El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008

Llevo tantos años soportando su presencia, sus palabras, sus obras, su imagen y sus insoportables formas que pensaba que ya no podría sorprenderme. Que no podría irritarme por las carcamaladas seniles de un político franquista, firmante de asesinatos ilegales, un cadáver superviviente de los tiempos pasados. Sin embargo por culpa, o gracias, al altavoz de los medios, el tal Manuel Fraga sigue teniendo la capacidad de irritarme. Después de tantos años consigue indignarme hasta el extremo de entrar al trapo. ¿Qué me importa lo que dice alguien que no sabe lo que dice? Y si lo sabe, es todavía más insignificante. Más irrelevante: por ignorante, por tergiversador o por mal intencionado.
No quiero seguir dando importancia a ese tipo que lleva siendo un incordio desde que recuerdo tener interés por la política, por los políticos. El fue, también en la transición, la imagen de lo que menos me gusta de este país, de sus gentes y sus públicos personajes. Nunca he podido, ni querido bajar la guardia, de estar contra los franquistas. El fue una de las cabezas, y cuerpos en bañador, que más me tocó soportar en el final de la dictadura. Siguió en la transición. Disimuló con el país autonómico. Y sigue dando el peor de los gaitazos cuando en este país se quiere saber dónde, cuándo, quién y cómo fueron los responsables de asesinatos, selectivos y en masa, a los españoles que fueron dignos, demócratas y republicanos. ¿Tendrá muertos que ocultar debajo de alguna higuera? En fin. No quiero seguir perdiendo el tiempo. Bastante pesado es seguir tantos años contra Fraga. Preferiría no tener que escucharle. No entrar al trapo. Pero muchos somos así de tontos, aunque no nos tapemos los cojones cuando deberíamos taparnos la cara. El chiste lo contaré otro día. Hoy no tengo mucho humor para reírme con ese ex de la historia. Además me siento como uno de esos muchos de aquél poema de Pablo Neruda:
"...Cuando todo está preparado
para mostrarme inteligente
el tonto que llevo escondido
se toma la palabra de mi boca..."
Tonto, sí, pero lo que oigo me hace dos tontos. Pero no consigue que pierda la memoria.
[Publicado el 05/9/2008 a las 14:10]
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Lo morboso, dice María Moliner, es una patología reveladora de un estado físico o psíquico no sano. Ejemplo: "siente un placer morboso en torturar a los animales". Vale. Y cuando habla de morbo se refiere a morbo como enfermedad. Morbo comicial: epilepsia. Morbo gálico: sífilis. Morbo regio: ictericia. También se cita al "cólera morbo". No es lo que yo quería encontrar. Yo quería entender porqué decimos que nos da morbo alguien. Cuando decimos que alguien tiene o nos produce morbo, es que nos gusta, nos excita o nos hace fantasear.
Yo estoy lleno de esos encuentros con morbo. Es más me gusta alimentar mi morbo. Así todos los días paso por una plaza con un edificio oficial y sé casi seguro que me encontraré a una guardia civil que me da morbo. Bueno, no sólo ella, en general todas las guardias civiles- salvo excepciones- me produce bastante morbo. Yo creo que es el uniforme, más el peinado y unidos al tricornio. Nunca me han gustado, perdón, los señores de la guardia civil. Son herencias de mi estigma de progre, mi lado gitano o mis lecturas lorquianas. Lo que sea, es posible que sean las multas de la carretera, no sé, pero todavía me ponen nervioso esos hombres del "cuerpo".
Nada que ver con las mujeres guardias civiles. Siempre estoy deseando que me paren, que me digan algo, que me den alguna indicación, incluso que me multen sin exagerar. Y es que no puedo evitar el morbo, no descrito pro Moliner, de pensar tener una aventura con una guardia civil. Un encuentro pero con uniforme, al menos al principio, después bastaría con que se dejara puesto el tricornio.
No estoy sólo en ese morbo. Me acuerdo de mi amigo, mi admirado Joaquín Jordá que estaba afectado del mismo mal. Tanto que hizo una película con Rosy de Palma vestida de guardia civil. Eso era doble morbo. También me da morbo Rosy de Palma, incluso sin vestirse de guardia civil.
Mañana volveré a alimentar mi morbo mirando esa guardia de todas las mañanas. Lo malo es que con el uniforme ni se me ocurre hacer una insinuación. Tendré que curarme el morbo.
[Publicado el 04/9/2008 a las 13:51]
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Eran razonablemente guapas, con tono pijo de terraza del norte de Madrid. Bastante habladoras, bastante jóvenes y bastante banales en su charla. No quería prestar atención, estaba terminando mi último Auster, Un hombre en la oscuridad y no se merecía esa escritura la dispersión en banalidades, aunque fueran más o menos guapas, más o menos jóvenes. Pero escuché, no lo pude evitar.
Era la tarde del mismo día en que recordé nuestro ser jovencitos, tiempos de creer en el Che, de creer en aquellas cosas que cambiarían el mundo. Un poco antes de creer en otras que cambiarían la vida. Mucho antes de dejar de creer en el Che, de dejar de creer en general. No queríamos ser pijos, no queríamos ser banales aunque nunca nos dimos cuenta de que fuimos ingenuos.
Así me parecieron al principio, dos ingenuas. Un poco pijas, pero ingenuas. Estaban descubriendo que habían crecido, que habían madurado tanto que hasta les estaba "empezando a gustar los estudios" (sic). Cosas de los tiempos, yo nunca creí en los estudios hasta que dejé de estudiar. Ahora me gustaría ser un perpetuo estudiante.
Se iban y terminaron por hundirme en la decepción. Estaban hablando de sus "puestas de largo". De que no había porqué esperar a los 18, que también a los 16 se podía hacer. Y de que sus padres estaban encantados con la idea. No hay duda de que los tiempos estaban cambiando. No recuerdo, salvo excepciones muy graciosas y casi extravagantes, de chicas que me gustaran que se "pusieran de largo".
Pensé dos cosas: que estaba muy mal relacionado con el pijerío y que los padres de esas chicas -seguro que unos tipos algo más jóvenes que yo- debían ser tan raros, tan raros, como le deberían ser Aznar y su pandilla en la universidad. Seremos del mismo país. Pero está claro que somos de otro mundo. Hay mundos que no me importa perderme, incluso haberme perdido y seguir perdiéndolo en el futuro.
¿Esas chicas irán a ver El Che? Es posible. Lo que no las imagino es viendo Los girasoles ciegos. Ojalá se equivoquen y se cuelen en esa historia española dónde nunca el personaje de Maribel Verdú, ni los de su familia, se les ocurrió pensar en la fiesta de "puesta de largo". Soy un clásico, pero al menos no olvido el rencor. Un poco de rencor y muy poco interés. Prometo no escuchar conversaciones ajenas.
¿Puedo prometer y prometo?
[Publicado el 03/9/2008 a las 09:53]
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'Che, el argentino' está protagonizada por el portorriqueño Benicio del Toro.
Así se llama un divertido libro, una paródica novela, de uno de los mejores guionistas de Hollywood en sus mejores años, Ben Hecht. No hablaré de él, a pesar de robarle el título -como ayer hice con ese otro libro de una vieja amistad literaria, y personal, que se llamó Juan García Hortelano, otro día habrá "modo"- lo que quiero es reflexionar sobre lo acertado del título. Ciertamente los actores son un asco, como los músicos, los críticos, los novelistas, los dentistas o los periodistas. Muchas profesiones son un asco porque quienes las representan lo son. ¿Y los bancarios? ¿O los taxistas, farmacéuticos, policías, cocineros, políticos o camioneros? Ciertamente el ser humano muchas veces es un asco. Se salva porque otras veces no lo es. También hay actores que no son, o no parecen, ser un asco. Así pensé hace un rato de Benicio del Toro. Estuve media hora a su lado, hablamos un poco en público y un poco más en privado y me pareció más inteligente, cálido, listo e interesante que la media de los actores. Y confieso que he conocido a unos cuántos. Tengo un amigo que estuvo con Benicio unas horas. Incluso una amiga que también estuvo otras horas. Los dos, por razones diferentes, hablan muy bien de uno de los actores más admirados y queridos del momento.
Es un buen actor. Un tipo de duro atractivo, de canalla encantador que da mucho juego. Es raro que estando en la cumbre, en esas alturas de los mitos que vienen de Hollywood, mantenga una cercanía tan fácil. Está a punto de estrenar El Che, es decir está a punto de ser la imagen que nos represente a esa otra imagen de uno de los mayores iconos del siglo XX, Ernesto Guevara.
Ahora se están publicando estudios, biografías y novelas críticas con la figura real del Che, se está mostrando su cara más negativa, su cara oculta, sus sombras. Es posible que haya que cuestionar todo aquella mitología de los años sesenta, éramos pequeños e ingenuos. Lo que no le podrán quitar al Che es su fotogenia. Eso se tiene o no se tiene.
Como a Benicio del Toro, seguro que descubriremos sus caprichos, sus manías, su lado insoportable, su divismo o sus carencias de cualquier otro lado moral o intelectual pero lo que nadie le podrá arrebatar es su fotogenia. Ese bien es algo que hace que tengamos que volver al espíritu de Ben Hecht, y después de mirarle, tendremos que convenir que los actores son un asco. No les puede salir gratis ser tan resultones y llevarse a todas las mujeres. Es verdad, que a pesar de las apariencias, los actores son un asco. Incluso si son como Benicio, dos ascos.
[Publicado el 02/9/2008 a las 14:15]
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No quería ver la realidad, me aferraba al tiempo azul del verano. Bueno, quiero decir bastante azul para ser Galicia. Azul de Galicia sur. Me encontraba bien en esa transparencia del verano, en esa claridad aunque fuera visitada por nubes, por nieblas de mañana, por lluvias dispersas. El último día me despidió una hermosa y feroz tormenta de verano. Tormenta de verano gallego. Rayos, relámpagos, truenos y granizo que caía como un feroz intruso en una noche que no le correspondía. Noche de tormenta. Casa sin luz, felicidad. Volver a las iluminaciones del cielo. No duró mucho pero fue hermoso mientras duró.
Al cabo de unas horas, regreso a Madrid y los tópicos del regreso. Todos los septiembres casi las mismas palabras. ¿Podríamos vivir, comunicarnos, sin frases hechas? Seguro que sí pero seríamos unos raros, unos originales, unos excéntricos. Madrid nos centra a nuestro pesar. Nuestra voluntad es excéntrica. Posiblemente marginal pero con unas determinadas comodidades. Vivir como ricos entre las ruinas de sus yates, entre sus casas blasonadas y sus cuentas en declive. Mantener el prestigio de ser los desprestigiados de una familia que vivió bien, sin dar golpe. Siempre hay razones para la envidia. También para el consuelo. Desde los todavía días luminosos madrileños pensando en el cercano otoño nos conformamos con ese amigo. Con ese otro JRJ que de por vida nos acompañó, y nos acompañará. Entre sus aforismo de río arriba encontramos un bonito consuelo. No será mucho, pero se llama: demasiado.
"Prefiero siempre el tiempo gris, y cuando más cerrado, mejor. En el tiempo azul se trasparenta demasiado el infinito y, por el infinito entre oro iluso, vemos demasiado todo lo que no podemos cojer."
(Que el listillo del corrector de mi PC, ni otros posibles correctores, se atrevan a corregir la ortografía del maestro.)
[Publicado el 01/9/2008 a las 10:17]
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El pensador George Steiner.
En la entrevista de Juan Cruz a George Steiner- la semana pasada en El País Semanal- se dicen muchas cosas brillantes, inteligentes, divertidas, irónicas y hasta provocadoras. Una delicia leer a Steiner -aunque su último libro, sus libros que nunca escribió, sus alardes eróticos y otras historias privadas no sean lo mejor de su obra- con esa agudeza de vida y obra, con esa máxima que hace suya tomada de Samuel Beckett: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Un sabio que sabe que no es fácil ni la vida, ni la cultura, pero que merecen la pena.
Hace años en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, me extrañaron sus alabanzas a Harry Potter, su optimismo con respecto a que millones de adolescentes estuviera leyendo ese libro. Ahora se arrepiente, duda de aquello que dijo. No está seguro, más bien todo lo contrario, de que después vayan a leer La isla del tesoro o Los viajes de Gulliver. Se equivocó en su apreciación. Es sabio y reconoce su error.
Los sabios también son humanos llenos de errores, desconocimientos y opiniones discutibles, incluso poco reflexionadas o estúpidas. Habla Steiner de las tonterías que el genial escultor Henry Moore decía cuando hablaba de política. Más o menos las tonterías que George Steiner al descalificar, ignorar, ningunear lo que desconoce. Su ignorancia y menosprecio a la lengua gallega sólo puede ser hijos de su falta de conocimientos. No tiene ni idea y desprecia lo que ignora.
Muchos amigos gallegos, y no gallegos, están enfadados con ese desprecio a la lengua y esa incorrecta información sobre la realidad de la universidad y el idioma gallegos por parte del sabio judío. No hay que enfadarse, creo. Lo mejor sería invitar a Galicia una temporada a Steiner. Un sabio como él, un lector tan agudo, un crítico tan sensible, estamos seguros cambiaría su opinión sobre el gallego y sus cultura. Sobre la escritura en gallego desde Alfonso X hasta nuestros días. No seremos nosotros los que hagamos el escrutinio de la literatura en gallego, pero ahí está.
El Ministro de Cultura, el gallego César Antonio Molina, poeta, ensayista y periodista debería hacer de puente entre esa cultura que conoce tan bien y que tanto desconoce su amigo George Steiner. Que el sabio pruebe otra vez. Que fracase otra vez. Que fracase mejor.
[Publicado el 29/8/2008 a las 12:39]
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No sabemos mucho, algunos no sabemos nada, de la vida del animal marino que tantas veces nos hemos comido. Es uno de los símbolos de este lado del mundo, es el principal sustento para muchos humanos cercanos al mar o de tierra adentro. El pulpo, como el bacalao, aguanta el tiempo y el clima. Una vez leí un apasionante libro sobre la vida del bacalao y su importancia en el crecimiento de ciudades claves del mundo occidental. El bacalao permitió que el hombre de secano comiera ese preciado alimento lejos de su entorno.
Un estudio de la Universidad de Vigo nos revelará en unas semanas uno de los secretos que rodean a este Octopus vulgaris, ¿cuál es la edad del pulpo? No sabemos, algunos, si ese exquisito compañero de mesas, de barras de tabernas, de días de fiesta es mayor, joven o medio pensionista. Y no sabemos si viven mejor aquí, en las costas gallegas, o en las orillas de Lesbos o en los mares australes. Nos preocupamos muy poco por eso que ingerimos. Apenas nos preocupa su vida, su recorrido, su sexualidad, sus viajes o su muerte. ¿Cuántos años habrá pasado comiendo sardinas -o lo que coma- para llegar a ser ese trozo cocido, cortado, aceitado y salpimentado que me dispongo a comer? Estoy deseando saber un poco más de la vida del pulpo. Tengo un difuso recuerdo de un libro, creo que de Roger Callois, que hablaba de la apasionante vida de los pulpos. Lo buscaré.
El otro día comiendo una anguila en las orillas del Avia recordé la apasionante vida, el maravilloso recorrido que hace este pequeño y carnívoro pez. Desde los ríos gallegos al mar de los Sargazos, cerca de las Bermudas, dónde desovan y mueren. Y desde dónde las larvas vuelven por el camino marítimo de sus progenitores para hacer el recorrido, ser angulas y, con suerte, sobrevivir como anguilas para vivir tranquilas en el río y volver al mar para el camino de vida y muerte. Vida viajera, llena de aventuras y también de hermosos lugares para el reposo.
¿Y la lamprea? ¿Cómo será la vida de la lamprea? Creo que me queda mucho por leer. Necesito unas décadas. Quiero sobrevivir a los pulpos que me tengo que seguir comiendo.
Por cierto, que canción tan bonita dedicaron al pulpo los queridos Beatles. Ahora mismo me voy con su música a tomar una de pulpo. Me quedan minutos de vacaciones.
[Publicado el 28/8/2008 a las 10:45]
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Alguna vez me he ido de "grouchos" con Manuel Rivas, aun que no sabía que se llamaba así. Estoy con su último libro, Os Grouchos, donde se recogen sus colaboraciones en El País de Galicia de los últimos años y donde se incorporan otros textos nuevos o dispersos. Hace años que Rivas demostró que el gallego, además de ser lengua de pobres y poetas, era también una hermosa lengua para escribir en los periódicos, para contar cuentos, novelas o ensayos. El gallego de Rivas es la lengua de un escritor que propone viajes libres y rebeldes. La lengua de un gallego que no tiene miedo al mar, que se embarca aunque tenga que superar tempestades.
Groucho no es sólo el hermano mayor de los Marx, es en gallego ir de tragos, pero no beber por beber, ir para contar cosas a pie de barra. Universal barra donde todo puede ser dicho desde esa ironía que debe vivir entre las tierras, los mares, las calles y los bares de este lugar de un finisterre que no quiere ser conservador, aunque tantas cosas tengamos que conservar.
Un libro abierto y libre, como los mejores bares. Un libro, que como los hijos o los perros, termina por parecerse al amo. Un libro que se parece mucho a Manuel Rivas. Cuánta cosas muy serias con mucho humor, con esa lengua lírica llena de curvas, lengua para el placer. Lengua afrodisíaca. Pueblo sentimental, ¿y qué pasa? A ver quién tiene los cojones de llorar como lloran los gallegos. También se ríen. Y quieren pasarlo bien hasta la muerte y un paso más. Entierros de mucha acción. Entierros tan accidentados como el de Valle Inclán, esperpéntico hasta después de la muerte. Y eso que Valle creía que nunca le había pasado nada, al menos nada que se pudiera destacar. Valle que ya no vivirá estos tiempos en que algunos gallegos en la hora de la muerte sustituirán el credo por un mariachi que cante "Pero sigo siendo el rey".
Libro para ir de copas, ir de grouchos con Carlos Oroza, sin Rouco Varela. Otro libro libre de uno de los escritores que mejor nos han contado este lado del Oeste. Historias del Oeste que contiene también diálogos como aquellos de aquellas películas que también vinieron del oeste:
"Tabernero: A dónde vas?
Rod Cameron: Quién sabe!
Tabernero: Un bonito lugar, lo conozco!
Rod Cameron: Pues yo todavía no, paisano"
Es un diálogo de "La mujer de la frontera". Tan bueno como aquél otro de "El forastero":
"Walter Brennan: De dónde vienes, forastero?
Gary Cooper: De ningún lugar.
Walter Brennan: Y a dónde se dirige?
Gary Cooper: A ningún lugar. Todos los sitios son buenos para pasar de largo"
Nosotros nos hemos quedado en este lugar del oeste, entre libros y amigos, de grouchos y de otros lugares que sabemos que existen. Lo malo es que, ¡ay! En unos días pasaremos de largo.
Me quedo con este manifiesto en forma de poema de Rivas:
"Nos fornos do pan,
con lume de uz,
o levedar a neve"
[Publicado el 26/8/2008 a las 14:00]
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"La derrota ya tiene suficientes
enamorados. Este
día feliz del centro del verano
les plantearemos cara"
Esos versos del poeta Juan Antonio González Iglesias marcaron mi inicio de espectador de los juegos que acaban de terminar. Estoy con la melancolía del día después. No me gustan las ceremonias. Mucho menos las de clausura. Las mañanas del final del verano- ya no son las del "centro del verano" del poema- siguen teniendo sentido pero no es lo mismo. Ya no ordena nuestro tiempo, nuestras emociones la cita con estos hombres y mujeres que durante unos días, en unos segundos o en unas horas, nos permiten participar en una fiesta global, en una gloria antigua que viene de Grecia, de cuándo fuimos paganos. Se terminaron los días olímpicos. Se termina madrugar para ser el que mira el juego. Habrá que esperar unos años para volver a la cita con ese lugar dónde los hombres aplauden a los raros atletas.
Nostalgia de los cuerpos de las atletas. ¿Dónde pasará el invierno Yelena Isinbayeva? A la olímpica pertiguista no le gusta hablar. Prefiere hacerlo. Le gusta estar sola en la cumbre. Y a mí me gustaría seguir mirándola.
Estoy en el pueblo con más medallas por metro cuadrado del mundo, en Aldán. El pueblo de Carlos Pérez, oro en regatas. El pueblo de David Cal, cuatro medallas le contemplan al hijo del panadero, al chico que creció trazando líneas en las aguas de esta pequeña ría. La misma ría de las hermosas piragüistas Teresa, Sonia, Tamara. Llegaran con sus medallas. Con su hermosa victoria contra la derrota. Chicos y chicas jóvenes que entrenan escuchando rock urbano en sus mp3. Chicos del Morrazo que durante unos días han sido los héroes de nuestros sueños de verano.
Un hermoso poema dedicó González Iglesias a David Cal en sus "Olímpicas". Algunos versos decían esto:
"....En internet lo llaman un tímido de oro.
El piercing de su boca es un punto de acero.
Ama los monosílabos.
Es de un pueblo pequeño. Cada día cargaba
con esa embarcación esbelta y frágil
y remaba en el mar de la monotonía
inconsciente, constante, lo mismo que el asceta
que reitera ejercicios para salir del mundo,
así durante meses, durante años,
para llegar a esto..."
Mañana estará aquí, ya no es la sorpresa de Atenas, el atleta de oro. Es el humano que ganó la plata con esfuerzo, sudor y entrega. También los elegidos para la gloria saben que ganar marea.
[Publicado el 25/8/2008 a las 13:04]
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Pienso en el destierro canario de Unamuno y sólo lo puedo imaginar feliz. Creo que fue a Juan Mari Bandrés al que desterraron a Almería, también tiempos plácidos vivió allí el demócrata vasco. No parece mal destino Santa Elena para otro destierro famoso. Me gustaría haber sido desterrado, aunque todavía no tengo claro cuál sería mi retirado lugar preferido para mi destierro. ¿Todavía hay destierros?
Leyendo la ensoñaciones del paseante solitario, cartas, paseos contados por el desterrado Jean Jacques Rousseau. Estuvo refugiado en la isla de Saint-Pierre, en el lago suizo de Bienne. Perfecto lugar, por lo que nos cuenta, en esos años del siglo XVIII para vivir como un selecto retirado de casi todo. Poca hacienda, pocos libros, pocas preocupaciones, poco trabajo, incluso ningún trabajo, pocas compañías y malas comunicaciones. Una casa grande, agradable, cómoda y solitaria. Un campo de viñedos, bosques, huertos, árboles y orillas que, casi por primera vez en francés, ya llama románticas. Hay pesca, pájaros, algo de caza y naturalmente plantas, flores y hierbas que apasionan al pensador. Abandona todo trabajo, deja de un lado las lecturas y se entrega al gusto por la vida de las flores, de las plantas. Lleno de fervor botánico emprende la tarea de describir las plantas de la isla. Nos da envidia este hombre libre de cargas, nos recuerda a ese otro retirado voluntario del poema de Gil de Biedma, "De vita beata": "....vivir como un noble retirado, entre las ruinas de mi inteligencia".
Ser feliz y desterrado. Y además poder decir eso que dijo Rousseau: "Nunca he creído que la libertad del hombre consista en hacer lo que quiere, sino en no hacer nunca lo que no quiere". Eso quiero.
[Publicado el 22/8/2008 a las 11:35]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
05/9/2008 23:24
Publicado por: Una ET en Euskadi
05/9/2008 19:26
Publicado por: escarola
05/9/2008 18:41
Me gustan especialmente las dos...
Publicado por: oe
05/9/2008 18:37
Pues no se me ocurre nada que...
Publicado por: oe
05/9/2008 13:23
Publicado por: aLex
05/9/2008 13:11
Publicado por: escarola
04/9/2008 16:18
el cuerpo de bomberos con casco...
Publicado por: marea
04/9/2008 14:03
Lo malo es que con el uniforme...
Publicado por: Enea
04/9/2008 13:58
Publicado por: Enea
04/9/2008 12:53
Publicado por: Enea
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