El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Blog de Javier Rioyo

Pedro Páramo encuentra a Nadal

imagen descriptiva

 

El viajero es historia. Una de las muchas especies en extinción de nuestro mundo que, a pesar de las amenazas de todo tipo y condición, todavía mantiene algunos síntomas de lo que fue en algunos reconocibles sujetos. Uno de esos últimos seres con el espíritu de aquellos viajeros se llama Paco Nadal y, casualidades, es amigo mío.

Nació, justo hace medio siglo, en Murcia .Desde muy pronto dio síntomas de una propensión no controlada por estar en otra parte. Conocer otros paisajes, otros paisanajes. Los síntomas de querer estar fuera de casa, o de llevar encima su casa, se acentuaron con la edad. Nada ha sido capaz de tranquilizar su deseo de moverse, de conocer y, como todo viajero auténtico, de contar aquello que ha visto. Ya no se congrega al grupo entorno a la hoguera, ahora se hace por escrito, en un blog, en la radio o desde la televisión. Paco Nadal es uno de los mejores narradores de lugares dónde nunca estaremos. Incluso, de lugares en los que nunca ya querremos estar después de haberle leído.

Acaba de publicar un espléndido libro de viajes. Un libro de viajero que se mueve como se mueve la gente del lugar. Un libro de correcaminos capaz de intentar reposar allí dónde toda incomodidad tiene su asiento. Paseante por un México que se bifurca por caminos no previstos, entre la sorpresa, el riesgo y el apasionado deseo de conocer. Comienza en una reciente guerra de guerrillas de no muy alta intensidad, pasa por la historia- desde el pasado mítico y mitificado de los pobladores indígenas hasta el largo periodo también demasiado mitificado y desmitificado en que México era una de las joyas del  "Imperio Español"- recorre pueblos perdidos, ciudades inabarcables como capital federal, desfiladeros, trenes de insólitos recorridos, minas abandonadas, tribus recicladas, cantinas, cantineras, pueblos perdidos como los perros sin collar. Viajes en autobuses vacíos, caminos de mulas y senderos sin glorias por caminos que no llevan a ningún lugar dónde el turista tenga pensado llegar.

De los ruidos de la ciudad "cool" a la sorpresa ajardinada del lugar dónde el mundo se llama Comala. Desde el peyote a la coca-cola, de las últimas ciudades a los últimos mitos. No hace falta ser Jhon Reed,  ni Bruce Chatwin, ni vivir con intensidad los años de la desacreditada revolución villista, hace falta ser un viajero curioso, tener el sentido del humor de Paco Nadal y la necesaria falta de pedantería para no creer que los viajes son intensos buceos en el alma humana, en el corazón de las tinieblas o en el profundo sentir de los pueblos perdidos, dominados, conquistados, rebeldes o insurgentes. Se agradece que tantas cosas- algunas tan cercanas y otras tan desconocidas, se nos cuente con el escepticismo y el humor del que sabe describir los momentos finales de la presencia española en México como "un imperio de todo a cien".

A los viajes les sienta bien el buen humor. Es bueno haber leído a Pla. Y también esa joya de Mark Twain, "Guía para viajeros inocentes". Y si no los han leído, tienen tiempo. Ahora la mejor lectura de viajes posibles o imposibles que pueden hacer es "Pedro Páramo ya no vive aquí". Una entretenida autobiografía de los trabajos y los días de de uno de los últimos viajeros.

[Publicado el 17/2/2010 a las 13:39]

[Enlace permanente] [Imprimir] [21 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Libertario, tabernario, bufón

imagen descriptiva

 

La hermosa deteriora Simone Signoret cuando escribió sus memorias las tituló "La nostalgia ya no es la que era", en los paseos romanos, también en los florentinos, no pude evitar tener nostalgia de otras veces, otros años, otros lugares. Hoy pasé por una pensión romana dónde conocí el amor y la risa. Las ciudades, sus calles, sus bares, sus hoteles guardan memoria leve de lo que fuimos. Lo que ya solo seremos si lo recordamos nosotros, si lo recordamos a otros.

La aparición en éste bar abierto de Paco Otero me hace volver a tiempos libertarios. Era una vez un barrio abierto, todavía no era el barrio gay, pero ya era un lugar de muchas libertades. Algunas molestaban a los fachas de entonces. Recuerdo el bar de Emilio Sola, uno de los nuestros, "La Vaquería", cerrado por atentado de los reductos franquistas. Al lado, en la misma calle, en la misma acera de esa calle que se sigue llamando Libertad, estaba- todavía está- uno de nuestros habituales refugios, "Libertad 8". Por allí llegó Paco Otero, libertario, educado, libertino y algo bufón. Era mucho antes de que cantaran Pedro Guerra o Javier Álvarez. Eran noches para cantar con Ángel González y toda una pandilla que supimos bebernos demasiadas noches y algunos días. Cantábamos sin pudor a desentonar. También escuchábamos. Y hasta veíamos amanecer antes de, una noche más, Terele Pávez se pusiera a cantar desafinando y ligera de ropa.

Paco Otero, que ya estaba allí cuando el barrio estaba por inventarse, entre los libertarios, las academias de baile, el restaurante barato del padre de la hermosa María- que se perdió con los Hare Krisnhas-, los pinchos del "Santander" o los encuentros en "El comunista". Por allí siguen algunas bodegas de entonces, algunos garitos de los tiempos del barrio que todavía no sabía que Chueca fuera a se ese reducto de alegres encuentros rosas de hombres y mujeres de todo el mundo.

La vida nos fue cambiando de bares, de barrios, de amigos y de amores. No siempre, no todo es olvido. Me alegro de tropezar con Paco Otero, después de tantas noches de soportarnos, de convivir con esta pandilla  noctámbula que se cambió de barrio, que se cambió de bares y que, de vez en cuando, aunque sea inútil, siente nostalgia de aquellos años de un barrio en el que cabíamos casi todos.

Amigo Paco, si hay otro bar, otro lugar en otra "libertad", avisa que se de algunos y algunas de los de entonces que os echamos de menos.

[Publicado el 15/2/2010 a las 16:00]

[Enlace permanente] [Imprimir] [19 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Por culpa de Hemingway

imagen descriptiva

 

La culpa la tiene Hemingway. Y un poco mi propensión a la mitomanía. Estaba pasando unas buenas jornadas en Roma. Mañaneros paseos romanos  para perderse por sus calles, entre los rincones de la judería y los pasillos de sus museos. Cantando bajo la lluvia, incluso bajo la nieve, en buena compañía, buenas alcachofas, buenos vinos y una excelente grappa tomada con nocturnidad, entre amigos, en la que fuera la casa de Marcelo Mastroianni- un lugar que reverenció Maruja Torres y otras enamoradas de aquél seductor- y con fuerza para visitar al día siguiente los recuperados "caravaggios" de la Iglesia de San Luis de los Franceses.

Todo armónico, aunque un poco caótico, como corresponde a la ciudad. Al llegar la penúltima noche se me ocurrió una parada en Vía Venetto, la calle que todos conocimos por el cine de Fellini, por la mitificación de los años de la "dolce vita". De aquella elegante dulzura apenas queda el recuerdo. La calle está tomada por ricos horteras, mundo nocturno de la estética de Berlusconni y, lo que es peor, de la misma ética. Mafias rusas, prostitutas de lujo, fascistas de nuevo cuño y de viejos hábitos, cantantes vulgares para público vulgar en bares que conocieron mejor vida.

Lo peor de todo fue el intento de mejorar las cosas creyendo que algunos bares se deben al espíritu que les dio la fama. Por culpa, o gracias, a la influencia de Ernest Hemingway, hemos tomados algunas copas en algunos de esos "Harry's Bar" que el escritor hizo famosos. Creo que nunca estuvo en éste de Roma, pero recordando sus noches en el bar del mismo nombre veneciano, propuse tomar unos dry martinis, brindar por la memoria de Ernesto, y por la de Azcona y Ferreri que nos habían brindado la excusa para estar en Roma. Fue difícil que nos dejaran entrar, nos invitaron  a salir de su bar por falta de sitio, una excusa fácil para retirar a gentes como nosotros entre mafias como ellos. Ante la sorpresa de vernos en la calle y en compañía de Assumpta Serna y María Barranco, entre otros, volvimos al ataque. Tomamos un rincón de la barra y nos hicimos fuertes con nuestros drys. Un cóctel para el olvido, lo mejor: las aceitunas. Añoramos los de "Del Diego" o el de la barra del viejo Casino de la calle Alcalá y los de otros "Harry's" de nuestra vida. Además tuvimos que soportar ese castigo musical/ internacional con piano que lleva el mal gusto por toda clase de hoteles y bares pretenciosos. Los tipos que llenaban el bar y sus acompañantes, que se sentían satisfechos con su kitsch de lujo. Parecían aspirantes a ser invitados a una de esas fiestas en la Cerdeña que no queremos conocer. Aquello era todo menos el mundo de Fellini, de Azcona, de Hemingway o de Ferreri. Era el perfecto espejo de ésta Italia, esta Roma, tan hermosa y decadente, como incomprensible en sus visibles habitantes de la buena vida de nuestros tiempos. Pasamos de ellos, dejamos la nostalgia cerrada en una vieja maleta y nos escapamos a tomar una copa en otro lugar que nunca hubiera estado Hemingway. Pobre Ernesto, no se merece lo que hacen con su memoria.

[Publicado el 12/2/2010 a las 20:31]

[Enlace permanente] [Imprimir] [13 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

A veces los premios

imagen descriptiva

 

Buscar escritores que merezcan los premios. En contra a lo que pueda parecer no es tarea nada fácil.. Normalmente los premios buscan otras cosas diferentes a la literatura. El que esté interesado en el tema puede leer al citado, recomendado y muy admirado  Thomas Benhard en , "Mis premios". Uno de los libros más libres del año pasado. Y sin embargo hay premios que han sido "culpables" de descubrimientos que han llenado de placeres diferentes nuestras horas lectoras. Nunca tuvo un premio Kafka. Ni Borges consiguió el Nóbel. Ni algunos premios millonarios han servido para que valoremos más la literatura de Vargas Llosa,  Bryce Echenique, Cabrera Infante o Benet. Sin embargo creo que hubiera sido muy bueno que el oculto Juan Filloy  o que Nicolás Gómez Dávila, todavía más secreto, hubieran sido premio Cervantes, o algo. No suele ser así, aunque es verdad que la historia de algunos premios han servido para mejorar la seguridad de un autor, para la entrada de un piso o para la apuesta de una editorial.

Ayer, en una  Barcelona marítima y lluviosa, tuvimos la oportunidad de tener la sensación de que el jurado, la editorial, el premio, podrían servir para descubrir uno de esos "mediterráneos" que estan más que descubiertos en su país. Se llama Guillermo Saccomanno- un apellido que dan ganas de darle un papel en alguna novela de Camilleri para encontrarse con Montalbano y tomarse unas copas por Nápoles o alrededores- y es todo un feliz encuentro de una novela con un premio que merece mejor historia que la de algunos otros años. Un premio por el que han pasado algunos de los nombres más importantes de nuestra literatura, desde aquél primer premio al joven Luis Goytisolo, y por el que también han desfilado algunos de fácil olvido. Me alegro por el premio. Y por la editorial que lleva el nombre de unos de los editores que hizo que leyéramos y bebiéramos mejor. Siempre gracias a Carlos Barral.

El libro de Saccomanno viene con muchos entusiasmos nada forzados de un jurado de credibilidad. Con referencias literarias de mundos como el de Ballard, Dostoievski, McCarthy y algunos otros de la tropa de los que nos invitan a la fiesta de la literatura. Nada que ver con tener o no tener premios. Gracias por descubrirnos un escritor que ya estaba más que descubierto en su país y que aquí ignorábamos con nuestro tan extenso desconocimiento.

Me gustó ver en la comida a Vila Matas, con novela joyciana y dublinés a punto. Se mantiene lúcido y sin beber, ¡qué cosas! Y conocer a otro escritor, premio nacional de éste año, del que alguna vez citamos por su poesía y que ahora estamos felices disfrutando con su paso a la narrativa, Kirmen Uribe. También me gustó encontrarme con otras personas, pero eso es vida privada y silencio. Otro día hablaré de Gloria Fuertes. También, de verdad querido Ramón, de ese del que me costará mucho ponerme algo sin sentirme mal, ese modisto ultraliberal llamado Adolfo. Me salen arrugas en todo el cuerpo si recuerdo algunas cosas que ha dicho. También algunas cosas que escribió. ¡Que tropa!

[Publicado el 09/2/2010 a las 22:06]

[Enlace permanente] [Imprimir] [21 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Cioran, carretera y mar

imagen descriptiva

 

Hubo un tiempo para Cioran. Algunas cosas que nos contaba desde su atrapador nihilismo nos ayudaron a ser como somos. Y eso es mucho suponer, tanto como suponer que sabemos como somos. Gracias al viejo invento del libro de bolsillo, y también al ligero libro electrónico, he vuelto a Cioran. Ha sido como una predestinación después de haber visto "The road", desasosegante, brutalmente hermosa, como la novela de Corman McCarthy de la que viene, quise leer no al novelista, uno de los más grandes vivos, sino al pensador rumano que nos dejaba sin esperanza en casi nada, sin futuro y destrozando cualquier idealización del pasado. El, de tan amarga y desesperada escritura, fue un ciudadano que se cuidó. Frecuentó amores, mujeres diversas como diversos eran los deseos, cuidó su cuerpo y dejó que su espíritu caminara por derrotas, por carreteras sin futuro. En la película "The road", el padre siempre cree que él y su hijo, sobre todo su hijo, tendrán una oportunidad si se acercan al mar, al sur. El mar que siempre parece ofrecer una vida más allá, una viaje, un misterioso placer. El mar ya no es aquél de los baños de verano, ni el de los besos al atardecer. No es esa mentira de azul horizonte, esa ensoñación de felicidad.

Y abrí un libro de Cioran, reeditado en Tusquets, en bolsillo y por ocho euros- el dinero de una entrada de cine- y en esa obra maestra que todavía escribió en rumano, antes de la perfección de su francés de madurez, llamada "Breviario de los vencidos", me encuentro con estos mares de Cioran:

"Al igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinúan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, así sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarse en su seno.

No he buscado en el Mediterráneo poesía ni violencias, ni tampoco turbulentas vorágines en sus olas. A esas inclinaciones encontré respuesta sobre los acantilados de Bretaña. Pero, ¿cómo olvidar un mar donde dejé mi pensamiento?

En una memoria más corta que el presentimiento de eternidad de lo efímero, guardaría la imagen y el reconocimiento del azul inhumano del mar decadente. En sus orillas se hundieron imperios y tantos y tantos tronos del alma...

Cuando el aire suspende su calma y la inmovilidad meridiana alisa las olas en medio de un fulgor abstracto, entonces sé lo que es el Mediterráneo: lo real puro. El mundo sin contenido: la base efectiva de la irrealidad. Sólo la espuma, actualidad de la nada, continúa como si pugnara por ser...

Lo único que podemos hacer es zarpar a alta mar. Sin deseos de echar el ancla. ¿No es acaso el sentido de la inestabilidad agotar el mar? Que ninguna ola sobreviva a la odisea del corazón. Un Ulises, con todos los libros. Una sed de planicies marinas que tienen origen en lecturas, un erudito vagar. Conocer todas las olas..."

 

También el Mediterráneo es una invención. Y sin embargo ahora me gustaría que al final de la carretera lo pudiera encontrar tal cómo lo quiero recordar. Menos mal que me quedan esos mediterráneos que son las rías gallegas. Otro día hablaré de Gloria Fuertes.

[Publicado el 07/2/2010 a las 13:11]

[Enlace permanente] [Imprimir] [32 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Nostalgia del héroe

 

Hace tiempo que sabemos que la poesía admite hasta golondrinas. No han dejado de pasar pájaros y pajarracos. Conozco poesías en las que el protagonista es Torrebruno, aquél bajito italiano que salía por la televisión y cantaba para niños. La poesía, "cuartel de invierno", camino de primavera, hojas de otoño o mar de los veranos, sólo vale cuando es capaz de encontrar su verdad. Unos años atrás leímos a José Luis Rey, poeta y pensador cordobés, que nos había regalado unos cuántos poemas de luz y palabras. Ahora completa ciclo y llama "Volcán vocabulario" a su último libro. Sigue convocando a la poesía para que baje del horizonte y nos pille durmiendo con los ojos abiertos.

Me gustan muchos de sus poemas. Elijo uno con la figura del héroe. Nunca me han gustado muchos los héroes, ni los actos heroicos, algo que no se arregla con la edad. Un descreimiento que aumenta y que amenaza con dejarme a la intemperie, en un mundo ausente de héroes. Al menos nos queda el recuerdo de algún héroe de la infancia. Un héroe, por ejemplo, como el del poema de José Luis Rey. Uno de esos héroes que le vendría bien conocer a Leire Patín para que no confunda a Rodríguez Zapatero con un héroe.

 

"EL HÉROE

 

Nadie entendía cómo lo había logrado. No se lo dejaban

tener en clase, y el gorrión frágil se quedaba horas y horas

en la ventana. De vez en cuando volaba, o saltaba asustado

por el ruido de los coches, o se iba a posar sobre el escudo

de hierro barato del ayuntamiento. Pero, en los recreos,

entre clase y clase, el niño le silbaba y el gorrión

domesticado acudía a posarse en su hombro, heraldo vivo

del cielo, y tomaba las migas de pan que su dueño le daba.

 

 Y todos los demás jamás tuvimos admiración tan grande

por un héroe. En círculo, mirábamos  a ese niño con su

gorrión en el hombro, emperador de la infancia, alejarse

lentamente por el umbrío pasillo, que se iba llenando de

hierba, como cuentan que ocurre en las leyendas"

[Publicado el 04/2/2010 a las 09:33]

[Enlace permanente] [Imprimir] [16 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Ojos que no ven

imagen descriptiva

 

"Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla". Esos versos de Calderón definen a un personaje que calla. A un pobre hombre de cuneta, un campesino, un obrero, un pobre español que es el protagonista de una de las mejores novelas españolas de los últimos tiempos. La novela se llama "Ojos que no ven", el autor J. A. González Sainz, no es nuevo entre nosotros pero no deja de ser cada vez más imprescindible. Eso sí, para los que les importe nuestra historia además de para todos los demás que les interesa la literatura.

Cuenta, desde Trieste- la más literaria de las ciudades italianas- historias de un tiempo, de éste país. De aquél tiempo de los pueblos abandonados y de éste tiempo de la recuperación de la memoria de los perdedores. Pero la novela va más lejos, más profunda, más emocionante. La discreta vida de Felipe Díaz Carrión, sus silencios, sus caminos al margen, su paciencia, su conocimiento del campo, del nombre de las cosas del campo, de las aves y de las plantas, su saber esencial de la dignidad, su memoria de los hombres buenos, su ética y su estética, son un retrato de lo mejor de un país pobre, algo así como España de la posguerra. Después vinieron las emigraciones. Y los discursos de los fanáticos. Los engaños, la manipulación y el miedo. También es una novela sobre la infamia y la cobardía. Una novela sobre el odio. Sobre el sinsentido del discurso del miedo. Una novela sobre la familia, el amor y el desamor. Sobre el pasado de un padre, pobre y digno, un hombre que le tocó vivir bajo la amenaza y la intimidación. Al lado de la ignorancia y la bravuconería. Un hombre que no se dejó engañar, que no se engañó. La emocionante y desnuda historia de un perdedor que conquista el poder vivir sin la vileza de los nuevos zoquetes. Vivir sin matar. Una novela que habla de España. De Castilla y del País Vasco. Del ser humano y de algunos seres inhumanos, perdidos en su propia seguridad. Atados, presos de sus pistolas.

La novela, la historia de ese padre que lleva orgulloso a su hijo en bicicleta, no se puede dejar de leer. Una historia que atrapa desde las primeras líneas, que nos hace recorrer sus caminos y nos lleva a los abismos de lo mejor y lo peor del ser humano. Como decía la amiga María, una novela para recuperar- a pesar de sus dolores narrados- la necesaria "joie de lire".

Quince euros, tres horas y una emoción que les perseguirá mucho tiempo.

[Publicado el 01/2/2010 a las 10:36]

[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

El último librero

imagen descriptiva

 

Ha muerto un librero. Ha desaparecido un paisaje. Es difícil imaginar la Cuesta de Moyano sin Berchi, José Antonio Fernández Berchi. Durante décadas fue el librero de referencia de los libros de viejo en plena calle madrileña en la Cuesta. Hay otros, pero él ya estaba allí. A pie de caseta hasta hace unas semanas, todos los días, domingos incluidos- salvo algunas vacaciones a las que la familia casi le tenía que secuestrar- desde los fríos años de la posguerra. Desde los duros años cuarenta este librero adolescente, hijo de librero socialista, de padre muerto en la guerra, se forjó como un librero de la vieja escuela. Entre el amor a los libros y la fatalidad de tener que desprenderse de algunos. Vendiendo, sí, pero después de haber conservado los libros que le gustaban. Alguna vez le pedí alguno de esos libros tan queridos y perseguidos. Nunca quiso vender lo que le gustaba. Te podía prestar, dejar consultar, tocar y compartir con él la curiosidad, la dedicatoria o la rareza de un libro. Con esos libros, con los de su pasión no hizo negocios.

La "Cuesta" fue un islote de libros libres en los años secuestrados. Berchi era un liberal, un hombre moderado, capaz de llevarse bien con Alberti, Cela, Umbral, Eduardo Arroyo, Bonet y hasta con Trapiello. Desde Baroja a nuestros días acostumbrado a genios tan distintos como el de Baroja, su sobrino Pío o el recordado bibliófilo y seductor José Luis Barros, el doctor Barros. Era Berchi el hombre del precio justo, el librero que conoce lo que vende, que aprecia lo que quieres comprar y que charla del amor a los viejos libros y a los lectores de antes de las tecnologías.

La "Cuesta" y los libreros como Berchi son un anacronismo que hay que defender, un estilo que hay que mantener. Acaba de morir, pero su espíritu, su capacidad para la charla a pie de caseta, su olfato para encontrar la pieza, su memoria libresca y su espíritu de hombre para el diálogo, son algunas de las cualidades que hay que encontrar en los herederos del viejo, hermoso, oficio del librero de viejo. La "Cuesta", pese a las especulaciones arquitectónicas, los intentos reconversores invocando a la modernidad y algunas modernices de poco calado, sigue siendo un reducto del pasado. Una parte de nuestra memoria de cuando fuimos jóvenes y lectores. No llegamos a conocer esa "Cuesta" que cantaba Pepa Flores, con las chicas que se alquilaban después de la guerra, con los furtivos buscadores de sexo mercenario mezclado con los rastreadores de libros prohibidos, pero todavía llegamos a comprar de tapadillo en las casetas de la Cuesta. A ese lugar, a esos libreros, les debemos parte de nuestras pasiones lectoras.

Hay muchas clases de libreros. Una de las reconocibles es la del librero arbitrario, de genio regular y de carácter peor. Más o menos cómo esa librera- no tan de ficción- que Oscar Esquivias nos retrata en su primera y excelente novela, "Jerjes conquista el mar"- felizmente rescatada del olvido y de los libros amontonados en alguna caseta de Moyano, por el empeñado editor de "Ediciones del viento". Berchi pertenecía a la rara estirpe de los educados, de los atentos y tolerantes. Un fin de raza. Un ejemplar de una especie en extinción. Le echaremos de menos.

[Publicado el 28/1/2010 a las 14:56]

[Enlace permanente] [Imprimir] [11 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Prometo ser bueno

imagen descriptiva

 

La correspondencia de Rimbaud es tan sorprendente como lo fueron sus poemas, sus iluminaciones, su manera de contarnos una temporada en el infierno. Su obra, su vida me admira desde la adolescencia. Me gusta coincidir con él en algo que nos unirá de por vida. Nacimos el mismo día. No importa que casi cien años nos separaran. Me gusta ese poeta poderoso y ese ser fuerte en sus debilidades.

Nunca me escaparía con ningún Verlaine, pero sí podría fugarme con una de esas mujeres africanas con las que entretuvo sus años de negociante en Abisinia. Quince años africanos con historias emocionantes, duras, excesivas como excesiva fue casi toda su vida. Vida contada en fragmentos. Apuntes del natural. Necesidades básicas contadas por un joven que creció pronto y que no dejó de ser un joven al que atacaban las canas. Al que la sífilis ganó la batalla. De repente, el aventurero, el hijo de su mamá, el cariñoso hermano, no solo necesita de la familia, sino que necesita una mujer, una esposa y la quiere blanca.

Todo el diario tiene el interés de acercarnos al pulso vital de un escritor que nos conmociona, de una vida que nos sorprende. De una muerte que nos dan deseos de rebelarnos. Emociona la carta de su hermana Isabelle a su madre, una de esas cartas dónde se cuentan los últimos momentos de este ser luminoso. Está sufriendo, llora, no quiere morir, se queja: "Yo me iré bajo tierra mientras tú marcharás hacia el sol"

Un poco antes, un año antes, todavía pensaba en hacer otra vida. En buscar una compañera para seguir viviendo en ese duro lugar del mundo. Reproduzco parte de una carta a su madre desde Harar, del diez de Noviembre de 1890.

"Mi querida mamá:

...Cuando hablaba de casarme, me refería a que quería continuar siendo libre para poder viajar, para vivir en el extranjero e incluso continuar viviendo en África. Estoy tan desacostumbrado al clima de Europa que difícilmente podría adaptarme...Si contar con algo que me resulta imposible: la vida sedentaria.

Tendría que encontrar alguien que me siguiera en mis peregrinaciones.

Respecto a mi capital, lo llevo conmigo, puedo disponer de él como quiera.

...Trabajo también por mi cuenta,  solo, además de ser libre para liquidar mis asuntos cuando me convenga.

Envío a la costa caravanas con productos de este país: oro, perfume, marfil, café...Nadie puede decir nada malo sobre mí en Aden, al contrario. Después de diez años todo el mundo me conoce bien.

¡Aviso para los amateurs!

Respecto a Harar no hay ningún cónsul, ningún correo, ninguna ruta: se llega en camello y se vive únicamente entre negros. Pero bueno, uno es libre y el clima es bueno.

Esta es la situación.

Hasta pronto:     

 

   Rimbaud"

No tardaría en encontrarse mal. No encontró la deseada compañera. Murió habiendo conocido unos cuantos paraísos y algunos infiernos. No quiso morir. No quiso ser malo. Prometió ser bueno. Consiguió ser un buen traficante de armas. Nunca dejó de ser un buen chico.

[Publicado el 25/1/2010 a las 11:48]

[Enlace permanente] [Imprimir] [15 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

TIERRA DE NADIE

imagen descriptiva

 

Podían ser personajes de Kafka, viviendo en los alrededores del Castillo, artistas del hambre, honrados agrimensores o campesinos cargados de dignidad y pobreza. También podían ser figurantes de algunas de las pinturas que campesinos o pícaros del Museo del Prado. Quizá sus rostros se parezcan a algunos de los personajes populares que pinta Velázquez. Hombres, mujeres, viejos o jóvenes curtidos que nos miran desde el fondo de sus vidas. Son de aquí y de ahora. El fotógrafo Pierre Gonnord los ha encontrado las minas del norte de Portugal, en aldeas gallegas, en pueblos ibéricos dónde siguen trabajando, viviendo, superviviendo como lo habían hecho sus antepasados.

Una vida esencial, dura, al margen de modas, de novedades literarias o de cine de autor. Gente que canta y llora, que mira la televisión, que pasa horas en el bar o que sigue trabajando en la huerta. Hermosa gente sin maquillar. Rostros sin trucos. Luz de diario que se encuentra con esos rostros, viejos o jóvenes, y que parece estar escribiendo con minuciosidad sus vidas. La escritura de sus rostros, la caligrafía de arrugas o melancolías, la mirada segura, la vida incierta, el gesto en primer plano que nos habla, mejor que cualquier texto, de su pasado y su futuro. Las fotos de Gonnord- un francés del Atlántico que se quedó atrapado en Madrid y que recorre todos los desvíos de nuestro ibérico ruedo- son el paisaje de los hombres, de las mujeres pegados a la tierra que no es suya, que nunca será suya.

Los retratos son como los de los artistas, de los protagonistas de una película que es su propia vida. Demasiada verdad. Como en aquél cuadro que Velázquez hizo del Papa Inocencio. Ahora ésta "tierra de nadie", esta exposición de Gonnord está en Madrid, en plena calle Alcalá, cerca de dónde estuvieron tantos estudios de famosos fotógrafos que retrataron a los ricos y famosos. Ellos no son ni una cosa ni otra, y sin embargo, sus rostros, sus miradas, sus caras marcadas por dudas y certezas, se nos aparecen cómo los mejores actores de una película que nunca se podrá rodar. La verdadera cara de la vida sin los maquillajes de la mentira. Gentes sin afectaciones, ni pedanterías. Hermosa gente anónima que no serán protagonistas de ningún programa basura. Aunque algunos sean atónitos espectadores de ese espectáculo de máscaras, mascaradas y miserias que  nos hace peor, más tontos, más feos. 

[Publicado el 21/1/2010 a las 16:35]

[Enlace permanente] [Imprimir] [43 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Foto autor

Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres