El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
¡Qué difícil! Tiene que hacer un regalo, tiene que quedar muy bien y además no ser previsible. Por supuesto no puede ser algo vulgar, fácil ni ostentoso. Sin embargo es muy necesario que sea un regalo notable. Está invitado a una fiesta donde su vida puede cambiar. Su ex mujer, esa que se fue hace cinco años a comprar tabaco y no había vuelto a dar señales de vida, esa por la que penó, por la que se metió en una depresión de la que todavía no ha regresado del todo, esa, a la que naturalmente debería haber olvidado. Precisamente esa le invita a una fiesta, a una cena donde es el invitado sorpresa. La estrella de los invitados. ¿Qué hace nuestro amigo?
Compra una botella del mejor vino posible, el mítico Margaux del 64. Un vino que pocos mortales, millonarios gustosos aparte, tienen la posibilidad de disfrutar alguna vez en su vida.
Con esa botella sabe que triunfará. Ha invertido más dinero en el vino que lo que cada mes tiene que pagar de alquiler. No importa, ese vino cambiará su destino. Su enamorada de antaño volverá a sus noches y sus días.
Pues no pasa nada de eso. La festejada, la famosa artista Sophie Calle, tiene la costumbre de nunca desenvolver sus regalos. Simplemente los fotografía, almacena y después hace una exposición. Arte conceptual. Fracaso absoluto de regalo. No les contaré más. Es la historia de una deliciosa novela que se coló entre mis lecturas de verano. Es breve, intensa, inteligente. Comienza en el día que murió Michel Leiris. Invita a beber ese vino o, seamos patriotas, un Vega Sicilia del muy querido año 64. También la novela nos lleva por las lecturas del Ulises o Mrs. Dalloway. Es una delicia de bolsillo de poco más de ciento veinte páginas. El autor se llama Gregoire Boullier. Y la novela, El invitado sorpresa. Entre otras navegaciones mentales llevo horas pensando cuál sería para mí el regalo ideal. El vino no está mal. ¿Los habrá mejores?
Un libro inteligente sobre nosotros. "Somos humanos, tenemos el corazón roto, somos tristes y alegres en nuestra desesperación; sin embargo, no perdemos la esperanza y creemos en los milagros". Algunos de nosotros no somos franceses. Y también pensamos que el milagro puede estar escondido en una botella de vino.
[Publicado el 01/8/2008 a las 10:17]
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No es una trama de Stieg Larsson. No estamos en Suecia. No leemos las noticias sobre negocios y negociantes sucios en Millennium. Tampoco tenemos la suerte de tener una investigadora tan peculiar como la joven Salander, fascinante con sus piercings y sus tatuajes. Nada de eso nos hace falta para trasladar historias de corrupciones, negocios sucios, falsa moralidad, mentiras, robos, amenazas y seguramente otros delitos mayores, otras turbiedades para las que vendrían muy bien investigadores como los que inventó Larsson.
En la portada de El País de ayer: "Manos Limpias", ese turbio sindicato de orígenes poco claros, de procedencia de extrema derecha, ese que desde hace más de una década presenta denuncias judiciales por corrupciones o malas prácticas, es el mismo que está imputado en planes urbanísticos, comisiones ilegales, extorsiones y otros escándalos.
Por poca memoria que se tenga, por poco politizados que seamos, por mucho escepticismo que se nos haya instalado en nuestras vidas, en nuestros pensamientos, ¿cómo podríamos fiarnos de un secretario general de un falso sindicato que haya militado en Fuerza Nueva?
Fuerza Nueva, representó lo más oscuro de las oscuridades del franquismo. Defensores de los asesinos fascistas, racistas, de estricta moralidad ultra católica, de doble moral como comprobamos por sus realidades, de manifiesta incultura, de violencia, de falta de ética, de intenciones y realidades corruptas. Esos "patriotas" son los llamados "Manos limpias". Por favor, que venga la joven Salander. Que mire en sus ordenadores, que escuche sus conversaciones, que desenmascare- un poco más- a estos tipos de negritudes. No de ficción. Sino una parte de la verdadera novela negra de nuestra realidad. Después hablamos de crisis. Antes atrapemos a los corruptos. Que lean novela negra, pero en la cárcel. Nunca me fío de los que presumen de manos limpias.
[Publicado el 30/7/2008 a las 11:00]
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Valle de Laciana.
Hace tiempo que comienzo mi escapada veraniega en el norte de León, en el Valle de Laciana, cerca de Babia, más cerca de Eduardo Arroyo, inevitable pintor, excelente escritor y mecenas de los encuentros que durante el último fin de semana de Julio nos permiten escuchar músicas a monte abierto. De vez en cuando Schubert se mezcla con algún mugido de vaca, Bizet con algún pájaro y en general, da igual que sean Chopin o Stravinsky, se mezclan bien con los sonidos de la naturaleza.
De vez en cuando la música nos lleva a sumergirnos en nuestros pensamientos, nos traslada a otros lugares y algunas veces nos emociona de manera casi incontenible. Y la emoción llega, te atrapa y después se va quién sabe dónde. Así me sucedió, nos sucedió el sábado pasado a algunos que tuvimos la suerte de estar cuando pasaban unos minutos de las ocho de la tarde en la plazoleta de la iglesia románica de Robles de Laciana.
Muchas veces hemos escuchado a Rosa Torres-Pardo, muchas veces la hemos aplaudido por su virtuosismo, su comunicación y su emoción. Pero esta tarde tan cercana es la que ahora recordamos. En compañía del pianista Manuel Burguesas, a dos pianos, se disponían a tocar una de las hermosas composiciones de Maurice Ravel, el Concierto en Sol, aquí con reducción de orquesta a un segundo piano.
Sonaba al aire de aquellos montes, delicado, sutil, profundo, acariciador, cercano y misterioso como la belleza. Como eso tan misterioso que no sabemos de dónde procede, ni a dónde va. Yo sentía esa emoción que es, que nos parece, tan privada. No se me había ocurrido mirar a mi lado dónde un amigo bastante "gamberro", divertido muy aficionado a la noche, la velocidad, las copas y otros placeres de rápida consumición, estaba con su gafas de sol escuchando, como todos al aire libre del valle, el concierto de Ravel. Cuando me volví, en los aplausos, para compartir esa alegría de las cosas emocionantes, me di cuenta que estaba llorando. Silenciosamente mi amigo, "tan duro", estaba llorando por la emoción de aquellos pianos contándonos las cosas tan verdaderas que un día Ravel supo imaginar. Me sorprendí un poco. Se lo comenté a su chica, no le sorprendió. Ya sabía que era un sentimental. Yo lo descubrí con la emoción compartida en un breve concierto que también estuvo a punto de hacerme soltar una lágrima. La contuve. La próxima vez la suelto.
[Publicado el 29/7/2008 a las 11:45]
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Mar Flores y los deportes olímpicos

La Villa Olímpica de Pekín abre sus puertas.
Si el tiempo se midiera por olimpiadas estaría a punto de vivir mi decimocuarta. Soy, según Protágoras y el poeta González Iglesias, de lo mejor que le puede pasar a unos Juegos Olímpicos; soy un contemplador. Ni negociante, ni atleta; soy el que mira. Me gusta mirar los Juegos, y mirar a las olímpicas. Soy un destacado deportista, un olímpico, en la competición de saber mirar. Es mi deporte preferido, incluso más que sudar con la Wii. Nunca participé de la alta competición, ni de la pequeña; ni fui gran deportista, ni pequeño. Nunca pude ser como aquel Henry de Montherlant, tan extraño y contradictorio, leído en seminarios y entre libertinos. Descendiente de catalanes franceses, gran deportista -100 metros en 11 segundos- y capaz de matar toros o de vencer las heridas de un obús. Curioso personaje que supo componer versos latinos y hacer literatura con bestias y seres humanos compitiendo olímpicamente. De él hablaré estos días con Eduardo Arroyo, maestro olímpico del mirar y pintar, en su valle de Laciana mientras ponen la música Rosa Torres-Pardo y sus amigos. Reconforta volver al mismo deporte de todos los veranos. El mismo rito pagano y espiritual.
Empiezan las vacaciones. El cuerpo se prepara para mirar los Juegos Olímpicos desde un televisor en la ría de Aldán. También hay que beber los ribeiros de Cuerda y Javier Alén, y preparar una merienda para las horas de pan y circo. El pan es de la panadería del padre del centauro, del olímpico David Cal. Al que González Iglesias, poeta de ejercicios varios, dedica uno de sus olímpicos poemas. Épica con piercing, chándal y el rock urbano que Cal escucha en su MP3. Hace tiempo que las epopeyas y los héroes son historias de televisión. Les vemos cuando reciben la medalla, ondea la bandera, suena el himno, nos ahorramos la letra y llega el momento de ser felicitados por los Reyes: "La Reina y el atleta, aturdidos, despiertos, / intercambian saludos de animales insólitos, / de especies protegidas por la Europa ecológica".
¿Qué hará con su cuerpo Mar Flores? ¿En qué ocupa su tiempo mientras sus compatriotas sudan y se esfuerzan por unos minutos de televisión y de gloria? Soy uno de los menos expertos en Mar Flores. Creo que interpretó, tirando a mal, una película de Bardem que había sido idea de Manuel Vicent. Que trabajó en alguna serie. Que tuvo amores, o lo que fuera, con algunos hombres de muchos metros de eslora. La encontré en un restaurante, sin maquillar, sin hombres, sin hablar demasiado -algo de barcos, creo-, y comprendí que la belleza es un don de dioses. No sé bien de cuáles, últimamente no se dejan ver. Soñé con ser olímpico y caer en brazos de la mujer madura. El olímpico era yo y la bella madura era Mar Flores. Necesito unas vacaciones. Alucino.
Artículo publicado en: El País, 27 de julio de 2008.
[Publicado el 28/7/2008 a las 12:01]
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Llega el momento de decidir cuáles serán los libros que deseamos leer en los días de veraneo. ¿Qué hacer? Optar por lecturas "fáciles", evasión, diversión, fuga y ligereza? O, al contrario, nos atrevemos con esos "tochos" que no fuimos capaces de enfrentar en los días sin vacaciones. Creo que haré una mezcla. Me prometeré terminar Vida y destino o las memorias de Ernst Junger, así como su novela Sobre los acantilados de mármol. Pero tampoco olvidaré lo próximo de Vila Matas que en septiembre estará en librerías. Y volveré a dos libros, Herzog de Saúl Bellow, novela última que leyó el querido Ángel González, ¡siempre le echaremos de menos!
Y me llevaré dos libros que también esperan a septiembre, los dos primeros de una editorial que promete (Ediciones Alfabia) que comienza con una novela sobre Artemisa Gentileschi, la gran pintora del barroco italiano que ya nos había acercado biográficamente Ángeles Caso y ahora vuelve como novela de Anna Banti. Y los relatos de la nueva Lourdes Iglesias, un "Iglesias" más en nuestro tinglado cultural.
No perdonaré la reedición de Conejo es rico de Updike, ideal lectura para tiempos en los que la gasolina sigue subiendo su precio.
A fuga negras la haré con Luna de miel de la gran Dorothy L. Sayers. Y con la muy inquietante y prometedora novela El asesinato de Road Hill, esa especia de a "sangre fría" sobre un asesinato del siglo XIX, escrito en el siglo XXI por Kate Summerscale.
Y al lado de los cuadernos de Paul Valéry, viajarán los aforismos de Juan Ramón Jiménez, esa joya llamada Río arriba. Seguro que no harán mala compañía, Las ensoñaciones del paseante solitario de Rousseau. También se vienen conmigo los libros de Adalbert Stifter, El sendero en el bosque y Abdias.
Recordar otras dos relecturas, El difunto Matías Pascal de Pirandello y Aguafuertes españolas de Robert Arlt.
No se me pueden olvidar las memorias de Agatha Christie, Ven y dime como vives. Y atreverme con el turbio, muy recomendado por Banville -del que me llevo su viaje a Praga- Evan Connnell que fue capaz de escribir El diario de un violador como si supiera de qué hablaba.
¿Y todavía no he pensado en los ensayos, ni en los libros de historia? ¿Y qué pasa con la poesía? Creo que tengo que hacer otra lista, añadir otra maleta. El mismo dilema de todos los veranos. Seguro que me olvido de alguno fundamental. Qué corto el verano, qué largo el olvido.
[Publicado el 24/7/2008 a las 11:15]
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Entre las alegrías de unos encuentros poéticos y nocturnos, mañaneros, cañeros -de cañas- y algunas risas, pocos ligues, fue conocer un poco mejor a dos "complutenses". Uno es de donde hizo el bachillerato, ya nos lo dejó dicho el listo de Max Aub. Y así encontré una cercanía de recuerdos de infancia y adolescencia en los editores Ana Santos y Pedro Miguel, madre, padre y muy señores suyos de la hermosa, pequeña que crece y excelente editorial "El Gaviero". No es sólo una buena editorial de jóvenes poetas y otras excursiones, es además, como quería JRJ, una bella editorial.
Entre las varias alegrías que me han proporcionado está un poeta que no conocía, Guillermo Lago. De Madrid, funcionario de la Administración Local- tan "pessoano"- en ayuntamientos de Almería. Y si las biografías no mienten residente en Las Vegas (Nevada). Ignoro si de tahúr, camarero, casamentero o cantante aficionado. El caso que es, como el título de su poemario tan del sur, un poeta de gozosa carga irónica. Un poeta divertido, que también tienen su lugar en el mundo. Dos ejemplos, como dos poemas y sin pasar página:
"UN SOLO BESO
En mis sueños,
Cuento el tiempo por meses,
Años, lustros,
Y no por los besos que
di/diste/ dimos
A ti
más de mil, aquella, cientos
¿a quién sólo diez, o tres, o quinientos?
A miles de millones, ninguno.
El mes lo cuento por
horas, minutos, segundos,
en espera de uno,
un solo beso, en el que
sea> seas> seamos:
uno
1
_
PORTERO AUTOMÁTICO
(DE CASA ENCENDIDA)
-¿Sí?
-Yo.
-¿Ya?
-Sí
En un solo beso me he comido unos versos de Gil de Biedma que anteceden el poema:
"La vida entonces, ya se cuenta/ por unidades de amor tuyo,/ tan diminutas que se olvidan/ en lo feliz, en lo confuso."
Qué buen tiempo el verano para versos y besos. De varias clases, incluidos los furtivos.
[Publicado el 23/7/2008 a las 10:53]
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Cantantes para tiempos de crisis
Estuvimos allí. Vimos que Tom Waits es mucho más que un misterioso rumor. Es uno de los nuestros. El más ronco, más teatral y el más parecido a los ogros que poblaban los cuentos de nuestra infancia de los cantantes de nuestra vida. Con él viajan muchos: el buhonero, el saltimbanqui, el artista bajo la carpa de un circo popular, el buscavidas que se escapará del pueblo con la chica del bar.
Y un explorador de borracheras, un vagabundo que canta por un nickel, un andarríos, un trotamundos y un vagamundeador que supo llegar a nuestro corazón que no estaba helado. Y es otros: un hombre rico disfrazado de estéticos harapos o un marido controlado por su mujer, una ex monja que llegó al show business. Es el buen padre que ayuda a que sus hijos justifiquen su herencia. Es el amigo de Bukowski que come en Arzak. El que da de beber a su piano hasta emborracharlo. El que recorrió el camino salvaje y el que dio la vuelta. Y el que apenas recuerda los tiempos en que declaraba: "La gente que no puede con las drogas se entrega a la realidad". Todos esos Tom Waits hemos compartido en un mejorable escenario en Barcelona, ciudad que supo cantar en tiempos difíciles.
Tom Waits es el amigo de Bukowski que come en Arzak. El que da de beber a su piano hasta emborracharlo.
Recordamos a su estirpe, que hace entre nosotros su verano no sangriento. A los que hicieron canciones para escapar de un país que soportaba himnos y folclores de los ganadores de una guerra. A su amigo que navegó por parecidos ríos, Bruce Springsteen. Al sobrio, elegante, tan esencial en su poesía, seguidor de Lorca, Leonard Cohen. O al judío creyente y descreído, el primero de la estirpe, al que hizo que nuestras misas civiles llevaran las letras de sus canciones, Bob Dylan. Todos cantaron contra las guerras, contra aquella de Vietnam, contra éstas de Bush y su tropa. Cantantes, compañeros de nuestros viajes como Raimon o Paco Ibáñez, como Sisa o Aute. Con ellos, con muchos más, tomamos las playas de Canet, los campus universitarios, los estadios atléticos, las plazas de toros o los garitos ciudadanos donde escuchamos unas músicas que cambiaron nuestro mundo.
El estrafalario Tom Waits se ha estrenado en esta vieja tierra, bien conocida por sus amigos americanos. Pero sabía de sus músicas, de sus guerras. En sus años de clubes de jazz conoció a un viejo pianista manco que tocaba una canción que le gustaba a Dylan: "Sin una canción, la carretera jamás se curva". El viejo pianista, manco y de Chicago, había estado luchando y cantando en Madrid, en España, era un voluntario de las Brigadas Internacionales. Volvió a Madrid, grabó para Basilio Martín Patino. Y el extraño melancólico Tom Waits, con su voz de clamor, de profundidades de una ciudad bombardeada, nos pareció uno de ellos. De esos que nos salvan cantando canciones para después de una guerra.
Artículo publicado en: El País, 20 de julio de 2008.
[Publicado el 21/7/2008 a las 10:50]
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Desconcierto, racismo y vista cansada
Todavía me duraba la resaca emocional del concierto de Tom Waits. Había disfrutado, estaba contento, subía por el paseo de Gracia de Barcelona, llevaba el último libro de poemas de Raquel Lanseros en mi macuto. Y también llevaba mis flamantes, nuevas y preciosas gafas para mi vista cansada. Tenía unas horas por delante antes de tomar un avión a Almería. Participaba en un curso sobre Internet y poesía dirigido por Miguel Naveros y Jesús Vigorra, admirados por distintas razones. Estaba contento con las músicas, con los poemas y con el futuro encuentro con jóvenes poetas andaluces.
Un señor de unos cuarenta años, bajito, sonriente y con aspecto de algún país del norte Africano, me pide la hora. Le tengo que decir que espere un momento, tengo que sacar mi móvil e intentar adivinar sin tener que poner me las gafas. Me pregunta si yo soy de esos racistas que les molesta pararse con un "moro". Le digo que en absoluto y me preocupo por su procedencia. Me dice que es un profesor de literatura de Túnez. Y me pregunta si soy barcelonés. Sigo la conversación y me solicita hablar un poco más conmigo pero en un lugar menos transitado... y me ruega que ¡no hable tan alto! Me siento estúpido, por educado y paciente. Le digo que tengo que seguir mi camino. Noto que se sigue acercando a mí, a mi mochila. No reacciono. Le digo adiós. Y sigo mi camino. El se queda con una mirada de pocos amigos. Y se dirige a mí con éstas poco cariñosas palabras: "cabrón, racista...ya lo sabía yo. ¡Racista!... ¡Hijo de puta!".
Decido hacer oídos sordos y sigo mi camino. Algunos me miran como si hubiera tenido una conducta racista contra aquél tipo pequeño e iracundo.
Me paro en un café. Tengo tiempo para leer. Quiero volver a Los ojos de la niebla de Raquel Lanseros. Encuentro abierto un lateral de mi mochila. Me han quitado las gafas. Las gafas de diseño años cuarenta, las putas, caras y cómodas gafas. Las gafas que eran para mi vista cansada. Me brota un cabreo con incrustaciones racistas. Consigo vencer ese estúpido sentimiento.
Recuerdo historias de mis veinte años. Estaba en el Cabo Blanco, me escapaba de Argelia dónde me había robado. Estaba feliz en el norte de Túnez. En un albergue de jóvenes europeos me limpiaron los últimos que me quedaban. Fui rescatado por unos sardos. Éramos pobre y viajeros. Nunca fuimos racistas. Ahora que somos menos pobres, pero seguimos viajeros, tampoco queremos ser racistas. Volveré a conseguir otras gafas. Tendré que superar los inconvenientes de mi vista cansada. Habrá que asumir que después de un gran concierto nos toca un poco de desconcierto.
[Publicado el 18/7/2008 a las 13:38]
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El cantante estadounidense Tom Waits
No me gustaba el sitio. No me gustan los guardias de seguridad. Pululando nerviosos, buscando al gran culpable que hiciera una foto al ídolo. Y hablando detrás de nuestros cogotes. No me gustaban otras cosas pero estaba entregado a uno de los cantantes que más conmociones verbales y emocionales ha provocado en mis muchos años de escuchar cantamañanas y cantanoches. No soy crítico. Ni soy lírico. Me gustan algunas cosas suaves y otras cosas que raspan. De las que raspan, la voz de Tom Waits es de mis preferidas. Con él, en directo, me trasporté más fácilmente a mundos con cuentos crueles, con finales inciertos y con salidas que llegan a dudosos destinos. Hice carreteras que nunca conocí, navegué por ríos arriesgados y reposé en chimeneas de casas en las que nunca estuve. Fueron dos horas fascinantes, aunque hubiera algunos desajustes según comentan los críticos. Sentí que en la mayoría de las canciones estaba Waits con toda su carga de pasiones, pecados, viajes y diversiones que llegan con el circo itinerante. Llega como los cómicos llegaban a los pueblos perdidos, como el extranjero que entra por la carretera solitaria, como el mendigo que cuenta historias como el vendedor de pócimas en un pueblo de la fiebre del oro.
Y algunas veces, como él les dijo a sus músicos, tocaba, cantaba como si su "pelo estuviera en llamas". Cantaba desde dentro, desde una cueva que muy pocos conocen y que ninguno explora como él.
Hermoso como el silencio en el último disco de Marcel Marceau. Genial impostura de un tipo que ya no rompe ventanas, ni se queda con el balón del vecino, ni fuma canutos, ni bebe hasta el amanecer. Un tipo que, incluso, ya ni detesta a los perros, ni a los niños. Un tipo que se traiciona tanto no puede ser tan malo. Tiene que ser uno de los nuestros aunque sea en los viejos, rescatados vinilos. Este verano me pienso dar un atracón de Tom Waits. Seguro que es tan peligroso como algunos mariscos. Pero no hay quién me retire del placer de ese ruido que me recuerda la música que nunca dejará de alegrar a los pueblos perdidos, y sin collar.
Después del concierto llegó el desconcierto, pero eso es otro tema.
[Publicado el 17/7/2008 a las 11:15]
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Los hombres que no amaban a las mujeres

[Publicado el 15/7/2008 a las 16:53]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
05/9/2008 23:24
Publicado por: Una ET en Euskadi
05/9/2008 19:26
Publicado por: escarola
05/9/2008 18:41
Me gustan especialmente las dos...
Publicado por: oe
05/9/2008 18:37
Pues no se me ocurre nada que...
Publicado por: oe
05/9/2008 13:23
Publicado por: aLex
05/9/2008 13:11
Publicado por: escarola
04/9/2008 16:18
el cuerpo de bomberos con casco...
Publicado por: marea
04/9/2008 14:03
Lo malo es que con el uniforme...
Publicado por: Enea
04/9/2008 13:58
Publicado por: Enea
04/9/2008 12:53
Publicado por: Enea
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