
Casi nunca estoy ocioso. Estoy leyendo. Escribiendo. A veces pensando, bebiendo, hablando. Incluso haciendo otras cosas. Pero no me recuerdo ocioso. Y me encantaría. No hacer nada. Preferir no hacerlo. Pero no estoy preparado.
He recibido cinco pequeñas joyas de una de esas pequeñas grandes editoriales. De esos editores que hacen los libros a mano. Que cuidan cada uno como si fueran únicos. La editorial se llama Gadir. Y ha comenzado con el muy querido Robert Louis Stevenson, el hijo del farero, el añorado Tusitala de Samoa. Son libros para llevar en el bolsillo, para lectura corta y placer largo. El de Stevenson se llama "En defensa de los ociosos". Los otros son de Pessoa, Carlo Dossi, Emerson, Gasquet.
La lección ética y vital, el pequeño ensayo de Stevenson recoge el diálogo de dos ingleses conocidos:
"Boswell: Estar ocioso resulta aburrido.
Johnson: Eso sucede, señor, porque como los demás están ocupados, nos falta compañía; más si todos estuviéramos ociosos, no resultaría aburrido; nos entrtendríamos los unos a los otros"
Y el mismo Stevenson escribe: "Estar extremadamente ocupado, ya sea en la escuela o en la universidad, ya en la iglesia o el mercado, es un síntoma de deficiencia de vitalidad; una facilidad para mantenerse ocioso implica un apetito católico y un fuerte sentido de la identidad personal"
Me gusta pensar en mis ratos de ocio. Ahora me tengo que escapar al sur. Vuelvo en un rato.
[Publicado el 22/10/2009 a las 11:51]
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Respetadme, he crecido con el cine de Berlanga. Cada vez me parecen mejores sus películas y cada vez me gustan más, hasta las que no son obras maestras. Y si hablamos de la unión no santificada de Berlanga y Azcona, la reverencia se agranda. Así que está claro que habrá otros cineastas en nuestro cine pero ninguno más grande y necesario que él. Buñuel aparte, no era sólo español, Buñuel era universal.
Berlanga es nuestro genio más cercano. Un señorito valenciano, burgués ilustrado, liberal pasado por las fisuras y extravagancias de la historia que le tocó vivir, de aquél siglo veinte visto desde una relajada forma de ser español. Un rico venido a menos, pero nunca derrotado. Un ser generoso, pero sin dinero para invitar. Un gentleman que se saca los mocos. Un pornógrafo cercano a la castidad. Un infiel que no pone los cuernos. Un escritor que se ha despistado cazando moscas. Un travestido que nunca se ha quitado la chaqueta. Un guarro muy pulcro. Un tierno despistado. Un perezoso trabajador. Un individualista muy sociable. Un tertuliano misántropo. Un republicano falangista. Un ácrata de derechas. Un izquierdista burgués.
Con los años, el empeño, incluso sin mucho empeño, pero viviendo de éste oficio de correveidile que elegí, me tocó o no me acuerdo como empezó esa cosa de ser periodista, uno va conociendo a mucha gente. Incluso demasiada. Una de las personas que más me complace y emociona haber conocido es a Berlanga. Me gustaría haberlo frecuentado mucho más. Haber disfrutado de su imaginación, de sus manías, de sus pasiones confesadas, de sus ocurrencias y de su peculiar vida. Hemos compartido algunas comidas, algunos cafés y cómo apenas bebe no puedo decir que algunas copas pero sí algunas sobremesas. Muchas cosas que piensa, dice y cómo las cuenta y las dice, son imposibles de reproducir porque pertenecen a su particular y caótico modo de contar y contarse. Un genio desordenado. Su cultura y curiosidad es extensa, singular y despistada.
Fue el segundo peor soldado de la División Azul, esa extravagancia que le hizo combatir al lado de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, en las heladas estepas de Rusia, en las orillas del Volkov, al lado del lago Ilmen, dónde pasó vestido de soldado y sin enterarse de dónde estaba el frente- estaba muy oscuro- y con el recuerdo de la mierda humana congelada haciendo una montaña que no le disgustaba recordar. Digo que fue el segundo pero soldado de la historia nada gloriosa- aunque con muchos pobres jóvenes muertos en medio de aquella caótica empresa guerrera- porque también a su lado estaba el peor de todos, el inolvidable Luis Ciges. Su amigo, actor en tantas de sus películas, y con unas vidas paralelas que se fueron bifurcando. Los dos eran hijos de ilustrados burgueses valencianos- más ricos los Berlanga, más ilustrados los Ciges- los dos tuvieron unos padres republicanos y los dos pensaron, que entre otras consideraciones y aventuras, el ir voluntarios a la División Azul serviría para que no persiguieran a la familia. Una española manera de ocultar el pasado, de disimular procedencia, de hacerte perdonar tu condición. A ninguno le sirvió de nada. Ni a Ciges, con el padre ya asesinado y tirado en una fosa común con los parabienes del obispo de Ávila. Ni a Berlanga, con un padre condenado a la pena de muerte, que fue conmutada a cambio de perder gran parte de la fortuna familiar.
Por todo eso, y por muchas cosas más que tienen que ver con la inteligencia y la libertad, en tiempos de Franco, Berlanga fue algo mejor que un antifranquista. Fue un mal español.
PD: Hoy reproduzco el texto que se publica en un libro colectivo gracias a la Mostra de cine de Valencia. Hay nuevo director, tenemos renovadas esperanzas. Si la cosa siguiera por los caminos del espíritu berlanguiano no habría políticos como esos. ¿O sí? Acaso son así para no contradecir la mirada lúcida y esperpéntica de nuestro mejor genio vivo de ese arte del siglo XX. Con algunas propinas, excepciones, en el siglo XXI. Volver a Berlanga. Uno de nuestros placeres asegurados.
He corregido una errata que cambiaba el espíritu del texto y que, lamentablemente, estará para siempre en el libro en que homenajeamos a Berlanga.
[Publicado el 19/10/2009 a las 13:16]
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En algunas, muchas, obras literarias se entra por el título. Hay títulos que se marcan en nuestra vida lectora. Hacer ahora una lista de mis títulos requiere un tiempo que ahora no tengo. Pero desde que hace años me tropecé con esta hermosa, poderosa y emocionante novela, quedé atrapado por la belleza de su título. Un título con una melancolía que se parece a las estaciones de trenes. A las despedidas, a las soledades, a las incertidumbres de todo viaje. También las estaciones son el lugar para soñar viajes, para imaginar vidas, para inventar historias. De vez en cuando son la parada de un camino incierto. Son refugio y promesa de fuga. Un buen lugar para la alegría de recibir. Un lugar adecuado para llorar.
"En Grand Central Station me senté y lloré », escrita por Elizabeth Smart en estado de enamoramiento, es uno de los títulos más hermosos de la literatura del siglo XX. Es una pequeña joya casi olvidada, mal conocida y felizmente rescatada, con traducción de Laura Freixas, en nuestra querida editorial Periférica. Además esta novela de pasiones con lágrimas estrena nueva colección. Novela corta de una autora que vivió intensamente, que amó antes al poeta que al hombre- George Baker- y que después le escribiría ésta hermosa confesión enamorada.
Nos cuenta el editor, también novelista, Julián Rodríguez, que los textos de Smart sirvieron de inspiración a Paul Morrisey, el leader de los Smiths. Uno de los grupos más melancólicos del pop. Yo recordaba la dulzona voz de Bing Crosby, un cantante de aquella época, pero me gusta mucho más la "banda sonora" de Morrisey. Una razón más para acercarse a ésta novela perfecta para viajeros enamorados. O para estables enamoradizos.
Otro día, querida Silvie, hablaremos del suicidio. Hoy con unas lágrimas será suficiente.
[Publicado el 14/10/2009 a las 14:52]
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Herta Müller, esa desconocida.

Herta Müller
Madrid, cerca del Retiro. Doce, quizá trece, personas en una mesa. La mayoría periodistas "culturales". Convocados por los barceloneses, tan nuestros, tan suyos, de la editorial Tusquets. Sin prisas, pero sin pausas, tal como lo deseó el recordado Toni Lamadrid- y como lo quiere Beatriz de Moura, alma, corazón, presente y pasado de la editorial - nos presentaban al nuevo Director General: Pantaleón Bruguera. Un apellido que está unido a nuestras vidas, nuestros primeros pasos como lectores. El mismo apellido de la editorial dónde leímos nuestros primeros "tebeos", nuestros primeros libros ilustrados. Y un nombre que nos traslada a la evocación de una de las novelas más populares de Vargas Llosa. Placentera cita para hablar de libros, escritores, futuro editorial y convivencia con el libro electrónico, sus bondades y sus incertidumbres.
Y nos enteramos del nuevo premio Nóbel de Literatura. La sorpresa de cada año, precedido por el paseo por los habituales candidatos perdedores, la sorpresa de una liebre que nos despista y la confirmación de la imprevisible- o casi- de los ganadores de éste premio tan importante, tan discutible. Alegrías literarias, como el año que premiaron a Coetzee, que conviven con sorpresas "extra literarias" como el año que premiaron a Darío Fo. La historia del premio tiene luces y sombras mucho más sorprendentes. Y llegó el nombre de Herta Müller. Ninguno, ni uno de mis queridos compañeros, de los máximos responsables, madrileños, de la difusión cultural había leído ningún libro de Müller. Estaba perdida en ediciones de hace años, descatalogada y apenas viva en dos de sus libros editados por Siruela: "El hombre es un gran faisán en el mundo" y "En tierras lejanas".
Nos reconocimos en nuestra ignorancia, nos congratulamos en el cercano placer de poder acercarnos a territorios imprevistos, ignorados, olvidados y seguramente muy enriquecedores. El año pasado el premio fue para la excelencia de un escritor francés: Le Clézio. Novelista con mucho más "foco" que Müller, editado por Tusquets entre otros, y que consiguió pasar de la casi nada a tener unos miles de lectores. Gracias al Nóbel.
Después de la reunión, de nuestro reconocimiento público de la ignorancia literaria de la escritora rumana/alemana, me propuse comenzar la lectura de alguna obra de Müller. Inútil intento, no tuve suerte. Descatalogada, olvidada, perdida en las nebulosas de un mundo tan complicado como la es la vida de un libro en nuestras editoriales, en nuestras librerías. En algunas parece que quedaba algún libro que desapareció por algún lector más rápido que yo. Nada raro. Mañana, hoy, intentaré hacerme con algún libro de Herta Müller. Me gusta que los premios sirvan para descubrirnos parte de nuestras ignorancias. Son muchas y no tienen fondo.
[Publicado el 09/10/2009 a las 02:02]
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Escolios de un deslumbrante desconocido
No suelo cumplir las promesas pero hoy me siento un traidor a mí mismo y cumpliré una que por aquí dejé comprometida hace unos días. Cité un escolio de Nicolás Gómez Dávila. Ilustre desconocido para el crítico José Miguel Oviedo- uno de los pocos que señaló su importancia- e ignorado para casi todos. Repetidas gracias sean dadas a la editorial Atalanta que nos acerca a éstos pensamientos críticos de un colombiano culto, enciclopédico, voraz lector y minucioso escritor. Uno de los más extravagantes e indefinibles escritores, "el solitario de Dios" como lo define Franco Volpi en su prólogo tan esclarecedor para conocer mejor al raro Gómez Dávila.
La "biblioterapia" como forma de vida. La inteligencia como arma contra toda modernidad. Al margen de la democracia- "solo la muerte es demócrata"- reaccionario con rasgos de aristócrata liberal, creyente, católico- "el catolicismo es mi patria"- tan lejos de nosotros y sin embargo tan cerca. "Los hombres son menos iguales de lo que dicen y más de lo que piensan". Desde hace días es mi lectura de cada noche. Como la oración de cuando fuimos pequeños.
De él ha dicho Àlvaro Mutis que es "un territorio celosamente conservado en la penumbra. Y Gabriel García Márquez, refiriéndose a sus diferencias irreconciliables, casi lamentándose de sí mismo: "Si no fuera de izquierdas, pensaría en todo y para todo como él". Y Junger, otro admirable raro del siglo XX, dijo que era "una mina para los amantes del conservatismo". Creo que es una mina para todos. Al menos para los que aún sean capaces de dudar. Creo.
Aquí algunos de sus escolios:
"Los Evangelios y el Manifiesto Comunista palidecen; el futuro está en poder de la Coca- Cola y la pornografía"
"Las ideas confusas y los estanques turbios parecen profundos"
"La idea inteligente produce placer sensual"
"El placer es el relámpago irrisorio del contacto entre el deseo y la nostalgia"
"La posteridad es cena de pocos invitados.
Con pocos anfitriones"
"El optimista acaba viviendo de mal humor"
"Errar es humano, mentir democrático"
"Escribir corto, para concluir antes de hastiar"
[Publicado el 06/10/2009 a las 19:29]
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De manera difusa recuerdo cómo me llegó aquel libro, "Detalles", de Hans Magnus Enzensberger, el principio de una gran amistad. La colección se llamaba, se llama todavía, "Argumentos", y el editor, Jorge Herralde. La fidelidad, la relación con "Anagrama", continúa cuarenta años después. Sin duda una de las más duraderas de mi vida. Decía adiós a la adolescencia, sin despedirla del todo- de vez en cuando volvemos a ser aquél domesticado rebelde que un día fuimos- y nos marcó el nombre de una editorial que surgió de la peculiar mezcla de afrancesamiento vía gauche divine y curiosidad por las cosas que pasaban en ese bosque animado al otro lado de los pirineos. Un lugar en dónde nos hubiera gustado crecer. Un mundo que recorría Europa como el mapa de un fantasma provocador, pasaba por Manhattan, se fumaba un canuto en California, visitaba el exilio republicano en México, volvía a los humos en Tánger, se ponía zen en Oriente y miraba el atardecer en Estambul. Un mundo que era ancho y no queríamos que fuera ajeno. Nos hacían falta libros y fugas. Lecturas y escritores. Antes habían estado Carlos Barral, la tropa de Alfaguara y algunos otros dispersos refugios. Después llegaron los bárbaros ilustrados de Alianza, las editoriales del exilio sumadas a otras aventuras que terminaron desterrando nuestro páramo cultural.
Celebramos que hace cuarenta años llegó Herralde y no mandó parar. A su lado, vecinos de vidas y lecturas, caminaban los Tusquets, ya festejados antes del verano. Jorge Herralde ha sido, sigue siendo, el más curioso, apasionado, olfativo y esencial de los editores, el puente con turbulencias que sirvió para nuestro cruce a la modernidad lectora. No era tarea fácil. Sobre todo si recordamos que todo comenzó en oscuros tiempos de censuras y moralidades. Aventurero de una selva que nunca fue fácil por la propia inestabilidad del sector editorial en español y por la ausencia de brújulas para saber movernos en lo que se escribía fuera de nuestro pequeño mundo. Herralde supo abrir camino, superó obstáculos a golpe de intuición, empeño, pasión lectora y suerte. Una suerte que siempre le pilló leyendo. En su ayuda vinieron "La conjura de los necios" y "La hoguera de las vanidades". Al lado de Patricia Highsmith y Nabokov.
Al lado la tribu española desde Javier Marías a Vila Matas, los americanos de Pitol a Bolaño. La sorpresa de Albert Cohen y el necesario Thomas Benhard. O Sharpe y Bukowski . Kapuscinski y Magris. Pombo y Chirbes. Tabucchi y Martin Amis. Barnes y McEwan. Monterroso y Monsivaís, Gubern o David Trueba. Parejas imposibles que nos siguen acompañando muertos tan vivos como Carver, jóvenes tan brillantes como Kiko Amat.
La editorial y su navegación, sigue viento en popa, con sus embarcos y desembarcos, sus novedades a bordo, las huidas a otras naves, sus viajeros y estables. Han pasado muchas tormentas, grandes y pequeños naufragios y estamos convencidos que Jorge Herralde- en compañía de Lali- seguirá siendo uno de esos deseados puertos dónde poder desembarcar con el placer asegurado de no hacer casi nada. Al menos nada mucho más importante que leer un libro del catálogo de Anagrama.
Cuando lo conocí, gracias a Joaquín Jordá y hace veinticinco años en un bar de la calle Huertas dónde cantaba un tal Gran Wyoming, me pareció un perfecto compañero para nocturnas charlas de letraheridos de tragos largos. Un amable caballero. Una atípica imagen de editor. Y también "poco español", como alguien definió a Jaime Salinas cuando llegó del exilio al mundo de "Alfaguara". La imagen idealizada de uno de esos editores que leen muy bien y no escriben. Ha pasado el tiempo y ya no puedo decir lo mismo, creo que son ocho o nueve libros los que ha publicado, el editor/ escribidor Herralde, el mismo que mejoró nuestras lecturas. En fin, nadie es perfecto.
Vuelvo a recordar esa frase de uno de los suyos, Giorgio Manganelli:
"Una persona moralmente irreprochable no escribe libros"
Tampoco hace falta que seamos irreprochables. Ni tan morales. Jorge, gracias por no serlo.
[Publicado el 04/10/2009 a las 21:16]
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Entre la invención y el sentimiento
MUÑOZ ROJAS, CIUDADANO DE CAMPO
Lo conocí tarde, quiero decir que no lo había leído hasta hace unos años. Quizá ya hayan pasado veinte años, pero es que Muñoz Rojas ya escribía, ya publicaba en los años treinta. Recordé haber leído algún poema suyo en "Cruz y Raya", pero para mí estaba perdido en el tiempo, entre sus campos andaluces éste poeta que ahora está tan vivo. Ahora, que acaba de morir- seguramente para no soportar los agasajos que se preparan con motivo de su centenario- el poeta se encuentra muy vivo en mis lecturas, en mi vida. Gracias sean dadas, sobre todo a Manuel Borrás, que desde Pre-Textos nos acercó a éste ciudadano de campo. No hace mucho, con motivo de la publicación de su obra completa en verso, hablaba aquí de ese poeta que perteneció a la imposible "tercera España". Un país que no pudo ser, que ya nunca será.
El poeta, enamorado y enamoradizo, muchas veces nos acercó, en sonetos, divertimientos, en cantos libres a sus lugares del corazón. A los seres humanos y a las cosas del campo. Buena idea de editor la de incluir un glosario para hacernos entender las perdidas palabras del campo. Hoy se le recuerda en esa condición casi extravagante de "cosmopolita de pueblo", viajero por el mundo y cercano a sus campos, rico y poeta y otras de las cualidades que llevó sin afectación. Un hombre extraordinario que, por suerte para nosotros, nos dejó escritas algunas de las cosas mejores que nos pudo regalar, sus escritos. Aquí tengo la edición de su poesía completa, esperando la llegada de su prosa. Hoy le despiden sus gentes en compañía de los habitantes del campo. Mañana estará bajo la sombra de una encina, allí dónde tantas veces se figuró querer estar.
Vuelvo a esos poemas finales, pasear con ellos es una forma de acercarnos al poeta que no quiso estar en su centenario.
"Amarrado a qué estoy sino a mi mismo.
A veces , dulce amarra, me sostiene
el beso o la caricia y es mi vida
aunque se llame amarra y lo parezca.
Jugando con palabras siempre estoy
sin saber dónde terminan por llevarme,
sabiendo que son nada y en nada quedan
salvo que la verdad, que es suya, las pronuncie...
Y así, entre la invención y el sentimiento
sin saber dónde el uno acaba y empieza el otro,
que no todo es puro juego, sino algo
que te duele o consuela,
y así, entre inventar y sentir
se va la vida, sin sentirla..."
Me llevo su libro al tren, quiero seguir entre la invención y el sentimiento.
[Publicado el 30/9/2009 a las 13:51]
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LIBROS, LECTORES Y RAROS EN SEGOVIA
Para encontrarme o perderme por Segovia no me hacen falta excusas literarias, ni gastronómicas, ni musicales, voy porque sí, porque me gusta y porque allí cerca tengo refugio y libros. Esta vez cambié mi casa por un hotel de la ciudad en el que pasé tres rodeado de escritores, editores, críticos, periodistas y toda esa fauna que se mueve en este negocio. Un divertido, interesante y curioso tinglado que partió del pueblo de viejas librerías, Hay on Way, que encontró el eco de "The Guardian" y un director hábil llamado Peter Florence. Ayudado por Sheila Cremaschi y todo un equipo de profesionales, voluntarios, becarios y otros entusiastas han conseguido que la ciudad se llene de lectores. Han conseguido montar un espectáculo bastante peculiar. Escritores en exhibición, hablando en público de sus libros delante de gente que paga una entrada por ese espectáculo.
Irreal islote que durante unos días crea el espejismo de que otro mundo, otra vida y otras lecturas son posibles. Llenos los espacios para escuchar a Anthony Beevor, Leonardo Padura, Isabel Fonseca, Luis Mateo Díez, Jorge Wagensberg o Howard Jacobson. Como si los libros, la lectura y los lectores no fueran especies en extinción. Gente rara, gente necesaria como Martin Amis que desayunaba a mi lado inmerso en su libro, el mismo libro que cada mañana le hacia escaparse del mundo que le rodeaba. Estaba leyendo al imprescindible Vladimir Nabokov, "Mira los arlequines". Volveré a ella. Y seguiré leyendo a éste "raro", solitario y excelente escritor que es Martin Amis. Su último libro, los ensayos sobre el "horrorismo" del terrorismo y el mundo después del 11 de Septiembre, es excelente y esclarecedor. Valiente, incorrecto y provocador por ponerse al lado de la razón. Los fanáticos y los ignorantes han ocupado mucho terreno. Es necesario volver a reivindicar la razón- como hace Amenábar en su última película, como hace Maalouf en su último ensayo, de ellos quiero hablar en otro momento- para defendernos de todos lo que la desprecian:
"Cuando los talibanes, esos patanes sanguinarios, corean su eslogan: "arrojad la razón a los perros", están haciendo una especia de apuesta faustiana: aplastad la razón, acabad con ella, y cualquier cosa parecerá posible." Otra vez tenemos que pelear por la razón. Que no nos ganen los de la fe.
[Publicado el 29/9/2009 a las 00:06]
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Nicolás Gómez Dávila
Unos días en compañía de otros, mis semejantes, mis conocidos y desconocidos hermanos, hermanastros en éste oficio de otro siglo. Ser periodista de cultura es una dispersión acompañada de una especialización en vaguedades. Quizá por esos me gusta. Me permite pasear por calles desconocidas, saltar algunas tapias traseras, proponer algunas fugas y reivindicar esa dulce- o salada o agria- manera de pasar el tiempo con nosotros mismos y con esa subversión que supone ser lector.
En lo que leemos, en eso es dónde nos diferenciamos. También en lo que vemos, tocamos o escuchamos, pero pongamos que hablamos de literatura. En unas lecturas u otras en dónde ya no somos tan afines, ni cercanos, ni hermanos y, tantas veces, ni hermanastros. En una de esas jornadas, dónde pretendíamos entendernos y entender nuestro entorno, de manera muy tajante dije que yo no entendía a mis compañeros que se dedican a éste oficio de leer y recomendar, que no se hubiera leído a Josep Plá o a Julio Camba. El silencio de mi audiencia, después de trazar esa verbal línea "maginot" de mis gustos en el periodismo literario, me comunicó mi soledad.
No me importa irme al infierno en compañía de pocos. Prefiero las minorías aunque me gusta burlar la soledad en compañía. Pero no hace falta comulgar con muchos.
Éstos días estoy de "comunión" con una de las más felices sorpresas literarias de la temporada, Nicolás Gómez Dávila, rescatado por el editor del que más envidio su aislamiento, Jacobo Siruela, por razones que cualquiera entendería. Su libro de pensamientos dispersos es una fuente para ir y volver. No tenemos la misma fe, ni el mismo Dios, pero me deslumbran muchos de sus escolios. Uno me hizo pensar en los días de Verines y en mis "compañeros" de periodismo cultural:
"El intelectual desconfía del intelectual que se baña"
[Publicado el 24/9/2009 a las 15:28]
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SABER BEBER, SABER LEER, SABER VIVIR

[Publicado el 22/9/2009 a las 15:08]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
21/3/2010 01:39
en ese aeropuerto delante de...
Publicado por: el c
21/3/2010 01:32
Publicado por: elc
21/3/2010 01:27
Publicado por: me está apeteciendo mucho el retroceso. espero que mañana deje de apetecerme y siga adelante. ¿qué día es su cumpleaños?
21/3/2010 01:22
Publicado por: elc
21/3/2010 01:15
Publicado por: elc
20/3/2010 17:34
Es un acierto este post, invocar...
Publicado por: rolando gabrielli
20/3/2010 14:22
apoyo a Javier, no es correcto...
Publicado por: Enea
20/3/2010 10:03
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
19/3/2010 23:53
Publicado por: rolando gabrielli
19/3/2010 21:16
Publicado por: alex
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