacerlo ahora, pero lo dejo señalado para invitación del que quiera hacerlo. La primera es que no fuimos demócratas, al menos que la mayoría no lo éramos y por varias razones. No sabíamos. E incluso no queríamos. Es cierto que algunos estábamos más preparados para que esto fuera un republica de izquierdas- ¿cómo sería eso?- que una democracia occidental. De esa carencia éstos lodos. ¿Queremos y sabemos ser demócratas?
Y la segunda cuestión, que mucho tiene que ver con la anterior. Llegará un día que no nos parecerá raro que alguien entre nosotros se levante, por ejemplo de un desayuno placentero de un domingo, y:"diga perdonarme, pero tengo que ir a misa". Y no pensemos todos, quiero decir los nuestros, nuestras afinidades electivas, lo que hemos elegido cómo amigos, ¡qué tipo tan raro! Soportaríamos amistades que fueran creyentes de esas misas que nos parecen tan incomprensibles a nosotros los cultos y demócratas. ¿Tiene que llegar nuestra formación democrática hasta el extremo de tener que admitir esos fanatismos religiosos? Las creencias y las misas, ¿también debemos admitirlas como las admitimos en nuestras madres, aunque no las compartamos?
Otro día sigo con Muñoz Molina y sus reflexiones. Incluso con algunos de sus educados y vehementes cabreos sobre el cómo somos y dónde vamos.
[Publicado el 26/6/2009 a las 14:25]
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Estoy en Santillana del Mar, escuchando a maestros tan cercanos como Luis Mateo Díez, Ángeles Mastretta y Antonio Muñoz Molina, hoy miércoles terminan las jornadas. Otro día hablaremos de ellos. Ahora quiero contar algo sobre su impresionante templo, sobre la Colegiata, ese lugar al que no había podido entrar porque siempre llegaba en horas de culto y yo no debo tener la cara, ni la aptitud del que acude a misa. Un guardia jurado, de la misma empresa que vigila en el pueblo los bancos, me impedía la entrada.
No me extrañaba, pensé que los templos volvían a ser lo que fueron centros de poder y dinero. Hay que expulsar de ellos a los que no somos mercaderes. Los templos se hicieron para el poder, su representación y el mercadeo. También había que disimular repitiendo los ritos y los rezos que confirmaban nuestro sometimiento al poder.
Al templo de Santillana- si no eres del rebaño de las misas, rosarios y otros rituales- se entra pagando. Era así de sencillo. ¡Y yo pretendiendo entrar sin pasar por taquilla! Que inocencia, que ingenuidad la mía. Ayer, en compañía de escritores, periodistas, profesores y otros descreídos- con algunas excepciones- pude traspasar las puertas del templo. Y admirar su riqueza, sus símbolos de viejo poder. Ya no es l oque fue. Pero fue de una admirable belleza y de un gran poderío económico.
Colegiata porque no quiso depender de las órdenes y los monasterios castellanos. Colegiata para poder seguir manteniendo propiedades, prebendas y negocios. Se mantienen o arriendas las tierras. Y se amplían los derechos concedidos sobre el negocio de la pesca de la ballena en Suances o los salmones de Hinojedo, dos de las muchas concesiones para hacer dinero "limpio". Había otras y no siempre de negocios visibles. También estuvieron en negocios más turbios. Fueron tan poderosos, tan ricos sobre tierras y ganancias sobre la pesca, la caza y otras explotaciones comerciales, que generaron un enfrentamiento con algunos de los nobles de la zona. Y surgieron laicismos seculares. Los abades, u obispos, negociando con los ricos o enfrentándose a ellos. Esa es la vieja razón de las riquezas de los templos. Esos lugares de negocio, poder y mercadería. Desde sus orígenes a nuestros días.
[Publicado el 24/6/2009 a las 09:29]
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La clase trabajadora no irá al paraiso
Escuché con sorpresa, aunque lo había leído, que obra tan satírica y saludable como "Viaje a Cotiledonia" sea la menos vendida en los cuarenta años de Tusquets. Libro paralelo y anterior al Cortázar de "cronopios y las famas". Ejemplo, los Onerarios: entusiastas del trabajo, para los que "sólo cuentan los jalones de la industria y el estiércol de la estadística. Y ponen códigos muy suyos para hacer trabajar al gandul y despabilar al contemplativo". Aburridos. Prefiero a trabajadores que como de Moura o Lamadrid, son capaces de disimular su sudor presente o de enterrar un pasado de nobles negreros con su pasión por la vida y la literatura. Gentes que compartieron veranos, playas y bares del Ampurdám, con los Regás, Gil de Biedma, Puig Palau, Ridruejo, Herralde, Villavechia o con un joven Serrat que también trasnochó con esos maestros en bucear placeres, en gozar, leer y burlar la dictadura. Algunos escucharon eso de "señorito, los de la Brigada Político Social están en la puerta" pero siguieron jugando al ajedrez con Duchamp, fueron vecinos de Max Ernst y conocieron ruidos o silencios de John Cage. Supieron vivir como si las vacaciones no se terminaran. Liberada tropa que supo rebajar sus diferencias, sus odios hasta convertirlos en elegantes menosprecios pasivos. Una lección de convivencia.
Elegantes, resistentes y un punto decadentes, como de corte republicana sin república. En esa pandilla podía estar la fumista, y experta en fugas de toda severidad, María Vela Zanetti. Acaba de publicar "Maneras de no hacer nada", con estilo inglés en español. Un relato habla sobre los misterios del armario eclesiástico, concluye: "...una niña aburrida mientras seguía la misa, al reparar en la tonsura del oficiante, preguntó por qué el cura tenía esa mella perfecta en lo alto: El poeta impío respondió: es para descorcharlos mejor". Como ya no vamos a misa apenas tenemos curas que descorchar. Hay menos tonsuras. Menos "gauche divine", ¡ay! Bebamos. Para entendernos, digo.
[Publicado el 22/6/2009 a las 08:39]
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El asunto, juego, concurso o cómo se lo quiera llamar, es banal pero no deja de ser divertido.¡¡¡A jugar!!!. Se trata de elegir la palabra que más nos gusta del español..
Muy pronto me vinieron algunas. Espanté otras, por ejemplo melancolía, misantropía, soledad, felicidad, sueño, deseo, realidad...y esas palabras que tanto nos acompañan.
Después pensé en picardía, tan amiga desde hace tanto tiempo. Ardor, que tanto me gustó sentir, y desear sentir. Y al lado llegaron otras más silenciosas. Esas que deberíamos usar ocultando. Y me imaginé una fuga. Recordé algún arte para la fuga, para sus músicas y sus letras. Más tarde, venciendo a la amable indolencia, me dediqué a pensar palabras que me llevaban a otras vidas, otros mundos y comencé a jugar. Esa forma de buscar el placer. También el riesgo.
Terminado el juego verbal, el viaje magistral de un dominador de la palabra como es Gonzalo Hidalgo Bayal, después de leer "El espíritu áspero"- que está llena de muchas dulzuras y de muchas ironías- me refugié en otro mundo, otras decadencias. En una novela húngara de principios del siglo XX, "Los días contados" de Miklós Bánffy, tan atractiva que está haciendo esperar la última entrega de Larsson.
Todo eso la noche en que se está terminando el "Bloomsday". Me gustaría estar en esa ciudad católica, bebedora, pequeña, conflictiva, melancólica y con pocos miércoles al sol y un río que la cruza. Sí, me dan envidia algunos amigos, esa pandilla de la Orden del Finnegans- Vila Matas, Eduardo Lago, Antonio Soler, Garriga Vela y Malcon Otero Barral- que estarán entre cervezas, hermosa mujeres blancas y pecosas, riñones para desayunar y algún whisky para olvidar. Para recordar. La palabra odisea tampoco está mal.
[Publicado el 17/6/2009 a las 09:37]
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SECOS, HÚMEDOS, DEMÓCRATAS Y FASCISTAS
Estar húmedo me parece más agradable que estar seco. Más placentero, menos rígido, tieso, duro o quieto. No se me había ocurrido pensar en lo seco y lo húmedo como lo democrático o lo fascista. Como dice Andrés Neuman, ese escritor húmedo y viajero por varios siglos: "a veces leer es demasiado fértil". Acabo de leer, con esa osadía que usamos los prudentes pero con la pasión por la fuga de los viajeros, el libro que Jonathan Littell dedica a uno de los más despreciables, inquietantes y cercanos fascistas que hemos conocido en éste país de todos los demonios que llamamos España. Que también es, fue, y esperó que lo siga siendo, tierra de los antifascismos. No pienso pedir perdón por la demagogia. Ya se que la sinceridad está entre lo kitsch y la demagogia.
El inquietante protagonista del libro de Littell se llamó León Degrelle, "el hijo belga" que nunca tuvo Hitler. Un nazi, católico y nada sentimental, que vivió reverenciado por la España del franquismo. Aquí fue mimado, agasajado, publicado, fotografiado y aplaudido. Lo recordamos con su uniforme de las SS, su aspecto saludable, su arrogancia tiesa y su pasión por lo rígido. Una pasión que no está olvidada a juzgar por las fotos, los votos, los gestos, los triunfos y las formas de algunos de los europeos que hacen equilibrios con el disimulo de ser o parecer demócratas. También conozco mezquinos de izquierdas, manipuladores, mamporreros, malos poetas y, lo que es más fácil, malas personas. No me preocupan, casi todos están colocados y tienen preparada su salida como artistas entre la delación y la dilatación. Nunca llegarán a nada de Benet. Ni se les espera. Lo que me inquieta es la vuelta del espíritu rígido de los seguidores de Degrelle con uniforme de demócrata. Los tumescentes, resistentes, con priapismos de viagras, tiesos como una catedral católica, como un Alcázar de Toledo, como un invitado a las fiestas de Berlusconi.
La democracia, esa deseada, esa querida ausente tanto tiempo en nuestras vidas, felizmente se instaló entre nosotros con tal vigor que es capaz de soportar palabras tiesas, duras, cínicas y secas que pueda soltar por la boca un ¿demócrata? llamado Fabra. Asumo sus votos como si golpearan en nuestra razón, como si regresaran a mi memoria aquellos no olvidados cantos juveniles, aquellos himnos fascistas que no nos fueron ajenos: "la muerte del bolchevique, del holgazán". Perversos sueños de una Europa derrotada que triunfó entre nosotros. Así sea. España: un país sin partido de extrema derecha. Vale, seguimos el juego, nos engañamos, disimulamos y leemos a Flaubert, que nunca fue demócrata. Él también se equivocaba. Creyó que las palabras monarquía, república, democracia, serían superadas después del siglo XIX. N imaginó los fascismos del siglo XX. Ni la tibia decadencia del siglo XXI. Estamos secos. Que sed.
[Publicado el 15/6/2009 a las 18:54]
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Si viviéramos en un mundo comunista yo estaría encarcelado. O exiliado. O fuera del mundo. Nunca fui comunista y creo que ya estoy curado de esa enfermedad senil. Alcancé a ser, sin mucha convicción, un trostskista de tendencias libertarias, por llamarlo de alguna manera. Nunca tuve esos catecismos, ni siquiera cuando fuimos más ciegos, más pequeños, más soñadores o más manipulados. No tengo conciencia de clase. No tengo muchas cosas, la verdad. Pero sí he conocido el paño, los militantes, los compañeros de viaje y otros tontos, listos, útiles e inútiles de aquellas causas. Incluso tengo muy queridos amigos, que por su inteligencia, bondad o sacrificio siguen creyendo que el mundo se podría organizar mejor desde esa izquierda que se llama, o llamaba, marxista -leninista. No he tenido la suerte de tener fe. Poca esperanza. Y poca caridad.
Todo esto para decir que Fogwill es uno de los escritores más imaginativos, atrevidos, listos y descreídos de nuestra lengua. Después de su peculiar atrevimiento con Borges, contra Borges, dando la vuelta a "El Aleph" en su muy divertida " Help a él"- y muchos años después de la muy seria "Los pichiciegos"- nos llega, otra vez por nuestra tan central editorial "Periférica", una nueva obra, una obra perdida del maestro paródico que es Fogwill. En "Un guión para Artkino", novela rescatada de los años setenta, el autor se imagina un mundo del siglo XXI dónde el comunismo es el gran imperio- se salvan unos reductos resistentes en USA y el Extremo Oriente- que unifica, ordena, manda y rige el planeta. Algo así como Orwell de 1984 reescrito por un porteño irónico y descreído.
El mundo es comunista y uno de los referentes es el camarada Borges. Un escritor de referencia que, en su vida y su obra, tuvo que soportar la manipulación de sufrir ediciones apócrifas que ocultaban su fe en el comunismo y su lucha por la patria soviética. Estoicamente llevó una vida oculta, en compañía de una compañera comunista, su madre y camarada, Leonor Acevedo. Dos víctimas de las manipulaciones imperialistas/ capitalistas. Ahora reivindicados como padres del espíritu socialista, en la comunista capital de Bueno Aires se hace justicia a éste escritor que habitó como recuerda Fogwill en "un pequeño semipiso, que debe compartir con su madre, pensionada. No tiene mucama, ni automóvil y ni siquiera ha soñado con vacaciones anuales y secretaria, que son las mínimas conquistas que requiere el trabajador de las letras" Bajo esta sombra del gran padre y maestro de la escritura comunista crece el relato del futuro posible que imaginó el compañero Fogwill. Menos mal que la literatura no es un mandamiento.
[Publicado el 11/6/2009 a las 00:27]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
03/7/2009 22:21
Publicado por: el c
03/7/2009 22:01
Publicado por: el cartero
03/7/2009 21:53
he estado echando un vistazo a :...
Publicado por: el c
03/7/2009 17:06
La habilidad de leer incluso sin...
Publicado por: izquene
03/7/2009 14:58
Para viajar o no; "Un paso,...
Publicado por: joto
03/7/2009 14:33
Publicado por: maria flor
03/7/2009 00:43
Publicado por: el c pirulín
03/7/2009 00:33
((aunque a nadie le interesa, lo...
Publicado por: el c
03/7/2009 00:21
Publicado por: el c
03/7/2009 00:17
Publicado por: el c
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