El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 10 de marzo de 2010

 Blog de Javier Rioyo

MIRANDO A ESCRITORES

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Hace unos días recibí un libro de ediciones Siruela escrito por Jesús Marchamalo: "44 Escritores de la literatura universal", unos curiosos textos biográficos sobre imprescindibles de la literatura universal que continúa otro que ya había dedicado a los escritores en español. Como aquél está acompañado de los retratos, cariñosas y certeras caricaturas, del pintor Damián Flores.

Hace tiempo, varias décadas, que nos conozco a Marchamalo. Y desde entonces conozco su pasión libresca. Era un joven con gafas y sonrisa, con prisas y tranquilidad, pulcro y curioso representante de esa tribu que conocíamos como "letraheridos". Habíamos coincidido en esquinas de Radio Nacional, ese mastodonte comunicativo que sigue sin conseguir lo que esperábamos, lo que nos merecíamos, nos seguimos mereciendo. Seguimos cada uno por su sitio, por nuestro sitio, en vidas paralelas y nos hemos ido encontrando en cosas de letras, de escritores y de escritos seguido sus colaboraciones en el cultural de ABC, una isla tan nuestra, tan visitada, tan necesaria.

Y abrí su libro, sus paseos por algunos de los imprescindibles de la literatura universal. Lo recomiendo vivamente. No hay nada nuevo en este acercamiento, pero todo en su mirada es nuevo, subjetivo, interesante y notable por sus formas y su curiosidad.

Un ejemplo, así comienza su "retrato" de Thomas Mann:

"Tuvo una predilección, obsesiva, por los números redondos. Una vocación secreta de contable, de brujo o cabalista, que le hacía cuadrar fechas y efemérides. Nacido en 1875, veinticinco años- exactos- más tarde publicó "Los Buddenbrook" y veinticinco años después "La montaña mágica". Así que en 1950, según sus cuentas le tocaba morirse. Se equivocó.

Quiso ser, de pequeño, pastelero o revisor de tranvías, aunque no le habría ido mal de actor: no había cosa que más le divirtiera que salir de su casa fingiendo ser un príncipe, un banquero, un explorador de lejanas aventuras: el paso decidido, el juego acompasado del bastón, la mirada altiva..."

Dan muchas ganas de seguir sus vidas. Y, sobre todo, sus obras. Un libro lúcido e inteligente para hacer lectores.

Otro día tengo que hablar de otro escrito sobre escritores. También con retratos pintados, caricaturizados. Es del maestro Manuel Vicent, tan cercano, tan lúcido y poco profesoral. Raras virtudes por estos pagos.

[Publicado el 11/12/2009 a las 10:10]

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John Lennon

 

La biografía es un género anglosajón. Aquí, salvo rarezas contadas, hemos pasado de las vidas de santos a los inciensos civiles de algunos de nuestra galería de famosos. Los que quieran trabajar el género tienen todo el campo abierto, el terreno abonado y a los protagonistas deseantes. Hay en nuestra historia reciente y lejana toda clase de ilustres que siguen esperando un biógrafo paciente. No necesariamente complaciente.

 Estoy leyendo estos días una biografía ejemplar. Lo digo con esperanza y con envidia. Es la vida de poca santidad de John Lennon. Escrita por Philip Norman y publicada por Anagrama. No es nuevo en estos pagos el biógrafo Norman. Pertenece a  la generación del pop y autor de un libro imprescindible sobre los Beatles, "¡Gritad!", además de otras sobre los Rolling, Elton John o Buddy Holly. Solo conozco su trabajo sobre los de Liverpool que es, sencillamente, imprescindible. Mucho más si te gustan los Beatles.

Ahora ochocientas páginas sobre Lennon, el más fascinante del grupo. El más genial y uno de los personajes que cambiaron los gustos del pasado siglo. Sin duda me importó mucho más que el Che, que Cristo- o sus seguidores- o que Kennedy. Lennon fue el ídolo, el héroe que necesitábamos una generación que ya estábamos muy dispuestos para seguir a los descreídos,  los contradictorios y los arbitrarios. Después de la alegre inocencia juvenil, nos llegaron sus pacifismos, su vida entre camas blancas, la exótica Yoko- ¡la mala!- los caprichos de un famoso que parecía indomesticable. Después llegó esa muerte, tan injusta, tan cruel pero con la edad de hacer un presentable cadáver. Lennon siempre fue uno de esos creadores que salvaríamos de los infiernos, o purgatorios, y que nos llevaríamos como acompañante de músicas, y algunas letras, para construirnos paraísos falsos, sí, pero más apetecibles que la habitual oferta del menú de las falsas religiones.

La primera parte de la biografía de Norman me recuerda a la vida posible de un nieto sacado del mundo de Dikens, pasado por la música rock, la televisión y las chicas de la rebelión sexual. Un chico de barrio, una familia complicada, unas vidas de perdedores que se salvan por el talento, la música y las ganas de salir de las viejas moralidades. Una biografía que nos hace entender con sus músicas, sus letras, sus caprichos, sus manías, cinismos, amores, disparates y arbitrariedades a un ser fascinante. Y también al otro, al mismo, al que tantas veces resultó un tipo insoportable. Lennon fue el hermano mayor que muchos hubiéramos deseado. Sobre todo después de haber triunfado en compañía de unos chicos como él, como nosotros. Todos quisimos ser los Beatles. Ninguno lo consiguió.

Una vez dijo que "no creía que hubiera alguna causa que merezca que te peguen un tiro por ella". Yo tampoco. Un día como hoy de hace veintinueve años un cretino, y mal lector de "El guardián entre el centeno", quitó la vida de un tiro de John Lennon, acababa de cumplir los cuarenta años y ya era un hombre para la eternidad.  

[Publicado el 08/12/2009 a las 23:12]

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DE GAYA A TRAPIELLO

 

El camino mejor para llegar a Andrés Trapiello es admirar a Ramón Gaya. Estoy en Murcia, naturalmente he visitado el museo dedicado a Ramón Gaya, ¡mucho más que un gran pintor! y he recordado algunos encuentros con este hombre esencial, tímido, casi secreto por su discreción y de una importancia notable en nuestra pintura. Un elegante velazqueño. Además, un excelente escritor, ensayista, poeta y una persona importante desde le ética y la estética. Una vez estuve unas horas en su casa madrileña, al lado de la Plaza Mayor, mantuvimos una conversación grabada que nunca se pudo emitir por fallos técnicos. Una torpeza muy marca de la casa, de la mía, claro.

En Murcia, la ciudad de su infancia, de su adolescencia y a la que siempre volvió, esa ciudad, ese sitio de "solitaria sustancia...una singularidad imprecisa, misteriosa, secreta, fina, inefable, indecible, invisible" Así se refería a su ciudad perdida. Esa ciudad desaparecida de su infancia que siempre llevó consigo.

Y de Gaya he pasado a su amigo- un camino fácil, lógico y sin muchos desvíos- el escritor que no cesa, el poeta, memorialista y editor Andrés Trapiello. Le conozco desde los años del pop y el trotskismo o casi. He seguido, con más o menos fidelidad, sus apuntes diarios, su "salón de pasos perdidos", esa novela de la vida cotidiana contada desde su ironía, su ternura, su sensibilidad y su mala leche. Muchas veces comparto su manera de contarnos la vida y sus intérpretes. Algunas veces son muy reconocibles, muy verdaderos y otras se nos presentan como pasados por las máscaras. Creo que Trapiello es ya el escritor español que más páginas ha publicado. Habrá que cotejar con Menéndez Pelayo, Galdós, Lope y no me acuerdo de ningún "Tostado" más. Seguramente en el futuro lo pasaré al ebook, lo leeré de manera electrónica, pero ahora los "trapiellos" ocupan unos cuantos metros de mis caóticas estanterías. Me gustan esos tomos de memorias, esos pasos agrupados en las ediciones de Pre-Textos- la misma editorial de Ramón Gaya. Editorial de muchas alegrías.

Voy abriendo un poco al azar este tomo último "Troppo vero" y me encuentro con páginas que me atrapan. Por ejemplo unas en las que se habla de las casas de los escritores, de las casas de la gente, de las casas de los amigos. ¿Somos cómo nuestras casas? Yo de vez en cuando me reconozco en algún espacio de mi casa. Otras veces creo que debería ser otro, en otra casa.

Y en mis días de fiebre, también tropiezo con éste espejo de mi mismo, de pensamientos que nunca había escrito contados por Trapiello: "Cuando se está enfermo los pensamientos que tiene uno se parecen mucho a los cachivaches del Rastro, son cada cual de su padre y de su madre, y salen todos desportillados después de haber servido a dos generaciones. Así que se acostumbra uno a verse como uno de esos restos de naufragio con los que juegan las olas de la playa durante horas, sin decidirse nunca ni a dejarlo en la arena ni a llevárselo mar adentro, y tan pronto lo pone en la playa una ola igual que la siguiente, igual que la que la precedió, vuelve a llevárselo"

Me gustan sus pensamientos, me duelen menos que los míos. Y me gusta compartir también con Andrés la admiración por Lichtenberg:"Solo nos duele algo si tenemos un pensamiento propio"

Recuerdo que alguna vez que algo me dolió. Pero no lo recuerdo bien.

 

[Publicado el 04/12/2009 a las 17:48]

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José Emilio Pacheco

 

Días de fiebre. Creo que tienen demasiado prestigio. Se añora esa sensación de parar el tiempo, de quedarse vagueando con la excusa del malestar y terminas por estar mal, incómodo y con ganas de terminar el encierro. A pesar de todo he tenido dos o tres alegrías lectoras. La principal es estar con el último libro de poemas de José Emilio Pacheco en el mismo momento que el jurado hacía justicia poética. ¡Queremos tanto a José Emilio! Es fácil. Lo que no quiere decir que sea unánime. Conozco más de uno de esos poetas cerrados en su jardín- incluso aunque el jardín apenas tenga algo más que un tiesto- que no habrá recibido bien el premio para un poeta tan claro. Siempre les quedarán sus Venecias.

Cuando piensas en José Emilio, también piensas que es un fingidor, sobre todo ahora con tantos premios, tantos reconocimientos. Ahora sí, como todos nosotros, quizá se sienta identificado a ese poema suyo "Antiguos compañeros se reúnen: Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años"

José Emilio, como algunos poetas y algunos cantantes, hay un poema que no puede evitar así que hayan pasado cincuenta años. Todos los mexicanos que leen poesía lo conocen pero aquí lo recuerdo para los demás:

"ALTA TRAICION

 

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques, desiertos, fortalezas,

una ciudad desecha, gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

-y tres o cuatro ríos"

 

Y le seguimos queriendo laureado, millonario, discreto y queriendo ver a Sabina un veinte de Noviembre en Salamanca.

Le seguimos queriendo- entre otros muchos poemas de su libro último: "Como la lluvia"- porque nos deja poemas como el que nos deja una de esas canciones mexicanas que nos acompañan cuando estamos bien. Y cuando estamos peor.

 

"FOLLETINES Y MELODRAMAS

 

En realidad mis obras predilectas

Son las confesiones que distinguen

Entre buenos y malos sin matices.

 

Reconforta pensar: Estoy del lado

Del bien y la justicia y al final

Encontrarán castigo los villanos

 

Ya que en el mundo nada de esto ocurre

Me acojo a la ilusión por un instante:

La verdad es dolorosa y no la acepto"

 

 

[Publicado el 01/12/2009 a las 20:01]

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SABINA, EL REGRESO

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"Huir hacia una región conquistada, y pronto descubrir que es intolerable, porque uno no puede huir a ninguna otra parte"                        

                                                                "Diarios", Franz Kafka

Sabina, con su aspecto de "casual kafkiano", nos recibe en su casa de Tirso con vistas a Lavapiés. Un conocido territorio de quinientas noches que nos sorprende con una otoñal luz del mediodía. El amigo está acicalado de la cabeza a los pies como un reconstruido y pulcro cantamañanas en promoción.

Se despereza como uno de esos gatos suyos que saben canciones de Brassens. Desayuna cerveza como un chusvisor cualquiera que no quiere perder su toque heterodoxo. Tiene más libros que Menéndez Pelayo. Habla con pocas pausas, con prisas roncas, con muchas risas y sin dejar de velar por su salud con sus cigarrillos de verita y sus boquillas de mentiré.

Se está bien en la casa/museo de Joaquín Sabina. Entre adornos de traje de Luces- con sangre derramada en las Ventas- entre sombras como sombreros de Joyce y letras de primera edición del Ulises. Rodeados por libros que  nos hacen caer en la tentación de todo lo que nos queda por robar, desde Góngora a Cernuda. Nos sentimos cómodos entre vírgenes cachondas, angelotes salidos, fotos, cuadros de vida y amables, despiertas, jimenas. Algunas de las hermosas compañías que ordenan su laberinto.

El canalla bondadoso Sabina habla, grita, se mueve como un noble sin ruinas, sin títulos y conservando una viva inteligencia unida a un peculiar estilo de ser cariñoso. Algo situado entre una puta que no cobra y un burgués con una bomba en el bolsillo. Chico de barrio que con los años, y las letras, ha sabido depurar su aspecto de terrorista domesticando por las maneras del letraherido. Tierno duro, andaluz en un andén de Atocha, uno de Úbeda, madrileño hasta la muerte, pero ni un paso más.

Joaquín el versificador y Sabina, el roquero cantautor, llevan días de paseo por los ruedos ibéricos. Sin rosas, sin vinos ni vinagres, con los nervios de un nuevo disco y pleno viaje de músicas por montera.

La gira empezó en 20 de noviembre en Salamanca y sin franquistas. Con Sabinistas de varias generaciones, montones volando que ya tienen bula para recorrer cien caminos que no llevan a Roma. Dispuestos a fugarse por un cul de sac y amanecer en algún pueblo de tierra adentro y mar de fondo.

Sabina, como Kafka, es capaz de irse a nadar mientras la tercera guerra mundial estalla en su barrio...

Y seguimos bebiendo, riendo y contando algunas mentiras. Sabina miente con estilo. Miente hasta en su epitafio: "Aquí yace Joaquín Sabina: jamás dio la cara"

(Introducción y cierre de una entrevista que realicé a Sabina y que aparece completa en el suplemento "Dominical" del 29/ 11/ 09. Y que reproduzco pensando el sabinista gallego Ramón Rozas. Y sin olvidar a alguna filóloga de Vigo a la que no le importaría hacer noche en un lugar llamado Sabina.

Los del Atlético estamos preparados para derrotas. Y para alguna vez, para sorpresa de casi todos meter algún gol)   

                  

[Publicado el 30/11/2009 a las 18:15]

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vivir en el pueblo

 

 

 

 

 Ser de pueblo. Quedarse en el lugar dónde uno nació. Crecer con sus recuerdos siempre a la vuelta de la esquina, en el prado cercano, entre alimoches y cerdos, cerca de la vía del Calatraveño, en un mundo rural que sabe de lo hermoso del paisaje y lo duro del paisanaje. Tierras andaluzas, que miran a Castilla y Extremadura, comarca de los Pedroches, en la sierra de Córdoba, entre el suelo y el cielo, en el lugar dónde habita el poeta, novelista y memorialista Alejandro López Andrada. Nació en Villanueva del Duque, allí sigue viviendo y escribiendo. Iluminado por su propia memoria, luchando por hacer que no desaparezca un mundo, el mundo que conoció en su infancia feliz e injusta de un niño de pueblo, de una familia que, como tantas, perdió la guerra. Mundo que sabe contar López Andrada en todos sus libros. Físicamente me recuerda a un César Vallejo que no ha necesitado vivir los aguaceros de París, que ha sabido contarnos las dehesas y los pájaros, las brumas y los vientos.

Estoy leyendo su último libro, un ensayo que, como dice Luis Mateo Díez, nos llama la atención sobre "la desaparición del mundo rural, de una cultura y unos modos de vida". El libro se llama "El óxido del cielo" y me emocionan muchas cosas, muchas de sus historias de gentes que han vivido en un mundo que ahora parece producto de la imaginación, del recuerdo de alguien de otro tiempo. Y no es así. Alejandro, las gentes de esos pueblos, de tantos pueblos españoles, están viviendo nuestro mismo tiempo, nuestras mismas crisis, nuestras mismas miserias y nuestras mismas mentiras. La diferencia es que ellos son capaces de vivir con su memoria de cosas cercanas y extraordinarias. Por ejemplo, el silencio de unos tomillares en el crepúsculo de una tarde.

Estoy viajando hacia allí. Se que me espera un olor a vida real, a lentitud de paisaje que hace pensar que la vida debería ser más amable. Después de la calma necesitaré la tempestad de mi ciudad. No supimos quedarnos en los pueblos.

[Publicado el 27/11/2009 a las 13:11]

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POR LAS MUJERES, CONTRA ALGUNOS HOMBRES

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Hoy es un día para recordar que todavía hay cobardes, despreciables y miserables hombres que no aman a las mujeres. Contra ellos se han dicho, escrito, pensado y grabado muchas cosas. Todavía actúan en la impunidad de los espacios cerrados, en las casas como cárceles y en lugares que no saben que podrían ser propicios para el amor. Hoy me encuentro con un poema de Eva Vaz, un poema de los muchos que Juan José Téllez selecciona en su libro "Poemas a toda plana". Una inteligente manera de llevar canciones y poemas al áspero mundo- a veces menos áspero- de las noticias de un periódico.

Copio el poema, como un poema de amor a las mujeres maltratadas. Como desprecio a los maltratadotes.

 

"64 MUJERES FUERON ASESINADAS POR SU PAREJA EL AÑO PASADO EN ESPAÑA"

                                             LEGÍTIMA DEFENSA

 

 

Cuando el juez le preguntó

Por qué tuvo que matar, Mona, seria, respondió:

-Fue el calor y la humedad-.

Nacho Vegas.

Lo hice porque tenía que hacerlo.

Me lo pedían

las varices.

Me lo dijo el

Espejo.

Lo hice sin más motivos

que mi tristeza.

Lo hice porque me dolía

la conciencia.

Porque me dolía la espalda.

Porque me dolía la fregona.

Porque me dolía su carne.

Asfixiándome el útero cuando

tenía que descargar.

Lo hice porque me dolía

la artrosis

que me dejó en las últimas

vértebras rotas.

Lo hice porque aún

me quedaba sangre

en los pechos

de su último

mordisco.

Lo hice porque había que hacerlo

Lo hice porque a los niños

les hubiera gustado

que fuera él...

Y no yo.

[Publicado el 25/11/2009 a las 18:59]

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EL ORIGEN DEL MUNDO

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"El arte nunca es casto o, si es casto, no es arte". Eso dijo una vez el no muy casto Picasso. Así pensamos muchos que huimos del sometimiento de la castidad. Una enfermedad de la que no nos libramos del todo. Algo que deberíamos haber consultado a Lacan. O en su ausencia a algún lacaniano de confianza. A veces me arrepiento de no psicoanalizarme. De manera profesional quiero decir.

El azar o la necesidad aparecieron otra vez en esta barra abierta y con vistas. Estaba leyendo como si de una novela de acción o como una novela negra, el ensayo dedicado a rastrear la vida del uno de los cuadros más impresionantes y peculiares de la historia de la pintura, cuando algunos amigos de éstos lugares ya estaban comentando vicisitudes del famoso- y muchos años prohibido, escondido, deseado y oculto- de Courbet, "El origen del mundo"

Y el mismo azar, o lo que sea, hizo que mientras llevaba el libro en mis manos me tropezara en una calle de Madrid con el pintor Luis Gordillo. Uno de los padres pintores de nuestra modernidad y psicoanalizado desde hace muchos años. Brevemente le comenté algo de la apasionante historia del cuadro, de sus misterios y sus avatares. Uno de los coños más visitados, reproducidos y admirados desde que hace años pasó a formar parte de la colección del Museo de Orsay en París. Gordillo me dijo que habría que revisar  la obra de Courbet. Que la habían negado mucho tiempo y que, sin embargo, cuando veía el cuadro daban ganas de entrar en él. Se me olvidó comentarle que uno de sus propietarios había sido Lacan.

La historia del cuadro nos lleva a los años bohemios de los pintores y sus modelos, a los mecenas y los libertinos del XIX, al comercio de los cuadros eróticos al margen de las galerías oficiales. Y a la desmesurada historia del siglo XX, con nazis, soviéticos y otros dominadores queriendo apropiarse del cuadro. Felizmente ya no está prohibido, está a la vista del que quiera en reproducción y para el viajero parisino.

Mientras tanto, los viajeros por Madrid y los residentes, pueden escaparse al museo Thyseen- Bornemisza y pasear por la curiosa exposición temporal, "Lágrimas de eros". No está "El origen del mundo",  hay otros erotismos. También otro Courbet, "Mujer en las olas". ¿Sería ella la del famoso coño? Misterio que ni el autor del libro, Thierry Savatier nos podrá responder. El ojo debe seguir mirando. El misterio permanece.

[Publicado el 23/11/2009 a las 23:36]

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La ultima estatua

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El irónico Lech decía que lo mejor era conservar los pedestales después de haber derribado las estatuas. Era mejor ser precavidos para el ahorro de la comunidad. Vendría otro dictador, otro prócer, otro militar con el que se podría aprovechar el viejo pedestal. A los irónicos nunca les hacen caso. Y hemos perdido muchos pedestales. También, felizmente, muchas estatuas. Me gustan algunas, incluso muchas estatuas. Incluidas las de algunos dictadores. Siempre que no fueran los nuestros cercanos, esos que hicieron que durante muchos años viviéramos peor.

Hoy es 20-N, el día de la muerte de Franco, también el día de la muerte de José Antonio Primo de Rivera y de Buenaventura Durruti. Al anarquista lo sigo mirando con curiosidad, con cierta cercanía y con una muy matizada admiración. A Primo de Rivera con curiosidad y poca simpatía. A Franco con desprecio ético, estético, vital y visceral. Algo que se parece al odio que apenas conocemos.

He venido de Melilla, ciudad que disfruto por muchas cosas, algunos amigos, de curiosa e interesante arquitectura y de una ubicación que hacen de ella la más insólita ciudad española. Una rareza en el norte de Afrecha. Una plaza militar que se convirtió en ciudad civil y que conoce convivencias que en otros lugares son muy complicadas. Algún día hablaré de ella, de su curiosa historia y de algunos de sus personajes.

En compañía del historiador Vicente Moga Romero recorrí algunos de los últimos lugares públicos que en la ciudad recuerdan a Franco y a su ignominiosa victoria de guerra. Aquí se fraguaron muchas cosas. Hoy nadie- al menos no la mayoría- quiere ser la ciudad española que conserva la última estatua de Franco. Ahí sigue, en compañía de otros monumentos que hablan de "una, grande y libre patria". Eso para referirse a la pobre y secuestrada patria que nos arrebataron por la fuerza.

La estatua es tan prescindible como su representado comandante Franco. Disimula con la apariencia de militar tranquilo, casi parece un cazador, un ornitólogo. La cara es de ese estilo pánfilo que siempre tuvo y el gesto es el del asustado que convivía con el taimado. Es una birria escultórica que debería estar en el feo museo de algunos nostálgicos y no a la entrada portuaria de Melilla. Al menos está bastante solo. Deberían quitarlo un día de éstos y no aprovechar ni el pedestal porque sigue la representación en bronce de las "gestas" de  la historia del militar de la estatua. No esperemos a que sea un noble hierro herrumbroso. Mejor que termine como esas estatuas de piedra del poema de Ángel González:

"....Hacia la piedra regresaréis piedra,

indiferente mineral, hundido

escombro,

después de haber vivido el duro, ilustre,

solemne, victorioso, ecuestre sueño

de una gloria erigida a la memoria

de algo también disperso en el olvido"

 

Que se vaya al olvido. Y en compañía de otros.

 

 

 

 

 

[Publicado el 20/11/2009 a las 15:04]

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SIMPATIA POR LOS MALOS

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Una de las felicidades que la literatura nos procura es poder admirar a los malos. O, al menos, mirar con muchas simpatías. He leído una corta y excelente novela con la misma simpatía que los Rolling Stones sienten/sentimos por el diablo. Se llama "El caballo amarillo", es una ficción del diario de un terrorista ruso. Está escrito por Boris Savinkov, del que casi nada sabía pero ya tiene un admirador más en mí.

La vida de este escritor y peculiar artista ruso, tiene muchos paralelismos con el personaje de su obra. Formó parte de aquello pioneros del socialismo, de aquellos anarquistas rusos exaltados que lanzaban bombas contra la corrupta aristocracia zarista.

Los anarquistas rusos son casi un género literario. Y ahora entiendo mejor, después de leer a Savinkov, la admiración y deuda que con él tuvo Albert Camus para escribir personajes tan sin sentimientos ante el crimen, ante el asesinato. "El extranjero" y "Los justos" son deudores del libro de exaltación anarquista, del asesinato como una bella arte literaria.

Escritor rescatado por la editorial "Impedimenta", hombre de vida apasionante y contradictoria. Procedente de familia acomodada que sintió simpatías por los revolucionarios. Como tantos otros de la historia de las ideas izquierdistas y anarquistas. De él dijo Lenin que era "un burgués con una bomba en el bolsillo". Un hombre de acción que tuvo que marcharse al exilio, que conoció los mejores años bohemios parisinos, que se hizo amigo de Picasso, Cendras o Apollinaire. Regresa para luchar por la Revolución, es ministro con Kerenski, entra en contradicción con los bolcheviques, es condenado a muerte y termina cayendo por una ventana- suicidio o asesinato- en una de las cárceles de la Lubianka en Moscú.

Exaltado, genial, arbitrario, todo un personaje que nos cae bien a nosotros que apenas nos atrevemos a ser en la imaginación uno de esos vengadores contra los injustos, los canallas, los dictadores y los verdaderos malos de la historia. Los anarquistas de la historia rusa, algunos otros, aquellos místicos de la revolución, esos perdedores de la historia nos siguen provocando todas nuestras simpatías.

[Publicado el 16/11/2009 a las 22:11]

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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