Peor que un comunista: un mal español. Siempre recuerdo eso que Franco dijo sobre Berlanga después de ver en privada proyección "El verdugo". Yo me siento un mal español a la manera berlanguiana. Y un mal progre a mi manera. Si quieren insultarme llamándome progre no aciertan el tiro. Ni me insultan, ni lo soy, ni lo fui ni se me espera. Al menos que los progres sean traidores de sí mismos. Soy más bien conservador, por eso voto a los socialdemócratas. Nunca he sido comunista. Cercano al marxismo de los hermanos. Y al de Paul Lafargue que reivindicó la derecha. Admirador escritores como Junger, Mircea Eliade o Celine. Con todas mis simpatías por el descreído Cifran. Interesado por las religiones. Capaz de hacer kilómetros para encontrarme con una derruida vieja iglesia. Visitante de monasterios. Seguidor de Juan Sebastián Bach. Amante de la ópera. Jugador de golf. La película que prefiero del desaparecido Rohmer es "La Inglesa y el Duque" una ácida mirada contra el pueblo revolucionario en la Francia de la guillotina. Todas mis simpatías tiene el conservador De Maestre. Y me gustan los cínicos desde los griegos hasta Lech.
Firmo aquello que dijo una vez el maestro Joseph Pla a un joven anarquista: " Oiga, la naturaleza está llena de terremotos, de tempestades, de inundaciones y encima de tanto cataclismo ¿además quiere usted hacer la revolución?
Me emocioné en los lugares del Viejo Testamento en Palestina. He dormido en la iglesia de la Bocca de la Veritá en Roma, me llevé muy bien con los monjes ortodoxos. También he dormido, gracias a un familiar religioso, en el convento de la Estación de la Verónica en Jerusalén.
Gracias a Dios soy ateo desde que cumplí catorce años y me enamoré de Melibea. Crecí leyendo en ABC, y sigo frecuentando ese periódico liberal, monárquico y de derechas. También "La Vanguardia" y "El País". Soy del Atlético de Madrid. También me enamoré de Grace Slick, Catherine Deneuve y Patti Smith. Me encanta Santa Teresa, su vida y la imagen vaticana de Bernini, tan erótica. El poeta que mas me emociona sigue siendo San Juan de la Cruz. Desprecio a la mayoría de los que se suben a los púlpitos. A los que se cierran con su fe. Y a la mala gente. Recomiendo que se vea "La cinta blanca" para entender mejor con quiénes no quiero estar, crecer, hablar ni discutir.
Si que me emocionen algunas canciones de Víctor Manuel. Adore a Ana Belén. O sea amigo de poetas rojos o de cantantes tan disparatados como Sisa o Albert Pla. Si haber seguido y cantado a Bassens o Paco Ibáñez es ser progre. Pues sí. Lo seré. Pero al menos concederme que soy un mal progre. Intentaré ser peor.
[Publicado el 19/1/2010 a las 09:48]
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No necesito paraísos. Me basta éste territorio tan raro y complejo por el que puedo viajar. Conozco varios infiernos. El de los otros. Y los que he visto, leído o imaginado. Ahora veo el infierno en Haití. Me duele, me conmueve. Y veo también a los malos. A ese estúpido enviado a San Sebastián a pregonar la mentira y la maldad. No me importa mucho, son así. La historia, su historia lo sabe. Son cómplices de asesinatos, muertes, masacres, inquisiciones, saqueos, violaciones, exterminios, genocidios...El mundo es mucho peor desde que ellos tienen poder sobre los hombres, sobre los bienes y cómo se han repartido con sus bendiciones
Ayer estuve escuchando durante tres horas a un hombre bueno y sin Dios. Se llama Víctor Manuel San José. Ni santo, ni victorioso, solamente es uno de los nuestros, de abuelas que no confesaron, de padres que disimularon no creer o de buena gente que creyó por el miedo, por defender su vida en este valle en el que no querían tener tantas lágrimas. Ayer escuché las canciones tristes- y algunas alegres, otras irónicas- de Víctor Manuel y me sentí un hombre bueno. Me sentí decente entre tantas indecencias. Lejos de los obispos. Lejos de las iglesias. Lejos de sus dioses. Víctor seguirá cantando, que sus palabras no sean olvidadas, que no se pierdan para la buena gente. Los otros que hagan lo que quieran. Cómo si quieren seguir escuchando lo que desde el púlpito, desde sus altavoces dicen gentes tan inmorales como un obispo de San Sebastián. No me importa. No han cambiado mucho, salvo excepciones, siguen diciendo lo mismo. Su arma es mentira. Su palabra es prescindible.
No necesito argumentos contra Dios. Pero me gusta leer algunas palabras de buena gente que vive y ayuda a otra gente a que vivan dignamente. Terminaré con unas líneas del libro de lecturas esenciales para gentes sin Dios que ha seleccionado Christopher Hitchens en su libro recopilatorio "Dios no existe", hace un año, también en la editorial Debate, había publicado "Dios no es bueno": buenos libros, para buena gente. Las palabras que copio las leyó el querido Ian McEwan en una conferencia, es la primera vez que se publican por escrito y son las últimas líneas de un texto que llamó "Blues para el fin del mundo":
"...A estas alturas, en su fuero interno, los creyentes deberían saber que aunque tengan razón, y sí exista un Dios personal benigno y vigilante, ese Dios es reacio a intervenir, algo de lo que dan fe todas las tragedias cotidianas y todos los niños muertos. En cuanto a los demás, a falta de pruebas que demuestren lo contrario, sabemos que es muy improbable que haya alguien allá arriba. Sea como sea, en este caso importa muy poco quién se equivoca, porque los únicos capaces de salvarnos seremos nosotros mismos"
Ojalá haya muchos niños como Redjeson Hausteen. Que crezcan fuertes, libres y sin tantas mentiras religiosas. Dios quiera que crezcan niños sin Dioses. Mientras no desaparezcan todo será peor. Más difícil.
[Publicado el 16/1/2010 a las 19:41]
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Hace años sigo a Raquel Lanseros. Alguna vez hasta la he encontrado en carne mortal y todavía muy joven. Aún le quedan cuarenta y nueve años de vida. Esos son muchos poemas por delante. Su último libro ha sido premio internacional Antonio Machado. Lo único que no me gusta es el dibujo de la portada. Pero eso se compensa con la foto de Raquel en el interior. Y desde luego con sus poemas. Es una poeta que nació con el corazón entre las piernas y en un país que quería dejar de ser ineficiente, que quería dejar de ser un coñazo y que estaba a punto de soltarse el pelo. El país se soltó el pelo, aunque la ineficiencia siguió persiguiéndonos en estos valles con menos lágrimas. Ella creció sabiendo de matanzas y de letras de Bon Jovi. Cerca de Fray Luis de León y del rock and roll. Tiene cuerpo de deportista, no le asusta el complicado juego de la vida, enseña a profesores, recuerda algunos besos y no le importa contarnos algunas de sus pasiones. Nos gusta Raquel Lanseros. Nos gusta su poesía. Siempre pensamos que la encontraremos al dar la vuelta a alguna esquina, en algún camino de cabras o bajo la sombra de los rascacielos. No perdemos la esperanza de encontrarla, aunque no seamos los protagonistas de sus poemas. Voy a copiar uno dónde la poeta se confiesa. Hay otros con otras sombras, otros vínculos y otras formas de amor. Este también nos gusta.
TRADICION ORAL
Me gusta amarte hincada de rodillas.
Aquí, tan desde abajo, tan cerca de la tierra
relamo el palpitar de tu cuidado
y centro mi delicia en el transcurso.
No es de extrañar que el mundo sea redondo.
¿Qué forma iba a adoptar, sino la de mi boca?
[Publicado el 13/1/2010 a las 21:46]
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Pasar de la gestación de Lennon a la muerte de Albert Camus no es tan forzado. No lo es por muchas cosas. Dos chicos de barrio, dos que jugaron en la calle. Uno hizo música y el otro hizo literatura. Los dos tuvieron preocupaciones morales, los dos denunciaron miserias, hipocresías y los dos fueron dueños de su propia libertad. De las calles de Liverpool, nada mediterráneas, a las playas de Argel, ese Mediterráneo pobre y esencial dónde el escritor Albert Camus, el ídolo de los jóvenes intelectuales de los años existencialistas, aprendió a gozar la vida, conocer la libertad, la dicha de la piel, del sol, de los cuerpos y el juego del fútbol.
Después vino París, las publicaciones, el éxito, el compromiso y su inveterado amor a la independencia. Llegó el Premio Nóbel, y pasó. Camus, durante décadas ha sido el espejo dónde se miraban muchos de los jóvenes que querían escribir. Un escritor fotogénico, un triunfador que no había dejado de ser un buen tipo. Ni un seductor de algunas de las más interesantes mujeres de su época y en la ciudad más canalla y glamourosa de los años de la posguerra europea.
Chicos de toda condición, jóvenes mediterráneos porque "el Mediterráneo- lo dice Vicent en el primero de sus retratos sobre escritores que llama "Póquer de ases"- no era un mar, sino una pulsión espiritual, casi física, la misma que yo sentía sin darle nombre: el placer contra el destino aciago, la moral sin culpa y la inocencia sin ningún dios".
Cuenta Vicent que el primer libro que compró de Camus fue "El verano", todavía clandestino y en una editorial argentina. Nosotros ya pudimos leer a Camus con más o menos normalidad, se representaba su teatro en los Colegios Mayores, y se editaban sus primeros libros sin tener que venir de Argentina. Yo también recuerdo el impacto de "El verano", un cuento largo que venía acompañado de "Las bodas" en la edición que siendo muy joven me llevé conmigo hasta Argel. Después de infortunios varios, historias de mi vida inocente, ese libro fue mi casi única compañía fiel hasta Tipasa. Después continuaron los accidentes, incluso algunos muy buenos, por aquellos complicados mediterráneos en los que me enredé. Terminé en Cerdeña, antes de que nadie pudiera pensar que alguna vez llegaría un Berlusconi. Nunca me abandonó su libro, era otra manera de seguir cerca de ese chico argelino, de antepasados franceses y menorquines, que ahora recordamos cincuenta años después de un estúpido accidente.
Vuelvo a Vicent que mejor que nadie dice lo que muchos sentimos del escritor, los escritos y la vida de Albert Camus:
"Al principio fue sólo una emoción estética por su forma de estar en el mundo lo que me atrajo de este escritor, pero llegó un momento en que, en medio del naufragio de todas las ideas, lo elegí como un buen guía frente a mis propias dudas y contra toda clase de infortunio".
Hay literaturas, hay vidas, que salvan de los infortunios. Camus es uno de nuestros santos paganos. Y no hay que rezarle. La fe se demuestra leyendo.
[Publicado el 11/1/2010 a las 18:48]
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"El noventa por ciento de la gente de mi generación nació gracias a una botella de whisky un sábado por la noche y sin la menor intención de tener un hijo...La verdad es que nunca fui un hijo deseado" Eso lo dijo John Lennon.
Un día cómo hoy, nueve de Enero de 1940, más o menos a éstas horas tempranas de la noche, un sábado como hoy, en un barrio de Liverpool, en una casa de trabajadores en la calle Newcastle Road, 9. Eran los últimos días de unas vacaciones navideñas de su padre, Alf Lennon: camarero auxiliar en el trasatlántico, "Duchess of York", buen bailarín, dotado para el cante, para los bares, las diversiones y con ingenio punzante que heredaría su hijo, John. Ya estaba casado con la que había sido su amiga, novia y muy parecida en carácter, la graciosa pelirroja Julia Stanley, buena bailarina, bebedora y la más animada de todas las fiestas. Eran de parecidos entornos, de similares barrios y de gustos muy parecidos. Una simpática pareja de veinteañeros, con trabajo incierto, con futuro dudoso y con presente lleno de problemas. El navegando muchos meses al año, ella intentando no aburrirse en la espera. No tenían casa propia y tenían que soportar una convivencia problemática en casa del padre de Julia, su marido, Alf, les parecía uno de las peores elecciones que podía haber hecho su hija Julia.
Después de meses en el mar, en esas vacaciones de los primeros días del duro año cuarenta, la joven pareja tuvo unas horas de tranquilidad en la casa de los Stanley. Habían bebido e hicieron el amor en el suelo de la cocina. Fue su único hijo. Alf se embarcó, ella se quedó embarazada de John. Pocos años después, después de que Alf siguiera navegando meses fuera de Liverpool, Julia tuvo otro embarazo. No podía ser de su marido. Se terminó la convivencia de los padres de un niño llamado John.
Hoy, setenta años después de su gestación, brindo por uno de los tipos que más me han interesado en mi vida de mitómano. Y también en las otras vidas. Todo esto lo sabemos por esa biografía que alguna vez ya he citado, ese minucioso trabajo de ingleses. Concretamente del inglés Philip Norman.
¿Nos interesa saber cómo, dónde y por qué nos gestaron? Seamos deseados o no. Seamos buscados, esperados, protegidos, mimados y muy queridos, todos somos producto de un azar. No todos, creo, necesariamente de una noche de sábado, whisky y guerra. Algunos llegamos en la paz ominosa del franquismo. A cada uno nuestra guerra interior.
[Publicado el 09/1/2010 a las 21:04]
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Uno de los libros más entretenidos, sinceros, irónicos, sin dejar de ser sutiles, del pasado año es "Mis premios" de Thomas Bernhard. Volviendo a bucear en un lugar dónde pocos se atreven. Entre la editorial Alianza- que rescata este inédito autobiográfico sobre lo que pensó y escribió sobre los premios literarios de su vida- y el rescate de Anagrama de algunas de sus esenciales, y también autobiográficas, novelas, nos permiten que uno de los grandes escritores europeos vuelva al visible lugar de las novedades. Y regrese a nosotros con su lúcida y sarcástica manera de mirar el mundo. No fue complaciente, pero podía ser muy divertido. Lo fue en muchas de sus sátiras.
En "Mis premios" habla, por ejemplo, del desprecio que siente por algunas de esas ciudades europeas que por una inmensa mayoría son consideradas hermosas. Ciudades ideales, llenas de historia, magníficas en la conservación de su pasado y cómodas de tamaño. "Como aborrezco esas ciudades de tamaño medio con sus monumentos arquitectónicos famosos, por los que sus habitantes se dejan desfigurar durante toda la vida. Iglesias y calles estrechas en las que personas que cada vez se vuelven más apáticas vegetan hasta que se mueren. Salzburgo, Augsburgo, Ratisbona, Wurzsburgo, las aborrezco a todas, porque en ellas, durante siglos, se ha mantenido al fuego la apatía"
Cada uno que aporte sus "burgos", sus ciudades tan perfectas, tan controladas de barbaries constructoras, tan cómodas, burguesas, apacibles y vigilantes del que llega de fuera. Ciudades europeas, ciudades de provincias, que han forjado el bienestar y han escondido la barbarie. Ciudades modelo que han conservado los huevos de las serpientes. Ahora hemos oído hablar de los excesos que los daneses, que los habitantes de Copenhague, han permitido contra esos utópicos de distinto pelaje que creían que el mundo, su futuro y su clima se podían cambiar. Quizá, muchos de esos comprometidos luchadores, sean los que piensan en habitar ciudades más históricas y razonables que nuestras grandes urbes. A mi, con esa parte Taif que uno conserva, también me gustan las ciudades que desprecia Bernhard. Pero como vivo en una de las ciudades preferidas por el escritor, la ciudad dónde tantas veces se refugió en los últimos años de su vida, seré indeciso en qué Bernhard me apetece para cada ocasión. Hay que leerlo. Aunque seamos buenos pianistas.
Esto lo escribo el día después del Premio Nadal a Clara Sánchez. Pensando en ella, en las ciudades de origen de los personajes de su novela ganadora, he recordado esas críticas miradas de Bernhard a esas ciudades, esos ciudadanos, capaces de convivir con el más hermoso de los estilos arquitectónicos y con la más odiosa ideología. Deseando leerte, Clara. Y brindar por escritores como Bernhard, ese descreído de todos los premios. Incluso de los bien dotados. Hasta de los prestigiosos.
[Publicado el 07/1/2010 a las 17:46]
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Emociona visitar la exposición sobre ese "cuerno" republicano y español en el sur de Francia. Conmueve viajar a esa Toulouse forjada por rebeldías democráticas y españolas. Una ciudad que se transformó con las ilusiones de muchos derrotados de la España republicana. Vital, quijotesca, amparadora de miles de españoles que, ni cautivos, ni sometidos, armados con la esperanza de cambiar el futuro, supieron hacer de todos una ciudad que empezó siendo ajena y terminó siendo suya.
Toulouse, tan francesa, es también una patria española. Siempre ha sido una ciudad cercana y abierta. Una de esas ciudades que rompían los tópicos de nuestra separación de Europa por los Pirineos. Pero cuando Toulouse se hace más sanguínea y emocionalmente nuestra es a partir de la primavera del año 39. Después de haber pasado la frontera con los fríos del invierno, de haber soportado la vida de refugiados en campos del sur de Francia, miles de aquellos españoles, conscientes de la imposibilidad del regreso, se reparten por pueblos y ciudades cercanas a la frontera. Quizá con la vaga esperanza de un día poder volver al país que los expulsó.
La vida es dura en aquellos años. Derrotados por los fascistas españoles, tienen que volver a luchar contra el nazismo que viene de Alemania. Francia es también un país secuestrado en sus libertades. Otra guerra contra la barbarie emprenden para supervivir muchos republicanos españoles. Después de años de incertidumbre, de muertos, de penurias, los españoles demócratas se han ganado un lugar en la Francia democrática. Los españoles de Toulouse se integran en la vida cotidiana de una ciudad que está normalizando la vida. Tienen que comenzar una nueva vida. Trabajadores, artesanos, campesinos, algunos licenciados, profesores, tenderos, mujeres que cosen, limpian, sirven o enseñan. Un grupo humano que quiere tener una vida mejor en una ciudad que ya empieza a ser también la suya y un idioma que también será el suyo.
Pasan los años, las décadas, el franquismo sigue en el poder, los españoles de Toulouse viven con las ventajas de la democracia, aunque con el dolor del exilio. Muchos quieren regresar, algunos lo hacen en los años sesenta, no demasiados. España, aquella tierra de la que fueron expulsados, sigue siendo un país sin libertades y sin trabajo. Miles, millones de españoles que tienen que volver a salir al extranjero.
Los españoles del exilio toulesano son un grupo humano que ayuda a la transformación de la ciudad que nunca han dejado de sentir los valores democráticos en los que creyeron. Ya son parte del paisaje humano de una ciudad que no hubiera sido la misma sin la contribución de aquellos derrotados que supieron vencer la batalla del futuro. Toulouse también es española.
[Publicado el 04/1/2010 a las 12:14]
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Ha pasado ya éste año tan claroscuro. Lo comienzo entre nieve, en un pueblo de la Maragatería, Santiago Millas. Un pueblo del camino. Un pueblo maragato que conoció su esplendor en los años en que los arrieros con sus mulos transportaban alimentos, tabaco, mantas y otros productos que venían del oeste. Llegó el progreso, el ferrocarril y los pueblos maragatos se quedaron parados en el tiempo. Hoy, casi por milagro, conserva su belleza. Postal nevada y un tímido sol que aparece tras los montes.
Un grupo de amigos, copas, música, charla intrascendente, encuentros y desencuentros. Leo en el "e-book" un poema de Huidobro: "bajo la nieve resbala la noche..." Me desperté y la nieve caía con esa mansedumbre que conoce tanto Julio Llamazares.
He regalado al grupo un libro reciente, una novela española: "Fin". La primera que publica David Monteagudo. Un escritor gallego, transplantado a Cataluña, trabajador en una fábrica del Penedés. Gran lector. Y toda una feliz sorpresa de novelista. Todavía es posible. La novela es inquietante, eficaz, inteligente, ligera y aguda. Comienza siendo un relato hiperrealista de un grupo de amigos. Termina en un mundo que parece una ficción de Ballard "a la española". Está publicado en "El Acantilado". Una vez más Vallcorba está atento a la caza de la buena literatura. Esta vez no ha tenido que mirar hacia atrás con olfato sino hacia delante con sagacidad.
Creo que los que no tengan claro el regalo de reyes, y que no tengan mucho presupuesto, harán que sus amigos se encuentren un poco más prevenidos con esas reuniones a ciegas, con esos intentos de recuperar el tiempo perdido y volver a la juventud evocando lo bien que lo pasamos cuando entonces.
Empiezo el año. He vuelto a Paul Auster. Apenas llevo cuarenta páginas y ya estoy atrapado entre esas vidas que encuentro paralelas de algo que nunca podré ya vivir.
La literatura, como el cine, tiene subidas y bajadas. Después de algunos libros de Auster que me parecieron más prescindibles, con "Invisible" estoy atrapado. Ha vuelto a su lugar mejor. Menos mal que hay algunas cosas buenas que nos dejó el 2009. También volvió el mejor Woody Allen.
Por cierto si algunos no quieren invertir los euros en Monteagudo, aquí, en esta barra, se puede leer la novela de Monteagudo. Buen año.
[Publicado el 01/1/2010 a las 11:35]
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Es más fácil odiar en tiempos de imposición del buenismo navideño. Yo creo que hasta el bueno de Machado sabía odiar noches y días como éstos. Con la tontería iluminada de un mundo supuestamente feliz, con los empalagos en forma de villancicos y con los empalagos en general en forma de comida, bebida, compañeros, familia y otros animales. Por eso, y por cosas que no debo decir y no diré, recomiendo alimentar un poco más el odio. Se que algunos lo tienen muy difícil, ya son odiosos, odiadotes y odiados gran parte del año, pero otros quizá con un buen consejo, un libro adecuado o un amigo generoso lo pueda mejorar.
He leído el breve texto de William Hazlitt, casi un desconocido entre nosotros pero muy admirado por algunos tan queridos como Stevenson, Thomas de Quincey o Charles Lamb. Y también rechazado, odiado y negado por muchos de sus contemporáneos. Demasiado libre, demasiado listo, demasiado independiente. El texto breve se llama "El placer de odiar". Publicado en la pequeña editorial barcelonesa "Nortesur" y acompañado por otros textos, también breves y sagaces, de Hazlitt que hablan sobre la moda o sobre el por qué de nuestro gusto por los objetos distantes.
Antes de conocer, de leer a Hazlitt dormí en su casa de Londres. En pleno Soho, al lado de mi lugar de un mítico lugar del jazz londinense, está la casa en que habitó Hazlitt. La casa de sus años de esplendor porque por el prefacio de Jordi Doce nos enteramos de sus caída en desgracia, en olvido y pobreza. No es fácil ser lúcido. Y "odiar, por encima de todo la pedantería, las jergas abstrusas o herméticas, la pretensión de cualquier índole o lo que él llama con repugnancia obsesiva cant, la afectación, el fingimiento de lo que no se es o no se piensa". Antes de todo eso tenía una hermosa casa burguesa que ahora es hotel. Un precioso pequeño hotel que lleva su nombre y que guarda algo de la atmósfera de éstos ilustrados de los años de esplendor. Por cierto, mucho le gustaba a Hazliit- y a muchos cinéfilos, rebeldes con o sin causa- ese poema de Wordsworth : "devolvernos la hora / del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores"
También odio a los que no nos devuelven esa hora.
Y copio, para los que aman y para los que odian, algunas líneas de Hazliit. ¡Qué pena que "su hotel" sea más bien caro! Odio a los pudientes que no se merecen estar en su casa.
"La naturaleza, cuanto más la observamos, hecha de aversiones: sin nada que odiar, perderíamos el auténtico resorte del pensamiento y de la acción. La vida se convertiría en una charca de aguan estancada si no la agitaran los intereses opuestos y las pasiones irrefrenables de los hombres...Lo cierto es que en la mente humana existe una atracción secreta, un ansía de maldad que encuentra un deleite perverso, y a la vez gozoso, en la fechoría pues es una fuente inagotable de satisfacciones. La bondad absoluta no tarda en volverse insípida, carente de variedad y brío. El sufrimiento es agridulce, y no sacia nunca. El amor se convierte, con un poco de indulgencia, en indiferencia o en hastío: únicamente el odio es inmortal"
Tengo que hacer llegar el texto completo a mi amigo Lorenzo Díaz que sabe odiar mucho y bien. Hemos tenido años de varios odios compartidos. Los amores eran otra cosa.
[Publicado el 28/12/2009 a las 15:16]
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Alguna vez habíamos paseados por sus ciudades tan peculiares, tan propias, tan diferentes a muchas de las que habitan nuestros poetas. También conocíamos alguna de sus prosas. Además de seguirle como personaje de Vila Matas pero nunca como ahora se nos había acercado de forma tan transparente. Está Francisco Ferrer Lerín, que de él estoy hablando, en lo que uno imagina como plenitud. En esas cotas de excelencia que deben tener alguna vez el poeta y su voz. Su lengua de arena nos invita a tumbarnos con este libro y ver pasar pájaros, vidas, nubes, cielos y cientos volando. Paisajes urbanos, paisajes desérticos, ejidos o claros del bosque por dónde faunas y floras cercanas y extravagantes se pasean o se quedan.
Como un cuaderno de bitácora, mejor, como un cuaderno de campo de un ciudadano que dibuja el campo y la ciudad se pasea con sus armas cargadas de palabras este poeta, ni fámulo, ni señor. Poeta que acaba de publicar su libro más abierto y amparador. Se llama "Fámulo", en esa colección de paganismos poéticos y otras espiritualidades que se llama "Nuevos textos sagrados".
Estos días, con empacho de televisión en casa, con melancolía por otros mitos y otros ritos no he parado de recordar uno de los poemas de Ferrer Lerín. Lo copio como regalo de pascuas
"Nunca nadie vio ni pudo imaginar que un día
aciago, sin señalamiento
especial, un día que vale ya
por una era, eso que llaman
sistema de valores, la vertebra-
ción de nuestras vidas, ¿para ellos
también fue pues
así?, la cara
extrema, de fealdad
total, horripilante, vulgar-eso es,
vulgar-
ocupara nuestros hogares,
durmiera
en nuestros lechos.
¿Qué oscura trama? Desmedida
ambición
por destronar las reinas: veo
a Ingrid Bergman,
a la princesa Gracia, por no avanzar
más, y a aquellos hombres,
volviendo a Notorious, Louis Calhern, Claude
Rains, e incluso
el algo insípido y envarado
Cary Grant y me estremezco al comprobar la tropa
que invade: un tal Tosar,
tratante sin duda en casquería, Resines
tendero de la esquina, y las féminas
como una Seseña, otra Padilla y otra Baró, jefa,
ésta, de una chabola donde la mugre
del amontonamiento causa furor en las audiencias. Fue Somerset
Maugham quien nunca pudo acostumbrarse a la humana fealdad.
Que suerte haber, amigo, alcanzado ya
la definitiva paz.
[Publicado el 26/12/2009 a las 11:31]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
21/3/2010 20:41
Publicado por: escarola
21/3/2010 20:21
hola a todos soy muy bueno en...
Publicado por: david roger
21/3/2010 01:39
en ese aeropuerto delante de...
Publicado por: el c
21/3/2010 01:32
Publicado por: elc
21/3/2010 01:27
Publicado por: me está apeteciendo mucho el retroceso. espero que mañana deje de apetecerme y siga adelante. ¿qué día es su cumpleaños?
21/3/2010 01:22
Publicado por: elc
21/3/2010 01:15
Publicado por: elc
20/3/2010 17:34
Es un acierto este post, invocar...
Publicado por: rolando gabrielli
20/3/2010 14:22
apoyo a Javier, no es correcto...
Publicado por: Enea
20/3/2010 10:03
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
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