Andrés Ortega
«El hombre ya no se define sólo por lo que produce ni por cómo lo produce ni -salvo algunas excepciones religiosas- por lo que consume. Por ello, y porque el ser humano siente necesidad de diferenciarse para identificarse, cuentan mucho más las otras diferencias culturales, mucho más profundas. Los nuevos medios de comunicación, unidos a las migraciones y a la creciente urbanización (en 1800 sólo un 3% de la población mundial vivía en ciudades; en 2007 hay por primera vez más personas en las urbes que en el campo) permiten, además, que esas diferencias -incluso grupos minoritarios, radicales o marginales- tengan un alcance global. El antropólogo social indio Arjun Appadurai lo llama la erupción de "los números pequeños". Es la fuerza de los pocos que, a menudo, aunque dispersos, logran ser muchos, o mucho.»
Joaquín Estefanía
Jean-François Fogel Bruno Patiño
Luis Leante
«Duerme durante la mañana, durante la tarde, casi todo el tiempo duerme. Luego pasa en vela la mayor parte de la noche: una vigilia intermitente, con momentos de lucidez pasajera y otros de delirio o de abandono; con frecuencia, de desmayo. Un día tras otro, durante semanas. No hay frontera en el paso del tiempo. Cuando consigue mantenerse un rato despierta, intenta abrir los ojos y, entonces, cae de nuevo en el vértigo del sueño: un sueño profundo del que le resulta difícil regresar del todo.»
Hernán Rivera Letelier
«Fue un lunes de octubre cuando aparecieron caminando por en medio de la calle desierta. Era la hora de la siesta en la pampa. En el aire no corría un carajo de viento y un sol de sacrificio fundía los ánimos de todo lo que respirara sobre la faz de la tierra. El hombre y la mujer avanzaban silenciosos bajo la incandescencia del cielo. Él venía delante, y ella, dos pasos atrás; ella cargaba una pequeña maleta de madera con esquinas de metal, y él traía una pelota de fútbol bajo el brazo, blanca y con cascos de bizcochos (de entradita supimos que era una de esas profesionales).»
'Historia secreta de Costanagua'
Juan Gabriel Vásquez
«Digámoslo de una vez: el hombre ha muerto. No, no es suficiente. Seré más preciso: ha muerto el Novelista (así, con mayúscula). Ya saben ustedes a quién me refiero. ¿No? Bien, lo intentaré de nuevo: ha muerto el Gran Novelista de la lengua inglesa. Ha muerto el Gran Novelista de la lengua inglesa, polaco de nacimiento y marinero antes que escritor. Ha muerto el Gran Novelista de la lengua inglesa, polaco de nacimiento y marinero antes que escritor, que pasó de suicida fracasado a clásico vivo, de vulgar contrabandista de armas a Joya de la Corona Británica. Señoras, señores: ha muerto Joseph Conrad. Recibo la noticia con familiaridad, como se recibe a un viejo amigo. Y entonces me doy cuenta, no sin cierta tristeza, de que me he pasado la vida esperándola.»
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